La importancia de la higiene íntima en la mujer

Bañarse en piscinas públicas, permanecer con el bañador húmedo, el sudor, la menstruación, el uso de ropa interior ajustada y la poca ventilación de la zona genital son algunos de los factores que pueden provocar una infección vaginal, un trastorno fácil de detectar y de tratar. Pero es aún más sencillo prevenirlo manteniendo una correcta higiene íntima. Le explicamos cómo.

Decir que la higiene es necesaria para mantener una buena salud es enunciar algo comúnmente aceptado. Sólo que esa necesaria higiene no se refiere únicamente a lo que comemos o bebemos sino también a nuestro cuerpo y a sus zonas más… sensibles. Y una de estas zonas delicadas es, precisamente, la genital a la que hay que prestarle una especial atención y cuidado a fin de –sobre todo, en el caso de las mujeres- mantenerla constantemente limpia y seca para evitar infecciones que pudieran degenerar en dolencias más graves y hasta, en el peor de los casos, en cáncer. De ahí la importancia vital de mantener una correcta higiene íntima.

EL CUERPO SABE

La vagina tiene una función autodepuradora -se limpia por sí misma- que cumple liberando cada día cierta cantidad de un flujo blanquecino que limpia las paredes vaginales. El nivel de acidez de este fluido mantiene en equilibrio la flora vaginal y combate las bacterias dañinas lo que ayuda a prevenir infecciones. De ahí que los ginecólogos desaconsejen los productos que se comercializan para el lavado vaginal ya que no sirven ni para prevenir, ni para tratar ningún proceso infeccioso. Además, el uso de esos productos químicos puede provocar que la flora natural sea barrida o que cambie el pH vaginal lo que sí daría lugar a problemas. Ahora bien, el hecho de que la vagina se autolimpie no obsta para que mantengamos una correcta higiene externa, sobre todo porque a causa de que la vagina se encuentra en contacto casi constante con flujo, orina, menstruación y sudor, y al ser una zona poco ventilada, la humedad generada por estas secreciones no se evapora por completo y ello la hace susceptible al ataque de microorganismos. De ahí que se requiera el lavado –al menos una vez por la mañana y otra antes de acostarse- con agua -o agua y jabón neutro- en esa zona tan delicada y proclive a ser foco de infección.

¿POR QUÉ SE PRODUCE LA INFECCIÓN?

Básicamente existen dos factores de riesgo que pueden dar lugar a una infección vaginal. Unas son las llamadas infecciones de transmisión sexual. Las otras son causadas por algún proceso que favorece la proliferación de bacterias en el propio cuerpo.

En cuanto a las primeras, las de transmisión sexual, poco puede añadirse a lo que ya advierten las múltiples campañas lanzadas por las instituciones públicas. Aún así, recordamos que el condón es el método de barrera más eficaz para prevenirlas y el único que permite sexo seguro.

Por lo que respecta a las de causa no sexual pueden padecerse a cualquier edad y por distintas causas. La más frecuente de estas infecciones es la vaginitis -inflamación de las paredes de la vagina- que suele ser causada por las bacterias propias del área del ano. Este tipo de infección es muy frecuente en las niñas que acaban de aprender a ir al baño o en ancianas que no pueden procurarse una adecuada higiene íntima. Pero también es normal en mujeres que, tras orinar o defecar, limpian su zona genital arrastrando el papel higiénico desde atrás –desde la zona del ano- hacia delante, hacia la zona de la vulva. De esta forma llevan restos de excrementos a la zona de la vagina y la repetición de ese gesto puede favorecer una infección.

Otra causa puede ser la proliferación excesiva de los hongos que se encuentran en la propia flora vaginal, siendo el más frecuente la cándida albica. Hablamos de un hongo que se encuentra de forma natural en la vagina e, incluso, en la piel. Sin embargo, factores que rompen el equilibrio del pH vaginal como usar ropa muy apretada o sintética, acudir a piscinas o aseos públicos donde se descuida el adecuado aseo o mantener humedad en la zona genital durante mucho tiempo puede favorecer su crecimiento y la consiguiente infección.

En cuanto a los síntomas, suelen ser picor, molestia constante que puede convertirse en dolor, sensación de quemazón, inflamación de los labios de la vulva, secreción continua de un flujo de aspecto y olor desagradables y dolor, o incluso sangrado, durante las relaciones sexuales.

