Atremorine: nutracéutico inocuo eficaz en parkinson

Ebiotec, laboratorio de biotecnología del grupo Euroespes que dirige el científico español Ramón Cacabelos, ha desarrollado un nutracéutico inocuo bautizado como Atremorine que protege el ADN, las proteínas y los lípidos del daño oxidativo y además de antioxidante es antiinflamatorio y neuroprotector al ser rico en levodopa natural -principio activo presente en las habas precursor natural de la dopamina- y eficaz en casos de parkinson ya que ayuda a regenerar las neuronas dopaminérgicas de la degeneración motora y cognitiva que da lugar a ese trastorno cerebral incapacitante. Hablamos de un producto cuya ingesta ha demostrado aumentar el nivel de dopamina ¡entre un 500% y un 4.000% en apenas 30-60 minutos durando el efecto hasta 12 horas! Nos lo ha explicado en persona de forma extensa el propio Dr. Cacabelos.

ALTREMORINE-CACABELOS

El Atremorine es una auténtica revolución en el tratamiento del parkinson, patología neurodegenerativa más extendida a nivel mundial tras el alzheimer que debe su nombre a James Parkinson al describirla por primera vez en 1817 llamándola Parálisis Agitante. Hablamos de una disfunción cerebral que aparece básicamente en las personas de cierta edad ya que hay 41 casos por cada 100.000 personas de entre 40 y 50 años y más de 1.900 entre los mayores de 80. Y se caracteriza por presentar trastornos del movimiento que se manifiestan con temblor, rigidez y bradicinesia (lentitud de los movimientos) así como por una forma postural y de moverse características. Síntomas que aparecen tras décadas de muerte progresiva de las neuronas cerebrales, especialmente de las dopaminérgicas de los ganglios de la base, estructuras cerebrales responsables del movimiento muscular. Pues bien, se sabe que para su correcto funcionamiento es vital el aminoácido L-tirosina ya que se encarga de que las neuronas dopaminérgicas sinteticen levodopa (L-DOPA), neurotransmisor precursor de la dopamina cuyas señales sinápticas son imprescindibles para el movimiento, el aprendizaje y el comportamiento.

En pocas palabras, el cerebro requiere una cantidad mínima de dopamina para coordinar el movimiento muscular y realizar con normalidad las actividades cotidianas; y por tanto de levodopa. Pues bien, su déficit puede deberse a defectos genéticos pero sobre todo lo provoca la brutal contaminación medioambiental actual -tabaco, alcohol, plaguicidas, aditivos y fármacos incluidos-, una inadecuada alimentación con déficits nutricionales, el sedentarismo y la falta de descanso ya que ello acidifica y daña el organismo -y por ende el cerebro- siendo la principal causa -entre otras patologías- de los microinfartos cerebrales y la formación de placas.

De hecho el primer gran avance en el tratamiento del parkinson se produjo cuando George Barger y James Ewens lograron sintetizar químicamente dopamina en 1910 aunque entonces todavía no se conocía el papel que jugaba en la enfermedad. Apenas un año después -en 1911- el farmacéutico del Instituto de Farmacología Experimental de la Universidad de Sassari (Italia) Torquato Torquati -mientras estudiaba el papel de otro de los neurotransmisores fundamentales del cerebro, la adrenalina- aisló por primera vez la L-3,4-dihidroxifenilalanina (la L-DOPA o levodopa) obteniéndola de las vainas y semillas de las habas de la familia Vicia faba, confirmando al tiempo que las habas son ricas en tirosina. En resumen, hace ya un siglo se constató que la tirosina da lugar a la dopamina y ésta a los neurotransmisores esenciales noradrenalina y adrenalina que junto con la dopamina se conocen con el nombre de catecolaminas. Dos años después -en 1913- un investigador de la empresa Hoffmann-La Roche llamado Markus Guggenheim publicaba el primer trabajo científico sobre las propiedades fisiológicas de la levodopa.

