¿Es saludable beber vino?

Consumir vino de forma moderada -un par de vasos diarios- es, según los más de mil estudios efectuados en los últimos cinco años, una de las maneras naturales más eficaces de prevenir los problemas cardiovasculares; además, ayuda en algunos casos de cáncer, alzheimer y herpes. La pregunta ahora es si esos mismos resultados no se conseguirán con las uvas, el zumo o el mosto evitando así la ingesta de alcohol. Los investigadores tienen opiniones dispares.

El pasado mes de agosto la prestigiosa revista Circulation publicó un estudio elaborado por la Fundación Jiménez Díaz y el Hospital Gregorio Marañón de Madrid en el que se reafirmaba el efecto beneficioso del vino -en concreto, del tinto- sobre el sistema cardiovascular. Unos beneficios que los investigadores achacan a sus antioxidantes -el quercetin y el tocoferol- en tanto inhiben el factor de transcripción B relacionado con la formación de depósitos de tejido graso que son los que dan lugar a la arteriosclerosis. Y es que según los investigadores el vino impide la formación de esos depósitos aun cuando se ingieran alimentos ricos en grasas. Algo que, por ejemplo, no se produce con la ingesta de otro alcohol como el vodka.

¿Podemos, pues, dar definitivamente por aceptado que el vino es beneficioso para la salud? Pues lo cierto es que las investigaciones son numerosas y los resultados aparentemente contradictorios. Es decir, los científicos no terminan de ponerse de acuerdo.

LA PARADOJA FRANCESA 

Es lo que ocurrió, por ejemplo, con la llamada paradoja francesa, expresión acuñada por Serge Renaud, investigador del Instituto Nacional de la Salud de Francia, para referirse al hecho de que los galos tienen menos enfermedades cardiovasculares que sus vecinos centroeuropeos a pesar de que están expuestos a riesgos similares alegando que se debe a que beben vino. Convicción que a partir de ese momento arraigó tanto entre los cardiólogos como en buena parte de la sociedad.

Los datos aportados por el Instituto Nacional de la Salud de Francia eran tajantes: el consumo de entre dos y tres vasos diarios de vino hacía disminuir el riesgo de muerte por infarto o accidente cerebrovascular -respecto de los abstemios- en un 33%, la mortalidad cardiovascular en un 40% y la muerte por cáncer en un 22%. Y la magnitud del estudio parecía no dejar lugar a las dudas: 34.000 hombres de entre 40 y 60 años seguidos durante 20 años.

Justo un año después de la publicación de ese trabajo, la Universidad de Copenhague ha venido a avalarlo con la difusión del estudio dirigido por el doctor Morten Gronbaek, profesor de Epidemiología de la misma, tras seguir a más de 13.000 hombres y 11.000 mujeres de edades comprendidas entre 20 y 98 años desde la década de los 60 hasta la actualidad. Porque los resultados que acaban de publicarse en Annals of Internal Medicine en septiembre pasado- son similares: el vino es más saludable que cualquier otra bebida alcohólica. Los resultados son concluyentes:

-Quienes tomaban más de 22 copas a la semana pero no consumían vino tenían la tasa de mortandad más alta.
-Quienes bebían alcohol entre 8 y 21 veces por semana -de las que al menos el 30% era vino- la más baja. Su tasa de mortandad era menor incluso que la de los abstemios totales.

Además, en los bebedores de vino los riesgos de contraer enfermedades cardíacas y cáncer -en comparación con quienes no bebían vino- disminuían notablemente (un 24% en el caso de los infartos).

