Mecanismos de poder en el terreno de la salud y la enfermedad

El investigador y escritor español Jesús García Blanca acaba de publicar un libro titulado El rapto de Higea.Mecanismos de poder en el terreno de la salud y la enfermedaden el que realiza una crítica integral del actual modelo sanitario analizando los intereses políticos y económicos que lo sustentan y denunciando la poca credibilidad de una medicina cada vez más al servicio del poder y de los intereses de la industria farmacéutica y menos de las personas. En él cuestiona las bases de la medicina moderna explicando cómo se ha obviado -cuando no directamente censurado o perseguido- toda investigación y práctica que cuestiona las versiones oficialmente impuestas. Centrando su crítica en el hecho de que la versión oficial VIH/SIDA carece de base científica. Hemos hablado con él.

Higienismoque lleva muchos años intentando desenmascarar los resortes del poder y cómo son las grandes corporaciones las que condicionan la práctica totalidad de las decisiones políticas y económicas del planeta así como los hábitos y comportamientos sociales a fin de que sirvan a sus intereses. Colaborador de diversos colectivos sociales -como Ecologistas en Acción, Sumendi y, muy especialmente, Plural-21. Asociación para el cuidado de la vida en un planeta vivo– es autor de numerosos artículos de divulgación sobre salud, ecología, educación y política en publicaciones especializadas como Energía, Carácter y Sociedad –revista editada por la Sociedad Española de Terapia Reichiana que desapareció en el 2004-, Cádizrebelde, La Haine, Rebelión,Mesetas.net,CNToProfesionalespcm. Sin embargo quizás su mejor obra -apareció en diciembre del pasado 2009- sea El rapto de Higea (Virus Editorial), análisis global de los mecanismos de poder que actúan en el campo de la salud y la enfermedad con especial atención a problemas de ecología social, el peligro de la manipulación genética o el “montaje” VIH/SIDA. Un libro valiente como pocos que cuenta con un interesante prólogo de Pascual Serrano y que justifica sobradamente que hayamos decidido hablar con él sobre su contenido.

-Si no tiene inconveniente empecemos por explicar un poco el título… y el subtítulo del libro.

-Como sabe Higeaes la diosa helena de la salud que fue raptada por Eurónomo, un demonio del mundo subterráneo que devora la carne de los muertos dejando sólo sus huesos… Quería que el libro tuviese un título literario sin dejar de reflejar el contenido. Y el rapto de Higea representa muy bien la idea de que la Salud ha sido secuestrada por el Poder. Tal es el enfoque que vengo empleando desde hace muchos años para los problemas que analizo: las relaciones de poder. De ahí el subtítulo, que tenía que ser más descriptivo.

-Pero ése no es su campo de trabajo profesional. ¿Qué le llevó entonces a escribir este libro?

Estrictamente no, claro. Aunque mi interés por analizar los mecanismos de Poder empezó por el terreno educativo que sí es mi campo de trabajo profesional. Luego comencé a saltar a otros territorios colindantes o interrelacionados: la salud y la ecología. Al principio me aproximé desde un punto de vista muy teórico a través de los escritos de Michel Foucault principalmente y después, en sus aplicaciones prácticas, descendiendo a lo concreto hasta llegar a la manera de cultivar a mis hijos, mis propios hábitos de alimentación y mi forma de afrontar los problemas de salud que tienen mucho que agradecer a Eneko Landaburu y su estupenda labor de difusión del Higienismo.

Más tarde dos experiencias breves pero intensas me condujeron a este libro: en 1995 comencé a colaborar con Plural-21 lo que me ofreció la oportunidad de conocer planteamientos alternativos sobre salud, en particular sobre SIDA y cáncer; y en el 2000 formé parte del Consejo de Redacción de la revista digital Cadizrebelde. El compromiso de tener que entregar un artículo de análisis cada quince días me obligó a una continua reflexión sobre las estructuras de poder global que sirven de marco a los planteamientos de este libro.

Tardé algún tiempo en comprender que debía sistematizar todo lo que estaba aprendiendo. La idea surgió hacia el 2003 en relación con el concurso Pensar a contracorriente convocado por el Instituto Cubano del Libro pero en aquel momento no logré poner en marcha el proyecto que retomé unos años después a raíz de la entrevista que el programa Trebede hizo a Óscar, del colectivo editorial Virus. Al día siguiente hablé con él por teléfono y le hice una propuesta que tuvo muy buena acogida y que, tras un largo camino, se transformó en el texto final del libro.

