La sexualidad


Que nuestras creencias condicionan nuestra vida en todos los ámbitos es algo obvio. Pero hay uno, el de la sexualidad, que se halla especialmente afectado por las cuestiones religiosas, sociales y culturales. Hasta el punto de que haber nacido 2.000 kilómetros al Norte o al Sur, en una u otra cultura, implica un condicionante a veces imposible de superar. Hemos querido introducir a nuestros lectores en un ámbito -el sexual- cuya incidencia sobre la salud es muy superior a lo que normalmente se piensa.

Es absolutamente necesario contemplar la sexualidad según el contexto en el que se desarrolla ya que no podemos abstraernos de la presión del entorno y de las concepciones que en él imperan, sobre todo en cuanto al papel social que desempeñan el hombre y la mujer.

Y, en ese sentido, hay que decir que nuestra cultura judeocristiana es una de las más reacias a aceptar como algo natural el placer y, en especial, el placer sexual. Sobre todo en las últimas décadas, en que la enseñanza estaba confiada a religiosos –sacerdotes y monjas- que consideraban el sexo como un mal a erradicar y para quienes evitar el placer sexual era sinónimo de evolución espiritual al entender que la abstención nos acerca a la perfección. Una creencia en la que han sido educadas en nuestro país -y en otros- la mayoría de las personas de más de 40 años por cuanto durante décadas la influencia de la Iglesia Católica en la sociedad ha sido determinante.

Por otra parte, la cultura capitalista -que en Occidente ha influido casi tanto como la religión- nos plantea el sexo como una cuestión de eficacia, demasiado parecida a la que se espera de nosotros en el ámbito laboral. Y así, se sustituye la espontaneidad, la improvisación, la ausencia de "metas", por una rigurosa planificación donde se sugiere qué hacer, cómo, cuándo y durante cuánto tiempo.

Por otra parte, la revolución sexual de los años sesenta hizo que algunos entendieran la no represión como sinónimo de ejercer la mayor actividad sexual con el mayor número de personas posibles. Y así, lo que surgió como rebeldía contra una moral pacata o mojigata se convirtió al poco tiempo en una concepción libertina donde el sexo era un producto más de consumo. 

EL PAPEL DEL HOMBRE Y LA MUJER  

Tanto hombres como mujeres estamos hoy sujetos a una serie de “roles” o “modelos” que condicionan nuestros comportamientos y en muchas ocasiones la expresión de nuestra sexualidad no es más que el reflejo externo de esos papeles que socialmente nos han adjudicado. Y así, el hombre no vive la sexualidad como una oportunidad de goce sino como un territorio donde dirime su problema con el "modelo" de varón que tiene profundamente arraigado a través de generaciones. Una concepción que, en general, se caracteriza a menudo por su desinterés por el placer sensorial en beneficio de los aspectos simbólicos de la actividad sexual (poder, preponderancia, afirmación de su masculinidad, etc.). La mujer, en cambio, aunque ha sufrido también la represión sexual no ha recibido tantos mensajes deformantes y, en consecuencia, su sexualidad no está tan cargada de connotaciones de poder. Lo que no impide que cuando decide transgredir las normas restrictivas suela tener posteriormente tendencia a la culpabilización.

Afortunadamente, hoy va difuminándose progresivamente la separación de roles y es difícil identificar ya la mayor parte de las actividades como netamente "masculinas" o "femeninas". Algo que también afecta al terreno sexual obligándonos a rediseñar nuevas fronteras.
Y es que es importante entender la sexualidad como una forma de comunicación aunque eso nos obligue a desaprender lo aprendido

¿CÓMO DEFINIMOS LA SEXUALIDAD? 

Para la mentalidad conservadora, la sexualidad sólo se justifica como elemento inevitable de la reproducción y conservación de la especie. Sin embargo, la satisfacción sexual es una necesidad fisiológica, emocional y psicológica tan imprescindible como respirar, beber, comer, defecar, llorar, jugar o amar.

