Cómo combatir el envejecimiento

Hace ya casi 40 años el Dr. Denham Harman postuló que el envejecimiento -y, por ende, casi todos los procesos degenerativos del organismo- dependen en buena medida de la acción de los radicales libres. Los investigadores actuales están dándole la razón. Ello implicaría que la ingesta diaria de antioxidantes podría detener el envejecimiento y prevenir multitud de enfermedades, especialmente las cardiovasculares. Le explicamos cuáles son, dónde se encuentran y cuántos puede ingerir sin riesgo.

«Deja los sueños de ayer, coge la antorcha del conocimiento y construye los sueños del futuro».
M. Curie

Que sepamos, el hombre es el único animal consciente de su muerte como destino final y, lo que es peor, también consciente del deterioro del envejecimiento. No es de extrañar, pues, que la búsqueda de la eterna juventud haya acompañado al género humano desde los albores de la civilización. Ya en la Sagrada Biblia encontramos gran número de citas que hacen referencia a este sentir. Asimismo, en el «folklore del envejecimiento» hallamos las más variopintas propuestas que van desde consejos anecdóticos carentes de toda justificación científica hasta intentos más ambiciosos de cierta racionalidad sobre aspectos de nuestra biología.

Pues bien, hay que decir que, al amparo de los conocimientos científicos más recientes, se han postulado las más variadas teorías acerca de los mecanismos y consecuencias del envejecimiento. Y se han ido estudiando aspectos que, de forma gradual, nos han ido proveyendo de datos con los que finalmente poder formular una Teoría del envejecimiento.

Gracias a ello, puede decirse que se ha obtenido ya una especie de plan maestro que, a modo de hilo conductor, es capaz de explicar hechos y datos que hasta ahora aparecían inconexos. Así, los aspectos genéticos del envejecimiento, la importancia de los relojes biológicos, el deterioro del sistema inmunitario, el desequilibrio y minusvalía hormonal, los fenómenos de apoptosis, el entrecruzamiento de proteínas, etc., encuentran en el ataque de los radicales libres un denominador común que engarza, dentro de la magia del orden biológico, todos los datos que antes poseíamos pero que no estaban integrados. Dicho de otra manera: todo parece indicar que es el exceso de radicales libres en el organismo lo que nos hace envejecer y lo que provoca buena parte de los procesos degenerativos. Radicales libres que pueden combatirse con antioxidantes.

VIVIR MUCHO TIEMPO… CON BUENA CALIDAD DE VIDA

En suma, ¿quién no desea vivir muchos años? Pues, en principio, todo el mundo… siempre, claro, que se le garantice una aceptable calidad de vida. Bien, pues lo importante es que este dilema, hasta hace pocos años considerado insoluble, se está perfilando hoy bajo un prisma distinto y se comienza a soñar con que la vida puede ser considerada como una vela cuya luz y calor es siempre la misma independientemente de la cantidad de cera que tenga.

Y es que el dilema del envejecimiento se ha esquematizado durante años en una especie de binomio: más años de vida sin calidad o calidad de vida sin añadir años. Planteamiento que puede -y debe- ser superado.

En definitiva, hasta fechas muy recientes tales eran las únicas premisas en las que se apoyaban nuestras creencias sobre el proceso del envejecimiento. Afortunadamente, el conocimiento científico las ha superado en la actualidad.

ANTIOXIDANTES VERSUS RADICALES LIBRES

¿Y cuáles son las evidencias -se preguntará el lector- de los efectos beneficiosos de la acción de los antioxidantes sobre los radicales libres y, por tanto, de su efecto positivo sobre el envejecimiento y la salud? Pues estas:

1) Los experimentos efectuados sobre organismos microscópicos.
Por ejemplo, sobre los rotíferos, organismos multicelulares microscópicos que multiplican su tiempo de vida cuando son sometidos a inmersiones en agentes quelantes (barredores de radicales libres).

