Morenos… pero arrugados

Los efectos de la luz solar son acumulativos. Sus consecuencias no aparecen de forma inmediata pero a largo plazo afectan a todas las pieles expuestas a ella sin la adecuada protección. Cutis envejecidos y de color cetrino, manchas, pérdida de colágeno y mayores riesgos de desarrollar carcinomas son algunas de las secuelas indeseables que pagamos por satisfacer la extraña fiebre de lograr un perfecto bronceado.

 “Cada vez hay más personas con envejecimiento de la piel debido a la exposición crónica a la luz solar”. Así lo afirmó el doctor Pedro Redondo -dermatólogo jefe de la Clínica Universitaria de Navarra- durante el reciente V Congreso Nacional de Enfermería dermatológica celebrado en la Facultad de la Universidad Navarra. Y es que hemos convertido el ponernos morenos en un hábito arraigado, sinónimo equivocado de belleza y buen aspecto, mientras paralelamente demandamos tratamientos que nos ayuden a combatir las secuelas del sol en la piel.

Sin embargo, los dermatólogos no dejan de repetirlo: la degeneración que la piel experimenta a causa de la luz solar puede terminar, en el peor de los casos, provocando cáncer de piel, un problema que no conoce distinción de edad y que puede afectar tanto a jóvenes como a personas mayores. En opinión de los expertos, el riesgo no disminuye cuando nos exponemos a los famosos rayos cosméticos UVA. “En ningún momento aconsejamos los rayos artificiales –afirmó el doctor Redondo-. A los efectos secundarios a largo plazo hay que añadir que estos aparatos suelen presentar problemas de calibración. Se trata de tubos fluorescentes que, tras múltiples horas de uso, tienen menos potencia de la que se dice por lo que ajustar la dosis real es difícil y nunca se sabe a ciencia cierta qué dosis se está administrando”.

Hasta el momento la mejor forma de combatir el fotoenvejecimiento es la prevención. Diez minutos sin protección bajo el sol equivalen aproximadamente a dos horas con protección. Las cremas protectoras se perfilan como el mejor método para evitar que la epidermis se atrofie si bien es un error usarlas pensando que con ellas podemos multiplicar el tiempo de exposición. Las cremas nos aportan protección pero ello no implica que nos permitan tostarnos al sol cuanto tiempo deseemos.

USO Y ABUSO DE LA ENERGÍA ULTRAVIOLETA 

Los rayos ultravioletas forman parte de las radiaciones invisibles que acompañan a la luz que recibimos del sol y suelen presentarse bajo tres tipos diferentes: los ultravioletas de onda larga o rayos UVA -de amplias aplicaciones en ciencia, estética o tecnologías recreativas (efectos luminosos de discotecas)-, los ultravioletas de onda media o OVB -los más peligrosos para los seres vivos, que se protegen de ellos gracias a mecanismos naturales como las plumas, el pelo o los pigmentos de la piel- y los ultravioleta de onda corta UVC -que son casi totalmente absorbidos por el ozono impidiendo que actúen sobre los seres vivos.

Aunque, tomada en su justa medida, la luz solar resulta beneficiosa para la salud ya que favorece el crecimiento, mineraliza los huesos, activa la vitamina C, mejora ciertas lesiones cutáneas, aumenta la secreción de melatonina, posee acción antidepresiva y estimula, en general, la inmunidad y la resistencia. Su abuso, empero, puede provocar serios problemas. La exposición continua e intensa a los rayos ultravioleta sin la protección adecuada es causa de quemaduras, envejecimiento cutáneo e, incluso, cáncer de piel además de afectar negativamente a la córnea, la conjuntiva y el cristalino, pudiendo acelerar la aparición de cataratas, entre otros problemas oculares.

A todo ello hay que añadir que el capital natural de melatonina del que cada persona dispone se va perdiendo con el paso del tiempo, con el consiguiente descenso de la capacidad de reparación de las células de la epidermis. “Cada vez que tomamos el sol –nos recuerda la dermatóloga María del Pilar Cerdase gasta parte de ese capital; a los 50 años comienza a disminuir y acaba desapareciendo”. Las personas cuyo fototipo de piel sea pobre en melanina por nacimiento deberían recordar que tendrán que hacerlo durar durante toda su vida. Pese a ello, según fuentes de la Academia Española de Dermatología, sólo la cuarta parte de los españoles entre 25 y 50 años utiliza protectores solares adecuados siendo la proporción de usuarios muy similar entre hombres y mujeres.

Los resultados de tan alegre despreocupación saltan a la vista: crecen los casos de quemaduras, las insolaciones, los problemas de fotodermatosis, el envejecimiento cutáneo y el temido cáncer de piel. Tampoco hay que olvidar la proclividad que tienen algunas personas a desarrollar erupciones cutáneas como consecuencia de alergias solares, un fenómeno que se presenta con relativa frecuencia entre mujeres jóvenes que han permanecido de manera prolongada y sin protección bajo la luz solar. En algunas mujeres adultas se produce también un fenómeno más raro pero no menos incómodo: la urticaria solar, un tipo de erupción que aparece tras breves minutos de exposición solar y desaparece con la misma rapidez en el momento en que el afectado se coloca en la sombra. En estos casos resulta obvio insistir en que la protección y la prevención son indispensables.

