Alégrese de ser un poco neurótico

Sí, alégrese. Y si es médico todavía debe alegrarse más, porque, ¿quién puede entender mejor a un neurótico que otro neurótico?

Por otro lado, ¿qué es ser neurótico? La verdad es que son tantas las cosas que se han dicho en torno a la neurosis que nadie sabe ya qué es ser neurótico. Pero, aun así, veamos: a entender de Freud era una afección psicógena cuyos síntomas son la expresión simbólica de un conflicto psíquico que tiene sus raíces en la historia infantil. O sea, que no sabía lo que era pero la dividió en neurosis de abandono, neurosis actual, neurosis de carácter, neurosis de destino, neurosis familiar, neurosis fóbica, neurosis de fracaso y muchas más… hasta llegar a la que llamó neurosis mixta. Y todo esto equivale a decir que, según sea tu forma de manifestarte, así te calificaré. Y si te manifiestas un tanto complejamente, tu neurosis será mixta. Un poco de esta, un poco de la otra…

Ahora, clínicamente, las neurosis se consideran ya más formas exageradas de reacciones normales a sucesos causantes de estrés. Pero, en definitiva, se trata de lo mismo: búsqueda de seguridad, de afecto, de ajuste con el medio, obsesiones, culpabilidad, este mundo no me gusta… O sea, algo así como que los dos hemisferios cerebrales de los llamados neuróticos están más alejados el uno del otro que en las personas consideradas normales. Total, que los neuróticos -y así se entiende en general ahora- son unos exagerados.

Pero, ¿eso es malo? Pues sí, porque un neurótico profundo, o sea, alguien que va por la vida con un insoportable sufrimiento a cuestas, pues, la verdad, lo pasa muy mal. Y éste sí que tiene que ir al psiquiatra -o quizás, someterse a una terapia de Anatheóresis-, pero, ¿y si somos o logramos ser sólo un poco neuróticos? Entonces la cosa cambia, porque esa poca neurosis es el motor que permite disfrutar de la vida. Algo así como disfrutar de los siete pecados capitales precisamente por saber y aceptar que los lleva uno puestos. Y cierto es que esto conlleva un ligero sufrimiento, pero, ¿y la compensación?

Un neurótico -y llamo neurótico al poco neurótico, no al neurótico-neurótico- puede llegar a llorar de gozo ante una obra de arte. Yo los he visto estremecerse en Florencia ante el David de Miguel Ángel. Y quien dice llorar de gozo ante la belleza, dice darle vueltas a las meninges hasta inventar el gramófono, cosa que sólo puede conseguir un obseso. O irse a la India a cuidar moribundos porque uno se siente culpable. No sabe de qué, pero culpable. O escribir El Quijote -y similares- porque con la neurosis le da a uno por fantasear. O dedicarse a montar asilos porque uno siente no haber sido amado de niño y busca serlo vicariamente. O creer que el Espíritu Santo le ha elegido a uno y gracias a eso acabar de Papa en el Vaticano. O sentirse uno tan mal que acabe siendo el mejor médico a fin de ver si curando a los demás mejora él. O ir en plan narcisista y gracias a eso lograr sentirse uno más alto y guapo que el mismo Adonis. ¿Y qué me dice de esa capacidad neurótica de ver en otro los propios defectos? Porque un neurótico -no un neurótico-neurótico- jamás se siente culpable. Los culpables siempre son los otros. En definitiva, un neurótico es alguien que ve la vida como es. O sea, más bien sombría. Y sabe que la vida es así y a esto no le llama depresión. ¿O es que la vida es una maravilla? ¿Entonces?

No nos engañemos, un neurótico es un ser normal. Y si cierto es que un neurótico-neurótico es un neurótico -o sea, un ser normal- con exageraciones, no menos cierto es que esos a los que se consideran normales son en realidad los auténticos neuróticos. Neuróticos de cinco estrellas.

Porque, a ver: ¿puede llamarse normal a alguien que no se siente confuso en este mundo sin direcciones? Que nacemos sin folleto de instrucciones, que ni sabemos qué somos: ¿un lavavajillas, un frigorífico, un microondas…? Y nos pasamos la vida tocando botones que nadie sabe qué ponen en marcha.

¿Y puede llamarse normal a alguien que al mirarse al espejo no se percata de lo estúpido que es, que todos somos? Sólo un neurótico -o sea, un llamado normal- puede ser tan estúpido como para mostrarse indiferente ante su propia estupidez. Un llamado neurótico -o sea, un auténtico humano normal- puede incluso llegar a odiarse al mirarse en el espejo y verse tan estúpido. Y eso es lo que le saca de la estupidez. Que nadie puede estarse odiando indefinidamente, aunque sí se puede y debe odiar a los demás. ¡Por estúpidos!

En definitiva: ¿conoce algún nombre famoso, auténticamente famoso, que no haya sido un magnífico ejemplar de neurótico?

Así que si usted lo es -en el buen sentido de la neurosis- alégrese, porque está destinado a escalar mayores cumbres que esos anormales llamados normales. Usted difícilmente será un funcionario con escalafón y a horas fijas. Ni dedicará sus horas libres a meter un barco en una botella. Y olvídese de ir a un médico anormalmente normal -que los hay, aunque afortunadamente son pocos- porque un anormalmente normal suele ser un personaje tan asustado que le contagiará sus miedos. Nada, usted aproveche a fondo su neurosis. Sepa que es un premio, no un castigo. Pero, cuidado, no exagere: sea sólo un poco neurótico, no agrande su sufrimiento. No haga nada que pueda distanciar todavía más sus dos hemisferios cerebrales. Por ejemplo, ni se le ocurra casarse. Que nada peor para un neurótico. Y para su pareja, claro. Usted es cambiante, informe, incalificable, usted está destinado a construir su propio destino. Puede ser lo que quiera. Y hasta ser feliz. Créame. Se lo dice un neurótico convenientemente ajustado por su propia terapia. Y aquí me tiene, tan contento.

 Joaquín Grau

Este reportaje aparece en
29
Junio 2001
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