Kombucha: el té de la vida

En el mundo hay más de 80 nombres para referirse a la kombucha y ese simple hecho habla de la popularidad de esta bebida a pesar de que en España apenas es conocida. De hecho decenas de millones de personas la toman a diario por considerarla una auténtica panacea. Y al igual que pasa con el kéfir se considera de mal gusto hacer negocio con ella por lo que la forma tradicional de conseguirla es buscar a alguien que nos la regale y de ahí que haya muchas personas que la ofrecen gratuitamente en Internet. Porque aunque puede encontrarse comercializada en botellas de cristal, plástico o tetrabrick así como en polvo listo para mezclar con té ese tipo de kombucha suele estar pasteurizado a fin de cumplir los protocolos europeos de seguridad alimentaria y gran parte de sus probióticos han desaparecido.

Hay muchos alimentos y bebidas probióticas en el mundo y todos ellos han pasado “la prueba del algodón” de sus beneficios nutricionales no porque un laboratorio farmacéutico las haya constatado tras innumerables y costosas pruebas científicas sino por una eficaz e incuestionable razón: se ingieren desde hace siglos –cuando no milenios- y de ahí la universalidad de su arraigo. Es más, la mayoría son alimentos de consumo tradicional en casi todos los pueblos de la Tierra. Solo que hay uno que destaca sobre los demás: la kombucha. Hablamos de una bebida cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos y sobre cuyas propiedades se dicen tantas cosas buenas que los médicos se niegan a creerlas. Lo que no obsta para que en muchos sitios se conozca como “el té de la vida” y en otros como “hongo de té”, “hongo chino” y “hongo manchuriano”.

En España sin embargo, a diferencia de otras bebidas probióticas similares como el kéfir, es aún poco conocida. Apenas se comercializa y hay que conseguirla a través de alguien cercano que la tenga o accediendo a alguno de los escasos “bancos de kombucha” que circulan por Internet para que algún voluntario altruista nos la envíe por correo.

Sana bebida de ligero sabor ácido se prepara dejando fermentar en té (rojo, verde o negro) al que se agrega azúcar blanco una colonia de microorganismos de aspecto gelatinoso integrada por bacterias del género Medusomyces gisevi y levaduras del género Ascomicetos. Bacterias y hongos que convierten primero la sacarosa en glucosa y fructosa y después en alcohol etílico, dióxido de carbono (CO2) y ácido acético. El tipo de bacterias y hongos puede variar en función del tipo de té utilizado al hacer la fermentación pero al cabo de unos días quedan sólo los del tipo Medusomyces muriendo el resto debido a la acidez y a las propias sustancias antibióticas que segrega la colonia para su protección.

Aunque la kombucha tiene un espectro de acción muy amplio su principal efecto terapéutico y nutritivo es la regeneración de la microflora intestinal ya que su consumo permite al organismo depurarse y regenerarse al mejorar las digestiones con el consiguiente reforzamiento del sistema inmune. Beneficiando ello obviamente a todos los órganos implicados en la asimilación de nutrientes y a los encargados de excretar residuos, incluidos la piel y los pulmones.

SU ORIGEN

El origen de la kombucha se desconoce con seguridad aunque probablemente esté en China ya que se describe en textos de la dinastía Han –unos 200 años antes de Cristo- que hacen referencia a ella como “remedio para la inmortalidad” aunque al parecer su secreto se guardó discretamente por los médicos de la época; de hecho la kombucha no está incluida hoy en el arsenal médico chino. Sin embargo el secreto de su preparación y propiedades pasaría –hace ya muchos siglos- a Japón, Corea, India, Rusia y finalmente, en el siglo XX, a Europa.

El caso es que cuenta una leyenda que estando el emperador japonés Inkio muy enfermo -en el año 415 d.C- mandó llamar a un famoso médico –se cree que coreano o chino- llamado Kombu y éste llegó a Japón provisto de un té especial que le salvó la vida quedando desde entonces el mismo asociado a su nombre y de ahí que se le conozca como Kombu-cha (cha significa té en japonés). Debemos en todo caso aclarar que en japonés konbu (©•z) significa alga y por tanto podría traducirse asimismo como té de algas lo que también tiene sentido porque, en efecto, se parece a un alga; solo que ese nombre hace allí referencia a una sopa que se hace con la conocida alga konbu y no parece pues tener que ver con el kombucha que, de hecho, en Japón es conocido como té de hongo negro; esto es, kocha, kinoko o kotya-kinoko (g’ƒ’ƒmƒR).

