Papaya: una fruta realmente saludable

Cientos de artículos atribuyen el gran valor terapéutico de la papaya a la papaína pero la verdad es que esta enzima se encuentra en ella en cantidad muy pequeña ya que está fundamentalmente presente en la fruta cuando aún está verde y es incomestible -sobre todo en la piel-, en las semillas -incluso de la papaya madura- que no suelen comerse, en las hojas de la planta y, sobre todo, en la leche de los tallos… de donde no suele extraerse para no destruirla. De ahí que los laboratorios la obtengan básicamente de la piel de la papaya verde sajándola y extrayendo su líquido lechoso o fermentándola. La otra solución es potenciar la actividad de la papaína madura mediante procesos que no desnaturalicen sus propiedades y mantengan las cantidades de sus principios activos antioxidantes, antiinflamatorios, antimicrobianos y antitumorales. Y es que para obtener propiedades terapéuticas ingiriendo solo papaya madura se precisa una cantidad superior a 200 gramos diarios.

PAPAYA

Cuando en 1535 Gonzalo Fernández de Oviedo dio a conocer la papaya en Europa la fruta se cultivaba y consumía solo en el continente americano -desde el norte de México hasta el sur del Brasil- pero hoy son muchos los países con climas similares al tropical en los que está presente; desde el sur de Estados Unidos y España hasta Australia pasando por África y Asia. De hecho México produce hoy el 7% del cultivo mundial mientras la India acapara casi el 50%. Y no es de extrañar pues se trata de un arbusto de rápido crecimiento que al año de plantado da ya abundante fruta y tiene además la ventaja de que fructifica a lo largo de todo el año.

En cuanto a sus principios activos la Base de datos sobre la composición de alimentos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos indica que la pulpa de la papaya madura contiene un 87,3% de agua, un 10,6% de carbohidratos, un 1,5% de fibra, un 0,47% de proteínas, un 0,25% de grasas, un 0,2% de potasio, un 0,02% calcio, un 0,02% de magnesio, un 0,06% de vitamina C, 1,8 mg por cada 100 gramos de licopeno, un 1 mg de vitaminas B por cada 100 gramos y 0,3 mg por cada 100 gramos de betacarotenos. Contenido en nutrientes similar pues al de las naranjas o al de los plátanos (éstos tienen el doble de carbohidratos y son muy pobres en vitamina C pero a cambio contienen el triple de vitaminas del complejo B). En suma, los nutrientes esenciales de la papaya madura no difieren mucho de otras frutas de consumo habitual pero contiene una notable enzima digestiva de la que las otras carecen: la papaína. Ahora bien, se trata de una enzima que desaparece de la fruta a medida que madura quedando solo un 9,2% de la que hay en la papaya verde. Así lo determinó en 2009 un equipo de investigación de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Rafael Urdaneta de Maracaibo (Venezuela) integrado por Geraldine Gutiérrez, Virginia Velázquez y Jose R. Ferrer en un trabajo titulado precisamente Determinación del efecto de la maduración de la lechosa (Carica Papaya L.) sobre la concentración de la Papaína. Habiendo según sus datos en la papaya más madura 35 mg de papaína por cada 100 gramos. Y como quiera que según los expertos para que la papaína tenga propiedades terapéuticas se precisan 75 mg diarios habría que ingerir algo más de 200 gramos al día de papaya madura.

Cabe añadir que las semillas de la fruta madura también la contienen y de ahí que en muchos sitios en lugar de tirarlas las desequen, las muelan manualmente y las usen para sazonar ya que tienen un sabor similar al de la pimienta negra y son digestivas.

VALOR TERAPÉUTICO DE LA PULPA DE LA PAPAYA MADURA

En definitiva, a pesar de que no tiene tantos agentes terapéuticos como en el fruto verde la pulpa de la papaya madura también contiene muchos. Así lo valoró por ejemplo un equipo del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo de México coordinado por la Dra. Dulce M. Rivera-Pastrana en un trabajo publicado en 2010 en Journal of the Science of Food and Agriculture según el cual en la pulpa (mesocarpo) de la papaya madura hay especialmente fenoles como el ácido ferúlico, el ácido cafeico, el ácido gálico y la rutina y carotenoides como el licopeno, la beta-criptoxantina y los betacarotenos; fenoles que también van disminuyendo a medida que madura la fruta.

