La Hipoterapia o cómo beneficiarse del “saludable ritmo del caballo”

El uso de animales como agentes auxiliares del hombre tiene larga tradición en el ámbito de la rehabilitación. Y hoy esas posibilidades se siguen ampliando al punto de que el listado de “animales terapéuticos” se extiende ya a delfines y caballos. Ya hablamos en su día de aquellos y de ahí que en este número vayamos a explicar en qué consiste la Hipoterapia o terapia con caballos.

La Hipoterapia o terapia con caballos está permitiendo a pacientes con parálisis cerebral, autismo, síndrome de Down, esclerosis múltiple, poliomielitis, espina bífida, retrasos psicomotores o con secuelas de accidentes cerebrovasculares, traumatismos craneoencefálicos u otros cuadros deficitarios y discapacitantes beneficiarse de la influencia positiva del caballo tanto en los aspectos psicológico y emocional como en el estrictamente rehabilitador. Así lo afirman al menos quienes la utilizan. Y con el fin de corroborarlo hemos visitado en su escuela de Hipoterapia a María Ernst, experta hipoterapeuta que lleva 30 años enseñando y aplicando tan singular.

“La Hipoterapia –empezaría diciéndonos-es poco conocida en España pero en otros países se utiliza desde hace años como terapia de rehabilitación para pacientes con enfermedades neurodegenerativas y traumatológicas. Es una modalidad terapéutica que utiliza al caballo para rehabilitar, estimular y relajar al paciente además de corregir dolencias o patologías puntuales y mejorar el metabolismo global de cualquier persona”.

Estas palabras de María Ernst dejan entrever las enormes posibilidades terapéuticas de la Hipoterapia, verdadero eslabón que engarza de forma armónica e integral la rehabilitación, la psicoterapia y el deporte. Para esta mujer el caballo es un compañero fiel que establece con el hombre una dialéctica particular. “Además –añade- los caballos son animales que ofrecen posibilidades terapeutico-rehabilitadoras hasta hace poco prácticamente desconocidas en nuestro entorno aunque ya Jenofonte, historiador del siglo V antes de Cristo, hablaba del saludable ritmo del caballo”.

MEJORA DEL METABOLISMO GLOBAL 

Numerosos estudios han contrastado los beneficios físicos, psíquicos y sociales de la Hipoterapia. «Con esta terapia -nos cuenta María-, la recuperación muscular y la mejora del equilibrio y la coordinación del paciente ocurren paralelamente al desarrollo de la autoestima en personas víctimas de accidentes graves, parálisis cerebral, síndrome de Down, autismo, esclerosis múltiple y otras discapacidades. Además, se han observado mejorías en cuadros de sinusitis, escoliosis, lesiones musculares, dolores lumbares, reumáticos o traumáticos, dolor menstrual e, incluso, frigidez; y se están acreditados sus beneficios para el metabolismo global y para la salud en general”.

Esa mejora de la salud en general se consigue a través de la marcha cadencial de un caballo debidamente conducido por un hipoterapeuta. Nos explica María que el paso del animal transmite -dependiendo del tamaño del caballo- a quien lo monta de 90 a 110 impulsos rítmicos por minuto en los tres planos del espacio. Esto hace que el jinete experimente fuerzas opuestas (centrífugas y centrípetas, de avance y retroceso, elevación y descenso, desplazamientos laterales y rotaciones) que repercuten sobre la pelvis, cintura, columna y caja torácica. Estos movimientos inducidos y reiterados activan un gran número de cadenas cinéticas e, incluso, repercuten sobre la dinámica respiratoria además de provocar activación sensorial, acción muscular y despertar los reflejos del jinete.

Por todo ello María considera que la Hipoterapia es, ante todo, medicina. “Es un tratamiento alternativo y, a la vez, complementario a los utilizados habitualmente. El desarrollo de las tecnologías ha permitido analizar las oscilaciones del caballo y la reacción biomecánica del jinete y se han cuantificado sus beneficios terapéuticos. Es tal el número de oscilaciones terapéuticas que experimenta el paciente en un minuto que no hay máquina o profesional que pueda igualarlo”.