LUZ QUE ENVEJECE 

Nadie queda libre del envejecimiento provocado por la luz ultravioleta si bien los cutis más sensibles serán los que antes noten sus efectos: la decoloración y las arrugas prematuras junto a las antiestéticas lesiones y manchas.

Durante el proceso del bronceado, las radiaciones ultravioletas dañan las células de la epidermis y alteran el funcionamiento del colágeno y la elastina llegando incluso a provocar dilatación de los vasos sanguíneos, efecto conocido como “ponerse rojo como un cangrejo”. Más tarde la piel se pela y es común que aparezcan manchas como resultado de cambios locales en la melanina.

Nuestros mecanismos de defensa frente a estas agresiones sólo son suficientes si no sobrepasamos los límites de la exposición, límites que varían según la persona y la situación. De ahí que sea necesaria una fotoprotección externa. Si nos olvidamos de hacer uso de ella el sol terminará alterando el ADN celular. Los daños podrán tratarse pero siempre quedarán marcas. La piel posee memoria y no olvida las agresiones sufridas.

Mientras el envejecimiento natural se caracteriza por una piel suave y lisa en la que aparecen finas arrugas, el envejecimiento provocado por el sol presenta arrugas gruesas y profundos surcos, piel áspera con mala pigmentación o manchas y rotura de pequeños capilares. Se calcula que más del 75% de las arrugas de la piel son debidas al sol y sólo un 20% a la edad. Los dermatólogos insisten en que las consecuencias de un uso irresponsable del sol a los 20 años aparecerán dos décadas más tarde de manera evidente; de ahí la necesidad de prevenirlo desde edades tempranas.

La moderna cosmética ha avanzado mucho en el tratamiento y prevención de los problemas asociados al fotoenvejecimiento con la elaboración de nuevas cremas basadas en alfahidroxiácidos -que mejoran la textura y el tono de la piel- y retinol o vitamina A en estado puro -que retrasa la aparición de las arrugas y la decoloración propias del fotodaño ayudando a afirmar la superficie de la piel-. Conviene señalar que en los últimos años los tratamientos a base de retinol han mejorado notablemente. Las nuevas técnicas de elaboración de las cremas han permitido estabilizar el compuesto, que antes no alcanzaba su máximo potencial ya que la vitamina perdía parte de sus beneficios al entrar en contacto con la luz solar y el oxígeno. No obstante, se trata de tratamientos paliativos que aunque mejoran no invierten el fotodaño y que deben utilizarse con precaución y, a poder ser, con asesoramiento de un profesional ya que pueden resultar irritantes para algunas pieles.

Contamos ya con los suficientes datos para replantearnos seriamente los beneficios del bronceado y se impone una nueva estética que redescubra la belleza de una piel que respete su tono natural. De lo contrario, el moreno de hoy lo pagaremos mañana con arrugas y daños cutáneos. ¿Merece la pena el precio?


El 80% de los melanomas se deben a la exposición solar 

Las radiaciones ultravioleta del tipo B son las principales desencadenantes del melanoma maligno, más importantes incluso que la predisposición genética. El oncólogo Jose Luís González Larriba -del Hospital Clínico universitario de Madrid- afirmó durante la presentación del libro Hablemos del melanoma que la respuesta a la luz solar depende también de la susceptibilidad de cada persona, considerándose factores de riesgo la presencia de lunares congénitos así como las características y color de la piel. Por su parte, la doctora Castel matizó que el riego de padecer cáncer de piel se incrementa si el paciente ha padecido tres o más quemaduras solares que cursen con ampollas antes de cumplir los 18 años.

Según los expertos, el tumor cutáneo es curable si se detecta en sus estadios iniciales, cuando no sobrepasa los cuatro milímetros de profundidad. Entonces la cirugía permite la recuperación del 95% de los casos. Pero si el tumor excede esas medidas las expectativas de vida se reducen considerablemente resultando fatal en casi el 50% de los casos (en el 75% si el tumor progresa y afecta a los ganglios linfáticos).

Por eso la detección precoz resulta fundamental y la prevención una estrategia que todos debemos practicar en nuestra vida diaria. Los especialistas hacen especial hincapié en la necesidad urgente de un cambio en la cultura solar imperante en nuestro país, donde en los diez últimos años se ha duplicado la cifra de melanomas.


Consejos de los expertos 

. Utilice cremas que aporten como mínimo un factor 15 de protección solar. Aplícales media hora antes de la exposición y repita la aplicación cada dos horas, incluso en días nublados.

