Las claves biológicas de una vida larga y sana

En su búsqueda por mejorar nuestro estado de salud y alargar la vida los científicos creen haber encontrado una solución en los telómeros -nucleótidos encargados de proteger la información genética y permitir la división celular- que tras la etapa embrionaria y a medida que pasan los años se hacen cada vez más cortos abocándonos al deterioro físico, la vejez y la muerte. De ahí que muchos investigadores crean que la clave para detener ese proceso sea actuar sobre la telomerasa -enzima encargada de reparar los telómeros- a fin de impedir que se acorten. Y la verdad es que los experimentos con ratones y células humanas ya efectuados ofrecen resultados esperanzadores.

El Nobel de Medicina de 2009 se concedió ex aequo a tres científicos –Elizabeth H. Blackburn, Carol W. Greider y Jack W. Szostak- por sus investigaciones sobre los telómeros y la enzima telomerasa. Pero, ¿qué son y qué importancia tienen para la salud? Pues un telómero es una estructura –concretamente un nucleótido, algo parecido a una proteína muy compleja- que preserva los extremos de los cromosomas en el núcleo de las células protegiéndolos del envejecimiento; es decir, se encargan de dar estabilidad a los cromosomas -cada uno de los pequeños cuerpos en forma de bastoncillos en que se organiza la cromatina del núcleo celular- para que cuando se dividan el contenido genético se mantenga estable sin sufrir alteración o degeneración alguna.

El Dr. Sharon Moalem lo explica en su libro La Ley del más débil con un símil fácilmente entendible: “Los cromosomas humanos contienen información vital. En ellos están codificados todos los procesos de la vida (el genoma) pero a medida que la célula se divide puede perderse parte de esa información. Supongamos que tenemos que hacer 10 fotocopias de un documento de 50 páginas, que la fotocopiadora no es perfecta y que se pierden la primera y última página cada vez que hacemos una fotocopia. Es obvio que en tal caso las últimas fotocopias del documento habrán perdido muchas hojas y la información que salga será muy incompleta. Así que para evitarlo ponemos 10 páginas en blanco al principio y otras tantas al final del documento a fin de que no se pierda información. Lograremos así que el documento llegue intacto hasta el décimo bloque de fotocopias. Bueno, pues los telómeros vienen a ser como esas páginas en blanco: protegen la información que se encuentra codificada entre los extremos de los cromosomas. Y son ellos los que se van acortando en cada división celular para que la codificación genética contenida en los cromosomas quede intacta tras cada división celular”.

Como bien se sabe a lo largo de la vida todas las células del cuerpo se renuevan. Todas se van dividiendo y multiplicando formando así nuevas células. Solo que cada vez que una célula se divide sus telómeros se acortan. Y cuando no quedan más telómeros las células que surgen empiezan a ser defectuosas ya que no contienen toda la información del código por lo que empiezan funcionar mal o, lo que es peor, se transforman en células cancerosas.

Ahora bien, no todas las células del cuerpo se renuevan al mismo ritmo. Las de los epitelios intestinales y estomacales por ejemplo se renuevan totalmente cada 5 días, las de la piel cada 30, las de la sangre cada 120 y las de los huesos del esqueleto cada 3 meses. Solo que eso implica que al cabo de un tiempo los cromosomas deberían quedarse sin telómeros y degradarse. Afortunadamente el organismo tiene un método que lo impide. Nos referimos a una enzima que se encarga de renovar los telómeros a la que por ello se ha denominado telomerasa. Pues bien, tras muchos años de investigación hoy sabemos que algunas de nuestras células tienen telómeros anchos y o no sintetizan telomerasa o lo hacen de manera muy leve y que un grupo de células especializadas (hematopoyéticas, epiteliales, etc.) tienen telómeros muy cortos pero sí sintetizan la telomerasa y ello las permite alargar continuamente sus telómeros. Siendo quienes mayor capacidad de expresión de la telomerasa tienen las células madre embrionarias que pueden reproducirse muchas veces a altísima velocidad. Y lo mismo pasa con las células del sistema inmune que no sólo se dividen sino que además pueden transformarse ante la presencia de anticuerpos. Asimismo se sabe que los tejidos enfermos -inflamados, fibrosados, deshidratados, calcificados…- tienen sus telómeros muy reducidos.