-Algo que quizás sorprende es que pone muchas referencias bibliográficas. ¿Puede indicarme cuántas aproximadamente? ¿Y por qué tantas? 

-Un proceso de investigación consiste básicamente en el manejo de información. Considero que en mi caso a mayor cantidad de información mayor profundidad en el análisis y más posibilidades de conseguir un resultado satisfactorio. La bibliografía tiene aproximadamente unas trescientas entradas; y eso teniendo en cuenta que desde el comienzo me fijé como norma no citar ni recomendar libros que no hubiese leído. A esto hay que añadir numerosas reseñas recogidas en unas cuatrocientas notas al pie. En este último caso he optado por incluir unas pocas referencias de libros no leídos íntegramente para ser exhaustivo con las referencias. Debo decir en cualquier caso que gran parte de la solidez del libro se debe a las minuciosas exigencias de los correctores de la editorial Virus: Patric y Miguel.

-Puesto que ha buscado tantas fuentes, ¿qué aporta su libro de nuevo respecto de los ya publicados? 

-Creo que lo fundamental es la posibilidad de contemplar las cosas en un contexto global que puede conferir un sentido diferente a los datos tomados por separado. No conozco ningún libro en el que se combine tan a fondo la perspectiva política y la técnica; habitualmente suelen permanecer como campos de análisis separados. Mi intención ha sido adoptar una perspectiva política radical de transformación aplicada a los terrenos de la educación, la salud y la ecología, y apoyándome en investigaciones científicas críticas que durante siglo y medio han ido apareciendo en un campo que podemos denominar, en un sentido amplio, el conocimiento de lo vivo.

-Entremos en los contenidos: su libro abarca una gran cantidad de asuntos en campos aparentemente diferentes. Sin embargo se las ingenia para relacionarlos todos. ¿Cuál es la tesis general del libro?

-Lo que podríamos llamar el planteamiento de fondo es que la salud y la enfermedad son territorios privilegiados en los que se ejerce el poder. Así que lo que hago es exponer mi visión del poder y luego enfocar esa visión hacia el campo de la salud, que incluye la salud de la gente y la salud del planeta; es decir, lo que habitualmente llamamos Ecología pero que tiene estrechas relaciones con el terreno de la Educación.

Desgraciadamente los temas de salud permanecen intocables por parte de la inmensa mayoría de los movimientos críticos, incuso los más radicales.

-Considera que ha faltado una tradición crítica, especialmente desde la izquierda, en el terreno de la salud…

Efectivamente. Cuando empecé a difundir información crítica sobre salud me preparé para un choque frontal con los servidores del modelo médico hegemónico. Pero lo que no esperaba encontrar era esa patética confrontación con la que consideraba “mi gente”. Gente que comparte con facilidad los planteamientos críticos cuando se refieren a cuestiones más puramente políticas pero que se aferran a interpretaciones estrictamente materialistas que colocan en los altares al progreso y a la ciencia, en particular a sus aplicaciones tecnológicas. Y no he mencionado a los altares por causalidad: la Ciencia ha sustituido a la Religión. Esto ha sido muy bien estudiado por el profesor Emmanuel Lizcano. Es una cuestión de fe y quien se atreva a poner en duda los dogmas de la ciencia es considerado automáticamente un hereje.

Una de las causas de esta situación aberrante es la falta de una tradición crítica –con pocas excepciones- en el campo de ciencias aplicadas como la Medicina. La gran paradoja de la ciencia en general y de la Medicina en particular es que se han replegado de tal modo a un comportamiento dogmático que han terminado representando lo contrario de lo que teóricamente debe ser la ciencia. Esto, sumado a la imposibilidad de contrastar resultados de investigaciones debido a la “protección” de las patentes, está vaciando de contenido el método científico y las reglas y procedimientos básicos de las ciencias.

-Hagamos entonces un recorrido por el texto siguiendo el orden que plantea. En la primera parte comienza por describir lo que entiende por una crisis generalizada en la salud.

-Creo que la salud es la capacidad del organismo para mantener el equilibrio y desatar en caso de necesidad procesos autocurativos, crisis de restablecimiento del equilibrio cuando se pierde. Es una visión dinámica que se inspira en el Higienismo y totalmente opuesta a la concepción oficial que concibe la salud como un “estado”. Los sistemas sanitarios no se ocupan de mantener la salud sino de gestionar las enfermedades… y, por supuesto, los remedios y los protocolos asociados a los tratamientos.

