Eritritol: una saludable alternativa al azúcar

El eritritol es un polialcohol que se produce de forma natural en frutas y alimentos fermentados y se obtiene a nivel industrial a partir de glucosas fermentadas por la levadura Moniliella pollinis. De dulzor algo menor al de la sacarosa o azúcar -entre un 60% y un 70%- no contiene apenas calorías ni afecta a la presión sanguínea, no provoca la caída de los dientes y no tiene efectos secundarios en el tracto intestinal como otros polialcoholes –casos del xilitol y el maltitol– a no ser que se tome en grandes cantidades ya que el organismo no lo metaboliza y el páncreas no necesita producir insulina al ingerirlo; además es antioxidante. Producto pues interesante para los diabéticos y quienes padecen de sobrepeso u obesidad.

El eritritol es un polialcohol; es decir, pertenece a un grupo de moléculas químicas que por su estructura y composición resultan muy similares a los alcoholes pero que son detectados como “sabor dulce” por nuestras papilas gustativas. En realidad no son ni alcoholes (no son metabolizados por el hígado) ni azúcares (no son transformados en glucosa y utilizados como combustible en nuestras células). El grupo de los polialcoholes incluye varios tipos de edulcorantes conocidos como el manitol, el maltitol, el xilitol, el sorbitol y otros, todos ellos caracterizados por su gusto dulce y por el hecho de no activar el páncreas para que produzca insulina como ocurre con la glucosa. Propiedad ésta última fundamental para su uso en caso de diabetes ya que su consumo no aumenta el nivel de glucosa en sangre.

El eritritol lo identificó en 1848 el químico J. Stenhouse como uno de los compuestos orgánicos presentes en un tipo de liquen denominado Roccella tinctoria que como su nombre de especie indica era utilizado en su época como materia prima para elaborar tintura roja. Por ello Stenhouse denominó al compuesto “eritritol” palabra que significa algo así como “alcohol rojo” (del griego erythrós = rojo). Y aunque en la actualidad se obtiene de forma industrial a partir de glucosa -mediante un proceso de fermentación utilizando levaduras especiales- se encuentra de forma natural en líquenes, algas y algunas frutas, especialmente cuando éstas han alcanzado un alto grado de madurez. Destacando entre ellas los melones -en los que el eritritol puede alcanzar contenidos de hasta 47 mg/kilo- y las peras -con hasta 40 mg/kilo (en ambos casos según su estado de maduración)-. Pero los mayores contenidos de este polialcohol en alimentos naturales se encuentran en algunos fermentos como el miso -donde puede alcanzar hasta 1,3 gramos/kilo-, la salsa de soja -con 0,9 gramos/kilo- y el vino -con 0,3 gramos/kilo-.

Además al ser soluble en agua puede utilizarse en lugar del azúcar (un disacárido formado por una molécula de glucosa unida a otra de fructosa) teniendo el 65% del poder endulzante de ésta. Y dado que apenas es metabolizado por el organismo se utiliza ya en la elaboración de bebidas y zumos de bajo poder calórico -que en general se comercializan como de “cero calorías”- y en numerosos alimentos elaborados industrialmente, bien solo, bien combinado con otros polialcoholes como el manitol y el sorbitol. De hecho su uso se ha incrementado mucho debido a la expansión de los tradicionales regímenes para diabéticos y como endulzante apropiado para personas con problemas de obesidad y sobrepeso.

En 1998 el equipo del doctor I. C. Munro publicó en Food and Chemical Toxicology un completísimo artículo que resumía las principales características bioquímicas y toxicológicas del eritritol dejando claro que ni es toxico ni peligroso para la salud según se demostró con numerosos estudios en ratas, ratones y perros. En la mayoría de ellos se administraron altas dosis de eritritol -hasta un 20% de la dieta diaria- y en casi todos los casos se encontró que si bien el compuesto es totalmente absorbido por el organismo no es metabolizado y en su mayor parte se excreta inalterado por vía urinaria. Cabe destacar que en estos estudios con animales se mantuvieron altas dosis durante más de una generación sin que se encontrase efecto carcinogénico o teratogénico (malformaciones en el feto) alguno.