Debieron sin embargo transcurrir 25 años más para descubrirse -en 1938- que lo que convierte la levodopa en dopamina es una enzima bautizada como descarboxilasa. No siendo en todo caso hasta 1960 cuando todo ello adquirió sentido terapéutico merced al trabajo del neurólogo austríaco Oleh Hornykiewicz al descubrir en cadáveres que los enfermos de parkinson tenían en sus cerebros niveles de dopamina anormalmente bajos y convencer a su colega Walther Birkmayer para que inyectara levodopa en sus pacientes. Esos primeros pasos dieron lugar a mediados de siglo a una época de esplendor de la levodopa química desarrollándose medicamentos orales como la Larodopa de los laboratorios Roche comprobándose pronto que los niveles de dopamina en el cerebro subían y los enfermos mejoraban de forma espectacular. Sin embargo con el paso de los años se acabó comprobando que si bien la dopamina sintética atraviesa el intestino, pasa a la sangre y llega al cerebro va igualmente a otros órganos -como el corazón- provocando serios efectos secundarios negativos. A pesar de lo cual sigue siendo el tratamiento sintomático más usado a falta de otros fármacos mejores. Administración crónica que suele acompañarse hoy en estos pacientes de otros químicos que se han vuelto de uso común -antidepresivos, antipsicóticos, analgésicos, agentes urológicos, antihistamínicos y otros- contribuyendo todo ello al desarrollo de todo tipo de efectos secundarios severos que con el tiempo afectan gravemente la vida de los pacientes y contribuyen a aumentar su discapacidad. Y tal es la razón de que en las últimas décadas algunos laboratorios se hayan dedicado a buscar sustancias naturales a fin de fabricar bioproductos como alternativa. Investigaciones que han llevado a analizar numerosos “candidatos” -polifenoles, flavonoides, ginsenosides, cafeína, etc.- presentes en muchos vegetales: Vicia faba, Mucuna pruriens, Siegesbeckia pubescens, Sophora flavescens, Carthamus tinctorius, Curcuma longa, Huperzia selago, Diphasiastrum complanatum, Centella asiatica, Sulforafán, Oleuropein

Pues bien, ha sido finalmente un laboratorio biotecnológico español, Ebiotec, el que de la mano de uno de los principales investigadores a nivel mundial de las patologías del cerebro, el doctor Ramón Cacabelos, ha conseguido elaborar a partir de componentes estructurales de la planta Vicia faba -mediante procesos biotecnológicos no desnaturalizantes- un producto natural e inocuo de sorprendente eficacia terapéutica que debería suponer un punto de inflexión en el tratamiento del parkinson ya que su ingesta aumenta el nivel de dopamina ¡entre un 500% y un 4.000% en apenas 30-60 minutos durando el efecto hasta 12 horas!: el Atremorine.

VICIA FABA

Las habas, frijoles o judías son unas leguminosas únicas debido a su rico contenido en nutrientes; de hecho son una excelente fuente de proteínas, carbohidratos complejos, fibra dietética, colina, lecitina, minerales y compuestos fenólicos que en las plantas cumplen una variedad muy amplia de funciones: defensa ante herbívoros y patógenos, absorción de radiación ultravioleta, atracción de polinizadores, etc. Además han demostrado ser muy útiles como recurso terapéutico en la medicina tradicional de varias zonas del mundo, incluido el Ayurveda hindú que ya aconsejaba tratar a personas con temblores usando una planta de la familia Fabaceae. En la zona de Assam de la India se usa aún hoy el zumo extraído de las hojas para tratar la otorrea (flujos purulentos en el conducto auditivo externo). Y en la región argelina de El-Bayadh sus hojas y semillas se utilizan como antifúngicos y antipiréticos. Y no son más que meros ejemplos ilustrativos pues se usan para numerosas dolencias en muy distintos lugares de Asia y el Mediterráneo.