Pero, ¡cuidado!, no se trata sólo ni principalmente de un negocio de las multinacionales. Hay en juego otros mecanismos de poder probablemente más importantes: la manipulación de los discursos, la fabricación de verdades, la instauración de miedos y de oleadas de pánico, la imposición de modelos éticos y de comportamiento… Procesos complejos que unidos a la superespecialización de la ciencia, la aplicación irresponsable de la tecnología o la falta absoluta de participación de los ciudadanos en la gestión de su salud tienen como consecuencia el desolador panorama de deshumanización en el que vivimos.

-Dedica usted un capítulo revelador a las relaciones entre las instituciones, las empresas del ramo sanitario, las organizaciones no gubernamentales y los medios de comunicación; en especial con las revistas científicas. ¿Por qué?

-En el mundo de la globalización el Poder es global. Podemos llamarlo de muchas formas. Personalmente adopto en el libro la terminología de James Petras y su concepto de Poder Imperial. Partiendo de ese esquema analizo el aparato sanitario norteamericano y su complejo entramado de agencias y servicios que determinan las políticas sanitarias de la práctica totalidad de los estados y que vienen jugando un papel fundamental. Por poner un ejemplo cercano, en la fabricación de supuestas pandemias -como las sucesivas gripes- o el SIDA.

Entre esas instituciones y agencias destacan los Institutos Nacionales de Salud (NIH por sus siglas en inglés) -que podemos considerar el brazo investigador de la Sanidad Imperial y cuyos “hallazgos” sirven de base a ulteriores montajes o estrategias- y los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés), brazo ejecutivo en cuyo seno se encuentra el Servicio de Inteligencia de Enfermedades (EIS), auténtica CIA de la salud con personal especialmente adiestrado e infiltrado en medios de comunicación, organizaciones sociales, empresas y agencias gubernamentales; incluso ocupando altos cargos.

Pero la influencia se extiende hasta las organizaciones internacionales. La misma Organización Mundial de la Salud (OMS) es un instrumento en manos de instancias de poder que incluye a las principales empresas multinacionales de la farmacia. A través de ella se controla a multitud de organizaciones autodenominadas “no gubernamentales” cuyo papel de limpiadoras de conciencia, difusión de las consignas oficiales y, en definitiva, de colaboración con la opresión ha sido objeto de análisis demoledores como los del antes citado James Petras, Eva María Durán o el colectivo Etcétera.

Otro asunto importante, quizás menos novedoso, pero que he procurado situar en su contexto, es el de los sobornos a médicos. Debo decir que en este asunto me interesa menos el hecho de que las multinacionales farmacéuticas compren el favor de determinados médicos para promocionar y vender sus productos que el hecho de que esas empresas influyan -controlando económicamente centros de estudio, escuelas, facultades o sociedades profesionales- en la formación de los médicos y en sus concepciones de fondo.

-¿Y el aspecto mediático?

-Partiendo del papel que los medios juegan en el contexto ya expuesto de poder global y que consiste en fabricar opinión pública e incluso, como dice Antonio Maira, en “fabricar emoción pública” dedico un capítulo extenso a analizar cómo actúan en el campo de la salud, asunto que me preocupa desde hace tiempo y sobre el que ya he publicado algunos artículos en medios de contrainformación como La Haine, Mesetas.net o el diario digital de la CNT.

Los medios generalistas utilizan como fuente para sus noticias sobre salud y medicina -y sobre la ciencia en general- las publicaciones científicas. Así, mientras los grandes medios de comunicación cumplen su función de adoctrinamiento del público general las publicaciones especializadas hacen lo propio con su público particular y a un nivel superior de complejidad… pero por eso mismo con mayor impunidad.

Las propias revistas científicas han publicado estudios que demuestran la influencia determinante de la industria farmacéutica y la censura que se ejerce sobre la publicación de estudios a través del sistema Peer review (o revisión por especialistas) que no es otra cosa que un filtro establecido por una élite de expertos que defienden los planteamientos oficiales y los intereses de las multinacionales. De este modo se garantiza que los científicos críticos en cualquier campo no tengan acceso a lo que se consideran publicaciones “serias” y que sus investigaciones o hallazgos puedan ser así fácilmente descalificados. Lo grave es que no se trata de un problema puntual sino estructural: las publicaciones científicas pueden considerarse auténticas “encíclicas” de la pseudoreligión de la modernidad: la Ciencia.

-¿Y en el caso de España?