Y valga como ejemplo de la diferente concepción que se tiene de la sexualidad la dificultad de encontrar una definición satisfactoria. Así, en nuestro diccionario de la Real Academia podemos leer que “Sexualidad es el conjunto de condiciones anatómicas y fisiológicas que caracterizan a cada sexo”,  definición claramente escueta, incompleta y centrada en lo puramente físico. En la enciclopedia Larousse, por su parte, se define la sexualidad como "el conjunto de comportamientos afectivos y fisiológicos que intervienen en la función sexual, entendiendo ésta desde un punto de vista exclusivamente biológico”. Más completa es la propuesta por el escritor Josep Vicente Marqués, autor de la obra "Sexualidad y sexismo", quien ladefine como “el conjunto de actividades dirigidas -conscientemente o no- a dar y recibir placer corporal individualmente o con otros, y el conjunto de fenómenos o actitudes que se relacionan más frecuentemente con ellos, tal como la afectividad, la atracción, el deseo de orgasmo, la procreación y las formas de evitarla”.

En definitiva, el tema de la sexualidad está rodeado de mucha confusión, probablemente porque no se le ha prestado la misma atención que a otras áreas de la vida como la salud o la educación. Muy al contrario, durante siglos ha estado considerado un tema tabú hasta el punto de que las palabras relativas a la sexualidad están impregnadas de connotaciones inmorales, ilegales o, por lo menos, inadecuadas. Y no es sólo el lenguaje lo que nos dificulta comprender la verdad sobre el sexo sino la intención con la que se pronuncian las palabras. Buena prueba de ello es que la verbalización de la palabra “sexo” produce en algunas personas reacciones tan dispares como el rubor, la risa sarcástica o el nerviosismo.

Nada debe extrañarnos, pues, que la moderna Psicología considere la sexualidadcomo“una dimensión, una parte de la persona que acompaña al ser humano desde su nacimiento hasta su muerte y que se vive y manifiesta en cada momento de la vida de un modo diferente, producto de lo que hemos aprendido en nuestras relaciones con los demás”. Es decir, la sexualidad es un área más de nuestra personalidad pero de gran transcendencia para el equilibrio individual e interpersonal.

De hecho, aunque para cada persona tiene significados diferentes, se pueden destacar tres funciones primordiales: comunicación y relación, placer y, por último, reproducción.

Es importante como medio de comunicación porque al relacionarnos y entendernos con los que nos rodean la afectividad y la sexualidad juegan un papel fundamental. De hecho, nos relacionamos desde un cuerpo y una identidad sexual y nuestro cuerpo es un excelente vehículo para comunicarnos unos a otros emociones y sentimientos de forma sincera.

Además, la experiencia sexual -sea compartida o individual- es un modo de obtener placer, valor humano fundamental que es necesario cuidar y potenciar. Las emociones que transmitimos a través de caricias, ternura, pasión, amor, etc., son imprescindibles para expresar nuestra personalidad. Siempre, por supuesto, desde la propia libertad y el respeto a los demás. Es decir, cada uno de nosotros tiene derecho a vivir todo aquello que, sin perjudicar a otros, le enriquezca como persona, pero debe también responsabilizarse de su conducta.

En cuanto a la función de reproducción, es innegable. Sin embargo, aun cuando durante siglos ha sido el fin primordial de la relación sexual hoy es una función secundaria. El antiguo adagio de “que vengan los hijos que Dios quiera” -y que supuso una pesada carga, sobre todo para las mujeres- ha quedado atrás permitiendo que la sexualidad se independice de la función de reproducción, supeditando ésta a la libertad de elección individual. 