Cabe añadir que los ácidos ferúlico y cafeico son potentes antioxidantes que in vitro y en murinos han demostrado ser anticancerígenos. Lo constató un equipo de investigadores de la Annamalai University (India) coordinado por el Dr. N. Rajendra Prasad en un trabajo publicado en 2011 en Molecular and Celular Biochemistry con el titulo Inhibitory effect of caffeic acid on cancer cell proliferation by oxidative mechanism in human HT-1080 fibrosarcoma cell line (Efecto inhibidor del ácido cafeico en la proliferación de células cancerígenas mediante mecanismos oxidativos en la línea celular de fibrosarcoma HT-1080 humano). Los ensayos constataron que el ácido cafeico es un potente anticancerígeno en células HT-1080 humanas y puede ser pues utilizado como antitumoral. Algo realmente paradójico pues la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer lo considera un potencial carcinógeno y lo incluye en el Grupo 2B cuando el ácido cafeico está presente ¡en la mayoría de los vegetales comestibles! De hecho un equipo de la Universidad de Creta coordinado por el Dr. M. Kampa ya había publicado en 2004 en Breast Cancer Research un trabajo según el cual tanto el ácido cafeico como el ferúlico muestran in vitro una clara actividad antiproliferativa.

En cuanto al ácido gálico y los galatos ya se ha hablado extensamente en artículos anteriores de la revista sobre su poder antitumoral. Y lo mismo cabe decir de la rutina, flavonoide de gran acción antiinflamatoria y fortalecedora de los capilares sanguíneos.

Cabe agregar que un grupo de investigadores de la Universidad de Queensland (Australia) coordinado por el Dr. T. T. Nguyen publicó en 2015 en Toxins (Basel) un trabajo sobre dos flavonoles, la quercitina y el kaempferol, coligiendo que ambos son antitumorales. Y los dos se hallan en la pulpa de la papaya madura. Es más, se han encontrado en ella moléculas de miricetina, ácido protocatéquico y polifenoles antioxidantes, antiinflamatorios y antitumorales.

VALOR TERAPÉUTICO DE LAS SEMILLAS

Como antes adelantamos las semillas de la papaya madura pueden desecarse, molerse -en un molinillo manual- y utilizarse para sazonar como sustituto de la pimienta negra. Algo interesante por sus propiedades terapéuticas… salvo que se busque descendencia. Y es que un equipo de la Universidad de Rajasthan (India) coordinado por el Dr. N. K. Lohiya constató en un trabajo publicado en 2008 en Asian Jurnal of Andrology -efectuado con ratones y monos- que el extracto de semillas de papaya anula a los pocos días de su ingesta la motilidad de los espermatozoides sin afectar ni a su producción (espermatogénesis) ni a la libido. Infiriendo así que se trata de un eficaz anticonceptivo androgénico, reversible una vez suspendida su ingesta sin ningún efecto toxico colateral; al menos en monos.

Las tiocianatos de las semillas y hojas de papaya son además antibióticos y antihelmínticos; lo constató un equipo de la McMaster University de Canadá dirigido por R. Kermanshai en un trabajo publicado en 2001 en Phytochemistry.

Y además antitumorales provocando la apoptosis o suicidio de las células cancerosas. Lo comprobó posteriormente in vitro en células tumorales HL-60 un equipo de la Okayama University de Japón coordinado por el Dr. Y. Nakamura en un trabajo publicado en 2007 en Journal of Agricultural and Food Chemistry con el título Papaya seed represents a rich source of biologically active isothiocyanate (Las semillas de la papaya son una rica fuente de isotiocianatos biológicamente activos).