DISCREPANCIAS 

En suma, los estudios dirigidos por Renaud y Gronbaek ofrecen los mismos resultados. Sin embargo, ambos adolecen del mismo defecto, denunciado en un trabajo que la revista British Medical Journal publicó hace ahora un año y en el que se afirmaba que el consumo de vino no podía en modo alguno explicar por sí solo la salud cardiovascular de un país entero. La explicación -se decía- probablemente era que si bien los franceses actuales abusan de las grasas animales lo mismo que los habitantes de otros países europeos… llevan mucho menos tiempo haciéndolo porque hace pocas décadas se alimentaban mejor. Asimismo, señalaron que Renaud, al hacer las comparaciones, no tuvo en cuenta cuestiones como las notables diferencias que hay entre unos países y otros en lo que se refiere al tabaquismo femenino (en algunos países las mujeres fuman muchísimo más) ni que las costumbres a la hora de anotar las causas de defunción son distintas. Es decir, que hay médicos en algunos países -sobre todo, los forenses- que al levantar acta tienen por costumbre indicar «muerte natural» cuando en realidad el óbito se debe al proceso final de una enfermedad prolongada mientras en otras naciones sí se reseña. En suma, venían a decir que el estudio de Renaud, en tanto se basaba en datos no comparables, no probaba nada.
Otro estudio británico publicado también el pasado año puso de nuevo en duda el efecto benéfico del vino. Los investigadores del Royal Free Hospital de Londres, tras analizar los datos de más de 7.000 varones durante 16 años, llegaron a la conclusión de que el principal motivo de la asociación entre el consumo de vino y el menor índice de enfermedades cardiovasculares se debía en realidad… al estilo de vida de quienes lo bebían, más saludable que el del resto de la población. Según los autores del estudio, los consumidores de vino beben menos cantidad que los de otras bebidas, fuman menos, suelen tener un peso normal, son físicamente activos y trabajan más en empleos de cuello blanco.
¿Tenían razón? Quizá, porque los propios investigadores del segundo estudio que acabamos de mencionar y que ha efectuado la Universidad de Copenhague reconocen no poder afirmar si es el vino el que produce tales beneficios o si la razón es que los bebedores de vino llevan en general una vida más sana. De hecho, reconocieron haber comprobado que los bebedores de vino controlados eran normalmente de mayor nivel educativo y fumaban menos que los demás participantes en el estudio.

NUEVOS ESTUDIOS 

En nuestro país, el doctor Antonio Bayés de Luna -director del Instituto Catalán de Cardiología y presidente del comité organizador del Día del Corazón en todo el mundo- lo tiene claro:“El vino, en el contexto de la cultura mediterránea y siempre que se beba moderadamente –un solo vaso en cada comida- puede ser bueno para el corazón”. Y añade:“Beber pequeñas cantidades de alcohol puede ser beneficioso en aquellas personas con una constitución somática adecuada, un hígado que les funciona bien y ningún signo que pueda indicar algún problema, como palpitaciones o arritmia. En tales casos, la gente está en condiciones de ingerir pequeñas cantidades, sobre todo de vino tinto”.

Es decir, que no a cualquiera le sienta bien tomarse una o dos copitas de vino. Como finalizaría diciéndonos el doctorBayés de Luna, “aconsejar en general a la gente que beba vino es peligroso. Cada persona es un mundo y debería consultar su caso al médico de cabecera. Pasa como con la aspirina: aunque ambos productos puedan ser beneficiosos, los efectos secundarios pueden eclipsarlos si se ingieren sin consejo médico.»

ANTIOXIDANTE Y ANTICANCERÍGENO 

Uno de los efectos beneficiosos constatados del vino es que se trata de una bebida que posee elementos antioxidantes que actúan positivamente en los vasos sanguíneos. Así, los compuestos fenólicos del vino han probado aumentar la capacidad antioxidante del plasma y el contenido en vitamina E de las lipoproteínas de baja densidad del colesterol. Además, una investigación publicada este año en el American Journal of Clinical Nutrition sugiere que los flavonoides del vino producen un efecto antioxidante con independencia del componente alcohólico.

Paralelamente, es cada vez mayor el número de investigaciones que coinciden en señalar que una sustancia presente tanto en la uva como en el vino, el resveratrol, impide la proliferación de las células cancerígenas. En lo que no existe tanto consenso es sobre qué cepas son las más apropiadas. Y mientras investigadores franceses afirman que la cepa Cabernet Sauvignon es una de las más ricas en esa sustancia, un estudio de la Universidad de Barcelona realizado hace tres años asegura que el vino español contiene más cantidad que los caldos de otros países.

Por su parte,Markus Flesch, de la Clínica Universitaria de Colonia, acaba de sugerir -tras efectuar una investigación en cadáveres- una hipótesis no suficientemente estudiada: que en realidad sólo los tintos de calidad o envejecidos en barricas de roble previenen los infartos ya que sus propiedades beneficiosas se fraguan durante el proceso de envejecimiento.

PERO, ¿QUÉ ES EL RESVERATROL? 

