¿Se pueden o no curar algunos casos de esclerosis múltiple o de parkinson con cirugía?

La publicación en octubre pasado de una entrevista al Dr. José Pérez Fernández, cirujano español que junto a su colega José Luis Castillo Recarte, afirman que algunos casos de esclerosis múltiple y Parkinson -entre otras enfermedades provocadas por la degeneración del sistema nervioso central- pueden ser resueltas con cirugía ha levantado una polémica inusitada como el lector habrá podido comprobar en las páginas inmediatamente anteriores. Nosotros vamos a limitarnos en este artículo a narrar los testimonios de algunos de los pacientes operados por ellos con los que hemos hablado. Fórmese luego el lector su propio criterio.

Cuando le dijimos al Dr. José Pérez Fernández que queríamos hablar con algunos de sus pacientes una vez finalizada la charla que mantuvimos con él que se publicó en Octubre pasado nuestra intención era clara: comprobar si lo que afirmaba lo corroboraban los hechos. Y la única manera de hacerlo era hablando con los enfermos operados, algo a lo que no puso la más mínima objeción. Antes al contrario, nos dio todo tipo de facilidades. Pues bien, los testimonios fueron rotundos. Debemos añadir también que nuestra intención no era publicar ningún caso por obvias razones de intimidad. Sin embargo, las circunstancias mandan y ante la polémica surgida pedimos a algunas personas que nos permitieran dar a conocer sus casos. Y hemos de decir que fueron muchas las que se brindarían por agradecimiento al doctor y, sobre todo, porque no entienden que si otras personas pueden beneficiarse de esta técnica haya alguien que intente impedirlo. De ellas elegimos siete que nos parecieron significativas pero la necesidad de narrar en detalle sus historias para que el lector pueda conocer la gravedad de algunos casos y la inconveniencia de hacer este texto más largo de lo necesario nos ha llevado finalmente a publicar sólo tres. Lo que no es óbice para que si la polémica continúa nos decidamos a publicar nuevos testimonios en el futuro. Pero lea el lector lo que sigue y comprenderá por qué a nuestro juicio no es necesario.

MARÍA JESÚS BUENDÍA 

La primera persona con la que tuvimos oportunidad de conversar es una atractiva y despierta joven de 22 años cuyos problemas –nos contaría- empezaron cuando sólo tenía diez, edad a la que empezó ya a notar sensaciones extrañas en su cabeza que no supo describirnos bien pero que cursaban con frecuentes dolores de cabeza.

Aquello continuaría hasta que a los 14 llegaría a pasarse semanas enteras con jaquecas. Paralelamente, empezarían a dormírsele de forma habitual las manos –en especial la izquierda- y a sufrir un constante estado de nerviosismo.

A los 15, su familia -que vive en Palma de Mallorca- decidiría enviarla a estudiar a Granada a casa de una tía. Serían años en los que María Jesús iría viendo cómo los episodios eran cada vez más frecuentes y los dolores no desaparecían a veces durante largas temporadas.

Un día, a los 18 años ya, estando de vacaciones en Palma, perdería la audición de un oído. Los médicos que la atendieron la dirían que probablemente se debiera a algún ruido muy fuerte. Sin embargo, ella no había vivido ninguna situación de ese tipo. Poco después empezaría a tener pérdidas de equilibrio y vértigos constantes hasta el punto de que tendría que pasarse en cama dos semanas. Recuerda que sólo la dieron Biodramina, un conocido fármaco para los mareos cuando se viaja. De vuelta a Granada, su profesor de Latín, que es también homeópata, preocupado por su situación, la recetaría unas pastillas y unas gotas homeopáticas resolviéndose ese problema en sólo dos días.

Pero unos meses después, cumplidos ya los 19 años (1997), volverían con intensidad los dolores de cabeza, las jaquecas constantes, los mareos y la sensación de vértigo. Sólo que esta vez se le dormían las manos, sentía los pies fríos, sufrió incontinencia urinaria, empezaría a tener falta de memoria, padecería estreñimiento crónico, dificultades para hablar, alucinaciones y su cuerpo se hincharía y deshincharía cada poco tiempo sin causa aparente. Así hasta que una mañana amaneció con la boca y el ojo izquierdos torcidos mientras comprobaba que la zona izquierda de la cara estaba como acartonada.

Preocupada y sin saber qué hacer –sus padres seguían en Palma de Mallorca-, decidiría irse al instituto y consultar a su profesor de Latín quien, al ver su semiparálisis facial, la sugirió ir de inmediato al hospital. Allí, María Jesús sería sometida a observación y los médicos decidirían que quedase ingresada siendo objeto de una enorme batería de pruebas, incluidas un electroencefalograma y una resonancia magnética. Se descartó un posible tumor. Y empezó a ser medicada con cortisona.