Las semillas de la papaya protegen asimismo la mucosa digestiva. Lo comprobó un equipo de la Universidad de Ilorin en Nigeria coordinado por el Dr. H. D. Oloyede cuyo trabajo se publicó en 2015 en Journal of Integrative Medicine constatando que tienen propiedades antiulcerativas. Así lo coligieron en ratones con úlcera péptica observando que protege el estómago e incrementa los niveles séricos de las enzimas superóxido dismutasa (SOD) y catalasa así como del glutation. De lo que infirieron que su efecto antiulceroso se debe al aumento de enzimas antioxidantes.

Y hay más: las semillas de papaya son antibióticas, antifúngicas y antiparasitarias. Una investigación llevada a cabo en Etiopía por un equipo de la Universidad de Gondar dirigido por el Dr. G. Yismaw publicó en 2008 en Ethiopian Medical Journal un trabajo según el cual los extractos de sus semillas son eficaces contra patógenos como la Escherichia coli, el Staphylococcus aureus, la Salmonella typhi y la Pseudomonas aeruginosa; comprobándolo tanto en orina como en sangre.

Respecto de sus propiedades antifúngicas destacaremos el trabajo de un equipo de la Hainan Medical University de China coordinado por el Dr. X. He según el cual el aceite esencial de semillas de papaya destruye varias especies del género Candida. Aseverando en las conclusiones del artículo -publicado en enero de 2017 en Letters in Applied Microbiology– que las semillas de papaya deben considerarse por ello eficaces agentes antifúngicos.

Agregaremos que un equipo de la Obafemi Awolowo University de Nigeria dirigido por el Dr. J. A. Okeniyi demostró por su parte la efectividad de las semillas desecadas de papaya para combatir los parásitos intestinales. Se comprobó tras administrar durante una semana extracto de semillas de papaya a parte de un grupo de 60 niños asintomáticos pero con evidencias de ser portadores de parásitos intestinales al estar presentes en sus heces y constatar que al cabo de ese tiempo se detectaron parásitos solo en el 23% de los que tomaron semillas frente al 83% de los que tomaron un placebo. El trabajo se publicó en 2007 en Journal of Medicinal Food y para los autores no hay duda de que las semillas de papaya ofrecen “una monoterapia natural, inocua y barata contra las parasitosis y una estrategia preventiva en los países tropicales”.

LA PAPAYA Y LA ENZIMA PAPAÍNA

Como antes adelantamos la papaína se encuentra fundamentalmente en el tallo del que cuelga el fruto y en menor medida en las hojas pero para no destruir la planta los laboratorios la obtienen básicamente bien de la piel de la papaya verde sajándola y extrayendo su líquido lechoso, bien fermentándola. Y es verdad que en algunos países del sudeste asiático se consume el fruto verde y las hojas cocidas junto con otras verduras pero eso destruye en gran parte la papaína ya que sus enzimas se desnaturalizan por encima de 40-45º centígrados.

En cuanto a las propiedades de la papaya los doctores de la Univesidade Estadual do Norte Fluminense de Rio de Janeiro (Brasil) J. Gonçalves de Oliveira y Angela Pierre Vitoria hicieron en 2010 una amplia puesta al día de sus propiedades nutricionales y farmacológicas -el trabajo se publicó en Food Research International- explicando que el látex de la planta está compuesto por varias enzimas -papaína, quimopapaína, endopeptidasa y otras- cuya acción es muy similar a la de la tripsina y pepsina humanas, enzimas proteolíticas digestivas encargadas de romper las cadenas de peptinas que conforman las proteínas que ingerimos a fin de transformarlas en aminoácidos libres.

Cabe añadir que la papaína es ante todo una enzima de demostrado valor para la limpieza de heridas y ulceraciones. Lo constató un equipo del Instituto de Biología Roberto Alcántara Gomes de Rio de Janeiro (Brasil) coordinado por la Dra. Claudia R. da Silva en un trabajo publicado en 2010 en Journal of Biomedicine and Biotechnology tras dar papaína a más de 5.000 pacientes del Hospital Universitario de Rio de Janeiro para desbridar -eliminar tejido necrosado- escaras, ulceras y heridas tórpidas. El trabajo -titulado Genotoxic and Cytotoxic Evaluation of Papain (Carica papaya L.) Using in Vitro Assays (Evaluación genotóxica y citotóxica de papaína (Carica papaya L.) con ensayos in vitro– valoró además los posibles efectos mutagénicos de la papaína concluyendo que no hay evidencia alguna de que pueda dañar el ADN de las células sanas al utilizarse de forma tópica.