En fin, sobre los beneficios de la Vicia faba en los pacientes parkinsonianos ya hablaron M. Spengos y D. Vssilopoulos en 1988 durante el IX Simposio Internacional sobre la enfermedad de parkinson celebrado en Jerusalén. Beneficios que serían posteriormente corroborados por otros grupos de investigadores. Como el publicado en 1992 en Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry por un equipo de investigadores del Departamento de Neurología del Elias Sourasky Medical Center de Tel Aviv (Israel) coordinado por A. D. Korczyn con el título Improvement of parkinsonian features correlate with high plasma levodopa values after broad bean (Vicia faba) consumption (Mejora de las características parkinsonianas correlacionada con altos valores plasmáticos de levodopa después del consumo de habas (Vicia faba). Un trabajo en el que se explica que se dio a cinco voluntarios sanos y a seis pacientes con parkinson 250 gramos de habas cocidas tras 12 horas sin tratamiento y “a las cuatro horas se observó una mejora clínica sustancial aumentando la concentración plasmática de levodopa”. Sugiriendo por ello su utilidad en el tratamiento de personas con discapacidad motriz de leve a moderada.

Doce años después -en el 2000- Hülya Apaydin y S.Ozekmekci -del Departamento de Neurología de la Cerrohpassa Medical Scholl de Estambul (Turquia)- publicaron en Movement Disorders -el diario oficial de The Movement Disorder Society– un trabajo titulado Broad bean (Vicia faba)–a natural source of L-dopa–prolongs “on” periods in patients with Parkinson’s disease who have “on-off” fluctuations (Las habas Vicia faba -fuente natural de L-dopa- prolonga los períodos “on” en pacientes con parkinson que tienen fluctuaciones “on-off” sobre los efectos a largo plazo del consumo de habas cocidas en 8 personas que sufrían fluctuaciones motrices discapacitantes. Sin retirarles la medicación se les dio a consumir simplemente dos raciones diarias de 250 g de judías entre 1 y 3 meses constatándose que se prolongaban sus periodos de actividad y disminuían los períodos de estancamiento por lo que sugirieron que los enfermos de parkinson ingieran judías como terapia complementaria.

Agregaremos que en 2013 S. M. Mohseni Mehran y B. Golshani -del Departamento de Fisiología de la Rash Medical School de la Universidad Guilan de Ciencias Médicas de Rath (Irán)- publicaron en Journal of Clinical and Diagnostic Research un trabajo titulado Simultaneous Determination of Levodopa and Carbidopa from Fava Bean, Green Peas and Green Beans by High Performance Liquid Gas Chromatography (Determinación simultánea de levodopa y carbidopa obtenidas de habas, guisantes verdes y judías verdes mediante cromatografía líquida de alto rendimiento) en el que concluirían lo siguiente: “Los resultados de este estudio indican que las habas son una buena fuente de L-dopa natural y de C-dopa (la enzima descarboxilasa). Cuantificar tal capacidad según la etapa de la enfermedad y la parte de la planta podría tener aplicaciones en la industria alimentaria como medicina vegetal. El consumo de habas puede aumentar los niveles de L-dopa y C-dopa en sangre logrando una marcada mejora en el rendimiento motor de los pacientes con parkinson. Sin efectos secundarios”.

Se trata en suma de trabajos que han servido para confirmar los descubrimientos de Guggenheim sobre las virtudes antiparkinsonianas de las habas leguminosas cuya ingesta ayuda sin duda a aumentar los niveles de levodopa y de la enzima descarboxilasa pero cuya eficacia terapéutica es aun así limitada. Ha sido de hecho la empresa biotecnológica española Ebiotec la que finalmente ha conseguido extraer y purificar esos principios activos en cantidad y potencia suficiente como para que el producto obtenido sea tan eficaz: el Atremorine. Y es que como ya hemos adelantado su ingesta aumenta el nivel de dopamina ¡entre un 500% y un 4.000% en apenas 30-60 minutos durando el efecto hasta 12 horas! Sobre su importancia y desarrollo hemos hablado en nuestra redacción con el doctor Ramón Cacabelos, máximo responsable del grupo empresarial EuroEspes al que pertenece Ebiotec.

LA NATURALEZA NOS RESCATA DE LA QUIMICA

-Si no le importa quisiéramos empezar preguntándole qué entidades hay en el Grupo EuroEspes

-Es una institución que se dedica a tres cosas: la primera -con 25 años de historia- a prestar servicios médicos especializados, fundamentalmente en Medicina Genómica y enfermedades del sistema nervioso central, envejecimiento y demencia. En segundo lugar al desarrollo de bioproductos: nutracéuticos, vacunas y productos farmacéuticos. Y la tercera área es la difusión del conocimiento científico; y aquí incluimos la primera Guía Mundial de Farmacogenética y la plataforma internacional Europharma Genetics de la que hablasteis en el pasado número de la revista.