Lo importante en cualquier caso es que la kombucha llegaría a Europa a principios del siglo XX desde Rusia dándola el micólogo alemán Lindau -en 1913- el nombre latino de Medusomices gisevi. Posteriormente, en 1952, el médico ruso K. M. Dubovskiy -del Instituto de Epidemiología de Kazajistán- extraería de él un principio activo –al que llamó medusomicetina– que resultó tener propiedades antibióticas ante estafilococos, tifus, paratifus A y B, disentería y difteria. Y cuatro años después -en 1956- otro médico ruso, N. M. Ovchinnikov, comprobaría mediante ensayos con conejillos de indias que retrasa el desarrollo de la tuberculosis.

COMPOSICIÓN DE LA BEBIDA

Como antes adelantamos la kombucha se prepara (vea el recuadro adjunto para conocer los detalles) dejando fermentar en un té azucarado la sustancia “madre” que está formada por dos familias de microorganismos beneficiosos que conviven en simbiosis: la familia bacteriana de los Medusomyces gisevi -principalmente cepas de Bacterium xylinum y Gluconobácter oxydans– y una familia de levaduras del género Ascomicetos (Saccharomycodes ludwigii, Saccharomyces cerevísiae, Schizosaccharomyces pombe, Pichia fermentans y Zygosaccharomyces bailii). Una combinación que convierte la sacarosa del azúcar en glucosa y fructosa pasando después a formarse alcohol etílico débil (menos de 0,5º), gas carbónico (CO2) y ácido acético (vinagre). Proceso que tiene lugar mediante una lenta fermentación -entre 7 y 15 días- aeróbica –es decir, en presencia de aire para dejar salir el CO2– hasta que en la superficie se forma una película gelatinosa que es lo que constituye la sustancia madre y que crece indefinidamente mientras siga recibiendo azúcar; de ahí que se la haya denominado el “hongo de la Inmortalidad”.

Cabe añadir que la fermentación que se produce es de tipo ácido-láctico con un pH de entre 2,5 (el vinagre de kombucha) y 3,5 (la bebida). Por tanto, toda bacteria o microorganismo patógeno que pudiera haber en ella muere. Esta fermentación que da lugar a un impresionante cóctel de antioxidantes, aminoácidos, vitaminas del grupo B (B1, B2, B3, B6,B9 y B12), C, D, E y K, minerales (hierro, potasio, zinc, manganeso, cobre, calcio, magnesio y flúor), antibióticos, enzimas (invertasa, amilasa, catalasa, sacarasa, enzima coagulante, proteasa…) y diferentes ácidos (glucónico, L-láctico, tartárico, málico, cítrico…); siendo éstos los responsables de su característico sabor ácido. La presencia de teína oscila entre 3 y 6 mg por litro dependiendo ello del té utilizado y de las condiciones de fermentación; que no es alcohólica puesto que el resultado final de la kombucha no pasa de 0,5º de alcohol.

Y aunque todos estos elementos justifican en gran parte los increíbles efectos salutíferos de la Kombucha en realidad ninguno de ellos puede contemplarse por separado o puede replicarse su formulación artificialmente en un laboratorio pues es “el campo” generado por los microrganismos en su asociación armónica con los micronutrientes excretados el que produce los efectos terapéuticos de esta bebida probiótica. Y ese “campo” de amplio espectro e imposible de reproducir porque está vivo es el causante en cada persona de un efecto positivo diferente.

La kombucha no es pues un “hongo del té” ya que la membrana gelatinosa y en forma de disco plano que flota en la superficie de la bebida -la madre de la kombucha- es una biocapa que contiene bacterias y levaduras. La parte visible de esta “madre” es celulósica merced a las bacterias acéticas Acetobacter xylinum, básicamente la misma materia que forma el papel. Esta celulosa microbiana es muy cicatrizante y se está usando como cubierta de la herida antes de vendar. Facilita la cicatrización de la herida, es absorbible y luego se degrada en glucosa evitando que la venda se pegue a la herida. Actualmente se está investigando este tipo de aplicaciones a nivel clínico. Y es en el interior de esa biocapa celulósica donde viven las bacterias y levaduras que generan los efectos antioxidantes y terapéuticos de la kombucha como bebida.