EFICACIA DE LA PAPAYA FERMENTADA

Aunque se sabe muy poco del uso medicinal de la papaya por los pueblos amerindios -tanto antes como después de la conquista- una vez adoptada por las culturas de la India y el Sudeste Asiático ésta se incorporó rápidamente al vademécum de la medicina popular. De hecho en esos países no solo se consume la papaya madura como en Occidente: aprovechan las valiosas sustancias terapéuticas del fruto verde ¿Y cómo? Pues fermentando la papaya verde y sirviéndola en forma de encurtidos, salsas y salmueras. Lo mismo que aquí hacemos con la aceitunas. La achara es por ejemplo un plato típico filipino hecho a base de papaya verde mezclada con otras verduras que se fermentan en sal y vinagre. Es verdad que también consumen papaya verde cocida o hervida pero en tales casos la papaína se destruye por la temperatura.

En cuanto a la papaya fermentada se obtiene fermentando hojas y trozos de fruta verde -utilizando como agente bacteriano la Aspergyllis oryzae o el Enterococcus fecalis– en un proceso que dura unos 90 días comercializándose después bien como bebida, bien deshidratada en cápsulas. Lo llamativo es que en la publicidad de esos productos -incluso en los envoltorios- se muestra siempre una foto del fruto maduro.

Hasta el Premio Nobel Luc Montaigner se ha interesado en la papaya. De hecho publicó en 2010 en Toxicology -junto a otros científicos del Touro College of Pharmacy de Nueva York (EEUU)- un trabajo titulado Applications and bioefficacy of the functional food supplement fermented papaya preparation (Aplicaciones y bioeficacia de un complemento funcional de papaya fermentada) en el que se da cuenta de su efecto in vitro sobre distintas células concluyendo que posee efectos antiinflamatorios, antioxidantes e inmunoestimulantes -al nivel de la membrana mucosa- e induce enzimas antioxidantes internas por lo que puede ser muy útil en casos de cáncer, diabetes, artritis, disfunciones cardiovasculares, patologías neurodegenerativas -ictus, alzheimer y parkinson- y envejecimiento.

Agregaremos que en enero de 2017 PloS One publicó un revelador trabajo de un equipo de la Kyushu University de Fukuoka (Japón) dirigido por el Dr. Yuhzo Fujita titulado Fermented Papaya Preparation Restores Ag-Related Reductions in Peripheral Blood Mononuclear Cytolytic Activity in Tube-Fed Patients (La papaya fermentada restaura la reducción de antígenos relacionada con la actividad citolítica mononuclear de la sangre periférica de pacientes intubados) según el cual aunque la papaya es rica en polifenoles de notable actividad antioxidante, antiinflamatoria y antitumoral tales moléculas apenas son absorbidas por el sistema digestivo en su estado polimerizado natural. En cambio durante el proceso de fermentación aeróbica esos polifenoles son transformados en metabolitos de bajo peso molecular fácilmente absorbibles por las células del epitelio intestinal lo que permite potenciar su capacidad de estimulación del sistema inmune. Lo demostraron realizando un ensayo clínico aleatorizado con 20 pacientes alimentados mediante sonda gástrica con nutrientes sin acción específica sobre el sistema inmunitario a los que se dio 9 gramos diarios de papaya fermentada durante 30 días. ¿El resultado? Se incrementó la actividad de las “células asesinas naturales” NK y disminuyó en la flora intestinal la cantidad de Clostridium scindens y Eggerthella lenta.

Ya en el 2000 un numeroso grupo de investigadores de la Universidad de California (EEUU) dirigido por el Dr. G. Rimbach -el trabajo se publicó en Life Sciences– había determinado que la papaya fermentada es un activador de macrófagos que aumenta la síntesis de óxido nítrico y la secreción de la citoquina TNF-alfa.