-¿Y qué es un “nutracéutico”?

-Un nutracéutico es un bioproducto a medio camino entre una sustancia química -un fármaco- y un producto natural -un alimento normal y corriente-. Un fármaco es un agente xenobiótico y por tanto extraño al organismo. Es una sustancia química que para que ser consumida por un ser humano tiene que pasar por un largo proceso de evaluación de las agencias sanitarias correspondientes de cada país para lo que cada región tiene su propia metodología. Aunque por regla general es la FDA la que define los parámetros para el desarrollo de medicamentos.

Y producto natural es cualquier cosa que comemos cuyas propiedades y riesgos tenemos caracterizados por la tradición de miles de años. Y en medio, hace cerca de treinta años, surge un nuevo concepto, el de “nutracéutico”, que luego se transformó en “bioproducto” o en “alimento funcional”. En definitiva, un nutracéutico es una estructura biológica obtenida y purificada de un elemento natural -sea alimento o no- que se desarrolla como un fármaco para caracterizar y definir sus propiedades biológicas y su toxicidad pero que tiene una gran ventaja: es un bioderivado natural, no un agente químico. Lo que significa que en la mayoría de los casos excluimos en gran medida la potencial toxicidad que puede tener una sustancia química.

Los fármacos están representados por la industria farmacéutica clásica y convencional, los alimentos por la industria alimentaria y los nutracéuticos han quedado en manos de las empresas biotecnológicas que además de poseer una tecnología diferente tienen una concepción mucho más moderna de lo que debe de ser el tratamiento o la prevención de las enfermedades en el futuro. Incorporan toda una serie de procesos nuevos con el fin de obtener la mayor rentabilidad posible a todo lo que la naturaleza nos puede dar para convertirlo en bioproductos saludables que pueden ser tanto preventivos como terapéuticos. Debo decir que algunos de estos nutracéuticos tienen más poder terapéutico que los fármacos convencionales. Y lo que es más importante: en el 100% de los casos con mucha menos toxicidad que cualquier agente químico.

-Hablemos del producto que han desarrollado ustedes para el tratamiento del parkinson: ¿por qué se centraron en una leguminosa concreta para el desarrollo del Atremorine?

-Fue a principios del siglo XX cuando se empezó a descubrir que el parkinson se produce por una disminución de la dopamina en el cerebro de los enfermos. Más tarde se vio que ello también afecta a otros sistemas y, con el tiempo, al corazón y a los sistemas periféricos. Así pues la esencia del parkinson es la neurodegeneración selectiva de las neuronas dopaminérgicas.

Y en paralelo con el conocimiento del parkinson se vio que en la naturaleza, en las fabáceas, en la familia de las habas, aparece una sustancia, la levodopa, que es el precursor de la dopamina, molécula que mediante una enzima se transforma en dopamina. Es decir, las neuronas dopaminérgicas captan la levodopa y la transforman en dopamina. A raíz de ahí comienza una de las grandes revoluciones terapéuticas en Psicofarmacología: la aparición de los neurolépticos en Psiquiatría para el tratamiento de la psicosis y la implantación de la levodopa como tratamiento para el parkinson -en la década de los cincuenta-sesenta- porque se veía que en más del 60% de los casos quien tomaba levodopa mejoraba su sintomatología. Era un tratamiento considerado milagroso.