Cabe agregar que la telomerasa se activa durante el desarrollo fetal siendo cuando las células se replican a la máxima velocidad y de ahí que sea crucial que no se produzcan errores en ningún momento del copiado del código genético. Luego, poco antes de nacer, el gen que produce la telomerasa se inactiva excepto en los casos antes señalados. Y eso implica que en la mayor parte del organismo los telómeros se empiezan a acortar sin poder ser restaurados. Un problema que el estrés acelera.

TELÓMEROS, TELOMERASA Y ENVEJECIMIENTO

El caso es que hasta hace poco se creía que el envejecimiento es el resultado de la pérdida de capacidad renovadora o restauradora de los genes pero que ello se debía al daño oxidativo. Hoy se sabe que no es así y que el envejecimiento no llega por “desgaste” sino por el progresivo acortamiento de los telómeros. Por lo que algunos investigadores entienden que si fuésemos capaces de controlar o evitar su acortamiento descubriríamos “la fuente de la juventud” ya que la información genética se mantendría inalterada durante las sucesivas divisiones celulares y nuestros tejidos y órganos se mantendrían siempre sanos y “como nuevos”. Y obviamente han centrado sus estudios en la telomerasa.

Ahora bien, curiosamente el gen que “expresa” –es decir, que permite su síntesis- la telomerasa no sólo está en algunas células sino ¡en todas! Solo que “silenciado”. Bastaría pues en teoría con activarlo –que se “exprese”- para que esa célula se ponga a sintetizar telomerasa y no envejezcamos (o al menos que no lo hagamos tan rápido).

Ahora bien, ¿y cómo lograr tal cosa? ¿Cómo “activar” o hacer que “se exprese” un gen? Pues la respuesta a esa pregunta es lo que en estos instantes buscan cientos de científicos de todo el planeta. Uno de ellos es el Dr. Ronald De Pinho cuyo equipo lleva ya varios años investigando la telomerasa en su laboratorio del Instituto Dana-Farber de Boston (Massachusetts, EEUU). Éste, en uno de sus primeros experimentos, desactivó el gen que codifica o fabrica la telomerasa a un grupo de ratones y eso les provocó una temprana muerte; con solo 6 meses, algo inaudito para un animal que vive 3 años. Es más, pocos meses antes los roedores ya empezaron a manifestar los síntomas típicos de senilidad: se volvieron infértiles, disminuyó su masa cerebral y manifestaron serias anomalías en el funcionamiento del hígado y del bazo. Y para comprobar si ese envejecimiento prematuro estaba realmente relacionado con la ausencia de telomerasa modificaron a algunos ratones del grupo que llevaba el gen de la telomerasa “apagado” para que volviese a “encenderse” o activarse bajo los efectos de cierto fármaco. Y en efecto, al activarse el gen de la telomerasa -antes de que los animales llegasen a los seis meses de edad- los así tratados se volvieron fértiles, sus órganos volvieron a funcionar con normalidad y aparecieron nuevas neuronas en sus cerebros. Lo que para De Pinho y sus colegas significa que en realidad las células no llegan a degenerar del todo cuando se agotan los telómeros sino que se mantienen en una especie de estado latente para revivir ante la presencia de telomerasa.

La doctora Andrea Bodnar -del Instituto Oceanográfico de Bermudas ha preferido en cambio trabajar con erizos, algo comprensible si se tiene en cuenta que una especie de estos sabrosos pero urticantes animales -el Strongylocentrotus franciscanus- puede vivir más de 100 años sin el menor síntoma de envejecimiento; es decir, se mantienen sanos, capaces de reproducirse y libres de cáncer (nunca se encontró un erizo con tumores). En contraste hay otro erizo, el Lytechinus variegatus, que sólo vive unos 4 años. Algo sorprendente porque sus estudios indican que no hay diferencias fundamentales entre esas especies: ambas mantienen sus telómeros alargados a lo largo de la vida y ambos expresan abundante telomerasa.