El resveratrol es una sustancia que se halla en la piel de las uvas y que sirve para proteger a las viñas de las infecciones de hongos. Se trata de un compuesto cuya estructura molecular es similar a la del estradiol -el estrógeno humano más importante- y que tendría sus mismas propiedades terapéuticas. Según un equipo de la Universidad de Northwestern, el resveratrol puede ejercer un efecto beneficioso contra el cáncer y el infarto aunque no está aún claro qué cantidad puede absorber el organismo. En ese sentido, hay que decir que la Universidad de Valencia está efectuando un estudio con esta sustancia y sus resultados son ya prometedores: los cultivos experimentales en melanomas demuestran que el resveratrol inhibe la capacidad de proliferación de las células. Según el doctor José María Estela, catedrático de Fisiología, “los polifenoles presentes en la piel de la uva y, por tanto, en los zumos de uva y en el vino captan esos radicales libres derivados de oxígeno y son capaces de reducir de forma drástica la velocidad de crecimiento en el laboratorio de las células tumorales”.

Ello llevó precisamente al Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos a apoyar una investigación de la Universidad de Illinois para analizar el papel antiestrogénico del resvesratrol en la prevención del cáncer de mama. El doctor John Pezzuto, investigador de esa universidad norteamericana, destacó en una visita a nuestro país el pasado año que esta sustancia actúa como modulador selectivo de los receptores de los estrógenos aunque aún no se conocen sus efectos tóxicos.

Pero no sólo el resveratrol posee propiedades anticancerígenas en el vino. El doctor Jesús Millán, director médico del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, declaró en un reciente seminario organizado por la Fundación para la Investigación del Vino y Nutrición que “los polifenoles, en concreto los estilbenos, tienen una acción antiproliferativa tumoral y es en ellos donde radica el papel protector del vino frente al cáncer”.

Asimismo, una reciente investigación efectuada en Estados Unidos por científicos de la Universidad Northeastern (Ohio) y de la que acaba de informar la revista New Scientist indica que el resveratrol podría prevenir tanto el herpes provocado por el virus tipo 1 que se da en los resfriados como el tipo 2 o herpes genital ya que pudo parar la infección en el 99,9% de los casos estudiados.

Los científicos están también analizando las propiedades antioxidantes del vino no tanto por su concentración sino por la variedad de los mismos. En este sentido, la doctora Clarisa Salado, directora del Programa Quimioprotección IMBIOMED, explicó en el mismo seminario que “dada la importancia de la inflamación en el desarrollo de los tumores primarios y en el proceso metastásico, los antioxidantes podrían desempeñar un papel preventivo ya que no sólo eliminan metabolitos responsables del estrés oxidativo sino que tienen un efecto antiinflamatorio”.

CONTRA EL ALZHEIMER Y LA CEGUERA 

La capacidad antioxidante del vino también es útil como preventivo de los casos de Alzheimer y de ceguera, según Carmen de la Torre, catedrática de Nutrición de la Universidad de Barcelona, si bien reconoció que queda por demostrar en qué medida exactamente.

En cualquier caso, un trabajo del servicio de Neurología del Hospital Pellegrin de Burdeos que fue presentado ante el Parlamento Europeo apunta que el consumo moderado de vino obtiene una reducción de hasta el 80% en la frecuencia de la demencia senil y de un 75% de los casos de Alzheimer, en comparación con los abstemios. En el estudio fueron analizados más de 3.000 personas de más de 65 años a las que se dividió en tres categorías dependiendo de su consumo de vino: ligeros (menos de 25 cl. al día), moderados (de 25 a 50 cl.) y grandes consumidores (más de 50 cl. al día).
Pues bien, el grupo de los consumidores moderados era el que más beneficios obtuvo de los tres.

En cuanto a la ceguera, el Hospital Universitario Howard, en Washington, demostró en un ensayo que el vino consumido con moderación puede reducir el riesgo de degeneración macular, la causa más frecuente de ceguera en los mayores de 65 años. En el estudio participaron 3.072 hombres y mujeres con edades comprendidas entre los 45 y los 74 años y con cambios sospechosos en sus máculas. Aquellos que bebían vino presentaron un riesgo un 19% menor de desarrollar la enfermedad, efecto atribuido a los antioxidantes que se hallan en la bebida.

Y es que los antioxidantes del vino podrían compensar el efecto perjudicial del etanol (el componente alcohólico) en el sistema inmunitario, según parece deducirse de una investigación publicada en el Journal of Nutrition del pasado mes de mayo en el que se comprobó que la capacidad antioxidante del plasma en ratones era el doble en los que consumían vino respecto de los que ingerían etanol o agua. Al hacer el recuento de las células “killer” o asesinas y de linfocitos T, mientras en aquellos que consumían etanol su número era reducido, en los que tomaban vino la cifra era similar a la de los que tomaban agua.