-El caso de España es peculiar. En España tenemos las mismas grandes multinacionales que el resto del mundo civilizado: Bayer, Novartis, Abbot, Roche, Pfizer y otras. No existen datos públicos de la envergadura de su negocio pero en cualquier caso hablamos de miles de millones de euros. Lo que sí está claro es que la investigación, la formación y la información están en manos de la empresa privada; en esto no nos diferenciamos del contexto general. Un ejemplo reciente es el flamante acuerdo entre las administraciones estatal y andaluza con CITRE, una empresa española de capital privado estadounidense que declara investigar “nuevos medicamentos para el cáncer y las enfermedades raras”.

Sin embargo, en el terreno específico de las publicaciones científicas España se encuentra, a decir de los expertos, en una situación de crisis absoluta. Los científicos españoles prefieren publicar en revistas extranjeras y sólo acuden a las de casa cuando son rechazados o cuando sus trabajos son de baja calidad. Según Juan Aréchaga, catedrático de Biología Celular en la Universidad del País Vasco y director de The International Journal of Developmental Biology (revista española a pesar de su nombre), la situación es tan grave que las publicaciones españolas están abocadas a desaparecer en poco tiempo. Como dato significativo: del millar de revistas científicas españolas -de las que la mitad son de medicina- sólo 37 aparecen recogidas en el Journal Citation Report del 2008 que incluye un total de 6.598 revistas.

Este informe, elaborado por el Instituto para la información científica de Filadelfia, se ha convertido en el único evaluador del impacto de las publicaciones científicas en todo el mundo. Y lo más grave es que la evaluación de las publicaciones se traslada a los propios investigadores de modo que su prestigio se mide por sus publicaciones en las revistas seleccionadas por ese instituto.La consecuencia es que el producto final de las investigaciones no es un hallazgo científico, ni siquiera una patente, sino un artículo científico cuyo valor dependerá de la revista en que aparezca y de las veces que sea citado.

-En la segunda parte, que es la más técnica, llaman la atención dos temas: la crítica que hace de la ingeniería genética y el cuestionamiento de la teoría de la infección con todo lo que ello supone.

-Lo primero que hago es situar al lector en el contexto global, lo que denomino -apoyándome en el Dr. Heinrich Kremer– Macroecología y Microecología. Partiendo de la hipótesis Gaia –según la cual el planeta es un ser vivo- establezco el paralelismo: desde la perspectiva macroecológica. Los animales humanos somos así parte del ecosistema planeta Tierra pero al mismo tiempo -y ésta es la perspectiva microecológica- somos cada uno un ecosistema para multitud de microorganismos descendientes de las antiguas bacterias que hace miles de millones de años fueron responsables de la evolución hacia organismos más complejos. Tenemos pues que aprender a convivir a dos niveles: respetando el medio que habitamos y respetando también a los seres que nos habitan.

Después paso a analizar uno de los dogmas fundamentales del modelo médico hegemónico: la Teoría de la Infección. Una teoría que viene condicionando desde hace ciento cincuenta años la visión moderna de las enfermedades y, por consiguiente, de los tratamientos y las estrategias de prevención. Aunque existen precedentes antiguos la responsabilidad fundamental de este estropicio es de Louis Pasteur.

Sin embargo Pasteur plagió, malinterpretó, tergiversó y manipuló las ideas de su maestro Antoine Bechamp lanzando así a la Medicina por un camino radicalmente opuesto al que debió seguir con gravísimas consecuencias para la salud de la gente. Los diarios de Pasteur demuestran que “arregló” sus experimentos para que coincidieran con las ideas que quería demostrar; ideas erróneas y fraudulentas que, a pesar de todo, continúan vigentes en los libros de texto.

-Entonces, ¿cuál es su visión del papel de los microbios en las enfermedades?

-He dedicado mucho tiempo a analizar este asunto porque no es sólo una cuestión intelectual sino que determina comportamientos personales en relación con tu propia salud y la de los tuyos. En el libro planteo una síntesis de las teorías originales de Bechamp, los descubrimientos de Wilhelm Reich, los hallazgos de Ryke Hamer, los planteamientos radicales del Higienismo, la rigurosa investigación del Dr. Kremer y las teorías expuestas por Máximo Sandín sobre el papel de los virus en la evolución.