Lo que parece contradecir sus propios hallazgos, publicados en Science en 1998. En aquel entonces la Dra. Bodnar y sus colaboradores constataron que cuando las células llegaban al llamado “limite de Hayflick” dejaban de dividirse y entraban en un estadio denominado “senescencia replicativa”; lo que significa que si bien la célula se mantiene metabólicamente activa es incapaz de dividirse y proliferar. Pues bien, ese estadio se caracteriza por la ausencia total de telómeros en sus cromosomas. Luego, para corroborar la función clave de los telómeros en el envejecimiento celular, cultivaron células humanas que carecen del gen que fabrica la telomerasa y se lo introdujeron mediante ingeniería genética. ¿El resultado? Las células clonadas a las que se introdujo el gen de la telomerasa comenzaron a replicarse “rejuveneciendo” y sobrepasando 20 veces el “limite de Hayflick”.

Como el lector podrá suponer estas investigaciones despertaron gran interés en el campo de la Gerontología y, en particular, picaron la curiosidad del Dr. Michael Fossel, neurobiólogo que dirige la revista Journal of Anti-Aging Medicine y gran defensor de las terapias basadas en la telomerasa como método para combatir en envejecimiento celular. Muchas de sus hipótesis pueden leerse en el libro que publicó en 2004 con el ilustrativo título de Cells, Aging and Human Disease (Células, envejecimiento y enfermedades humanas) o en su último tratado –Immortality Edge (Al borde de la inmortalidad)- que escribió junto a la premio Nobel G. Blackbum y al Dr. D. Woynarowski. Siendo de interés que en éste se exponen una serie de recomendaciones dietéticas y de estilo de vida como camino para lograr la conservación de los telómeros celulares; es decir, no para invertir el proceso de envejecimiento sino para hacerlo más lento.

Para comprender el aspecto más revolucionario de las investigaciones sobre telómeros y telomerasa no hay mejor exposición que la que el propio doctor M. Fossel nos brinda en el resumen de su artículo, publicado en 1998 en el Journal of the American Medical Association (JAMA): “Investigaciones recientes han demostrado que si se inserta el gen que produce la telomerasa en células humanas senescentes esta enzima extiende los telómeros hasta longitudes típicas de las células jóvenes haciendo que funcionen como tales. Estos avances científicos no sólo sugieren que los telómeros son el reloj del envejecimiento celular sino que además demuestran que el mecanismo puede ser retrasado extendiendo los límites de la replicación celular. Ahora es posible explorar los mecanismos celulares fundamentales que subyacen en el envejecimiento humano aclarando el rol de la senescencia replicativa. Como resultado pronto seremos capaces de determinar cuáles son las causas principales de la muerte y de las enfermedades que afectan a las poblaciones envejecidas de los países desarrollados: cáncer, ateroesclerosis, artrosis, degeneración macular, alzheimer…, todas ellas atribuibles a ese mecanismo celular. Si fuese posible prevenirlas o tratarlas mediante el retraso de la senescencia celular nos encontraríamos ante un hallazgo sin precedentes históricos”.

TELOMERASA Y CÁNCER

El hecho de que las células cancerosas sean prácticamente inmortales y los tumores crezcan rápidamente (la velocidad de crecimiento de un tumor es similar a la de la formación del conjunto del tejido de un feto) se debe precisamente a que son capaces de sintetizar abundante cantidad de telomerasa; es eso lo que las permite ser “inmortales” y replicarse tan rápidamente. Lo singular es que las células cancerosas provienen de mutaciones cromosómicas provocadas por la falta de telómeros. Mutaciones que o bien provocan la muerte de la célula dañada (apoptosis) o su transformación en célula “cancerosa” al activar el gen de la telomerasa.