EL CABALLO, UN AUTÉNTICO CO-TERAPEUTA 

Fandangoes un caballo de 23 años que lleva 8 ayudando a María a tratar a personas con distintas patologías. Confiesa María que su entrenamiento como animal terapéutico fue complejo y laborioso pero la recompensa a tan duro trabajo es que Fandango “sabe en cada momento lo que tiene que hacer. Está pendiente de mi voz y coopera sin dar problemas. Es, sin duda, un auténtico fisioterapeuta”. Actualmente, entrena a Tyson, un caballo árabe de sólo 9 años que en el futuro podrá colaborar con distintos profesionales de la salud (fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, psicólogos, pedagogos, etc.) en el tratamiento de sus pacientes.

Nos cuenta que algunos pacientes se han sentido tan relajados a lomos de Fandango que, incluso, han llegado a quedarse dormidos. “Cuando el caballo va al paso, el animal mece al jinete y esa sensación tan agradable y acogedora hace que algunas personas se sientan tan bien que se abandonan y se relajan completamente”.

Pero hasta llegar a esa situación de confianza absoluta en el animal el paciente tiene que pasar por una fase de reconocimiento y comunicación con el caballo.“Antes de subirle al caballo se somete al paciente a un primer contacto con el animal que será fundamental para evitar miedos o rechazos. Se trata de buscar el equilibrio entre jinete y caballo para que, al final, acaben siendo uno”. Esa compenetración es fácil de obtener con un caballo específicamente entrenado para ello y, así, el animal se convierte en un agente normalizador de la afectividad y la comunicabilidad del sujeto. Por estos efectos, el caballo también se emplea con éxito en ciertos cuadros psiquiátricos como el autismo.

Una vez superada esa fase de acercamiento (que consiste en acariciar al caballo y colaborar en su limpieza), se coloca al paciente sobre el animal y se vigila especialmente la postura en la que cabalga. Lo ideal sería que mantuviera el torso erguido, la barbilla levantada, los hombros hacia atrás y las piernas sueltas y relajadas. Sin embargo, algunos pacientes -por sus deficiencias- no pueden sostener la espalda erguida o la cabeza levantada. En estos casos, el paciente puede hacer la terapia acompañado por otra persona -que se coloca detrás de él sobre el caballo- o tumbado sobre la grupa. “El abanico de posibilidades es muy amplio y depende del grado y del tipo de la patología. Nos han llegado –nos cuenta María- casos de niños con grandes dificultades para mantenerse erguidos y, tras varias sesiones en las que necesitaban la ayuda de un acompañante encima del caballo, lograron mantenerse sentados sobre el animal ellos solos.

María nos habla de personas en silla de ruedas que experimentan mejorías emocionales -y, en muchas ocasiones, físicas- tras someterse a Hipoterapia durante un tiempo. Reconoce que los resultados son a largo plazo pero los avances son progresivos y satisfactorios. “Cuando estos pacientes suben al caballo sienten que cuatro patas les mueven como si fueran sus piernas y dejan de ver la vida a la altura del ombligo. Se refuerza su autoestima y ganan en ilusión, una ilusión que en el caso de las personas que van en silla de ruedas a causa de algún accidente perdieron el mismo día del suceso. Todos se marchan pensando en el día que les toca volver”.

Por otro lado, esta experta hipoterapeuta nos recuerda que la Hipoterapia no es un recurso terapéutico indiscriminado, es decir, no sirve para todos los casos y sólo se deben tratar con esta práctica aquellos cuadros en los que se pueda obtener algún tipo de mejoría contrastable. Lo demás sería hacer perder el tiempo al afectado y a su familia. María nos explica cómo se lleva a cabo una prescripción correcta: “Siempre se le pide a los pacientes el diagnóstico médico y se les hace un análisis completo. Después se diseña un programa de trabajo adaptado a cada caso, si es que se establece la conveniencia de aplicar Hipoterapia. Es importantísimo conocer todos los detalles, incluso, las medicinas que está tomando. El tratamiento es personal e individualizado y se adapta a cómo esté el paciente en cada momento. Se hacen fotografías y se graban vídeos para evaluar los progresos cada dos meses. La duración del tratamiento es variable pero, en casi todos los casos, los beneficios terapéuticos son evidentes”.

VISITA A LA ESCUELA DE HIPOTERAPIA DE MARÍA ERNST 

En aras a ofrecer al lector una información más completa, quien suscribe acompañó a María Ernst a la cuadra El Rocío, en San Sebastián de los Reyes (Madrid), donde practica y enseña Hipoterapia. En esta ocasión, la cita era con dos estudiantes de Fisioterapia que llevan un tiempo aprendiendo el manejo de caballos con el fin de, en el futuro, utilizar a este animal en su práctica profesional.