Diez años después -en 2010- un equipo de la Ohio State University Medical Center coordinado por E. Collard y S. Roy constató en ratones que las úlceras diabéticas mejoran con papaya fermentada al actuar específicamente sobre los macrófagos situados en el área de la lesión y potenciar la angiogénesis. Los investigadores observaron que además de potenciar la “explosión oxidativa” -proceso característico de los monocitos del sistema inmune que liberan bruscamente grandes cantidades de especies reactivas de oxígeno como peróxido de hidrógeno o hipoclorito, ambos de fuerte acción bactericida- aumenta también en la zona de la herida la producción de oxido nítrico y de los antígenos CD68 y CD31. El trabajo se publicó en Antioxidant and Redox Signaling con el título Improved function of diabetic wound-site macrophages and accelerated wound closure in response to oral suplementation of a fermented papaya preparation (Mejora en diabéticos de la función de los macrófagos en el lugar de la herida acelerando su cierre en respuesta a la suplementación oral de papaya fermentada).

Cabe agregar que en 2012 un ensayo murino realizado por varios investigadores de la misma universidad coordinados por el Dr. R. Dickerson llegó a la conclusión de que la papaya fermentada promueve la “explosión oxidativa” que normalmente se encuentra muy disminuida en los pacientes de diabetes mellitus II. Falta de capacidad oxidativa -con el consiguiente riesgo de infección- que puede ser así corregida logrando una sensible mejora en la cicatrización de las úlceras diabéticas. El trabajo se publicó en la misma revista con el título de Correction of aberrant NADPH oxidase activity in blood-derived mononuclear cells from type II diabetes mellitus patients by a naturally fermented papaya preparation (Corrección de la actividad aberrante de la NADPH oxidasa en células mononucleares derivadas de sangre de pacientes con diabetes mellitus de tipo II mediante papaya fermentada naturalmente).

Tres años después -en 2015- los mismos autores publicarían en esa revista un ensayo clínico realizado esa vez sobre pacientes con diabetes II titulado Does oral suplementation of a fermented papaya preparation correct respiratory burst function of innate immune cells in type 2 diabetes mellitus patients? (¿Corrige la suplementación oral de papaya fermentada la función respiratoria de las células inmunes innatas en pacientes con diabetes mellitus tipo 2?) según el cual la respuesta es afirmativa. Bastarían 9 gramos diarios durante 6 semanas para lograrlo dando ello lugar a significativas mejoras en la evolución de las úlceras diabéticas.

La papaya fermentada parece ser efectiva incluso en casos de alzheimer. Al menos así lo exponen los doctores M. Barbagallo, F. Marotta y L. J. Dominguez -de la Universidad de Palermo (Italia)- en un trabajo publicado en 2015 en Mediators of Inflammation con el título Oxidative stress in patients with Alzheimer`s disease: effect of extracts of fermented papaya power (Efectos del extracto de papaya fermentada en el estrés oxidativo de pacientes con alzheimer). Se trató de un ensayo clínico con 40 pacientes a 12 de los cuales se les mantuvo como grupo de control suministrando a los otros veintiocho 4,5 gramos diarios de papaya fermentada en polvo durante 6 meses al cabo de los cuales se observó una notable disminución del nivel oxidativo; lo que se interpretó como un efecto protector frente a la evolución del proceso neurodegenerativo.

El propio F. Marotta había publicado ya en 2007 en Journal of Gastroenterology and Hepatology -esa vez junto a C. Yoshida, R. Barreto, Y. Naito y L. Packer del San Giuseppe Hospital de Milán (Italia)- un trabajo titulado Oxidative-inflammatory damage in cirrhosis: effect of vitamin E and a fermented papaya (Daño oxidativo-inflamatorio en la cirrosis: efectos de la vitamina E y la papaya fermentada). Se trató de un ensayo clínico con 50 personas afectas de cirrosis derivada de una hepatitis C a las que se dividió en dos grupos dando durante 6 meses a uno 900 UI diarias de alfatocoferol (vitamina E) y al otro 9 gramos diarios de papaya fermentada; y lo mismo a diez personas sanas. Pues bien, al final del ensayo se comprobó que la papaya fermentada es igual de eficaz que la vitamina E a la hora de disminuir el estrés oxidativo pero que solo los tratados con ella mostraron una notable disminución del 8-OhdG (marcador del daño oxidativo en el ADN). Ante lo cual los autores proponen utilizar papaya fermentada en casos de cirrosis por hepatitis C como forma de evitar la carcinogénesis.