¿QUÉ HACER?

Si cree padecer una infección vaginal lo primero que ha de hacer es no mantener relaciones sexuales y acudir rápidamente a su médico. El ginecólogo le hará una revisión física y analizará su flujo vaginal. Con ellos determinará cuál es el agente causante de la infección. En la mayoría de los casos son:

Bacterias: generalmente se transmiten al tener relaciones sexuales sin protección y dan lugar a una producción escasa de flujo vaginal de olor fétido y color grisáceo –Hongos: el principal es el denominado candida albicans que habita de manera natural en la vagina. Sin embargo, a causa de cambios hormonales, a la administración de antibióticos fuertes o a una baja de defensas puede reproducirse sin control generando un flujo espeso, blanquecino y de consistencia cremosa además de molestia genital intensa. –Parásitos: se transmiten al mantener relaciones sexuales sin protección con personas infectadas. Causan secreción abundante de flujo verdoso y de olor muy fétido, picor genital y ardor al orinar.

Según los resultados obtenidos y el agente infeccioso encontrado, el especialista prescribirá el tratamiento oportuno para combatirlo. Además, en ocasiones el ginecólogo podrá aconsejar un antiséptico vaginal que mitigue el ardor y la comezón, que reduzca el flujo y elimine el mal olor.

MEJOR PREVENIR

En el momento de empezar a sentir lo que pudiera ser una infección vaginal o de las vías urinarias acuda inmediatamente al médico para evitar complicaciones. Lo decimos porque de una simple vaginitis -es decir, de una inflamación de las paredes de la vagina- la infección puede pasar al cuello de la matriz produciendo una úlcera provocada por hongos, bacterias o virus. Es más, al llegar al cuello de la matriz puede seguir ascendiendo y llegar a las trompas de Falopio provocando una enfermedad inflamatoria pélvica con el riesgo añadido de obstruir las trompas. Y eso, a la larga y si no se corrige la situación, puede ser causa de esterilidad, dolor pélvico crónico y, en los casos más graves, cáncer. Por tanto, es mejor –al menor síntoma- ponerse en manos de un especialista que prevenga situaciones más difíciles de tratar.

Además, en el caso de que la mujer a la que se le diagnostique la infección urinaria o vaginal sea sexualmente activa, su pareja deberá acudir también a su médico para descartar contagios.

HIGIENE Y PRÁCTICAS SALUDABLES

Los genitales son una parte más de nuestro cuerpo y, al igual que cualquier otra, con una ducha diaria se mantienen limpios y sin problemas. En todo caso, y por ser una zona delicada, se aconseja poner especial cuidado en su limpieza. Eso sí, sin obsesionarse. Es perfectamente normal y natural que la zona genital desprenda un cierto olor propio de cada persona que se convierte en estímulo olfativo que propicia el inicio de relaciones sexuales.

Sepa que una completa higiene íntima debe incluir –además del lavado con agua y jabón neutro- los siguientes cuidados:

-Después de orinar o defecar es necesario limpiar la zona genital desde delante hacia detrás para evitar contaminar la zona vaginal con bacterias procedentes de las heces.

La gran mayoría de la gente usa únicamente papel pero lo recomendable es lavarse porque, de lo contrario, la zona queda sucia.

-No se deben utilizar jabones fuertes ni ningún producto químico que pueda alterar el pH ácido de la vagina. Tampoco es oportuno aplicar desodorantes íntimos porque pueden provocar irritación, inflamación y hasta alergia. Además, impiden percibir por su olor alteraciones que pudieran requerir tratamiento médico.

-No es conveniente realizar duchas vaginales porque eliminan sustancias naturales y microorganismos que protegen la vagina.

-Use ropa interior de algodón ya que el nylon y otras fibras sintéticas impiden la transpiración, retienen la humedad y favorecen la proliferación de bacterias y gérmenes. -No vista prendas muy ajustadas para evitar rozaduras y favorecer la transpiración de la zona genital.

-No use esponja o guantes sintéticos para lavar la zona genital porque en ellos se acumulan gérmenes.

