La papaya, maravilla tropical

De sabor dulce y suave, la papaya es algo más que una simple fruta exótica. Es fuente de vitaminas y minerales y contiene una enzima –la papaína- que mejora la digestión, neutraliza los ácidos gástricos y ayuda a quemar las grasas, entre otras propiedades. De hecho, es tal su importancia nutricional y terapéutica que en países como México o Costa Rica llaman al papayo “el árbol de la buena salud”.

Originaria de México o de los Andes peruanos -según el experto al que se consulte- la papaya es una deliciosa fruta ovalada, pulpa anaranjada, piel amarillenta y semillas negras. Se consume en toda Iberoamérica desde tiempos inmemoriales donde se la considera un auténtico regalo de la naturaleza porque aúna un agradable sabor con propiedades nutricionales y terapéuticas. De hecho, según un dicho de estas regiones, “una papaya al día mantiene al doctor en la lejanía”.
No debe extrañar pues que se la conozca por muy diversos nombres. Además del de papaya, recibe –entre otros- los de capaídso, fruta bomba, lechosa, mamao, mamón, melón zapote, naimi, nampucha, pucha y paque.

DELICIOSA Y NUTRITIVA

Además de por su agradable sabor y por la variedad de combinaciones culinarias en las que se la puede incluir esta fruta es especialmente valorada por sus cualidades nutricionales. Así, contiene vitaminas A -muy beneficiosa para la piel, el pelo y las uñas-, B -en concreto B1, B3 y B6, que ayudan a limpiar las toxinas de la sangre- y C -ésta en mayor cantidad que en frutas como naranjas, pomelos o limones-. En cuanto a los minerales, la papaya contiene algunos de los más necesarios para nuestro organismo como lo son el calcio, el hierro, el magnesio, el fósforo y el potasio.
Además, el contenido calórico de la papaya es bajo. Media fruta de tamaño medio aporta sólo 70 calorías. Sirva como comparación que 100 gramos de papaya contiene siete veces menos calorías que la misma cantidad de plátano. En cuanto a los azúcares, el porcentaje de los que presenta la papaya oscila sólo entre el 7 y el 9%.
Pero lo que probablemente la convierte en un alimento único es el hecho de que no se conoce ninguna otra fruta que, incluso no madura, alcaliniza el cuerpo. Por eso las personas que padecen acidosis probablemente encuentren alivio si empiezan el día desayunando con papaya.

PAPAYA Y DIGESTIÓN

A la papaya se la considera un alimento con propiedades digestivas. Y, en efecto, tanto sus verdes hojas como el encarnado fruto son un buen aliado para el aparato digestivo. Y, ¿a qué se debe esa capacidad? Pues a uno de sus componentes estrella: la papaína. Se trata de una enzima proteolítica, es decir, con capacidad de descomponer las proteínas de los alimentos y neutralizar los ácidos gástricos. A la acción de la papaína se une la de la carpaína, un alcaloide presente en la papaya que actúa sobre el líquido biliar. Ambos elementos explican que la papaya ayude a digerir las carnes y comidas pesadas, mejore y facilite el proceso de la digestión y ayude a la quema de grasas con lo que desarrolla un efecto adelgazante, desintoxicante y depurativo de forma natural. También digiere las pectinas y ciertos azúcares y lípidos. De hecho, en terapias digestivas se la utiliza para compensar la falta de secreciones gastroduodenales y pancreáticas.
Su consumo resulta también adecuado en las digestiones pesadas, las gastritis o la acidez de estómago. Asimismo, la acción suavizante y antiséptica sobre las mucosas digestivas la hacen muy útil en caso de gastroenteritis y colitis de cualquier tipo así como en situaciones de estreñimiento o colon irritable.
Pero, ¡ojo!: buena parte de esos efectos terapéuticos se deben a la papaína y esa sustancia sólo se encuentra en las hojas del papayo y en la fruta que está en su punto; cuando la papaya está muy madura pierde gran parte de la enzima. Téngalo en cuenta.