Y hay más: la papaya fermentada es eficaz en la talasemia, forma hereditaria de anemia relativamente frecuente en el Mediterráneo cuya gravedad depende del número de genes afectados (genes de la alfa y beta-globina) y que va desde leve hasta una fuerte anemia hemolítica que puede llevar a la muerte por déficit de glóbulos rojos funcionales. Pues bien, en los casos más graves de beta-talasemia mayor la única solución que ofrece la medicina convencional es la de periódicas transfusiones de sangre sana o bien un trasplante de médula. De hecho en España se realizó con éxito un trasplante de sangre a un paciente de este tipo de talasemia proveniente del cordón umbilical de un hermano recién nacido y sano. Pues bien, un grupo de médicos del Hebrew University Medical Center de Jerusalén encabezado por el Dr. E. Fibach realizó ensayos clínicos con enfermos de talasemia utilizando dosis variables de papaya fermentada y llegó a la conclusión de que si bien se registra en sangre una clara disminución del estrés oxidativo es probable que se necesite un largo tratamiento para mejorar el nivel de los eritrocitos falciformes. Lo explican en un artículo publicado en 2010 en Phytotherapy Research con el título Amelioration of oxidative stress in red blood cells from patients with beta-thlassemia major and intermedia and E-beta-thalassemia following administration of a fermented papaya preparation (Mejora del estrés oxidativo en glóbulos rojos de pacientes con beta-talasemia mayor e intermedia y E-beta-talasemia tras la administración de papaya fermentada).

VALOR TERAPÉUTICO DEL FRUTO VERDE Y DE LAS HOJAS DE LA PAPAYA

En cuanto a las hojas de la papaya todo indica que son antitumorales. Lo constató un equipo de investigadores de la Universidad de Tokio (Japón) dirigido por el Dr. N. Otsuki cuyo trabajo se publicó en 2010 en Journal of Ethnopharmacology con el título Aqueous extract of Carica papaya leaves exhibits antitumor activity and immunomodulatory effects (El extracto acuoso de hojas de Carica papaya exhibe actividad antitumoral y efectos inmunomoduladores). Los autores habían decidido investigar las supuestas propiedades antitumorales que distintas medicinas étnicas y populares atribuyen a las hojas de la papaya y mediante ensayos in vitro comprobaron que, en efecto, el extracto reduce la proliferación de distintos tipos de células cancerosas; probablemente por vía de la sobreexpresión de genes inmunomoduladores y citotóxicos de células mononucleares del sistema inmunitario. Concluyendo que dado que los extractos de hojas de papaya parecen modular el sistema inmune humano hacia un predominio de linfocitos Th1 es posible que su uso sirva para la prevención no solo de cáncer sino como inhibidor de alergias y en general regulador de los estados inmunes exacerbados que caracterizan a las enfermedades autoinmunes.

Y protege además el hígado. Lo comprobó un equipo de la Universidad de Lagos (Nigeria) dirigido por el Dr. O. Awodele cuyo trabajo se publicó en 2016 en Journal of Intercultural Ethnopharmacology. En él se describen una serie de ensayos murinos que lo constataron tras hacerse estudios histopatológicos de sus tejidos hepáticos.

El zumo de hojas de papaya es, por su parte, hipotensor. Lo demostraron una serie de ensayos murinos realizados por un equipo de la Universidad de Calabar (Nigeria) coordinado por el Dr. A. E. Eno que se publicaron en 2000 en Phytotherapy Research. Efecto hipotensor mejor incluso que el que se consigue con hidralazina, fármaco relajante del músculo liso arterial.