-Que finalmente no era tal…

-Así fue. Se empezó a ver después que al cabo de tres, cuatro o cinco años los pacientes que tomaban levodopa comenzaban a perder efectos y a presentar otras complicaciones; como los períodos “on-off” en los que quedan rígidos, acinéticos. Y otras complicaciones; como la toxicidad cardiológica. Y lo que era peor: desarrollaban tras estar tratándose durante muchos años trastornos psicóticos, trastornos mentales con severos problemas de conducta. Entonces se empezó a ver que la levodopa era fundamental pero que el tratamiento crónico conllevaba grandes complicaciones para los pacientes. Así que se empezaron a desarrollar otros fármacos que son los que hoy configuran todo el tratamiento: los antiparkinsonianos. Fármacos que lo que hacen es estimular el sistema dopaminérgico: agonistas de receptores, inhibidores de monadina monoamino-oxidasa e inhibidores de catecol-orto-metiltransferasa. En definitiva, toda una pléyade de medicamentos desarrollados durante los últimos cincuenta años que están dirigidos a potenciar el sistema dopaminérgico pero que al ser sustancias químicas que además son administradas crónicamente tienen enormes problemas de toxicidad.

Así que buscando soluciones al problema de la toxicidad volvimos una vez más nuestros ojos a la naturaleza y llegamos al desarrollo del Atremorine, un producto natural con actividad terapéutica de origen vegetal que se obtiene de la especia Vicia faba L. a través de procesos biotecnológicos no desnaturalizantes que conservan las propiedades naturales de sus principios activos. Proceso biotecnológico que nos permite potenciar sus numerosas sustancias bioactivas con capacidad para modificar los efectos psicomotores de la enfermedad de parkinson. Que nadie crea pues que simplemente comiendo habas va a resolver el problema porque no es así…

 MEJORAS SIN EFECTOS SECUNDARIOS

 -Y de entre las muchas posibilidades que ofrece la naturaleza, ¿por qué infirieron que las habas son especialmente beneficiosas?

-Desde hace décadas se sabe que las habas son una fuente natural de levodopa, precursor del neurotransmisor dopamina. Así que rastreamos más de 200 familias genéticas entre las fabáceas y encontramos una cepa genética en el mundo vegetal que tenía tres propiedades. Una fundamental: su riqueza en levodopa; porque sin levodopa no hay dopamina. En segundo lugar era una neurotrofina: protege a la neurona del proceso de degeneración. Téngase en cuenta que a veces las neuronas en el parkinson mueren por causas genéticas; es decir, hay un parkinson definido genéticamente que si lo heredas lo vas a padecer irremediablemente. Ahora bien, el parkinson también tiene un componente tóxico medioambiental mucho más importante. Por ejemplo, hay toxinas -pueden ser herbicidas, pesticidas, sulfatos y un montón de porquería medioambiental más- que de forma selectiva matan esas neuronas. Y al ser una neurotrofina combate esa neurotoxicidad. Y, por otra parte, descubrimos otra propiedad importantísima y es la de que no solamente potencia la síntesis de dopamina sino también la de noradrenalina; lo que quiere decir que es una sustancia, un bioproducto, que protege a todas las neuronas -catecolaminérgicas, dopaminérgicas, noradrenérgicas y adrenérgicas- responsables de regular un montón de actividades cerebrales, cardiovasculares y conductuales. ¡Realmente teníamos una joya! Así que empezamos a estudiarla en modelos genéticos de parkinson y en modelos de toxicidad -el modelo prototípico es el del MPTP que es un tóxico medioambiental que destruye las neuronas dopaminérgicas- y nos encontramos con la gratísima sorpresa de que si dábamos Atremorine -al que habíamos bautizado químicamente como E-PodoFavalin para integrar el nombre de la planta de donde lo sacamos- a animales genéticamente condicionados para desarrollar parkinson ¡evitaba que éste apareciese! Y si inducíamos un parkinson tóxico y dábamos E-PodoFavalin ¡las neuronas se regeneraban! ¡Era una maravilla! ¡Era lo que estábamos buscando para el tratamiento del parkinson!

Obviamente las enfermedades degenerativas no deben ser tratadas cuando aparecen los síntomas porque cuando ello ocurre han muerto ya miles de millones de neuronas. Esa muerte neuronal selectiva comienza 20 o 30 años antes de que aparezcan los síntomas.