DESEQUILIBRIOS EN LA ACTIVIDAD SEXUAL 

Es importante entender que la inactividad sexual -salvo a edades avanzadas- produce trastornos hormonales por atrofia de determinados procesos glandulares mientras que la excitación sexual y la posterior expresión y realización de esa necesidad -fisiológica, emocional y psíquica- mantiene el organismo sano y fuerte. De hecho, en el plano físico la ausencia de actividad sexual puede producir disnea y una fuerte astenia muscular; y en cuanto al plano psíquico, las disfunciones más frecuentes son histeria, depresión, alteraciones emocionales y cierto grado de paranoia.

Por otra parte, sabido es que los procesos mentales producen efectos en el cuerpo físico siendo una de las zonas más afectadas el aparato digestivo pero hay otras zonas importantes y menos aparentes a las que afecta como el sistema nervioso y el sistema reproductor o sexual.

Es más, hoy sabemos que una problemática mental que dure más de 72 horas produce indefectiblemente una alteración física que será más o menos grave según cómo afecte a nuestro cuerpo emocional. Y que si la causa persiste durante 40 días la afección se hace crónica y cuesta mucho curarla.

Pues bien, en el tema sexual una problemática psicológica puede producir impotencia o frigidez (por tensión contenida) o excesiva apetencia sexual (por miedo, angustia o inseguridad, siendo ésta última la razón del 90% de los problemas de exceso sexual). Problema que si se prolonga en el tiempo comienza a ser entendido como un mal crónico. Y actualmente sólo mediante una terapia regresiva que permita a quien sufre el problema saber qué lo originó y comprender la causa de su falta o exceso de libido le permitirá superarlo.

En cambio, si el problema es puntual estamos hablando de un proceso agudo y para tratarlo sólo hacen falta dos cosas: paciencia y cariño. No se debe forzar ninguna situación porque produciría el efecto contrario y el problema podría convertirse en crónico.

En cualquier caso, el mayor problema en una pareja de produce cuando uno de sus miembros manifiesta un deseo sexual constante y el otro se muestra inapetente. 

¿QUÉ ENERGÍAS SE MUEVEN EN LAS RELACIONES SEXUALES? 

Está claro que, se esté o no enamorado, no todos tenemos la misma necesidad sexual. Y si bien ello se debe a la producción de hormonas no es menos cierto que éstas son producidas por las glándulas que, a su vez, son energetizadas por los chacras que, a su vez, están regulados por la mente; con lo que podríamos afirmar que el origen del deseo sexual se encuentra en la mente.

Ahora bien, puede decirse que existen -generalizando- dos "tipos" de relaciones sexuales: las físicas o puramente biológicas y las completas, es decir, las que tienen lugar con amor. A fin de cuentas, los hombres y las mujeres se relacionan sexualmente no sólo por tener hijos sino para satisfacer una necesidad psicofísica en la que cada uno busca ver reflejadas en el otro las mismas necesidades para compensarse mutuamente. En definitiva, el sexo es algo natural y tremendamente beneficioso para el desarrollo de la persona por lo que sólo una mente desordenada puede ver en ello algo contrario a la naturaleza.

Dicho esto, hay que explicar que las energías que se mueven en el sexo físico y en el sexo completo no son iguales. En las relaciones sexuales puramente biológicas las energías que se movilizan son las del cuerpo físico, los niveles más bajos del cuerpo energético y la mente en su faceta inconsciente. En cambio, en las relaciones sexuales con amor se traspasan esos límites y se consigue una comunicación realmente vinculante entre los miembros de la pareja. Y además de la unión física que se produce a través de la piel, se funden las capas más sutiles del cuerpo energético, la totalidad de la mente (consciente, inconsciente y subconsciente) y el espíritu. Es decir, se produce en la pareja una sintonización del ser integral de ambos alcanzándose unos niveles energéticos que podrían describirse de forma similar al éxtasis místico. 