-Cambie los tampones y compresas cada 4 o 6 horas como máximo. No se recomienda emplear salva-slips de uso diario porque dificultan la adecuada ventilación, aumentan la temperatura de la zona y entonces es más fácil la proliferación de gérmenes y la aparición de molestias e infecciones.

-Antes y después de mantener relaciones sexuales es recomendable lavar la zona genital además de las manos y la boca en el caso de que vaya a practicar el sexo oral.

-Controle la ingesta de medicamentos. Se sabe que los antibióticos, por ejemplo, suelen dejar el organismo bajo de defensas tras curarnos de la dolencia para la que se prescribieron. El resultado es que tras acabar el tratamiento con antibióticos la mujer es mucho más propensa a contraer infecciones vaginales.

En cuanto a lo que es el lavado en sí se recomienda lavar la vulva por el exterior, pasando bien los dedos por los pliegues de los labios mayores y menores así como alrededor del clítoris ya que aquí también se acumulan residuos. Después es necesario secar bien la zona para evitar humedad. Por lo que respecta a la vagina, salvo que lo prescriba el ginecólogo y en situaciones muy concretas, no debe ser aseada interiormente ya que tiene su propio mecanismo de limpieza. En suma, lo recomendable es mantener una adecuada higiene diaria, practicar sexo seguro y acudir al ginecólogo al menos una vez al año. Cualquier pequeña anomalía será detectada y tratada fácilmente en una revisión rutinaria y se evitará problemas mayores.

Sara Muñoz

Recuadro:


Factores que dificultan la higiene íntima

Muchas veces, para mantener una correcta higiene íntima no basta con la limpieza que proporciona el baño ya que existen factores externos que la alteran. Entre ellos se encuentran:

-Los cambios hormonales propios de la pubertad, embarazo y menopausia.

-No cambiar, durante el periodo menstrual, los tampones o compresas con la frecuencia debida. En ningún caso han de pasar más de 6 horas.

-Los jabones y otros productos con fragancia que se emplean para lavar la zona genital. Estos productos pueden ocasionar irritación, alergia y, en último caso, infección. Por eso se recomienda lavar la zona con agua solamente o con agua y un jabón neutro.

-El uso de ropa interior ajustada y elaborada con materiales sintéticos. Son preferibles las prendas de algodón que queden un poco holgadas y permitan la transpiración de la zona.

-La aplicación de sprays y cremas anticonceptivas o espermicidas ya que pueden desequilibrar la flora vaginal y provocar molestias. Además, algunas mujeres pueden desarrollar alergia a estos productos.

-Las relaciones sexuales son el factor principal que irrumpe en el equilibrio de la vagina. Pueden llegar a generar alteraciones químicas –el esperma es alcalino y con un alto contenido de proteínas, lo que ocasiona un cambio en el pH de la vagina- y de la higiene vaginal sin obviar que son canal de entrada de infecciones y enfermedades de transmisión sexual. Además, si se practica sexo oral sin previo aseo bucal se puede contaminar la zona genital.

-La pérdida involuntaria de orina o incontinencia urinaria también representa cierto problema en la higiene íntima femenina pues tanto la zona genital como la ropa interior se mantienen húmedas generando olor desagradable y permitiendo la producción de microorganismos causantes de infecciones.


Métodos anticonceptivos e infecciones

Algunos métodos de planificación familiar pueden predisponer a la infección o empeorar una infección preexistente. Así lo recoge el estudio realizado por Dallaberta, Laga y Lamptey, quienes ponen los siguientes ejemplos.

-Anticonceptivos orales: pueden desequilibrar el ambiente de la vagina lo que predispone a que se desarrolle cándida u otros tipos de hongo.

-Diafragma y espermicidas: ofrecen cierto grado de protección contra bacterias pero se desconoce si protegen contra las infecciones de carácter viral, incluyendo el sida. -DIU: la inserción con equipo médico mal esterilizado o la presencia de alguna infección no tratada en la mujer puede introducir bacterias en el útero y provocar infecciones. Además, no protege contra las infecciones de transmisión sexual.

-Esterilización femenina y masculina: existe riesgo de infección quirúrgica y no protege contra las infecciones de transmisión sexual.

-Los métodos más efectivos para la prevención de infecciones con los métodos de barrera, esto es, los condones masculinos y femeninos.

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Septiembre 2003
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