En suma, Atremorine es un producto con unas propiedades neurotróficas excelentes destinado a conseguir algo tan importante como proteger las neuronas. Tanto en las personas vulnerables como en las que empiezan a presentar síntomas incipientes. De hecho hicimos un ensayo clínico y el resultado fue espectacular. La síntesis de dopamina y noradrenalina en el cerebro al administrar una dosis única de Atremorine aumentaba a la hora entre un 200% y un 300%; sobre todo la dopamina. Y la mejoría de los pacientes era espectacular.

Pero que nadie crea que comiendo habas va a resolver el problema porque no es así. El Atremorine es un producto biotecnológico obtenido mediante procedimientos biotecnológicos no desnaturalizantes de un componente estructural de una determinada cepa genética de las fabáceas.

-¿Y desde el punto de vista de los síntomas que efectos tiene?

-El efecto fundamental que buscamos en el paciente es normalizar su función motora; al extremo de que pacientes que están acinéticos -despiertos pero incapaces de moverse- al tomar una dosis de Atremorine comienzan a moverse con cierta normalidad… en el 60% de los casos.

Quiero dejar claro que nunca ningún producto va a ser útil para el 100% de los pacientes pero Atremorine en una hora -a veces en quince minutos- empieza ya a desplegar sus efectos y el paciente ve cómo sus síntomas mejoran. Mejora su temblor, mejora su movilidad y mejora la rigidez. Es decir, mejora la tríada característica del parkinson que es lo que se ha ido buscando siempre con los tratamientos antiparkinsonianos.

La ventaja de Atremorine es que carece de la toxicidad de los fármacos antiparkinsonianos convencionales. Y tiene otra ventaja añadida: reduce la dosis de fármacos en pacientes que llevan ya muchos años tomando medicación. Dando una pequeña dosis de Atremorine hemos visto que se reduce drásticamente la toxicidad y se mejora la sintomatología del parkinson. Por tanto Atremorine tiene esas dos grandes virtudes: desde un punto de vista terapéutico protege a las neuronas frente a la degeneración y permite a los pacientes que ya la padecen poder recuperar la función psicomotriz; y, por otra parte, disminuye la toxicidad en aquellas personas que están medicándose desde hace años con tratamiento antiparkinsoniano.

En definitiva, estamos ante una biomolécula ¡capaz de evitar que las neuronas dopaminérgicas responsables del parkinsonismo se destruyan, que mueran prematuramente!

-¿Es el aumento de levodopa la única ventaja terapéutica del Atremorine?

-No. A través del proceso biotecnológico hemos conseguido potenciar las numerosas sustancias bioactivas de la planta Vicia faba con capacidad para modificar distintos efectos psicomotores del parkinson. Así que podemos decir que el extracto de Vicia faba que presentamos debe su potente efecto a los altos niveles de levodopa que contiene pero también a otros componentes biofuncionales extremadamente beneficiosos. Y entre esa variedad de complejos biofuncionales podemos destacar el ácido graso omega-3 (ácido alfa-linolénico), proteínas (albúmina, glutenina, tiramina), vitaminas (retinol, ácido ascórbico, ácido pantoténico, piridoxina, niacina, ácido fólico, alfa-tocoferol, tiamina y riboflavina), aminoácidos esenciales (ácido aspártico, serina, tirosina, fenilalanina, cisteína e histidina), minerales (manganeso, magnesio, fósforo, hierro, zinc, cobre, potasio, calcio, sodio y selenio) y factores fitoquímicos (betacarotenos, quercetinas, kaempferol, lecitinas, lectinas, saponinas, inhibidor de alfa-amilasa, alfa-galactosidasa y ácido fítico). En fin, como ve una larga lista de sustancias beneficiosas y naturales.

 UN FUTURO ESPERANZADOR

 -¿Y qué acogida ha tenido su investigación y el producto hasta el momento?

-Ha tenido una gran acogida a nivel internacional y estamos realmente muy contentos pero quiero incidir en el comentario que anticipé previamente: es muy importante que todo el mundo entienda que aunque es un bioproducto como no ha habido otro similar en la historia del tratamiento del parkinson ningún producto es útil para el 100% de los afectados. Depende del ADN personal. Y como eso va en nuestra filosofía de lo que tiene que ser un tratamiento hicimos los estudios farmacogenéticos correspondientes y efectivamente descubrimos que dependiendo del perfil genómico de cada una de las personas la eficacia del Atremorine varía. Hay personas que tienen un perfil genómico que no les permite beneficiarse de sus efectos reales y hay otras con un perfil genómico determinado en las que el resultado de una sola dosis es espectacular.