PROPIEDADES TERAPÉUTICAS

Cabe añadir que numerosos estudios han demostrado que la papaya tiene propiedades como digestivo, diurético, antioxidante, reductor de los niveles de bilirrubina, antigonorreico, analgésico, relajante, relajante del músculo esquelético, anticoagulante, vermífugo -es decir, expulsa los parásitos intestinales-, hipotensor, antiinflamatorio, antidiarreico, broncodilatador, tranquilizante, espasmolítico y antifúngico.
Además, sus semillas frescas contienen también un compuesto llamado carpasemina que tiene acción destructiva sobre las amebas lo que explica su clara acción terapéutica sobre algunos casos de diarreas crónicas.
Por otro lado, la papaya contribuye a que el cuerpo produzca más arginina, un aminoácido esencial que activa la HGH, hormona de crecimiento que es importante para el rejuvenecimiento de las células y la reconstrucción de células en el hígado, los músculos y los huesos. Incluso la piel se beneficia de la arginina: se vuelve suave y es capaz de regenerarse.

ELIJA POR EL TACTO

En suma, si se anima a beneficiarse de las propiedades nutricionales y terapéuticas de la papaya sepa que este exótico producto puede encontrarse en nuestros mercados en cualquier época del año. Eso sí, elija las papayas con el tacto -la pulpa debe ceder ligeramente- más que con la vista. Lo notará en el gusto. Y si no la encuentra recuerde que hoy se comercializa en forma de pulpa, batidos, cápsulas y pastillas.

Varda Galán
Recuadro:


Receta depurativa: ensalada de papaya con gambas y aguacate

La Asociación brasileña de exportación de papaya recomienda una singular receta que damos a conocer a nuestros lectores por si se animan a hacerla.

Ingredientes(para 4 personas)

-1 papaya.
-2 aguacates.
-4 tomates medianos sin pepitas.
200 gr. de gambas a la plancha.

Trocee la papaya, los aguacates y los tomates mezclando luego los trozos en un recipiente. Hecho esto, salpimente las gambas tras hacerlas a la plancha y agréguelas.
En cuanto a la salsa de acompañamiento mezcle 9 cucharadas de aceite de oliva con el zumo de una naranja y de un limón. Remueva la mezcla y a continuación vierta la salsa en el bol. Una vez remueva todo ya podrá servirla.


Una planta con múltiples aplicaciones

Del árbol de la papaya se utilizan varios de sus componentes que se extraen tanto del fruto como del resto de la planta. Por ejemplo, sus hojas, una vez secas y reducidas a polvo, sirven de base para preparar una infusión digestiva. En cuanto a las flores del papayo, utilizadas como infusión, son útiles para tratar bronquitis, resfriados y gripes. También la papaína se emplea en varias industrias: en la de la alimentación para ablandar la carne; en la textil para macerar las fibras de lana y algodón y en la industria de la tenería para el curtido de pieles. Además, en el mercado existen multitud de cosméticos y de complementos dietéticos que contienen la papaína como principio activo. Por otro lado, los tallos y las hojas contienen carpaína, un alcaloide estimulante del ritmo cardíaco, en pequeñas y terapéuticas cantidades. También las semillas, una vez secas y tamizadas, se pueden emplear como condimento por su sabor picante.


¿Cómo es la papaya?

La papaya es una fruta de forma ovalada, esférica, alargada o periforme (en forma de pera), según las diferentes variedades. Su peso puede variar desde los 400 gramos -que son las que se comercializan habitualmente en España- hasta los 7 kilos de algunas especies. Su longitud oscila entre los 7 y los 70 centímetros. Su piel, de color verde oscuro, se vuelve amarillenta al madurar. La pulpa es de textura similar a la del melón y de color amarillo, anaranjado o salmón. Es jugosa (su contenido en agua puede llegar hasta el 90 %) y de sabor dulce; de hecho, recuerda a una mezcla entre albaricoque, melón y frambuesa.
Actualmente la papaya se cultiva sobre todo en Hawai, India, Brasil, Tailandia, Venezuela, Estados Unidos y, en general, en los distintos países de Iberoamérica. Las consumidas en España proceden básicamente de Brasil y, en mucha menor proporción, de las Islas Canarias donde su cultivo se ha extendido en los últimos años. En concreto se cultiva en invernaderos la variedad «Baixinho de Santa Amalia» procedente de Brasil y que es el tipo que mejor se ha adaptado a las condiciones climatológicas canarias.

Este reportaje aparece en
59
Marzo 2004
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