Siendo eso lo que las permite replicarse indefinidamente y no solo formar tumores sino trasladarse y colonizar otras zonas del organismo (metástasis). De hecho en el 90% de los tumores se observa una importante actividad de la telomerasa y ello sugiere que juega un papel destacado en la funcionalidad y características de una célula cancerosa. De ahí que se tema que el intento de activar artificialmente la producción de telomerasa para prolongar la vida celular -y así vivir más- pueda tener como consecuencia no esperada el desarrollo de tumores cancerígenos. Algo que otros investigadores no creen alegando que en las células cancerosas el proceso de activación del gen TERT -el “productor” de la telomerasa- es resultado de una serie de transformaciones y mutaciones previas que se van generando en cadena en el propio oncogén y cuya etapa final es la expresión o activación del gen TERT. En otras palabras: las células cancerosas son células dañadas incapaces de seguir replicándose que generan telomerasa en un intento desesperado de sobrevivir, hecho que las convierte en inmortales y peligrosas dada su velocidad de crecimiento y expansión. Y de lo que se trata es de activar el gen TERT en células sanas y no en células dañadas. Los investigadores se plantean asimismo que si en el caso de las células cancerosas es la telomerasa la que acelera el desarrollo del tumor si se lograse inhibirla o inhibir el gen TERT es posible que se pudiese detener -o al menos ralentizar- el desarrollo tumoral.

Una de ellas es la doctora María Blasco, actual directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), quien desde hace más de diez años estudia el asunto de los telómeros y la telomerasa; concretamente desde que participó con la antes citada Premio Nobel Carol Greider en el Cold Spring Harbor Laboratory de New Jersey (EEUU). Pues bien, hace poco que fundó junto a otras personas Life Length, una empresa que comercializa test para conocer “la edad biológica real”; es decir, la longitud de sus telómeros. Afirmando que ello permite predecir el riesgo de padecer enfermedades degenerativas como las cardiovasculares, la diabetes, el alzheimer, la osteoporosis, el cáncer y otras muchas porque todos los que las padecen tienen los telómeros cortos. Añadiendo luego que la intención de Life Length no es encontrar algo que alargue los telómeros sino aconsejar a quienes los tienen cortos que cambien su estilo de vida ya que numerosos trabajos de investigación han constatado que quienes padecen obesidad, tabaquismo y, sobre todo, estrés también tienen los telómeros cortos. En otras palabras, que cuando uno está enfermo debe cambiar su mal estilo de vida por uno saludable ya que sin duda sus telómeros son cortos. Lo que es tan obvio que no hace falta hacerse test genético alguno para saberlo.

INHIBIR LA TELOMERASA TUMORAL, UNA ESPERANZA PARA EL CÁNCER

En suma, los investigadores se plantean cómo inhibir la telomerasa para intentar así bloquear el crecimiento tumoral y una posible metástasis. Pues bien, el Dr. J. Kenyon evaluó el nivel de expresión de la telomerasa en 30 pacientes con tumores y luego les pidió que ingirieran una conocida seta medicinal, la Cola de Pavo (Coriolus versicolor), en dosis crecientes; empezando por 4,5 gramos diarios y terminando con 13,5. El resultado -el estudio se publicó en 2003 en Mycology News– fue una disminución media de la expresión de la telomerasa tumoral ¡de un 75,9%! Además se observó un aumento de interleuquina IL-12 del 111,7% y una disminución de la interleuquina IL-5 del 80,1%. Lo que indica que la mera ingesta de Cola de Pavo hizo disminuir notablemente la actividad de la telomerasa a la vez que estimulaba la respuesta inmunitaria tipo Th1 de acción antitumoral.

El equipo del Dr. J. W. M. Yuen demostró por su parte in vitro –el artículo se publicó en Nutrition and Cancer– que el extracto de la seta Reishi (Ganoderma lucidum) bloquea el crecimiento de las células tumorales uroteliales al inducir su apoptosis (suicidio celular) e inhibir la actividad de la telomerasa tumoral.