ÉXTASIS 

¿Y cómo definir el éxtasis? Pues -sin ánimo de ser exhaustivos- he aquí una descripción de sus características: “Sensaciones de profunda conexión con las fuerzas del universo, pérdida de identidad, fusión en una primera fase con la otra persona y después con una energía superior de alta vibración, sensación total de placer que recorre como oleadas el cuerpo de los amantes y conexión con una fuerza vital que transforma la percepción de todas las cosas y permite vislumbrar, siquiera de forma instantánea, la fuerza vital en la creación…”.

Es decir, una relación satisfactoria tiene la capacidad de movilizar las energías creadoras, de las que las sexuales serían su representación física. No en vano éstas potencian la imaginación, el entusiasmo y la creatividad.

Obviamente, las relaciones sexuales deben plantearse siempre en un plano de igualdad. Hombres y mujeres tienen las mismas necesidades sexuales y las relaciones de ambos deben ser compensatorias. De hecho, el antiguo patrón según el cual la relación era percibida como una agresión prepotente del hombre a la que la mujer debe someterse resignada es insostenible en una cultura evolucionada.

Lo que no obsta para que en nuestra sociedad el sexo siga siendo un tema tabú al que se desprecia o se le rinde culto. Y así, lo mismo hay personas que se realizan a través de él que otras muchas que se bloquean por él.

En suma, la relación sexual, cuando hay amor, representa la posibilidad de conexión total con la pareja y, desde luego, el placer alcanzado es muchísimo mas intenso y equilibrante que el realizado por personas que únicamente buscan el placer físico. Porque en tales casos toda la energía se concentra en los órganos genitales mientras que cuando es un acto de amor vibra en ambos su ser físico, energético, emocional, mental y espiritual.

Recordemos que vivimos inmersos en un océano universal de energía vital. Y que a pesar de que apenas podemos captarlo con nuestros sentidos físicos es tan real como el mar en el que se desarrollan los delfines, las ballenas y los peces. Fuerza vital universal que está presente en todo lo que existe y a la que podemos acceder para obtener sus beneficios  simplemente sintonizando con ella. 

¿QUÉ SUCEDE EN EL ORGASMO? 

Las reacciones físicas de nuestro cuerpo en el momento del orgasmo son sobradamente conocidas; sin embargo, las implicaciones psíquicas pasan inadvertidas y son importantes.

Así, es preciso saber que a nivel mental, en el momento del orgasmo, se bloquea el consciente y se activa completamente el inconsciente percibiéndose por los cinco sentidos estados vibratorios de alta frecuencia. Por eso en el momento del orgasmo las personas son tan vulnerables y están tan indefensas.

Conviene también saber que diversos estudios experimentales demuestran que existen muchos caminos hacia el orgasmo. Así, las mujeres pueden tener orgasmos clitóricos o vaginales y los hombres con eyaculación o sin ella, aunque también se puede dar la combinación de ambos. Ahora bien, al parecer la mujer tiene mayor facilidad para tener orgasmos múltiples, cada uno de mayor intensidad que el anterior. En ese sentido, hay que decir que los doctores William Hartman y Marilyn Fithian han desarrollado métodos para que el hombre controle su eyaculación durante el orgasmo ya que -afirman- intensificando y conteniendo la excitación puede alcanzar también orgasmos múltiples. Según la escritora Margo Anand, especialista en temas sexuales y practicante de tantra, el acto sexual deja así de ser un elemento para aliviar la tensión acumulada y se convierte en una experiencia de muerte y renacimiento en un plano superior, sobre todo cuando la pareja practica la relación sexual sin coito. Porque entonces es posible alcanzar el placer extático –de éxtasis- y lograr la expansión fisiológica, emocional y espiritual de ambos amantes.

De hecho, según el tantra lo esencial en la relación sexual extática es permanecer relajado y consciente durante los estados de intensa excitación sexual: así la sensación de relajación se extiende por todo el cuerpo y se mantiene la experiencia durante más tiempo.