Miguel Ángel y Javier -que así se llaman estos dos alumnos de María- consideran que la Hipoterapia es un complemento muy interesante para su formación profesional aunque su plan de estudios no recoge ninguna asignatura en la que se la mencione como medio para mejorar y/o curar enfermedades concretas. Afirman, además, que muchos fisioterapeutas se niegan a aceptar siquiera la posibilidad de que la Hipoterapia sea un complemento, una alternativa o una forma diferente de curar. Ellos están convencidos de su utilidad y entienden que la terapia comienza en el mismo momento en que Fandango sale de su cuadra: hay que acariciarle y cepillarle, lo que supone ejercitar la musculatura de manos, brazos y tronco. De estas labores previas -y agradecidas por Fandango– se ocupan normalmente los propios pacientes como parte de la sesión. Estos actos aparentemente simples suponen también una terapia psicológica y emocional ya que ayudan al paciente a familiarizarse y comunicarse con el caballo, a perderle el miedo y a reforzar o mejorar su autoestima al sentirse útiles, válidos, responsables y necesarios.

Cuando termina esta primera fase se lleva al caballo a la pista donde el paciente espera haciendo unos ejercicios de calentamiento, “fundamentales para evitar daños o lesiones”, como apuntan Javier y Miguel Ángel, que nos explican que los ejercicios que nos van a mostrar están pensados para pacientes cuyas patologías no les impidan mantener una postura corporal erguida.

El primer ejercicio –apunta María- está especialmente indicado para personas con enfermedades neurofisiológicas, parálisis cerebral, Síndrome de Down, autismo o problemas de introversión. Consiste en que el paciente vaya colocando pinzas de la ropa en las crines de Fandango. Mientras el caballo va al paso, el jinete quita las pinzas de la cinta a la que están sujetas, las prende en hilera vertical a las crines del caballo y las retira con los ojos cerrados. Así, se intenta mejorar no sólo el equilibrio y la autoestima del paciente sino también su concentración, atención y destreza y, además, se consigue que ejercite sus músculos ya que cada vez tendrá que estirarse y esforzarse más para poner y recoger las pinzas. Al tiempo, el paso cadencial del caballo va masajeando y estimulando todo su cuerpo desde la pelvis hasta la cabeza.

Para el siguiente ejercicio se utilizan balones de goma de distintos tamaños y formas. Con este ejercicio se intenta, además de mejorar el equilibrio y el autocontrol, reducir la espasticidad en personas con parálisis cerebral o enfermedades neuromusculares. Se trata de lo siguiente: el jinete tiene que depositar uno de los balones en la grupa y el otro en la base del cuello del caballo. Alternativamente, el paciente tendrá que ir intercambiando la posición de los balones de tal forma que siempre haya uno en cada zona descrita. “Con esta práctica, y mientras el caballo continúa su paso cadente, se ejercita la rotación de la cintura, se trabaja con manos y brazos y se estimulan las percepciones visoespacial, auditiva y tactil”, explica María Ernst.

El último que nos muestran es un ejercicio denominado “bandera” que se emplea, principalmente, para eliminar contracturas y otros problemas musculares u óseos. Es fundamental que el jinete sea capaz de mantenerse en equilibrio sobre el caballo al paso ya que se le pide que se coloque de rodillas sobre el torso del caballo. Acto seguido, de forma lenta y controlada, debe estirar completamente el brazo derecho y la pierna izquierda al mismo tiempo. Después se le pedirá que haga lo mismo con el otro brazo y la otra pierna.

En muchos casos, para terminar la sesión de Hipoterapia, se pide al paciente que, sobre el caballo, haga ejercicios de estiramiento y de rotación mientras el caballo sigue reestimulando, masajeando y relajando su cuerpo.

Es importante señalar que -en todo momento- es el terapeuta quien marca la velocidad y la dirección del animal. Igualmente debe graduar la tolerancia del paciente respecto al programa hipoterapéutico prescrito. “En ningún caso se supera el umbral de fatiga del paciente y el desarrollo de cada sesión -que nunca superará los 30 minutos de duración- dependerá del estado del paciente”, concluye María Ernst.