Finalmente, el equipo del Dr. Sang Eun Park -de la Universidad de Daejeon (Corea)- explicaría en un artículo publicado en 2009 en Food and Medical Toxicology que eso mismo se consigue en células de carcinoma pulmonar con extracto acuoso de la seta Cordyceps militaris (para más información sobre las propiedades terapéuticas de las setas en cáncer lea en nuestra web –www.dsalud.com– los artículos que con los títulos Las propiedades anticancerígenas del champiñón del sol, Los hongos Shiitake, Reishi, Maitake y Kombucha, eficaces en el tratamiento del cáncer, El enorme poder curativo de las setas y Cordyceps sinensis: lo más parecido a una panacea universal aparecieron en los números 58, 79, 115 y 130 respectivamente).

ESTRÉS, CORTISOL Y TELÓMEROS

Aunque las células del sistema inmune tienen especial importancia el estado de sus telómeros no es suficientemente conocido pero sí que las telomerasas que permiten preservar los telómeros de las células inmunitarias son muy sensibles al cortisol. Y ello podría explicar por qué en las personas estresadas se deprime el sistema inmune. Y es que cuanto mayor es la cantidad de cortisol más cortos son los telómeros y menor la capacidad de multiplicación de los linfocitos y macrófagos, la capacidad de producir citoquinas y la posibilidad de que fallen los receptores de anticuerpos. Y de ahí que las personas con estrés crónico sean más susceptibles a enfermar. En suma, cuando el cortisol se segrega de forma continua a causa del estrés la acción de las telomerasas y los telómeros se ven perjudicados. Y eso provoca daños en los cromosomas de las células inmunitarias haciendo que pierdan su capacidad de respuesta, tanto ante las agresiones externas (microorganismos patógenos) como internas (toxinas, células tumorales…).

Las células más fáciles de obtener para estudiar sus telómeros son las de la sangre; y como la mayor parte de éstas pertenecen al sistema inmune la Nobel Elizabeth H. Blackburn y sus colegas decidieron centrarse en ellas para ver qué influencia tienen en las funciones vitales. Su trabajo dio lugar a la publicación en 2004 de un interesantísimo trabajo en Proceedings of the National Academy of Sciences que apareció con el sugestivo título de El acelerado acortamiento de los telómeros en respuesta al estrés en el que se llama la atención sobre el hecho de que si bien hay numerosos estudios que vinculan el estrés crónico con una salud frágil en general y con un sistema inmune débil junto a problemas cardiovasculares no se aclara en ellos cuál es el mecanismo fisiológico que provoca el estrés. Así que partiendo de la hipótesis de que el estrés actúa sobre el envejecimiento celular comprobaron que éste disminuye en efecto la actividad de la telomerasa y, como consecuencia, se produce un acortamiento de los telómeros. La investigación demostró que la longitud de los telómeros de mujeres que se encontraban muy estresadas debido a años de dedicación al cuidado de hijos pequeños con serias enfermedades crónicas eran equivalentes a los de mujeres diez años mayores que no sufrían estrés y cuyos hijos se desarrollaban sanos y normales.

En un posterior trabajo -publicado en 2006 en Psychoneuroendocrinology– el mismo equipo estudiaría los leucocitos de 62 mujeres sanas poniendo en evidencia la relación existente entre el estrés, el acortamiento de los telómeros y un bajo contenido en telomerasa en aquellas personas que tienen un alto riesgo de enfermedades cardiovasculares. Como cabía esperar las pacientes que sufrían altos niveles de estrés expresaban altos niveles de catecolaminas y cortisol (hormonas del estrés).

El Dr. K. Ahola y sus colaboradores publicaron por su parte en 2012 un interesante artículo en PLoS ONE. El equipo centró sus estudios en un grupo de 2.911 finlandeses de ambos sexos -con edades comprendidas entre 30 y 64 años- y midieron el grado de estrés provocado por su trabajo mediante el cuestionario Maslach-Burnout. Y encontraron que el acortamiento de telómeros en los leucocitos se correlacionaba estadísticamente con el grado de estrés laboral; siendo significativamente mayor –los telómeros eran más cortos- en aquellas personas que manifestaban prolongados períodos de tensiones laborales.