Pero el problema siguió agravándose. De hecho, llegó un momento en que ni siquiera podía levantarse de la cama ya si intentaba hacerlo la resultaba imposible mantener el equilibrio. Se la recetarían entonces tranquilizantes así como diversos fármacos para aminorar los síntomas. Hasta que el diagnóstico, finalmente, llegó: era esclerosis múltiple. No había nada que hacer.

Sería en ese momento cuando fue a visitarla su profesor de Latín, quien, decidido a buscar soluciones donde fuera, entró en contacto –así lo explicó ella- ”con unos curas de Roma”. Curas que le hablarían de un médico residente en Málaga llamado Fermín Moriano. Siendo éste, a su vez, quien informado del caso decidiría sugerir a la familia que llevasen a su hija a la consulta del Dr. José Pérez Fernández.

Pues bien, efectuadas las pruebas pertinentes, Pérez Fernández comunicó a la familia que a su juicio se trataba de un CTOS y recomendó intervenir cuanto antes. Y como quiera que -según los demás médicos- no había ninguna solución y el destino inmediato de su hija era quedar postrada en una silla de ruedas, los padres aceptaron.

La operación tendría lugar el 30 de mayo de 1997. Y hay que decir que la mejoría fue casi inmediata según la propia María Jesús. A fecha de hoy, su recuperación es completa. Todos los síntomas han desaparecido: el dolor de cabeza, los mareos, la sensación de vértigo, los pies fríos, el adormecimiento de las manos, la incontinencia urinaria, el estreñimiento, las alucinaciones… Todos. Incluso el principio de depresión que en los últimos días la habían también diagnosticado.

Decir que María Jesús se siente feliz sería describir muy pobremente su estado de ánimo. Y, por cierto, cuando al final de nuestra charla la pregunté si había vuelto por los hospitales de Granada y Palma donde la habían atendido para saber qué opinaban los médicos, respondió:

-Al hospital de Granada no he vuelto nunca. Al de Palma de Mallorca, sí. Y al verme tan recuperada, los médicos que entonces me atendieron me dijeron que no me hiciera demasiadas ilusiones, que se trataba de una situación temporal y que volvería a recaer porque lo mío no tiene cura. Claro que no les conté nada de la operación.

-¿Y usted cree que va a recaer?

-Por supuesto que no. Han pasado tres años y jamás me he sentido tan bien.

FERNANDO LÓPEZ GUTIÉRREZ 

El caso deFernando López es quizás menos espectacular pero igualmente significativo. Se trata de un conocido profesional de la hostelería de 36 años, dueño del popular restaurante madrileño “La Alberca” en el señorial barrio de Chamartín.

Hace cuatro años, a raíz de una bronconeumonía, decidió hacerse ver por un médico ya que además de aquel problema puntual llevaba algún tiempo con progresivo adormecimiento de las manos, frío constante en las mismas y en los pies, cambios bruscos de temperatura con sudores fríos que tenían lugar primordialmente cuando finalizaba su estresante jornada de trabajo diaria, palidez facial, mareos y unas horrorosas jaquecas que soportaba a duras penas. Además, según nos contaría su esposa, Lucía Feijo, cuando se ponía blanco ella percibía unas exageradas palpitaciones en la vena del cuello. Decir, finalmente, que padecía con frecuencia pérdidas de consciencia que, según el doctor Pérez Fernández, probablemente se debían a ataques vasovagales. En suma, fue diagnosticado como caso de esclerosis múltiple.

Pues bien, una vez comprobado con el Eco-Doppler que bastaba que levantara los brazos en alto para que la sangre no llegara a su cerebro se decidiría recurrir a la intervención quirúrgica para corregir lo que parecía un claro caso de CTOS.

La intervención tendría lugar a finales de enero de 1996.

Y la desaparición de los síntomas fue total. Cuatro años después, no han vuelto a hacer acto de presencia.

Sólo me resta decir que cuando el pasado día 13 de diciembre me aclaraba algunos detalles mientras tomábamos un vino en su restaurante hubo unas palabras suyas que salían claramente del corazón:

-Es obvio que le estoy agradecido por lo que hizo por mí. Y está claro que cobró su trabajo. Pero tengo que decir que este hombre me ha llamado desde entonces para seguir mi evolución multitud de veces, incluso a mi casa, interesándose por mi evolución de forma constante a lo largo de estos años. Y sin cobrar una peseta. Su calidad profesional se le supone pero de su calidad humana yo sí puedo dar fe.