La doctora Stella Resnick, en su libro Reencontrar el placer, describe: "Cuando la relación sexual es especialmente buena y hay verdadera comunicación emocional entre los amantes es posible que lleguen a un grado de intensidad en que sus corazones y genitales alcancen el orgasmo juntos. Es una experiencia extraordinaria en la que los sentimientos de amor y gratitud son palpables como emanaciones del corazón y los exquisitos espasmos de placer recorren todo el cuerpo a oleadas. Ese es el mejor tipo de orgasmo simultáneo. No aquel en que ambos tienen orgasmos genitales juntos sino ese en el que el corazón y los genitales de cada uno se disparan juntos. Entonces una corriente biológica los recorre a los dos. Es el 'orgasmo del corazón', algo que sólo se produce cuando la relación sexual es expresión de amor."

UNA NUEVA DIMENSIÓN 

En definitiva, pareciera que -al igual que en otras áreas del ser humano- nos encontramos ante una nueva frontera que cruzar ya que también en el terreno de la sexualidad se debe producir un sincretismo –unión de filosofías aparentemente opuestas a favor de un postulado común- para poder abarcar al ser humano en su totalidad como lo que realmente es: una unidad de conciencia en evolución que tiene a su disposición para reconocerse la posibilidad de explorar todos los elementos del plano físico, del mundo de las energías, de las emociones y de la mente e identificar así su esencia espiritual.

 

María Pinar Merino

Bibliografía:

"Terapia de conducta y salud. Disfunciones sexuales"por Francisco J. Labrador. Fundación Universidad-Empresa.
"Manual de Psicopatología y trastornos"por José Antonio Carrobles.
"La sexualidad humana"por W. H. Masters y V. E. Johnson. Ed. Grijalbo.
"Sexualidad y sexismo"por Josep Vicente Marques. Fundación Universidad-Empresa.
 



SEXUALIDAD Y SALUD MENTAL  

La sexualidad es uno de nuestros principales mecanismos de placer y el placer está directamente relacionado con áreas muy concretas de nuestro cerebro –el sistema límbico-. De hecho, algunos pacientes que sufrieron operaciones quirúrgicas y fueron estimulados en esa zona cuentan que desaparecían sus sentimientos negativos y tenían sensaciones de euforia e incluso orgasmos sexuales múltiples.

Actualmente sabemos que existe una relación directa entre los pensamientos, los estados de ánimo y la producción de hormonas y que tenemos una poderosa "vía del placer" distribuida por todo el cuerpo capaz de ayudarnos a mantener la salud y el equilibrio. A ello cabe añadir que las investigaciones más recientes sobre la inteligencia emocional demuestran que no tenemos por qué sentirnos “secuestrados” por ellas sino que podemos servirnos de los centros superiores de nuestro cerebro para alcanzar un placer maduro.

En ese sentido, una relación sexual satisfactoria es un elemento importante en el mantenimiento de la salud ya que se establece el mayor nivel de comunicación que se puede dar entre seres humanos. Como ya hemos dicho, se produce una conexión a nivel físico, se movilizan energías regeneradoras, se sincronizan los procesos mentales y se ven afectadas energías de índole espiritual o transcendente.

Sin embargo, para que esa interrelación nos proporcione beneficios equilibrantes debe plantearse desde la madurez personal, es decir, sin esperar recibir compensaciones, sin pedir que sean los demás quienes nos den lo que necesitamos para ser felices, sin buscar satisfacer carencias propias… Es decir, comprendiendo que somos seres individuales en evolución permanente y que sólo sintiéndonos completos estaremos en disposición de establecer relaciones de igualdad e inter-independencia. En otras palabras, cuando un ser humano se relaciona plenamente con otro surge de ese intercambio una conexión que potencia la creatividad, la salud, la percepción positiva de la vida y un sentimiento de unión en el que por un lado se tiene consciencia de la propia identidad mientras por otro se llega a percibir la fuerza de la creación del universo que habita dentro de cada uno de nosotros.
 