CÓMO FRENAR EL ACORTAMIENTO DE LOS TELÓMEROS

Lo singular es que los telómeros no parecen estar destinados a acortarse inevitablemente. Al menos así parece deducirse de las experiencias del Dr. Dean Ornish y sus colegas de la Universidad de California (EEUU) publicadas en 2008 en The Lancet-Oncology. Es evidente que el acortamiento de los telómeros aumenta el riesgo de padecer enfermedades graves y muerte prematura pero en muchos casos se ha comprobado que es el estrés severo –como el que provoca por ejemplo el cuidado de enfermos terminales o con distintos tipos de demencia- lo que más provoca ese acortamiento. Afortunadamente el Dr. Ornish ha encontrado evidencias de que la telomerasa puede actuar ¡revirtiendo el proceso! Para ello estudió a 30 hombres a los que tras hacérseles una biopsia se les diagnosticó claro riesgo de sufrir cáncer de próstata y a los que se les sugirió hacer cambios radicales en su estilo de vida y seguir una dieta hipocalórica sin azúcares ni hidratos de carbono refinados que debían complementar con vitaminas y aceites esenciales, ejercicio diario y técnicas de relajación. Pues bien, apenas tres meses después se observó un significativo incremento de la actividad de la telomerasa en las células mononucleares de la sangre (linfocitos, monocitos, etc.).

En otro estudio dirigido en 2010 por Elizabeth Blackburn -se publicó en PLoS One- se midió la longitud de los telómeros de 608 personas que padecían patologías coronarias a las que se siguió durante cinco años observándose un acortamiento en los telómeros de sus leucocitos de 42 pares base por año –de media- diferenciándose tres tipos de resultados: en el 45% de los casos los telómeros se acortaron, en un 32% se mantuvieron estables y en un 23% se alargaron. Aunque los autores del trabajo no se atrevieron a sacar conclusiones parece obvio que los casos de alargamiento están relacionados con la actividad de la telomerasa.

De ahí que numerosos investigadores -como antes adelantamos- se hayan lanzado recientemente a la búsqueda de una transcriptasa inversa que “encienda” el gen codificador de la telomerasa en las células humanas. Y de hecho hay ya un suplemento nutricional denominado TA-65 que lleva cinco años en el mercado americano y se vende como “activador de la telomerasa” que según quienes lo comercializan está especialmente diseñado para proteger la replicación de las células del sistema inmune. Según el fabricante ha demostrado in vitro que incrementa la actividad de la telomerasa en queratinocitos, fibroblastos y células inmunitarias. Y en ensayos clínicos se observó que en pacientes seropositivos al citomegalovirus (CMV) se produce una disminución de células T y NK senescentes lo que se interpreta como una extensión de los telómeros de los leucocitos. Pues bien, el TA-65 es un producto patentado pero podemos decirle al lector que su componente principal es el extracto de raíces secas de un conocido arbusto componente habitual en los tratamientos anti-senilidad y de potenciación del sistema inmune de la milenaria Medicina Tradicional China: el Astragalus membranaceus.
Y el extracto de astrágalo es mucho más económico que el TA-65.

LA AYUDA DE UNA DIETA SANA Y DE CIERTOS NUTRIENTES

Cabe agregar que desde 2002 el doctor R. Dashwood y su equipo del Linus Pauling Institute en la Universidad de Oregón (EEUU) investiga sobre las expresiones aberrantes de los genes producidas por las modificaciones epigenéticas que alteran la “lectura” del ADN. Según este profesor los genes pueden estar “apagados” por efecto de las Desacetilasas de las Histonas (HDAC), unas complejas proteínas alrededor de las cuales se envuelven las cadenas de ADN. Y tal podría ser el caso del gen de la telomerasa; es decir, que la acción de una HDAC podría estar “silenciando” su actividad sin que por ello el genoma se vea afectado. Ahora bien, se conocen varias enzimas inhibidoras de las HDAC que podrían evitar ese hecho y permitir la expresión de la telomerasa en las células humanas. Y, ¡oh sorpresa! se encuentran en muchos alimentos y suplementos nutricionales: la biotina (también llamada vitamina H y vitamina B7 o B8 indistintamente), la seleniometionina, algunos compuestos orgánicos del selenio, el indol-3-carbinol de las coles, el sulforafano del brócoli, las catequinas del té verde y los distintos compuestos organosulfurados que se encuentran fundamentalmente en ajos y cebollas. Es muy posible pues que al igual que el astrágalo, las setas medicinales y los ácidos grasos omega-3 esas sustancias activen la telomerasa de las células inmunitarias rejuveneciéndolas para que actúen de forma eficaz frente a microorganismos patógenos y células tumorales.