CATERINA REY SEGURA 

Nuestro tercer testimonio nos lo ofreció Caterina Rey, mujer de 45 años que vive en la población de Tiana y regenta junto a su marido una carnicería-charcutería en Badalona. Su caso, como el de los anteriores, es verdaderamente significativo.

Según nos explicó en una larga y agradable conversación, ya a los 11 años empezó a notar que se le dormía el cuerpo. Asimismo, notaba fuertes dolores de cabeza, especialmente en la zona derecha, que llegaba a veces a provocarle  pérdida de visión del ojo izquierdo con anormal visión de puntos brillantes. Y no hablamos de un episodio puntual sino de algo que le ocurrió en numerosas ocasiones. Sin embargo, las veces que su madre la llevó a los médicos estos no dieron nunca demasiada importancia al asunto.

El problema se agravaría a raíz de su primer nacimiento cuando, tras dar a luz a los 19 años, sufrió la experiencia de ver enfermar a su bebé y asistir impotente a su muerte dos años y medio después (en 1977). Algo que haría ya de sus migrañas algo insoportable.

Poco antes, en 1976, acudiría en Barcelona al conocido Hospital Valle Hebrón donde sería diagnosticada de “migrañas acompañadas”. Migrañas que, efectivamente, la acompañarían inexorablemente hasta 1988 en doce años infernales. A partir de entonces, a ese purgatorio se le añadiría la aparición de fuertes dolores entre pecho y espalda que irradiaban hacia el cuello y que eran seguidos en ocasiones por fuertes espasmos musculares. Hasta el punto de que en la Clínica Delfos de Barcelona a la que una vez acudió llegaron a pensar cuando la atendían -siempre según su testimonio- que estaba teniendo un infarto porque no la encontraban ni el pulso. Espasmos musculares –nos aseguraría- que sufrió sin solución de continuidad intermitentemente hasta que decidió operarse en Madrid por el Dr. Pérez Fernández.

Pero no nos adelantemos a los acontecimientos. Porque Caterina nos contaría también que el 2 de agosto de 1996 salió de vacaciones y que sólo tres días después -el 5- empezó a encontrarse muy mal a causa –supone ella- de la reacción que debió provocarle la vacuna contra el tétanos que se acababa de poner unos días antes. Con temblores incontrolados, sin fuerza alguna y pérdida de equilibrio, Caterina fue llevada urgentemente al ambulatorio que hay cerca de su casa. Allí la dirían que se trataba de un ataque de ansiedad. Comenzaba con tan singular respuesta un auténtico peregrinaje para averiguar qué la sucedía realmente y terminaron mandándola a “Can Ruti”, nombre con el que popularmente se conoce al Hospital Universitario Trías y Pujol de Badalona. Y allí, por fin, se la diagnosticaría una “probable encefalomielitis aguda diseminada”.

Pero en mal hora llegó a aquel centro. Porque su internamiento se prolongaría inesperadamente tres meses ya que en su interior se contagiaría –insistimos, siempre según su testimonio- de legionella bilateral, además de padecer otras complicaciones. La recuperación sería larga y compleja. De hecho, pasó año y medio en rehabilitación, prácticamente coja de la pierna izquierda y sin fuerza en la musculatura de todo el cuerpo a causa de la prolongada y obligada postración en cama.

En julio de 1998 a este problema vendría a añadirse de nuevo la pérdida de equilibrio. La neuróloga que la trata desde hace años diagnosticaría entonces posible esclerosis múltiple. En agosto de ese año la crisis se repite. Sólo que esta vez a esa segunda seguirían otras ocho más además de diversas neuritis laterales y bilaterales. Tras lo cual, se la comunicaría definitivamente que tenía esclerosis múltiple.

La décima crisis fue tan fuerte que desde finales de septiembre hasta el 11 de octubre del pasado año tuvieron que darla bolus de cortisona para “frenar el brote”. Pasada la crisis, continuaría tomando pastillas para ir así disminuyendo la dosis paulatinamente.

El deterioro, en suma, progresaba rápidamente. De hecho, Caterina nos aseguró que cada vez le costaba caminar más hasta que llegó un momento en que dejó de poder salir sola de casa porque perdía el equilibrio y se caía. Ni siquiera podía ducharse sin ayuda. El descontrol de su cuerpo llegó hasta el punto de que no podía controlar sus necesidades.

Fue entonces cuando leyó en nuestra revista la entrevista que le hicimos al Dr. Pérez Fernández. Y como es lógico en cualquier persona a la que nadie da siquiera esperanzas, se puso en contacto de inmediato con él para saber si su caso era operable, si entraba en los parámetros que éste explicaba.