2) La experimentación en animales.
Y ya adelantamos que para que estos experimentos y sus hallazgos sean extrapolables a los humanos se requieren dos condiciones:

a) Debe afectar a sistemas que sean comunes a los del hombre.
b) Las alteraciones bioquímicas estudiadas deben ser, asimismo, comparables con los sistemas bioquímicos humanos.
Si tales premisas se cumplen puede investigarse todo tipo de funciones fisiológicas y alteraciones patológicas en los ensayos con lesiones producidas por el ataque de los radicales libres.
Hay que decir que, en lo que refiere a este punto, los resultados son concluyentes: está demostrada -más allá de toda duda razonable- tanto la acción y capacidad lesiva de los radicales libres como la acción protectora de los antioxidantes. Pero permítasenos poner unos ejemplos ilustrativos. Porque, ¿sabía que los salmones, capaces del inmenso esfuerzo físico de regresar a los ríos que les vieron nacer en los días previos al desove, sufren una masiva peroxidación cuando sueltan sus huevos y mueren al poco tiempo? Pues la razón es que sus mecanismos protectores contra la peroxidación, activos en vida antes de desovar, dejan en ese momento de funcionar dejándoles indefensos ante la producción de cantidades masivas de hormonas pro-oxidantes que descargan las glándulas suprarrenales. Y fíjese, amigo lector: si se les hiciera a los salmones una resección de la hipófisis antes de desovar o se les sometiera a un tratamiento hormonal, vivirían varios años más en lugar de morir a las pocas horas del desove.
Otro ejemplo interesante es el de las hembras de los pulpos: también mueren al poco tiempo de nacer su cría. Sin embargo, si eliminásemos su glándula pre-óptica («versión» de la hipófisis de los mamíferos), el animal viviría varios años más. Y,

3.) Las experiencias clínicas con humanos.
La evidencia clínica es abrumadora y cada día se conoce mejor el efecto deletéreo de los radicales libres sobre las enfermedades degenerativas (artritis, diabetes mellitus tipo 1, glaucoma, cataratas, arterioesclerosis, Parkinson, esclerosis múltiple y un largo etcétera que abarca la casi totalidad de nuestra patología crónica).

Sirva como ejemplo paradigmático una enfermedad, la Progeria, en la que los afectados mueren siendo aún niños pero con aspecto de viejos, es decir, con todos los cambios degenerativos de la senilidad. Porque está comprobado que ello se debe, en buena medida, al masivo desequilibrio entre radicales libres y antioxidantes.

LA ACCIÓN DE LOS ANTIOXIDANTES

¿Y cómo actúan los antioxidantes? Pues hay que decir que son cuatro los mecanismos de acción que ayudan a contrarrestar los efectos de los radicales libres. En líneas generales, puede decirse que los antioxidantes:

1) Impiden la excesiva formación de radicales libres. Lo que incluye la neutralización de ciertos metales (cobre, cadmio, mercurio, plomo, etc.) que -se sabe- son iniciadores de procesos oxidativos.

2) Neutralizan los COR (compuestos de oxígeno reactivo) ya formados. Con lo que se detiene el efecto dominó de la cadena reactiva que inician los radicales libres.

3) Revierten parte de los daños ocasionados por los radicales libres. Y,

4) Contrarrestan los daños de las lesiones orgánicas permitiendo su parcial regeneración.

PRINCIPALES ANTIOXIDANTES

¿Y cuáles son los antioxidantes más importantes relacionados con el proceso de envejecimiento?, imagino que se estará preguntando el lector. Pues, de forma resumida, los que a continuación menciono:

-La vitamina E.
Los primeros trabajos sobre la vitamina E se llevaron a cabo en Canadá en el instituto de los doctores Shuster, quienes dedicaron muchísimos años al estudio de los beneficios de esta vitamina en la «salud vascular». Pues bien, hay que decir que los buenos resultados que obtuvieron con el uso de esta vitamina serían posteriormente corroborados al evidenciarse su valor como uno de los antioxidantes más importantes que existen.

Se trata de una vitamina que es soluble en las grasas y actúa sobre la base lipídica de las membranas celulares. Presenta una actividad fundamental en la lucha contra la arteriosclerosis y en la recuperación de las paredes arteriales. Es obvio, pues, que si influimos positivamente sobre los factores de la arteriosclerosis estaremos luchando contra los procesos degenerativos atribuidos a la misma.