También el Dr. L. Paul -de la Universidad Tufts de Boston (EEUU)- corrobora lo anterior sosteniendo en un artículo publicado en 2011 en Journal of Nutritional Biochemistry que la longitud de los telómeros depende de la actividad de la telomerasa -cuya expresión controlan las HDAC- lo que, a su vez, depende de las pautas nutricionales.

En 2003 un grupo de investigadores de la Universidad de Sevilla (España) dirigido por el doctor M. M. León-Blanco publicó en Journal of Pineal Research un interesante trabajo que demuestra las propiedades oncoestáticas de la melatonina y su efecto inhibidor de la telomerasa tumoral; algo que inicialmente se constató in vitro y se confirmó con ensayos murinos. Hasta 2009 lo que se sabía era que la melatonina impide la proliferación de las células tumorales si éstas se cultivan en un medio rico en esa hormona pero desde la publicación en Journal of Pineal Research de un trabajo dirigido por el doctor K. G. Akbulut en la Universidad Gazi de Ankara (Turquía) se sabe que en el caso de las células sanas de la mucosa gástrica la melatonina retrasa su envejecimiento porque estimula la producción de telomerasa.

Un año después -en 2004- el doctor S. H. Choi y sus colegas de la Universidad de Ajou (Corea) demostraron en un artículo publicado en Archives of Pharmacal Research que una lectina del muérdago (Viscum album var. coloratum) inhibe in vitro la expresión del gen TERT en células cancerosas humanas A253 induciendo además su muerte. Mostrando luego la sustancia en ensayos con animales una clara actividad antitumoral.

S. X. Cui y su equipo de la Academia de Medicina de Shandong (China) publicaron por su parte en 2006 un artículo en Journal of Molecular Medicine explicando que in vitro que la expresión de la telomerasa y su actividad en distintas líneas de células cancerosas -como la HL60 y otras- se detiene en presencia de curcumina llevándolas finalmente al suicidio celular o apoptosis.

Posteriormente -en 2008- un equipo dirigido por el Dr. L. Xia publicó un estudio en el British Journal of Pharmacology que resumía var ios experimentos que evidencian que in vitro el resveratrol incrementa la actividad de la telomerasa en las células progenitoras endoteliales, tanto en número como en actividad funcional y capacidad migratoria. Y trabajando sobre esas mismas células el Dr. X. X. Dong y sus colegas de la Universidad de Zhejiang (China) encontraron que también el extracto de Gingko Biloba produce los mismos efectos; así lo aseveran en el artículo que en 2007 publicaron en Journal of Cardiovascular Pharmacology.

Un año después -en 2009- el doctor P. Thomas y su equipo de investigadores australianos del CSIRO – Human Nutrition en Adelaide publicó en Mutation Research un artículo relatando que tras comprobar que en los eritrocitos y células de la mucosa bucal de ratones genéticamente diseñados para padecer los síntomas del alzheimer había un 91% de acortamiento de los telómeros les pusieron a dieta y les dieron suplementos de cúrcuma y extracto de semilla de uva constatando algún tiempo después que la longitud de los telómeros había aumentado notablemente.