UNA EXPERIENCIA PERSONAL 

Terminada la clase, quien suscribe fue “invitada” a probar los efectos de la Hipoterapia. Acepté la invitación pues hacerlo suponía poder ofrecer a nuestros lectores una información “vivida”.

El simple hecho de subir a Fandango fue un acicate para mi autoestima dado mi reverencial respeto a estos corpulentos animales. Quienes hayan montado a caballo entenderán mi inquietud del principio y la agradable sensación de dominio y autocontrol que experimenté a medida que pasaban los minutos. Con esto me hubiera bastado para considerar que el contacto con los caballos reporta beneficios para el espíritu humano pero enseguida comprobé que su paso rítmico y controlado beneficia también al organismo o, al menos, al mío.

Cuando el caballo comenzó a caminar, las palabras lentas y casi acariciadoras de María trasmitían disciplina a la montura y calma a, en este caso, la amazona “accidental”. Casi de forma inmediata, mientras se relajan las piernas, se empieza a notar un cosquilleo desde la pelvis y, a través del hilo conductor de la columna vertebral, hasta la cabeza. La sensación que produce el balanceo del caballo es –según lo viví- de masaje profundo, de reajuste interno, de hormigueo curativo y agradable.

Pero, para rizar el rizo, quien esto firma realizó uno de los ejercicios con los que se trata a personas que no pueden mantenerse erguidas. Lentamente -y siempre vigilada por María y sus alumnos- fui girando sobre mi propio eje hasta quedar de espaldas a la marcha del caballo. Una vez en esta postura se me pidió que me tumbara boca abajo (también se puede hacer boca arriba) sobre el cuerpo de Fandango, de tal forma que mi cabeza quedó sobre la grupa y mis piernas caían a ambos lados de los flancos del caballo. El contacto directo con la musculatura y el calor del animal aumentaron de forma exponencial las sensaciones descritas anteriormente. Mientras el caballo caminaba, notaba cada uno de sus pasos e, interiormente, percibía su compás, sus vibraciones, su energía benéfica. Fue, permítaseme, como nadar sin hacer esfuerzo o como dormir sobre aire masajeador. La sensación de abandono y relajación fue tal que en ese momento entendí que algunas personas se queden dormidas sobre Fandango.

Al bajar del caballo mi estado de ánimo y mi autopercepción eran distintos a los de tan sólo unos minutos antes. No alcanzo a comprender los fundamentos científicos o las razones de mi cambio de estado. Lo único que puedo relatar es que, efectivamente, se produjo. Ésta es mi experiencia tal y como puedo describirla. Saque el lector sus propias conclusiones…

L. J.

Recuadro:


Costes y duración de las sesiones

Las sesiones –una o dos veces por semana- duran de 25 a 30 minutos y su precio es de unas 3.000 pesetas por sesión. María Ernst recomienda sesiones más cortas -de diez minutos de duración- pero más frecuentes (3 veces a la semana)


Contraindicaciones de la terapia con caballos

Está contraindicado en casos de personas con problemas cardiovasculares, epilepsia o hernia inguinal o que hayan perdido la capacidad para la abducción de los miembros inferiores. También está contraindicada para casos de miedo irreversible al caballo. Para algunos niños, el caballo es –según expresión de María Ernst- “pelo caliente que se mueve y da repelús”. Hay que permitir que el niño –sobre todo niños con parálisis cerebral u otras deficiencias- se familiarice con el animal, que lo interiorice como algo que no le va a hacer daño, como un animal al que debe respetar pero no temer. Si transcurrido ese lógico periodo de adaptación el niño sigue rechazando al caballo se habla de miedo irreversible y se debe abandonar la hipoterapia como posibilidad rehabilitadora.


Riesgos 

La Hipoterapia -como cualquier otra practica terapéutica- ha de ser aplicada únicamente por especialistas acreditados en la materia. Se ha sabido que algunos “intrusos de la Hipoterapia” han utilizado esta técnica con personas para las que no era recomendable con el consiguiente riesgo para su salud. Es imprescindible que el hipoterapeuta conozca al detalle el caso concreto de cada paciente así como los tratamientos farmacológicos que toma en el caso de que así lo esté haciendo. En algunos casos el conocimiento de estos datos o la gravedad de las lesiones o patologías hacen que la propia María Ernst no considere oportuno utilizar la Hipoterapia. En cada caso, debe consultarse la conveniencia o inconveniencia de este tratamiento.

Este reportaje aparece en
29
Junio 2001
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