-La vitamina C.
Pocas vitaminas han recibido tanta atención como ésta. Ha sido estudiada tanto en laboratorio como en aplicaciones clínicas. Y datos incontrovertibles demuestran que la ingesta de suplementos de vitamina C prolongan nuestros años de vida de forma sustancial, al tiempo que mejora nuestra calidad de vida.
Se trata de una vitamina hidrosoluble que actúa tanto en el entorno del líquido extracelular como en el interior de la célula misma.

Se ha comprobado que en muchos procesos degenerativos el nivel de vitamina C es muy bajo. En las cataratas, por ejemplo, el nivel de vitamina C en el humor acuoso -líquido que nutre el cristalino- es prácticamente nulo.
Aún más: un estudio sobre 11.000 estadounidenses demostró que la ingesta de 300 miligramos diarios de vitamina C incrementaba en 6 años la duración media de la vida.

Sus efectos más importantes son la nivelación de la tensión arterial elevada, la reducción del colesterol «malo», el incremento del colesterol «bueno», la potenciación del sistema inmunológico y otros muchos cuya relación sería demasiado prolija (vea el lector la sección de Medicina Ortomolecular del próximo mes de febrero).

-El Betacaroteno.
Complemento imprescindible de las vitaminas E y C, se aisló de las zanahorias como constituyente del pigmento color naranja de las mismas. Es un agente protector de uno de los más peligrosos radicales libres: los hidroxilos.
El Betacaroteno se puede transformar en vitamina A, que no tiene propiedades antioxidantes. Su principal efecto beneficioso está en su eficacia para prevenir diferentes tipos de cáncer. Ofrece también un elemento de protección sobre algunos aspectos de la patología cardiovascular y es muy útil en la lucha contra las cataratas y en el incremento de la actividad del sistema inmunitario.

Cabe añadir que el tratamiento conjunto de Betacaroteno con las vitaminas E y C tiene un efecto potenciador de eficacia mucho mayor del que resultaría de la suma de sus componentes. El término de ese efecto es el de sinergia.

-La Glutation peroxidasa.
Es otro de los antioxidantes de primera categoría. Se trata de un aminoácido natural producido por nuestras células como parte de un sistema propio defensivo de desintoxicación. Es el «policía de guardia» que nos protege 24 horas en un servicio de vigilancia -a nivel celular- de tejidos y órganos. Podemos considerarlo el principal controlador de nuestra «radiación interna».

Sus niveles en sangre constituyen el principal factor de predicción de nuestra longevidad. Su acción específica sobre la potenciación del sistema inmunitario es una de sus principales funciones que ayuda, primordialmente, en la regeneración de tejidos enfermos. Es un gran agente en el proceso de desintoxicación de las grasas rancias.

Mejora la diabetes del adulto y ayuda a prevenir la degeneración macular de la retina que conduce a la ceguera.

OTROS ANTIOXIDANTES

Los mencionados constituyen, a juicio de la mayoría de los expertos, los principales antioxidantes. Combaten eficazmente los radicales libres y, por tanto, frenan el proceso de envejecimiento.

Ahora bien, hay otros antioxidantes menores que pueden tomarse como complemento. Es el caso de las vitaminas B3 (niacina), B6 (piridoxina), B8 (ácido fólico) y B12 (cianocolabamina) así como el Gingko Biloba y la co-enzima Q-10. Somera lista a la que podemos añadir algunos elementos minerales entre los que merecen destacarse el cromo, el zinc y el selenio así como el calcio y el magnesio. Cabe añadir que hay un buen número de productos vegetales con acciones antioxidantes que forman parte del término recientemente acuñado de farmanutrientes y que nos permiten ensanchar -al mismo tiempo que mejoramos nuestra nutrición- el abordaje terapéutico del proceso de envejecimiento.

Es el caso del ajo, la soja, el té, el vino (especialmente el tinto), el pescado, algunas verduras (brécol, col, zanahorias, cebollas, espinacas y tomates) y ciertas frutas (uvas, cítricos -naranja, limón y pomelo-, ciruelas, fresas, frambuesas, grosellas y arándanos).

Hasta aquí los hechos. La pregunta que procede plantearse ahora sería si es necesario recurrir a los complementos antioxidantes sintéticos o podemos obtener todos nuestros requerimientos de fuentes naturales.