La evolución no ha sido una competición en la que han ganado los más fuertes sino un camino de miles de millones de años en el que los seres vivos han estado en constante interacción y en el que ha predominado la cooperación y la simbiosis. Sólo cuando el equilibrio se rompe las relaciones de cooperación pueden alterarse. A un nivel macroecológico estas alteraciones y desequilibrios son lo que conocemos como “problemas medioambientales” y la clave para evitarlas o reducirlas está en un replanteamiento de nuestras relaciones con el medio. A un nivel microecológico lo que resulta alterado es el organismo humano y los desequilibrios los conocemos como “enfermedades”. En este caso la clave para evitarlos o reducirlos está en un replanteamiento de nuestras relaciones con nuestros huéspedes biológicos. En ambos casos la revisión crítica no depende de un enfoque científico sino que es un problema de poder.

-El otro tema de calado y de indudable actualidad es el de la ingeniería genética…

Quizás el capítulo más duro del libro -en muchos sentidos- es el que dedico a explicar las investigaciones en el campo de la Biología que aún permanecen apartadas de los canales oficiales y que, por supuesto, no se enseñan en la universidad.

Adaptándome a los límites propios de una entrevista sólo puedo decir que esas investigaciones ponen patas arriba muchos de los conceptos mecanicistas arraigados en este terreno. La visión aún dominante de lo vivo ha quedado obsoleta. Los hallazgos que proponen una estructura dinámica para los seres vivos y sus componentes fundamentales demuestran que son más importantes los procesos energéticos que el determinismo genético basado en la información.

Una consecuencia concreta de todo ello es que la propia denominación “ingeniería genética” es engañosa ya que parece crear la ilusión de que un organismo vivo es similar a una máquina que puede ser manipulada con seguridad y eficacia una vez conocidas sus piezas y su funcionamiento. Precisamente las recientes investigaciones ponen de manifiesto la enorme complejidad de lo vivo y la imposibilidad intrínseca de intervenir mecánicamente sobre los procesos vitales.

-Cierra usted el libro con un bloque de título explícito, Acción y rebeldía, que inicia con un capítulo dedicado a la educación que además lleva un título cuando menos sorprendente: La infancia: Estado de Sitio.

-Como le he dicho el propósito fundamental del libro es político, en el sentido original de la palabra que yo interpreto como organización de la convivencia. Esto exige responsabilizarse de actuar cuando uno cree que debe hacerlo, especialmente si te haces consciente de que sólo una minoría dispone de elementos para hacerlo. Entre mis primeras lecturas no literarias de hace treinta años se encuentra un autor que he venido releyendo permanentemente, Wilhelm Reich, cuya obra abarca campos tan aparentemente distantes como el psicoanálisis, la medicina, la biología animal o los fenómenos atmosféricos. Una cosa que aprendí con él es que cada modelo de sociedad genera en sus ciudadanos la estructura caracterial que precisa para perpetuarse. Y eso significa que cualquier intento de cambiar la sociedad pasa por luchar contra esos automatismos implantados desde la infancia; más aún, desde el nacimiento e incluso antes, en la propia estructura de carácter de la futura madre. Lo que analizo en ese capítulo es pues la raíz de un problema que ha preocupado a todos los estudiosos del poder a lo largo de la historia: ¿qué hace que la gente acepte obedecer, someterse, servir y renunciar a su responsabilidad y a su capacidad de decisión? La respuesta de Reich es simple y radical: la acción anti vida de los mecanismos creados por la sociedad para someter a los seres humanos hasta convertirlos en lo que él llama “esclavos de no importa quién”.

De ahí que la esperanza de conseguir un mundo mejor esté en los niños del futuro, en equiparlos con los recursos biológicos necesarios para poder romper con el círculo vicioso de la dominación.

-El grueso de esa parte -más de cien páginas- se lo lleva lo que denomina Caso SIDA. ¿Puede resumir la posición crítica que expone sobre este tema?

-Las cien páginas del libro son el resultado de un esfuerzo de síntesis para trasladar la información básica de un problema complejo y animar a que se profundice en él a partir de la bibliografía y los recursos disponibles en Internet. Pero podemos hacer aquí una aproximación muy esquemática.

Mire, lo que se conoce como “VIH/SIDA” es un montaje. Una construcción intencionada llevada a cabo por las agencias que hemos mencionado integradas en el aparato sanitario norteamericano con el probable apoyo de altas instancias de poder y con objetivos que aún están por precisar. Tanto las principales multinacionales de la farmacia como un determinado número de científicos sin escrúpulos han colaborado -en mayor o menor medida- a crear y mantener el montaje. Y su responsabilidad deberá dilucidarse un día en el terreno de lo delictivo criminal.