. Recuerde que a mayor altitud, mayor es el riesgo de quemaduras.
. Bañarse o colocarse bajo una sombrilla no disminuye el riesgo de sufrir quemaduras solares.
. Evite las exposiciones entre las 11 de la mañana y las 3 de la tarde y utilice sombreros y gafas de sol de buena calidad.
. Los melanomas o cánceres de piel no siempre se distinguen por su color oscuro; en ocasiones, su tonalidad es muy similar a la de la piel.
. El mejor tratamiento contra el fotoenvejecimiento solar es la protección.

 Llévese de vacaciones un botiquín de verano

Nadie duda de que los materiales de primeros auxilios resultan esenciales durante las vacaciones estivales. Y nada mejor que transportarlos en una caja plástica impermeable para evitar que el sol incida directamente sobre ella. Sin ánimo de ser exhaustivos, estos son algunos de los elementos que le aconsejamos formen parte de su botiquín de urgencia:

-Un antiséptico como Povidona iodada para desinfectar y curar heridas, quemaduras y pequeñas lesiones cutáneas, cortes superficiales y rozaduras.
-Dos pares de guantes de látex.
-Vendas (se recomienda la medida estándar de 3 cm. X 6 m.)
-Venda elástica para torceduras ocasionales de tobillos o muñecas.
-Tablillas de pediatra para revisar la garganta.
-Algodón.
-Sobrecitos con gasas esterilizadas.
-Tiritas.
-Tijeras, hilo, aguja y un pequeño espejo.
-Pinza de cejas para extraer espinas o astillas.
-Analgésicos, antipiréticos y pastillas contra el mareo.
-Termómetro.
-Agua oxigenada, alcohol y suero para limpiar los ojos.
-Crema de propóleo para ayudar a la desinfección y cicatrización.
-Pomada para las picaduras.
-Una botellita de agua mineral sin gas (muy útil si tenemos que limpiar una herida y carecemos de agua limpia).
-Pastillas para calmar el picor y la irritación de garganta.
-Algún antidiarreico y laxante suaves.
-Antibióticos de amplio espectro para emergencias.
-Crema humectante para la piel y crema con filtro solar.

Cabello sano

Si durante el verano su pelo presenta un aspecto seco, estropajoso y sin brillo seguramente el cuero cabelludo estará padeciendo las consecuencias de la exposición al polvo, la sal y la arena. Para recuperar su brillo y luminosidad la naturaleza y la cosmética han aunado esfuerzos y ofrecen una amplia gama de tratamientos cuyos resultados pueden apreciarse desde las primeras aplicaciones.

Antes de tomar el sol

-Las personas que lleven el pelo teñido o con mechas deberían utilizar espráis protectores y mascarillas.

-Los champús con filtro solar se han convertido en uno de los productos estrella del verano. Se aplican como el jabón normal y su efecto es similar al de las cremas de protección solar para la piel.

Después del baño

-Lávese el pelo con abundante agua tibia o fría para eliminar los restos de cloro y arena. No hay problema en que lo haga diariamente siempre que utilice un champú suave e hipoalérgico.

-Use acondicionador para proteger el cabello y proporcionarle mayor brillo y suavidad.

-Una o dos veces por semana aplíquese una mascarilla reparadora. Para casos de emergencia existen mascarillas que no precisan aclarado, recomendables para cabellos muy castigados.

-Las cremas y fijadores del peinado no deben llevar un alto contenido alcohólico ni demasiados productos químicos que podrían generar irritaciones y caspa. La mayoría de las firmas cosméticos optan actualmente por productos elaborados a partir de plantas, flores, agua de manantial o placenta.

-No abuse del secador. Durante el verano puede dejar que su pelo se seque al aire libre y, en caso de que vayas con prisa, utilice el secador con aire frío y no lo coloque a menos de 15 centímetros de la cabeza.

-Adopte un peinado estival que resulte favorecedor pero también cómodo.

Remedios naturales

-Vitamina E: por su gran poder vigorizante y regenerativo resulta esencial para el cuidado de la piel y el cabello. No es necesario recurrir a suplementos vitamínicos; basta con tomar suficientes cereales, frutos secos y vegetales para recibir los aportes que necesita el organismo.

-Henna: muy útil para dar color al cabello sin dañarlo. Si desea un tono más oscuro puede añadirle unos granos de café molido y un poco de vino tinto para lograr un color caoba.

-Nuestras abuelas utilizaban una crema hidratante para las puntas secas elaborada con leche batida y yema de huevo.

-Puede fabricar su propio acondicionador mezclando la carne de medio aguacate con una cucharadita de aceite de oliva virgen y una yema de huevo. Se baten los ingredientes hasta lograr una textura espumosa y se aplica la crema sobre el cabello recién lavado dejándola actuar quince minutos y aclarando después con abundante agua templada.

Este reportaje aparece en
30
Julio - Agosto 2001
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