LA ABSTINENCIA SEXUAL 

La abstinencia sexual impide el desarrollo armónico de los procesos mentales y hace a los individuos mentalmente incapaces para afrontar situaciones y tomar decisiones sencillas de la vida cotidiana. Así pues, lejos de ser una vía de evolución, como propugnan algunos, se puede convertir en una vía para la incapacidad mental y la histeria.

En consecuencia, aquellas ideologías y escuelas filosóficas que consideran imprescindible la abstinencia sexual para alcanzar estados de perfección deberían reconsiderar su postura y comprender la importancia que tiene saber canalizar adecuadamente unas energías que forman parte intrínseca del ser humano y que son tan sublimes como la propia energía espiritual. A fin de cuentas, el espíritu se manifiesta en el plano físico -así como en los diferentes planos- y se debe permitir la evolución consciente a través de todos ellos.

La historia está llena de ejemplos de hombres y mujeres que, por considerarlo pecado, no han tenido ningún tipo de satisfacción sexual. En ellos se impone el sentimiento de culpa y se origina la represión de los deseos “carnales” con la consiguiente sublimación del amor, llegando a creer que el mero pensamiento del sexo lo ensucia. Comportamientos que pueden llegar a ser causa de serias patologías.
 



¿CUÁLES SON LOS ÓRGANOS DE PERCEPCIÓN QUE EXCITAN LA LIBIDO? 

En la excitación sexual se crea un circuito mente-cuerpo físico que gira vertiginosamente retroalimentándose y provocando descargas hormonales que a su vez desencadenan nuevos procesos mentales dirigidos a un previsible y futuro gozo sexual. No en vano la reproducción tiene a su disposición emisores y receptores muy especializados que en determinadas especies animales son tremendamente sofisticados, algo que hoy no ocurre en el hombre probablemente porque la socialización no le hace tener que buscar pareja tan lejos de su entorno como ocurre con algunas aves e insectos.

Por otra parte, los órganos receptores no son iguales en el hombre que en la mujer ya que hay algunas diferencias; sin embargo, los emisores sí suelen ser los mismos aunque difieren la calidad y la cantidad de las emisiones.

Así, los órganos de percepción que excitan la libido en la mujer son, de mayor a menor intensidad, los siguientes: olfato, oído, vista, tacto y gusto. El orden en el caso de los hombres es, sin embargo, este otro: vista, tacto, olfato, gusto y oído, si bien estos dos últimos varían en función de los patrones estéticos.

¿Y por qué en la mujer el olfato y el oído tienen tanta importancia? La clave podemos encontrarla en la maternidad, en la necesidad histórica de reconocer al "cachorro" en medio de la "manada", de distinguir su lamento o llamada en medio de otros. Eso es lo que probablemente ha hecho que las hembras -incluida la mujer- desarrollen más estos sentidos. Por otra parte, el hombre cazador necesitaba una vista aguda y también saber elegir a ciegas muchos detalles que le orientaran hacia su refugio. En suma, la potenciación de uno u otro sentido en cada sexo se debe a reminiscencias de nuestro pasado más lejano.

Igualmente sabemos que los colores vivos excitan al hombre y de ahí que los labios rojos le exciten la libido; en cambio, las mujeres se excitan más con aromas naturales de flores o bosques. Una cuestión, en suma, arraigada en el inconsciente colectivo.
 



¿CUÁLES SON LAS PARTES DEL CUERPO QUE MÁS NOS EXCITAN?  

Las partes del cuerpo que más llaman la atención de cada sexo son distintas. Y así, se sabe que atendiendo al grado de excitación, y de mayor o menor interés, las mujeres (varía un poco de unas latitudes a otras) se fijan primero en los ojos y a continuación en las manos, la boca, el trasero y las piernas. Por su parte, el hombre -en general, aunque cada uno tiene sus preferencias- se fija primero en el trasero y luego en las piernas, los ojos, la boca, la nariz y las manos.