Algo que probablemente se debe a la carpaína, alcaloide presente en las hojas de la papaya. Lo comprobó en ratones un equipo de la Louisiana State University dirigido por el Dr. C. A. Hornick en un trabajo publicado hace ya tiempo -en 1978- que apareció en Communications in Chemical Pathology and Pharmacology. Y es que este alcaloide relaja el complejo muscular del miocardio disminuyendo tanto el esfuerzo muscular del corazón como aumentando el volumen de sus cámaras o cavidades sistólicas y diastólicas.

Es más, en 2016 un grupo de investigadores de la Majaraja Sayajirao University of Baroda (India) dirigido por el Dr. V. Zunjar constató que las hojas de papaya son eficaces en casos de trombocitopenia, déficit de plaquetas en sangre que dificultan la coagulación. Para ello realizaron una serie de ensayos murinos con distintas fracciones del extracto de las hojas encontrando que la carpaína provoca un notable aumento del número de plaquetas en sangre. Lo explicaron en un artículo publicado en 2016 en Journal of Ethnopharmacology.

Las hojas de la papaya son además antiinflamatorias; lo constató un equipo de la Universidad de Ilorin (Nigeria) dirigido por el Dr. B. V. Owoyele con ratones afectos de artritis a los que se proporcionó un extracto alcohólico de hojas de papaya. Lo contaron en un trabajo que con el título Anti-inflamatory activities of ethanolic extract of Carica papaya leaves (Actividades antiinflamatorias del extracto etanólico de hojas de Carica papaya) se publicó en 2008 en Inflammopharmacology.

Un equipo de la Universidad de Nigeria coordinado por el Dr. A. C. Ezike comprobó por su parte mediante ensayos murinos que los extractos de papaya verde -en agua y alcohol- ayudan en las úlceras gástricas provocadas a propósito con indometacina. Lo explicaron en 2009 en un trabajo publicado en Journal of Medicinal Food.

Y por si todo esto fuera poco el extracto de hojas de papaya tiene actividad larvicida (mata larvas patógenas). Lo constató un equipo de la Bharathiar University de la India coordinado por el Dr. K. Kovendan con un trabajo que se publicó en 2012 en Parasitology Research.

Es más, el extracto de hojas de papaya podría utilizarse contra varios de los parásitos que provocan muchas de las infecciones tropicales. Un equipo de la Universidad de Basel (Suiza) dirigido por el Dr. T. Julianti investigó de hecho el uso popular en Indonesia de decocciones de hojas de papaya para prevenir la malaria constatando que contienen hasta un 0,3% de carpaína, alcaloide que ha demostrado in vitro destruir parásitos como la Trypanosoma brucei rhodesiense, la Trypanosoma cruzi, Leishmania donovani y el Plasmodium falciparum. Lo dieron a conocer en un trabajo que publicaron en 2014 en Planta Médica.

Hasta es eficaz en casos de dengue, enfermedad infecciosa que afecta a millones de personas de los países tropicales causando miles de muertes cada año para la que la medicina no tiene solución. Lo comprobó un grupo de investigadores del Sri Devaraj Urs Medical College de la India coordinado por los doctores N. Sarala y S. Paknikar en un interesante trabajo publicado en 2014 en Annals of Medical and Health Science Research con el titulo Papaya extract to treat dengue: a novel therapeutic potion? (Extracto de papaya para tratar el dengue: ¿una nueva poción terapéutica?).

Terminamos indicando que en diciembre de 2016 se publicó en International Journal of Applied and Basic Medical Research un nuevo análisis realizado por un equipo del All India Institute of Medical Science dirigido por el Dr. J. Charan que corroboró lo antes dicho: el extracto de hojas de papaya combate el virus del dengue incrementando el número de plaquetas y logrando reducir tanto los síntomas como la estancia hospitalaria de los pacientes. Queda confirmarlo con un estudio más amplio.

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

En suma, la papaya madura es una fruta digestiva antioxidante, antiinflamatoria, gastroprotectora, antiulcerosa, hipotensora, hepatoprotectora, antibiótica, antivírica, antifúngica, antihelmíntica, larvicida y antitumoral. Casi nada.

 

Paula Mirre

Este reportaje aparece en
203
Abril 2017
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