Bien, pues hay que decir que en este terreno las opiniones no son unánimes. Aunque podría decirse, en términos generales, que eso depende de las condiciones particulares de cada persona, de su alimentación, de su hábitat y de muy diversos y numerosos factores. Pero la verdad es que es difícil que alguien consiga con la alimentación sólo la ingesta adecuada diaria de antioxidantes que le permitan obtener el equilibrio necesario. Por tanto, asegurarnos proporcionándoselos al organismo en su justa medida es una decisión, cuando menos, sensata.

Dr. José Pérez Fernández

Recuadro:


LA ACCIÖN DE LOS RADICALES LIBRES

Como ya se comentó en el número anterior de la revista, la energía vital de nuestro cuerpo se concentra en unas pequeñas estructuras celulares que se llaman mitocondrias y que queman casi todo el oxígeno que respiramos. El problema es que el mismo elemento que permite nuestra vida, el oxígeno, es el principal generador de unas sustancias llamadas radicales libres que, según se postula desde hace sólo unas décadas, serían las auténticas responsables del envejecimiento y de la mayor parte de los procesos degenerativos. Sustancias absolutamente necesarias porque, por ejemplo, cuando el cuerpo se moviliza para eliminar agentes infecciosos produce precisamente una gran cantidad de radicales libres a fin de destruir los virus y bacterias invasoras. Ahora bien, el problema es que si hay exceso de radicales libres, éstos, cumplida su función, atacan entonces a las células sanas oxidando grasas, perforando membranas y alterando el código genético hasta que esas células dejan de funcionar; algunas, incluso, mueren.

Por otra parte, absorbemos también radicales libres que se generan en el exterior. Por ejemplo, con el tabaco, la contaminación y los rayos solares.
En suma, no podemos vivir sin ellas… pero debemos controlarlas. Algo para lo que basta ingerir diariamente los suficientes antioxidantes.


PRINCIPALES ANTIOXIDANTES

Vitaminas
. Vitamina E.
. Vitamina C.
. Betacaroteno.
. Glutation peroxidasa.
. Complejo B especialmente B3, B6, B8 y B12.

Minerales:
. Cromo.
. Zinc.
. Calcio.
. Magnesio.
. Selenio.

Otros elementos:
. Coenzima Q-10.
. Gingko Biloba.

Alimentos:
Todos los que contienen las vitaminas y minerales mencionados pero, sobre todo:
. Ajo.
. Soja.
. Té.
. Vino tinto.
. Pescado (por su aceite omega-3).
. Verduras (especialmente, brécol, col, zanahorias, cebollas, espinacas y tomates).
. Frutas (especialmente, uvas, cítricos -naranja, limón y pomelo-, ciruelas, fresas, frambuesas, grosellas y arándanos).


EL PODER ANTIOXIDANTE DE LOS ALIMENTOS

Recientes estudios efectuados por científicos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos corroboran que consumir frutas y verduras de alto poder antioxidante ayuda a ralentizar el proceso de envejecimiento al proteger a las células de la oxidación que provoca el exceso de radicales libres.

Asimismo, confirman que el daño producido por los radicales libres son el origen de muchas enfermedades que sobrevienen con el envejecimiento, incluyendo las cardiovasculares, el cáncer, el Alzheimer y el Parkinson.

Pues bien, con una nueva técnica de análisis bautizada como ORAC (Oxygen Radical Absorbance Capacity) es posible ya identificar el grado de poder antioxidante de cada alimento.

En la siguiente tabla se relacionan algunos alimentos vegetales y su poder antioxidante.

Como puede comprobarse, las ciruelas pasas lideran la lista.

FRUTAS
ORAC (unid/100g)
VERDURAS
ORAC (unid/100g)
Ciruelas
5.770
Col
1.770
Pasas
2.830
Espinacas
1.260
Arándanos
2.400
Col de Bruselas
980
Moras
2.036
Brécol
890
Fresas
1.540
Remolacha
840
Naranjas
750
Cebolla
750
Manzanas
218
Berenjena
390

Este reportaje aparece en
24
Enero 2001
Ver número