La verdad es que existen pocos estudios científicos serios elaborados sobre las propiedades de la kombucha y no se conocen pues aún todas sus propiedades pero son numerosos los profesionales de la salud que aseguran que logra un claro bienestar general, refuerza el metabolismo y es ligeramente estimulante por la presencia de teína. Sí están sin embargo confirmadas otras propiedades como la regulación de la flora intestinal, el fortalecimiento de las membranas celulares, la desintoxicación y depuración del organismo, la armonización del metabolismo, la anulación de las posibles bacterias patógenas intestinales, el favorecimiento del equilibrio ácido-base del cuerpo y la potenciación del sistema inmune ayudando así al restablecimiento de cualquier órgano. De hecho se recomienda incluso a los deportistas para controlar el ácido láctico que genera el esfuerzo físico intenso.

CÓMO CONSEGUIR KOMBUCHA

Como explicamos al inicio de este texto la kombucha es una bebida que tradicionalmente nunca se ha vendido siendo costumbre regalarla entre familiares y amigos. Pero recientemente ha empezado a comercializarse en botellas de cristal, plástico o tetrabrick así como en polvo listo para mezclar con té solo que ese tipo de kombucha suele estar pasteurizado, para cumplir los protocolos europeos de seguridad alimentaria, por lo que gran parte de sus probióticos han desaparecido. En España no es fácil encontrarla a nivel comercial, aunque se puede hallar en algunos herbolarios y tiendas “gourmet”, especialmente en Andalucía. La comercializada se trata pues de una kombucha de carácter “light”, así que si quiere obtener la sustancia “madre” sin pasteurizar le sugerimos que entre en www.nutribiota.net, web del especialista español en alimentación probiótica Ander Urederra quien lleva 15 años dedicado a la difusión de los alimentos probióticos como fuente de salud e imparte talleres de Microbiótica. Por ello decidimos entrevistarle.

-Díganos, ¿tanto influyen los probióticos en una buena salud?

-Para que una dieta equilibrada sea eficaz es indispensable que la asimilación de los nutrientes sea eficiente. Y son los microorganismos del intestino los que realizan la predigestión de la mayor parte de los alimentos permitiendo que sus nutrientes sean absorbidos y asimilados. Los probióticos ayudan además a mantener y/o recuperar la población microbiana benéfica de los intestinos cuando ésta se altera favoreciendo la función digestiva así como la limpieza intestinal. Y eso es imprescindible para mantener la salud.

Los probióticos son antioxidantes y quelantes. Son capaces de eliminar los tóxicos de los propios alimentos así como los aditivos químicos que se utilizan para elaborarlos y/o conservarlos industrialmente; al igual que los generados por algunos utensilios de cocina. Además los probióticos aportan nutrientes esenciales de mucha calidad que no siempre encontramos disponibles en los alimentos.

Otra característica de los alimentos probióticos es que los microorganismos pueden convertir sustancias no asimilables en asimilables aumentando la cantidad de nutrientes aprovechables (proteínas, aminoácidos, vitaminas….); también pueden modificar sustancias poco digeribles en nutrientes asimilables (conversión de fibras, mejor biodisponibilidad de los minerales, etc.) y eliminar las trabas químicas que bloquean su absorción además de producir ácidos que favorecen la limpieza intestinal y las funciones de los órganos digestivos creando un ambiente propicio para la microbiota benéfica.

-Usted lleva años divulgando la importancia de los probióticos. ¿Realmente se justifica su consumo terapéuticamente?

-Los probióticos tradicionales se usan con éxito desde hace miles de años y constituyen una tecnología biológica fácilmente aplicable para la gente común. Son además una herramienta práctica y barata para mantener la salud y conservar los alimentos maximizando su rendimiento sin necesidad de aparatos debilitadores de los nutrientes como el frigorífico o las altas temperaturas de la cocina. Basta introducir pequeñas cantidades de algo tan beneficioso en la rutina alimenticia diaria para obtener grandes beneficios.

De hecho allí donde se conserva la práctica tradicional que permite modificar alimentos naturales cotidianos en complementos nutricionales probióticos hay en general buena salud entre la población. Así se ha observado en lugares muy alejados geográficamente y es independiente del tipo de dieta que sigan. En cambio en las sociedades en las que esas prácticas probióticas se perdieron proliferan afecciones y enfermedades de todo tipo. Cuando un enfermo empieza a consumir probióticos su mejoría suele ser palpable.