En una segunda fase se hicieron estudios clínicos -utilizando dosis variables- observándose también que en los humanos el polialcohol es extraído del tracto gastrointestinal para ser transferido al exterior por vía urinaria sin sufrir ninguna transformación metabólica; con un máximo del 10% excretado vía heces en el caso de altas dosis. El artículo concluye afirmando que no hay diferencias fundamentales entre la absorción y tránsito del eritritol en mamíferos y humanos. Y que es totalmente inocuo incluso a altas dosis.

Ya en un estudio dirigido por el Dr. E. Arrigoni –se publicó en 2005 en British Journal of Nutrition- se concluyó que solo un 10% del eritritol ingerido es absorbido por el colon permaneciendo en él una media de 12 horas sin evidencias de haber sido metabolizado por la biota intestinal. En el mismo estudio se explica que para asegurarse de que este polialcohol no es fermentado por las bacterias intestinales se expuso in vitro durante 24 horas en condiciones similares a las del medio bioactivo intestinal sin observarse ningún cambio; por lo que se concluyó que es totalmente resistente al metabolismo de la flora intestinal y que transita por el tubo digestivo totalmente inalterado.

Sin embargo un estudio posterior realizado por un equipo dirigido por el Dr. D. Storey que se publicó en 2007 en el European Journal of Clinical Nutrition advirtió que el eritritol -al igual que el xilitol– puede causar ligeros efectos intestinales si se consume en dosis superiores a 50 gramos/día. En un ensayo realizado entre 70 jóvenes adultos (con inclusión de placebo-control) se observó la manifestación de leves náuseas, flatulencia y heces sueltas en algunos casos si bien en menor medida que entre quienes consumieron xilitol. También se ha descrito un único caso de posible relación entre el consumo de una bebida endulzada con eritritol y una reacción alérgica en la piel de una paciente de 24 años en Japón.

EL ERITRITOL Y LAS CARIES

El eritritol no tiene efecto anticaries ni regenera el esmalte como el xilitol pero -al igual que otros polialcoholes no metabolizables por bacterias- sí impide la proliferación de éstas en la cavidad bucal; en especial la construcción de placa bacteriana por la Streptococcus mutans, el agente más importante en la construcción y mantenimiento de la placa dental. De lo que se deduce que reemplazar el azúcar de la dieta por eritritol puede contribuir a la mejora de la salud bucal. Eso sí, recuerde que si ingiere otros carbohidratos -como pan o féculas– éstos se transformarán parcialmente en glucosa.

EL ERITRITOL Y LA CANDIDIASIS

Al revisar la literatura científica no hemos encontrado estudios que sugieran que el eritritol pueda ser útil en casos de candidiasis pero hay un artículo que indirectamente señala que sí impide la colonización de la Candida albicans en la cavidad bucal. El Dr. K. H. Abu-Elteen publicó en 2005 en Microbial Ecology in Health and Disease los resultados de una investigación según la cual es indiscutible que una dieta rica en carbohidratos así como la ingesta de los azúcares más habitualmente consumidos -la sacarosa, la glucosa, la maltosa, la lactosa y la fructosa– favorece la presencia y desarrollo de diversos mohos y bacterias, muy particularmente de la Candida albicans. Pues bien, éstos no podrían sobrevivir si se les dejara sin su fuente de alimentación primordial -los azúcares e hidratos de carbono- y en su lugar se consumiera eritritol.

EL ERITRITOL Y LA DIABETES

Como el eritritol no se metaboliza por el organismo tanto su Índice Glucémico como su Índice Insulínico (II) es 0. Lo que destaca frente al Índice Glucémico de 60 y el Índice Insulínico cercano a 85 de la sacarosa o azúcar común. Es pues idóneo para los diabéticos a quienes la hiperglucemia -el elevado contenido de azúcar en sangre- les termina provocando daños vasculares, renales y neuronales.