EL ALCOHOL TAMBIÉN 

A pesar de estas investigaciones, algunos científicos como Fernando Rodríguez, catedrático de Medicina Preventiva de la Universidad del País Vasco y experto en el estudio de la relación entre alcohol y corazón, aseguran que no está demostrado que el efecto saludable del vino sea superior al del alcohol. Y es que a pesar de los numerosos estudios realizados aún no está cerrada la cuestión de en qué medida contribuye a su perfil de bebida saludable el componente alcohólico del vino. The Lancet, una de las revistas médicas más prestigiosas, publicó un trabajo en el que se decía que el consumo moderado de alcohol -entre dos y seis bebidas a la semana- reducía el riesgo de muerte en los hombres que han padecido un infarto de miocardio. A pesar de lo cual, no se recomendaba la prescripción de alcohol para prevenir las enfermedades cardiovasculares debido a sus riesgos potenciales como el cáncer o las lesiones hepáticas.

The New England Journal of Medicine, por su parte, presentó otra investigación el pasado año en la que se demostraba que el alcohol podía reducir el riesgo de ictus isquémico en los hombres si se ingería una bebida alcohólica a la semana. Un consumo mayor no parecía elevar los beneficios. La misma revista ya había publicado un trabajo de la Sociedad Estadounidense del Cáncer en el que se relacionaba el consumo moderado de alcohol con una mayor esperanza de vida en las personas de mediana edad porque disminuye en un 21% el riesgo de sufrir un ataque cardíaco.

También se han constatado los beneficios del consumo bajo de alcohol en la regeneración del hígado de ratas (el equivalente a uno o dos vasos de vino diarios). Pero cuando la dosis se eleva ligeramente los beneficios desaparecen y a partir de cuatro o más vasos el hígado es incapaz de recuperarse y se corre el riesgo de desarrollar cirrosis o cáncer.

LOS PELIGROS DEL ALCOHOL 

En suma, no se debe recomendar el consumo de alcohol a todo el mundo aunque sea de forma moderada ya que factores como la edad o la dieta pueden convertir el posible beneficio en un claro perjuicio. Un estudio de la Sociedad Estadounidense del Cáncer reveló que los daños que ocasiona el alcohol son cinco veces superiores a los beneficios. Por otra parte, los riesgos son aún más elevados en el caso de las mujeres y en el de los jóvenes. Así, las mujeres que consumen una o más copas al día tienen un 30% más probabilidades de morir de cáncer de pecho que las que no toman alcohol. En el caso de los jóvenes, la inexistencia de riesgos coronarios hace que el alcohol no les aporte ningún beneficio -salvo desinhibirse- y sí un grave perjuicio: las conexiones neuronales de su cerebro no terminan de desarrollarse adecuadamente. Todo ello sin mencionar el riesgo de sufrir accidentes automovilísticos.

Decir, por último, que según el estudio quienes se toman cuatro o más copas de alcohol al día -tanto hombres como mujeres de cualquier edad- tienen entre tres y siete veces más posibilidades que los no bebedores de morir por cirrosis, cáncer de boca, esófago, garganta o hígado.

SUPRIMIR EL ALCOHOL 

Algunos investigadores van más lejos y desaconsejan el consumo de alcohol, incluso en dosis bajas. Deborah Dawson, del Instituto Nacional de Salud de Bethesda, tras analizar los datos de 37.000 adultos y publicar sus resultados en la revista Alcoholism es tajante al afirmar que los beneficios cardioprotectores se anulan con los riesgos asociados a esta bebida: cirrosis, ciertos tipos de cáncer y lesiones traumáticas. La publicación de este ensayo coincide con otro que relaciona el consumo de alcohol con el daño a largo plazo del sistema inmunológico al reducir la capacidad de respuesta del organismo a los estímulos estresantes.

De ahí que aunque el vino salga mejor parado de los estudios comparativos con otras bebidas su componente alcohólico haga que todos los médicos consultados se muestren cautos al recomendar su consumo. De hecho, la mayoría considera que el vino sólo debe ser consumido durante las comidas, si se está sano y nunca más de una copa o dos al día.

EL ZUMO DE UVA 

La pregunta que cabe hacerse hoy, pues, es si los beneficios del vino los poseerá también el zumo de uva. Una interrogante a la que diversas universidades intentarán dar pronta respuesta ya que han iniciado estudios para comprobarlo. Y hay que decir que algunos de los resultados ya publicados son esperanzadores: la Universidad de Georgetown (EE.UU.) ha probado que el efecto del zumo de uvas rojas sobre el corazón es, cuando menos, similar al del vino.