En definitiva, es una manera de asumir la responsabilidad de nuestra salud a través de la alimentación. Y este punto lo considero muy importante a recuperar. Los alimentos probióticos cuesta algo de tiempo elaborarlos pero nos dan la autonomía y la satisfacción de cultivar la medicina preventiva en nuestra casa, para toda la familia y a un coste muy asequible.

¿Y es especialmente eficaz alguno?

-El principal quizás sea la kombucha pero también merece especial mención el Kimchi coreano, que básicamente consiste en verduras variadas cortadas en trozos pequeños -del tamaño de un bocado o menores- que se someten a la fermentación de las propias bacterias acidolácticas contenidas en los vegetales. El arranque de su fermentación se consigue echándolas simplemente un poquito de sal. Luego se añade una salsa especial -más o menos picante- y la magistral receta queda completa. Se toma habitualmente en Corea en casi todas las comidas –eso sí, en pequeñas cantidades- elaborándose en el seno familiar. Nosotros proponemos en cualquier caso en nuestra web algunas adaptaciones más asequibles y adaptadas a los gustos europeos.

-¿Que aporta la kombucha que otras bebidas probióticas no logren?

-Principalmente su poderosa acción depurativa general del organismo, el hecho de facilitar la regulación del equilibrio metabólico favoreciendo las funciones digestivas y hepáticas y que impide que numerosos tóxicos sean reabsorbidos en el intestino.

-¿Y cómo se explica que en España no sea apenas conocida?

-Quizás por la aureola de misticismo que rodeó su llegada rayando en la superstición. Luego, nuestra falta de tradición en fermentar alimentos hizo el resto. Lo que no ha ocurrido en lugares con tradición en bebidas fermentadas; como Alemania donde cada vez es apreciada por más gente y donde el chucrut –que no consiste sino en hojas de col o repollo fermentadas en agua con sal (salmuera)- acompaña muchos platos de su gastronomía.

-¿Es fácil fabricar kombucha en casa?

-Es muy fácil. Hay que tener paciencia porque quizás al principio no se consiga un sabor bueno, para degustar, hasta que se tiene algo de experiencia. Primero es necesario informarse bien sobre su elaboración y características y tener todo lo necesario, incluido un lugar apropiado para hacer el fermento. De ahí que sea bueno participar en los foros de internet sobre kombucha a fin de compartir y despejar dudas.

Aunque ante todo hay que tomar clara conciencia de que se trata de cultivar microorganismos y es preciso pues ser muy cuidadosos. Conviene pues usar ingredientes de alta calidad. El té debe ser fresco y comprarse a granel, no en bolsas. El azúcar de la mejor calidad, a ser posible panela o azúcar moreno. Y el agua a ser posible de manantial y no de grifo. Es asimismo importante asegurarse de que la kombucha no se contamine, especialmente por moho. Hay que guardarla por tanto lejos de harinas, humos y ambientes sobrecargados; en definitiva, lejos de la cocina.

-¿Ayuda su consumo en alguna patología de forma especial?

-A la hora de regular los intestinos pero está constatado asimismo que su consumo hace a veces desaparecer procesos de intolerancia y alergias; por ejemplo es útil cundo se sufre candidiasis. Además ayuda a mejorar la función hepática.

-Sabemos que usted creó su web (www.nutribiota.net) sin ánimo de lucro, solo para difundir los beneficios de los probióticos. Y eso nos parece digno de elogio…

-Sí, no hay interés comercial detrás. Ni vendemos nada ni hay anuncios de pago en ella. Y así llevamos más de 10 años, trabajando a través de nuestra web y de mis consultas y sembrando kombucha por todo el país. Nunca he cobrado nada por transmitir mis conocimientos probióticos, ni personal ni virtualmente.

-Y eso hace que sus palabras tengan más credibilidad. Nos vamos a permitir pues exponerle las dudas y advertencias que se nos han hecho sobre la kombucha por si puede aclarárnoslas. Quienes postulan la necesidad de mantener el organismo alcalino para poder lograr una buena salud desaconsejan el consumo de probióticos y de todos los alimentos fermentados alegando que lo acidifican. ¿Qué nos puede decir al respecto?