R. Sheng y su equipo de la Universidad de Suzhou (China) publicarían algo después -en 2011- en International Journal of Cardiology un artículo en el que tras explicar que la pérdida de telómeros en los cardiomiocitos puede provocar hipertrofia cardíaca añadirían que pudieron revertir el proceso in vitro cuando cultivaron esas células con los telómeros acortados en un medio rico en la epigalocatequina-galato del té verde o en un concentrado de quercitina. Ambas sustancias activaron la generación de telomerasa reparándose los telómeros.

Terminamos indicando que los doctores A. Parzonko y M. Naruszewicz -de la Universidad Médica de Varsovia (Polonia)- publicaron en 2010 en Journal of Cardiovascular Pharmacy los resultados de un experimento en el que trataron células progenitoras endoteliales con rapamicina -un inmunosupresor- con el objetivo de disminuir su telomerasa y provocar su senescencia. Y luego, una vez logrado, trasladaron las mismas a un medio rico en silimarina -principio activo presente en el cardo mariano- comprobándose que las células progenitoras endoteliales se recuperaban incrementándose su capacidad proliferativa. Confirmaban así de alguna manera el trabajo que P. Thelen y sus colaboradores desarrollaron -el artículo se publicó en 2004 en Journal of Urology– utilizando en su caso un grupo de células tumorales específicas de cáncer de próstata (LNCaP) que cultivaron in vitro en distintos medios con concentraciones variables de silimarina observando que tanto la actividad de la telomerasa de las células tumorales como la expresión del PSA (antígeno prostático específico) disminuían; en mayor o menor medida según la dosis del flavonoide.

Añadiremos por último que el equipo de colaboradores de la doctora E. S. Epel -del Institute for Behavioral Medicine Research (Medicina del Comportamiento) de Columbus (Ohio, EEUU)- acaba de publicar un revelador trabajo en Brain, Behaviour and Immunity (Cerebro, Conducta e Inmunidad); en él se explica que se dividió a 106 adultos sanos pero con sobrepeso en tres grupos dando a los miembros de uno ellos un placebo y a los otros dos distintas dosis de aceite omega-3. Pues bien, la longitud de los telómeros aumentó entre quienes tomaron más omega-3 concluyéndose que parece contribuir pues a ralentizar el envejecimiento celular además de disminuir la cantidad de citoquinas pro-inflamatorias en sangre.

CONCLUSIONES

1) La longitud de los telómeros es en efecto una manera de calcular o medir no sólo nuestras expectativas de vida sino nuestro estado global de salud. Sabiendo que la longitud media de los telómeros en las células somáticas al nacer es de unos 15.000 pares de bases (un cromosoma tiene unos 100 millones) pero se va reduciendo con cada replicación celular a medida que envejecemos.

2) Los telómeros se acortan más rápidamente cuando se sigue un estilo de vida inadecuado (alimentarse mal, fumar, beber alcohol, estar obeso, sufrir estrés, no tener ninguna actividad física, estar intoxicado…).

3) El factor más importante de acortamiento de los telómeros parece ser el estrés crónico, generador de cortisol y otras catecolaminas.

4) Mantener un estilo de vida sano retrasa el acortamiento de los telómeros.

5) Un cada vez mayor número de estudios indican que la ingesta de algunas sustancias concentradas en forma de complementos nutricionales estimula la síntesis de telomerasa y ello no sólo retrasa el acortamiento de los telómeros sino que vuelve a alargarlos logrando un “rejuvenecimiento” celular. Es más, ese proceso de “rejuvenecimiento” potencia enormemente las células del sistema inmune hasta el punto de que éste puede eliminar peligrosos patógenos resistentes a los antibióticos e, incluso, destruir las células cancerosas.

6) Si consiguiéramos algo que “silenciara” el gen productor de la telomerasa en las células cancerosas es muy posible que se pudiera detener sin más el crecimiento de los tumores y las posible metástasis e, incluso, lograr la remisión total del proceso canceroso. Y en ese sentido las investigaciones apuntan a algunas de las moléculas presentes en algunas setas medicinales de probada acción antitumoral así como a algunas sustancias nutricionales.
Juan Carlos Mirre

 

Este reportaje aparece en
155
Diciembre 2012
Ver número