Caterina se desplazó a Madrid en silla de ruedas, recibió la noticia de que efectivamente el suyo era un caso de CTOS y se dijo en su fuero interno que no perdía nada por intentarlo. Y el 7 de noviembre pasado entraba en quirófano.

Cuando la interrogué la última vez por los resultados -el 19 de diciembre, fecha en que escribo estas líneas- fue también rotunda.

-Nada más salir de la anestesia –empezó diciéndome- ya noté que tenía los pies calientes, yo que siempre los tenía fríos. Además noté que tenía la cara y el cuello deshinchados, como si me hubieran “descomprimido”. Y sólo tres días después de la operación regresé a Barcelona. Sólo que fui a Madrid en silla de ruedas y volví caminando. No he vuelto a usar la silla. Apenas no tengo dolor de cabeza más que de forma ocasional. Los labios, antes muy oscuros, están ahora sonrosados. Ni las manos ni las piernas se me duermen, ni me tiemblan. Sólo cinco semanas después de operarme camino con bastante soltura. Hace unos días me atreví a bailar un poquito, un twist delante de mi madre, que se echó a llorar de la emoción. Controlo totalmente los esfínteres. Y entro y salgo de la ducha sin ayuda. Es más, precisamente hoy me he atrevido a salir a la calle para hacer todas las compras de navidades sola. Y ayer envolví sin ayuda 50 jamones que nos ha encargado una empresa para regalos de Navidad.

-Bueno, ¿y qué dicen los médicos que la habían tratado?

-Mire, yo soy miembro de la asociación de esclerosis múltiple de Barcelona y contribuyo a su mantenimiento. Antes de ir a Madrid les pregunté si sabían algo de lo que publicaba la revista y me dijeron que no hiciera caso, que se trataba de una mentira. Es decir, descalificaron duramente a los médicos que ustedes entrevistaron. Supongo que porque así se lo habían trasmitido los médicos que asesoran a la asociación. Y que no hiciera el viaje, que eran sólo unos peseteros que se aprovechan de las personas que sufren situaciones como la mía. Les respondí que yo era una persona adulta, que leía la revista desde el principio, que me constaba su seriedad y que nadie iba a decidir por mí, que era mi vida y que iba a ejercitar mi libre albedrío.

Por el contrario, la neuróloga que siempre me ha tratado me apoyó. No creía que funcionara pero también me dijo que entendía que probara todo. A la semana me vio bien y me felicitó. También he llamado a los miembros de la asociación para que supieran cómo me había ido. Estaban asombrados. Y más cuando les dije que no me habían mandado ningún medicamento. Que sólo me dijeron que siguiera tomando el antidepresivo que me había recetado mi psiquiatra porque antes de irme a Madrid me dijo que tenía una depresión grave. Bueno, pues se limitaron a decirme que les siguiera teniendo al corriente. A lo que yo les respondí que ya sabían cuál era mi teléfono.

Hoy estoy feliz, profundamente agradecida. Me han parecido dos médicos muy sensatos y no me creo que hagan esto por dinero. De hecho, son ellos los que me dicen que no me emocione, que la recuperación será lenta aún porque llevo muchos años sufriendo este problema. De verdad, me parecen tan injustos los ataques que están recibiendo…

EPÍLOGO 

Sólo me resta añadir que desde que apareció la entrevista con el Dr. Pérez Fernández en octubre pasado han sido varias las personas que han sido intervenidas. Todas con éxito. Y añadiré que el último paciente operado con el que hablé se trata de un médico de 45 años que ejerce en Sevilla y al que conocí a las 36 horas de haber sido intervenido mientras se recuperaba en la cínica. Estaba encantado ya que a pesar del escaso tiempo transcurrido había notado ya una clara mejoría. Pero lo que mas me llamó la atención es el enorme enfado que tenía con los neurólogos que hasta ese momento le habían atendido. Por eso cuando me dijo que estaba dispuesto a contar en primera persona su experiencia en la revista acepté encantado pero le sugerí esperar algún tiempo para hacerlo con los ánimos menos encendidos y además poder constatar mejor su recuperación. Si finalmente se animara a escribir ese texto, no dude el lector que lo daremos a conocer.

Es todo. Pero no quisiera finalizar sin recordar que el tipo de intervención del que estamos hablando no resuelve todos los casos, sólo algunos. Lo que señalo para no que no se generen falsas expectativas en personas cuya enfermedad pudiera tener otro origen. Seamos pues optimistas pero prudentes.

José Antonio Campoy

Este reportaje aparece en
24
Enero 2001
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