-Me parece una pregunta oportuna e importante porque los probióticos y los alimentos fermentados son realmente beneficiosos pero su consumo abusivo por parte de quien no está acostumbrado a ellos puede resultar dañino. También es cierto sin embargo que mucha gente los consume de manera habitual a lo largo de toda la vida y les sienta estupendamente. Hay estudios conocidos sobre poblaciones consumidoras habituales de productos fermentados con resultados sorprendentes para la salud. Se descubriría así por ejemplo que en zonas marginales industriales de Rusia en las que cabía esperar un alto grado de enfermedad y mortandad dada la alta contaminación industrial y química de las mismas la gente gozaba de buena salud y larga vida y lo único resaltable y diferente es que consumían habitualmente kombucha. No olvidemos que los ácidos de la kombucha son poderosos antioxidantes que van acompañados de microbios con cualidades regenerativas que permiten eliminar las sustancias en putrefacción y los tóxicos del organismo.

De hecho hay muchos productos naturales que contienen ácidos -como el cítrico, el acético o el láctico- que proporcionan ventajas incuestionables para la salud cundo se consumen en la cantidad adecuada. Porque obviamente todo exceso es negativo. Además los probióticos fermentados se toman generalmente acompañados de otros alimentos por lo que apoyan la acción de los ácidos estomacales y las enzimas; facilitan pues la digestión evitando que el organismo segregue un exceso de ácido clorhídrico. Luego en realidad ayudan a equilibrar el pH.

También el arroz integral, los cereales y casi todas las frutas acidifican el pH y eso no justifica el argumento de que entonces son negativos para la salud. En fin, respeto a quienes postulan tales teorías pero yo prefiero apelar a la costumbre y la tradición. Y éstas dejan claro que los probióticos y los alimentos fermentados, tomados adecuadamente y sin abusar, son buenos para la salud.

¿Algún concepto probiótico importante de reseñar que no hayamos mencionado?

-Entramos en una época en la que el ataque a la vida en todas sus formas y soportes está tomando proporciones preocupantes. Hay una relación directa entre lo que le sucede al planeta y sus problemas biológicos y los problemas internos propios del ser humano en estos tiempos. ¡La biodiversidad está en declive! El ser humano moderno pierde su propio medio de interacción simbiótica en el que participa de soporte, anfitrión para una variedad enorme de microorganismos que se organizan colectivamente y que cuando sus poblaciones merman o se desequilibran los problemas por exceso o carencias aparecen inmediatamente. Un buen ejemplo de esto es el debilitamiento progresivo del sistema inmune de la especie humana ante los microbios patógenos. Generalmente esto es debido a un ambiente demasiado estéril, falto de vigor biológico y con una actitud general de exterminio. Lo que hacemos fuera también sucede dentro de nosotros. Adquirir conciencia sobre el intercambio simbiótico que hacemos con la microbiota interna y externa en nuestras vidas, con infinidad de seres vivos (aunque no los veamos), y observar cómo dependemos unos de otros nos abre una vida de comprensión y rectificación para volver a tener el equilibrio vital propio y colectivo. Esto es lo que algunos últimamente estamos llamando la Conciencia Microbiótica, que nos abre la puerta de nuevo para colaborar en la vía regenerativa, entre las células humanas y las células microbianas. Y qué mejor que empezar por nosotros mismos.

Hay personas que aseguran que la ingesta regular de kombucha tiene riesgos, contraindicaciones y efectos secundarios. ¿Cual es su opinión al respecto?

-La dosificación es importante para quien ya tiene enfermedades crónicas o afecciones en órganos digestivos y excretores. En estos casos es muy conveniente tener el asesoramiento de un médico o experto. Es cierto que esta bebida, tomada en exceso, puede provocar algunos efectos secundarios… pero derivados de la fuerte desintoxicación que genera; por ejemplo erupciones cutáneas, sobrecarga renal, crisis respiratoria, exceso de fluidez de la sangre… También el hígado puede ser puntualmente saturado de toxinas provenientes de otros órganos -especialmente del intestino- que se han depurado gracias a la ingesta de kombucha. Por eso si la persona tiene el hígado débil le puede generar algún malestar temporal.