En la investigación vieron que las plaquetas sumergidas en el zumo de uva roja se coagulaban un 30% menos que en otras soluciones, algo que repercute en la aparición o no de trombos en las arterias. Asimismo, emitían tres veces más óxido nítrico (que ensancha las arterias y ayuda a evitar la formación de trombos) y un 55% menos de superóxido, un radical libre que convierte al colesterol en más peligroso y que contrarresta el efecto del óxido nítrico.

El mosto de uva es otra alternativa al vino por su alto contenido en aminoácidos esenciales que actúan sobre la oxigenación cerebral -retrasando su envejecimiento-, sobre la sexualidad y sobre la percepción de sentidos como la vista y el oído. Además, es rico en antioxidantes y ello evita el envejecimiento provocado por los radicales libres.

Carlos Mateos


BENEFICIOS DEL VINO 

Tomado moderadamente:

-Evita el depósito de tejido graso en las arterias y disminuye el riesgo de padecer arteriosclerosis, problemas cardiovasculares, demencia senil y Alzheimer.
-Detiene o ralentiza la proliferación de células cancerígenas.
-Previene la aparición del herpes labial y del herpes genital.
-Previene la degeneración macular y algunos casos de ceguera.
-Previene el ictus isquémico.
-Puede alargar la vida tomado moderadamente.

POSIBLES PERJUICIOS DEL VINO 

Tomado en exceso:

-Puede degenerar en alcoholismo, disminución de las defensas, hígado graso, cirrosis e, incluso, cáncer.
-Puede llevar a la pérdida de reflejos y consciencia y ser causa de accidentes.
-Puede provocar cambios de personalidad y agresividad.
-Puede -si se bebe durante las comidas acompañando comidas grasientas- llevar a engordar y a sufrir los problemas que en otras situaciones evita.


El vino blanco y el cava tienen también poder antioxidante 

El poder antioxidante no es una propiedad exclusiva del vino tinto: también lo poseen el blanco y el cava, según las conclusiones de un estudio llevado a cabo de forma conjunta por científicos de la Universidad de Barcelona y de la Universidad de California que publica la revista Journal of Agricultural and Food  Chemistry.

Su efecto antioxidante radica en la variedad de sustancias fenólicas que contienen yque inhiben la oxidación de las lipoproteínas de baja densidad (LDL)o «colesterol malo».

El estudio determina además que los caldos elaborados con el coupage o mezcla de vinos varietales presentan una mayor capacidad de oxidación de las LDL.

En el caso del cava, los compuestos fenólicos mayoritarios son los derivados de ácidos cinámicos, especialmente del ácido cafeico, uno de los principales responsables de su efecto beneficioso. Además, el cava contiene otras sustancias fenólicas que actúan de forma sinérgica con lo que el efecto antioxidante de este producto se potencia.


El vino tinto ayuda a recuperarse tras un ejercicio físico intenso 

El vino tinto tiene un efecto benéfico en el organismo tras la realización de un ejercicio físico intenso, según las conclusiones de un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Tromso (Noruega).

Según los científicos noruegos, el efecto positivo se debe a una reducción de la actividad de las plaquetas sanguíneas así como a la liberación del antígeno PAI-1 en ellas. Según el estudio, el vino tinto tendría también efectos positivos en la regulación de la producción de citosina en el organismo humano.


NUESTRO CONSEJO 

Las uvas, el zumo y el mosto son una buena alternativa al vino. Pero no olvide que las uvas tienen una gran cantidad de azúcares y si las toma con comida grasa le harán engordar por lo que, en lugar de ser beneficioso su consumo para los problemas cardiovasculares, puede provocarle precisamente lo que pretende evitar. Tome las uvas solas y en ayunas, nunca como postre. Y lo mismo cabe decir del zumo y del mosto.

Pero si se decide por un buen vino -siempre que su médico no le diga que en su caso está desaconsejado por razones individuales-, recuerde que no debería tomar más de dos vasos al día y siempre durante las comidas. Mejor el tinto y preferiblemente de más de tres años. Y, por cierto, el consejo es el mismo que en el caso anterior: el vino contiene azúcar y, por tanto, cuando coma con él procure ingerir poca grasa. Recuerde que es la mezcla de azúcares (hidratos de carbono) con grasa lo que hace engordar y lleva a uno a padecer problemas cardiovasculares.

Este reportaje aparece en
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Noviembre 2000
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