Ahora bien, no olvidemos que hay numerosas evidencias que apuntan a que tales daños son asimismo consecuencia de la generación de radicales libres y la reducción de los mecanismos celulares antioxidantes. De lo que cabe inferir que bajar el nivel de glucosa en sangre no es suficiente para regenerar o sanar los tejidos vasculares dañados dada la persistencia del efecto oxidante. Por eso es útil consumir además antioxidantes, en especial aquellos capaces de neutralizar el daño provocado por los radicales hidroxilo (HO). Ahora bien, resulta que el eritritol también es antioxidante. Lo confirmó a principios del 2010 un grupo de investigadores dirigidos por el Dr. G. J. M. den Hartog cuyo trabajo se publicó en la revista Nutrition. Primero in vitro y luego con ratones de laboratorio diabéticos.

Los ensayos in vitro revelaron que el eritritol reacciona químicamente con los radicales hidroxilo  neutralizándolos y produciendo dos subproductos denominados eritrosa y eritrulosa. Y en los posteriores ensayos con ratones diabéticos alimentados con suplementos de eritritol se observó la presencia de eritrosa en su orina mientras apenas se detectó ésta en los ratones no diabéticos. Un resultado que certificaba lo anteriormente observado a nivel químico: que el eritritol es antioxidante. Debe destacarse que los ratones se alimentaron con una dieta normal que incluía carbohidratos y que los que recibían el suplemento de eritritol lo hacían con una dosis de 1 gramo por kilo de peso.

Por lo que se refiere a la eritrulosa se trata de un ceto-azúcar natural que en las capas externas de la piel reacciona con los aminoácidos de la queratina dando lugar a la aparición de un color marrón temporal -que puede durar entre 2 y 10 días ya que la piel se regenera constantemente y se van sustituyendo las capas externas de células muertas- por lo que usa en cosmética para broncear; desconociéndose si a nivel interno puede haber algún otro tipo de reacción bioquímica aún no detectada.

Finalmente debemos recordar que disminuir o regular la secreción de insulina es una de las claves para aminorar el envejecimiento celular y, por ende, de órganos y tejidos. La bióloga molecular Cynthia J. Kenyon -de la Universidad de California (EEUU)- lleva varios años investigando el efecto de la insulina y el IGF-1 (Factor de crecimiento insulínico-1) sobre el envejecimiento y en sus ensayos con ratones tratados genéticamente para mostrar respuestas pobres a los receptores de insulina y IGF-1 se han observado incrementos de vida media del orden del 30%. Por su parte, el equipo del Dr. Martin Holzenberger -de la Facultad de Medicina Pierre et Marie Curie de Paris (Francia)- ha publicado varios trabajos científicos que demuestran que la expresión del gen DAF2 controla no sólo los receptores de la IGF-1 sino además la resistencia a varios agentes del estrés celular.

En suma, el consumo de eritritol -en lugar de la sacarosa  o azúcar- no sólo permite mantener controlada la glucemia -independientemente de que el páncreas segregue o no insulina- sino que además actúa como un activo antioxidante protegiendo o reparando los endotelios vasculares dañados por los carbohidratos ingeridos con la dieta o bien derivados de otras dietas glucémicas anteriores (otros estudios científicos han demostrado que la hiperglucemia impide la generación de óxido nítrico relajante de las células del endotelio vascular -en especial de la aorta y las coronarias- lo que puede terminar causando arterioesclerosis). Obviamente la capacidad antioxidativa del eritritol no se limita a prevenir o reparar los daños vasculares producidos en los pacientes diabéticos sino que en principio podría ser útil en otras enfermedades inflamatorias.

Juan Carlos Mirre Gavalda

 

Este reportaje aparece en
155
Diciembre 2012
Ver número