-¿Se trata de un producto sintomático que debe tomarse ante una crisis de síntomas o tiene que tomarse de acuerdo a una posología determinada?

-En base a las propiedades de Atremorine hay dos grandes aplicaciones. Por un lado, Atremorine es un bioproducto preventivo capaz de evitar que el parkinson se produzca en aquellas personas vulnerables que están expuestas a toxicidad medioambiental o tengan predisposición genética. En tales casos se debe dar una pequeña dosis de forma sistemática y regular durante años.

Y para los pacientes que ya han desarrollado parkinson, si no están tomando antiparkinsonianos de tipo químico hemos establecido una pauta, una dosificación, que es suficiente para controlar con bastante eficacia la sintomatología del parkinson incipiente.

Finalmente, desde este punto de vista terapéutico, para aquellos pacientes que ya tienen un parkinson avanzado, que tienen su movilidad muy comprometida y en los que los antiparkinsonianos han desplegado todo su esplendor tóxico y de efectos secundarios hemos establecido unas pautas terapéuticas para que dosis diarias de Atremorine permitan reducir las dosis de los antiparkinsonianos convencionales. Con lo que reducimos la toxicidad y mejoramos la acción terapéutica con el tratamiento combinado. Por tanto el máximo rendimiento se consigue con un tratamiento regular. No es un tratamiento sintomático, que es en contra de lo que nosotros estamos. Yo estoy radicalmente en contra de matar el síntoma porque no es sino un indicador de nuestro organismo para hacernos ver y hacernos entender que algo nada mal. Por tanto no debemos matar el síntoma, debemos matar la causa del síntoma.

-¿Y puede ser eficaz Atremorine en otras patologías?

-Obviamente estamos investigando en otras patologías; en las que hay afectación del sistema dopaminérgico y noradrenérgico. Estamos hablando de patologías del sistema nervioso central que tienen un componente mental importante, Por ejemplo el déficit de atención con hiperquinesia en niños. Por ejemplo, otros trastornos del movimiento relacionados con el parkinsonismo pero que no son estrictamente parkinsonianos. Y lógicamente estamos investigándolo también en problemas relacionados con el estado de ánimo en donde sabemos que dopamina y noradrenalina juegan un papel importante.

Hay pues media docena de enfermedades del sistema nervioso en las que estamos investigando las posibilidades del producto.

-Entendemos. ¿Y podría decirnos qué otros nutracéuticos han sido desarrollados en Ebiotec?             

Atremorine es uno de los bioproductos de mayor expansión pero entre los más de diez ya introducidos en el mercado internacional me gustaría señalar que tenemos cuatro de una importancia muy relevante.

Uno de ellos es AntiGan, bioproducto que hemos desarrollado para el cáncer y que hemos visto es muy eficaz en siete u ocho líneas de cáncer; especialmente en tumores sólidos. Un producto muy potente en el que tenemos grandes esperanzas.

LipoEsar lo hemos desarrollado como antiaterosclerótico para la protección del corazón; protege a las neuronas coronarias y tiene unos resultados espectaculares en patologías cardiovasculares.

El tercer producto es Defenvid, un potente potenciador de la inmunidad que en procesos oncológicos, combinado con AntiGan, presenta una enorme eficacia.

Y el cuarto es MineraXin plus, desarrollado como profiláctico y terapéutico para los problemas de osteoporosis y de la perimenopausia; es un potente regulador hormonal, sobre todo para aquello que tiene que ver con el envejecimiento tisular y la regeneración ósea.

Añadiré que en todos estos bioproductos el nivel de eficacia es genotipo-dependiente; es decir, dependiente de nuestro perfil genético.