Generalmente los efectos adversos se derivan de un exceso puntual, de tomar más cantidad de la que el cuerpo puede gestionar en su eliminación natural, pero eso no sucede con una toma regular apropiada. Y de ahí que se recomiende siempre empezar de manera progresiva, tomando una pequeña cantidad diaria durante un periodo -que puede ser de semanas o meses- y después dejarlo para que los beneficios de las sustancias contenidas en esa bebida no sustituyan a la propia capacidad para ser generadas por nuestro organismo. Tal es el caso del ácido gluconórico que puede estar contenido en la kombucha cuando se hace con ingredientes ecológicos y que un hígado sano produce normalmente; este ácido envuelve las toxinas de manera que ya no son reabsorbidas de nuevo por el intestino.

En cuanto a casos de graves afecciones derivadas de la toma de kombucha éstas pueden haber sucedido si se ha ingerido una bebida contaminada por mohos dañinos pero eso es poco frecuente, anecdótico. De hecho lo normal y de lo que todo novicio en la elaboración de kombucha es advertido es que si le sale moho debe tirarlo y conseguir un fermento nuevo. Lo mismo cabria advertir para cualquier alimento o bebida, casera o industrial, porque todo es susceptible de contaminarse.

El revuelo sobre los peligros de la kombucha surgió principalmente en Argentina en su etapa de gran crisis económica. Hubo muchas personas que se dedicaron a producir la bebida y reproducir la madre del fermento para venderlo sin tener casi idea de cómo hacerlo bien. Y en casos puntuales se detectaron kombuchas contaminadas siendo eso lo que dio lugar a una auténtica caza de brujas injustificada que acabó con su prohibición en Argentina y la grave descalificación de la bebida a nivel internacional. Los datos negativos que sobre la kombucha circulan por Internet son tan adversos que, personalmente, no me los creo. Pienso que detrás hay muchos intereses ocultos. De hecho las crisis curativas transitorias, hacia la recuperación de la salud, han sido utilizadas a menudo para atacar y condenar muchos remedios naturales por parte de los defensores acérrimos de la medicina convencional y la industria farmacéutica.

Yo llevo 20 años promoviendo el consumo de kombucha -tanto en mi web de Nutribiota como en muchos foros internacionales-, he interactuado con miles de personas y jamás he encontrado un solo caso grave de efectos secundarios debidos a ella. Sí he visto algunos casos de erupciones cutáneas propias de la depuración natural del organismo pero estas reacciones son totalmente naturales e incluso deseables para cualquiera que confíe y conozca cómo funciona nuestro organismo.

Luis Lázaro

Recuadro:


Recuadro
Preparación de kombucha

1. Ponga a calentar un litro de agua mineral en un recipiente de acero inoxidable y en cuanto hierva sáquelo del fuego, eche 10 gramos –tres cucharaditas- de té –negro, rojo (Pu-erh) o verde -y deje reposar la mezcla 10-15 minutos hasta que se temple y la temperatura baje hasta unos 36º.

2. Cuele el té echándolo en una jarra, agregue a ésta 70 gramos de azúcar –unas 5 cucharadas soperas llanas- y remueva hasta que ésta se disuelva por completo.

3. Eche ahora la “madre” de kombucha junto con el 10% del líquido fermentado la anterior vez y tape la apertura con una gasa, un paño de lino o una tela de algodón limpia -para que no puedan entrar esporas, hongos o insectos- sujetándola con una goma elástica.

4. Ponga la jarra o envase de cristal en un lugar limpio, ventilado y oscuro –sin luz solar o artificial- y deje reposar la mezcla 9-10 días.

5. Transcurrido ese tiempo sáquelo, eche la cuarta parte del líquido en una botella de cristal a través de un colador –la “madre” debe quedar en la jarra-, agregue agua mineral hasta llenarla y deje ésta 2 o 3 días a temperatura ambiente para que termine de carbonatarse. Luego meta la botella en el frigorífico para detener la fermentación y una vez fría estará listo para consumir en pequeñas cantidades a lo largo de varios días.

6. Repita la operación desde el primer punto con lo que quedó de la jarra para preparar otras botellas en el futuro. Pero asegúrese al tercer o cuarto ciclo de fermentación de vaciar por completo la jarra y limpiarla con agua caliente a la vez que limpia con cuidado la “madre” de kombucha bajo agua fría antes de volver a ponerla en la jarra.

Si la kombucha se mantiene entre 18º y 25º C puede conservarse durante meses.

Este reportaje aparece en
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Diciembre 2012
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