¿Y los senos, se preguntará el lector? Pues normalmente, y a pesar de que siempre se les ha dado mucha importancia, los senos pasan a un segundo plano si lo anterior resulta visualmente satisfactorio.
 



MITOS SOBRE LA SEXUALIDAD 

Francisco J. Labrador, profesor de Modificación de Conducta en la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, recoge en su obra "Terapia de conducta y salud. Disfunciones sexuales" los mitos más arraigados en nuestra sociedad sobre el sexo. Con su autorización personal, los resumimos a continuación en este recuadro.
 



MITOS SEXUALES REFERIDOS AL HOMBRE 

  • El hombre siempre está dispuesto y desea llevar a cabo interacciones sexuales.
  • Un hombre no debe expresar sus sentimientos a su pareja sexual.
  • El hombre siempre se excita cuando se encuentra en una situación sexual. Por tanto, si en una situación que socialmente se ha señalado como sexual no se excita es que “es anormal” o “no funciona”.
  • Cuando un varón pierde su erección es porque no encuentra a su compañera sexualmente atractiva.
  • El sexo requiere una buena erección (cuanta más mejor). El hombre que no consiga buenas erecciones no tiene capacidad sexual y jamás será un compañero sexual adecuado.
  • Un pene pequeño, en especial si sigue resultando pequeño tras la erección, no será capaz de proporcionar placer a la mujer. Son necesarios penes cuanto más grandes mejor.
  • Cuando un hombre tiene una erección es perjudicial no usarla para tener rápidamente un orgasmo.
  • La masturbación es físicamente dañina y moralmente sucia y destructora para quien la practica.
  • Todo hombre ha de saber cómo dar placer a una mujer (incluso desde la primera relación).
  • El sexo sólo debe suceder por iniciativa del hombre.
  • El hombre siempre debe llevar la “voz cantante” en el sexo (iniciar, dirigir la relación, decidir con quién…).
  • Las mujeres siempre esperan que el hombre les proporcione un orgasmo cada vez que llevan a cabo una interacción.

 MITOS SEXUALES REFERIDOS A LA MUJER 

  • Cualquier mujer que lleva la iniciativa en las relaciones sexuales o en el sexo es, en general, inmoral.
  • No deben llevarse a cabo relaciones sexuales cuando la mujer está menstruando dado que puede haber peligro de infección o contaminación.
  • Durante el periodo menstrual la mujer se ve afectada psíquicamente de forma negativa por lo que no es conveniente tener relaciones sexuales. 

MITOS SEXUALES REFERIDOS A LA RELACIÓN 

  • Sexo o relaciones sexuales quieren decir coito. Lo demás en realidad son conductas sustitutivas cuando no aberrantes. Cualquier otra cosa que no sea coito no cuenta.
  • Dado que la única relación sexual completa es realizar el coito debe realizarse éste cada vez que se lleven a cabo interacciones sexuales. Todos los contactos físicos deben guiar al coito.
  • Ni el hombre ni la mujer pueden decir nunca que “no” al sexo.
  • El sexo debe ser siempre natural y espontáneo: pensar, hablar o leer acerca de él estropea esa espontaneidad y, en consecuencia, dificulta disfrutar del sexo.
  • Es un error tener fantasías sexuales durante las relaciones sexuales y más durante el coito.
  • Si dos personas se aman deben saber cómo disfrutar del sexo juntos.
  • En la relación sexual cada uno conoce instintivamente lo que su pareja piensa o quiere.
  • Una buena relación sexual requiere un orgasmo.
  • El sexo sólo es realmente bueno si los dos llegan al orgasmo a la vez de forma conjunta.
  • Si el sexo funciona bien también irá bien la relación de la pareja.
  • Existen ciertas reglas absolutas y universales acerca de lo que es “normal” y “anormal” en el sexo.
     
Este reportaje aparece en
4
Abril 1999
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