LOS DATOS AVALAN AL ATREMORINE

Terminamos este texto indicando que las aseveraciones del doctor Cacabelos están respaldadas por los datos conseguidos a lo largo de las investigaciones que se recogen en un estudio titulado E-PodoFavalin-15999 (Atremorine)-Induced Neurotransmitter and Hormonal Response in Parkinson’s Disease (Respuesta hormonal y neurotransmisora inducida por E-PodoFavalin-15999 (Atremorine) en Parkinson) publicado en 2016 en dos partes.

La primera se publicó en Journal of Genomic Medicine and Pharmacogenomics y explica que se hizo un estudio clínico con 119 pacientes cuyos niveles plasmáticos de dopamina aumentaron con una sola dosis oral de 5 gramos en todos los casos aunque se observaron diferencias en la respuesta entre mujeres y hombres. En personas nunca tratadas con antiparkinsonianos se incrementaron de 11’22 (± 0’29) a 2.041’24 (±249’12 pg/ml) y en pacientes crónicos tratados con ellos de 2.193’23 (± 804’72 pg/ml) a 9.168’11 (± 1657’27 pg/ml). También se confirmó que la respuesta es diferente en función de la genética: hay mejor respuesta entre los portadores de APOE-2 que entre los de APOE-3 y APOE-4.

“Este primer estudio clínico con Atremorine en pacientes con trastornos parkinsonianos –apunta el trabajo- demuestra claramente el poderoso efecto de este nuevo bioproducto sobre la dopamina plasmática tanto en pacientes no tratados como en pacientes tratados crónicamente con fármacos antiparkinsonianos convencionales. Este efecto pro-dopaminérgico puede atribuirse al contenido rico de levodopa natural (concentración media 20 mg/g) en la composición de Atremorine. Sin embargo, el efecto neuroprotector de este producto nutracéutico sobre las neuronas dopaminérgicas -como se demostró en estudios in vitro y en modelos animales de PD- no puede ser solo atribuido a levodopa sino a otros constituyentes intrínsecos (factores neurotróficos selectivos) del compuesto”.

El estudio también dejó claro que el 100% de los no tratados con antiparkinsonianos presentaron una hipodopaminemia dramática con niveles plasmáticos de dopamina por debajo de los 20 pg/ml y que los pacientes con tratamiento a largo plazo con levodopa y/o fármacos convencionales antiparkinsonianos experimentaron una hiperdopaminemia que si bien puede considerarse responsable de la mejora de los síntomas a corto plazo también lo es de fluctuaciones motoras y discinesia, otras complicaciones sistémicas -trastornos gastrointestinales, problemas cardiovasculares, desregulación hormonal- y desórdenes neuropsiquiátricos como depresión, ansiedad y/o psicosis tóxica.

La segunda parte se publicó en Journal of Exploratory Research in Pharmacology y explica que apenas una hora después de la administración de Atremorine (5 g/día) hubo un aumento significativo de los niveles de dopamina, noradrenalina y adrenalina y una significativa disminución de los niveles de prolactina (PRL), cortisol y hormona del crecimiento. No hubo sin embargo cambios ni en los niveles de serotonina ni en los de la hormona adrenocorticotrópica (ACTH), la hormona folículo-estimulante (FSH), la hormona luteinizante (LH), los estrógenos y la testosterona.

Todos estos datos juntos indican claramente –se asevera en el trabajo- que Atremorine es un bioproducto seguro para pacientes con parkinson, capaz de ejercer un poderoso efecto sobre las catecolaminas; especialmente sobre la dopamina y, en menor medida, sobre la noradrenalina. El efecto de Atremorine sobre la adrenalina es muy modesto y no se pudo detectar ningún efecto sobre los niveles de serotonina una hora después de la administración oral (..) Conforme a estos resultados Atremorine puede ayudar a optimizar la función neuroendocrina en el parkinson, especialmente en aquellos pacientes con alteraciones somatotropinérgicas, lactotropinérgicas y corticotropinérgicas. Los efectos de Atremorine sobre las catecolaminas plasmáticas también podrían ser beneficiosos en pacientes de parkinson con disautonomía cardiovascular”. Dicho de otra manera: el Atremorine potencia la neurotransmisión catecolaminérgica por lo que es una herramienta terapéutica de primer orden en el tratamiento del parkinson.

 

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
203
Abril 2017
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