Aunque ese montaje ha generado enormes problemas de salud y sufrimiento, y también se apoya en antiguas enfermedades y problemas que nada tienen que ver con el contagio de un supuesto virus, en sí mismo no es una enfermedad con entidad patológica propia. No es cierto que el llamado VIH haya sido aislado y menos que se haya demostrado que “el VIH causa el SIDA”. Robert Gallo llevó a cabo un fraude intencionado falsificando los resultados obtenidos por su equipo. No es cierto que los conocidos como “tests del SIDA” sirvan como diagnóstico de supuesta infección; todos los “seropositivos” son falsos positivos puesto que no hay ningún VIH aislado. Los protocolos clínicos utilizados habitualmente para el seguimiento de los afectados (los llamados “recuentos de defensas” o “mediciones de carga viral”) son artefactos técnicos sin base biológica. En cuanto a los supuestos “tratamientos antirretrovirales” son potentes tóxicos tendencialmente mortales que están produciendo enormes problemas de salud y muchas de las muertes atribuidas al VIH.

-¿Puede ponernos ejemplos de acciones directas en relación con este tema?

-De las muchas acciones que he emprendido durante estos 16 años creo interesante destacar tres por su potencial de repercusión y porque continúan teniendo plena vigencia; de hecho las he ido retomando periódicamente procurando corregir los errores de estrategia y aprender de cada tropiezo para continuar luchando.

La más antigua fue la de solicitar amparo al Defensor del Pueblo de la comunidad andaluza. Después de numerosas gestiones y aporte de documentación el Defensor del Pueblo se negó a intervenir aduciendo que quien presentaba la queja no era un afectado directo por el problema. Algo más adelante decidí presentar una denuncia contra el Consejero de Salud de la Junta de Andalucía en la Fiscalía provincial de Cádiz y contra el Plan Nacional sobre SIDA en la Fiscalía General del estado. El primero no consideró que hubiese motivo para iniciar procedimiento alguno. La segunda vía está aún abierta y es mi propósito continuar las gestiones actualizando y ampliando la denuncia.

Por último, llevo tiempo realizando gestiones para conseguir que quien tiene la responsabilidad en el Ministerio de Sanidad de las políticas sobre SIDA responda sobre el soporte técnico que le permite ejercer esa responsabilidad; es decir, sobre qué base científica y técnica diseña el ministerio los programas de prevención, la estrategia informativa, las recomendaciones de tratamiento y demás protocolos clínicos. Por el momento la última y sorprendente respuesta ha consistido en indicarme el teléfono de consulta de la Cruz Roja

-¿Qué comentarios, reacciones o críticas ha recibido hasta ahora por el libro? 

-En general las reacciones han sido muy positivas; al menos por el momento. He recibido correos electrónicos y comentarios elogiosos en mi blog y algunas personas me han manifestado su agradecimiento cara a cara durante la presentación del libro o en charlas posteriores. El texto ha tenido buena acogida por parte de autores (algunos citados en el libro sin que tuviésemos relación previamente) a los que tengo enorme respeto por su sentido crítico y por su obra. Y he recibido algunas invitaciones para presentarlo en ámbitos tan distintos como la Semana del libro anarquista de Valencia y las Jornadas de Medicina y Filosofía de la Universidad de Sevilla. Y un par de propuestas para editar el libro fuera de España.

En el lado negativo sólo puedo mencionar algunas descalificaciones y amenazas de denuncia en comentarios anónimos a mis artículos publicados por Kaos en la red.

¿Por qué cree que le está ocasionando más críticas el Caso SIDA como ejemplo que el extenso y duro análisis previo que finalmente ilustra aplicándolo al SIDA?

-Desde mi punto de vista pueden existir dos tipos de razones: en primer lugar creo que las reacciones a corto plazo se producen siempre a un nivel más concreto y emocional; los razonamientos abstractos o generales exigen más tiempo de análisis o una mayor profundización. En segundo lugar -y recogiendo motivos que ya he avanzado- existe una mayor facilidad en los movimientos críticos para abordar temas políticos que para entrar en cuestiones científicas o técnicas. De modo que las ideas expuestas sobre todo en la primera parte del libro -que es la más política o filosófica- pueden compartirse con cierta facilidad pero al ir precisando, al ir aplicando las ideas a cuestiones concretas en el campo de la ciencia y, en particular, de la Medicina comienzan a funcionar los prejuicios, las consignas implantadas desde los engranajes del poder.
Lluís Botinas

Este reportaje aparece en
126
Abril 2010
Ver número