Operarse de juanetes… y salir andando

Los juanetes son un problema que afecta a gran parte de la población y muy especialmente al sexo femenino. Y -que sepamos- no existe hoy otra solución para corregirlo que operar. De ahí que la puesta a punto de una nueva tecnología que permite hacerlo sin abrir el pie, realizando unas simples incisiones de 3 milímetros y que faculta al paciente a salir caminando de la mesa de operaciones sea una buena noticia. Hemos querido contárselo a nuestros lectores.

Los juanetes son fruto de la cultura y de las «exigencias» de la estética; de hecho, está comprobado que nuestros antepasados no los tenían. Y, sin embargo, hoy se han llegado a convertir después de generaciones en un problema hereditario, en el doloroso tributo que los seres humanos -en especial, las mujeres- han de pagar por llevar un calzado que perjudica la salud, algo que no ha preocupado excesivamente durante siglos ni a quienes lo diseñaban ni a sus fabricantes. Dolores en los pies, en las piernas, en la columna, intervenciones dolorosas, estancias en clínicas y pesadas rehabilitaciones así como el uso permanente de plantillas en algunos casos son sus consecuencias; aunque probablemente la dolencia más extendida sea la de los juanetes.

Afortunadamente, la tecnología avanza a ritmo muy rápido y cada poco tiempo aparece alguna nueva técnica quirúrgica que permite a los afectados poder ser intervenidos con mejores resultados y menor dificultad postoperatoria. Y ese es el caso de la que hoy nos ocupa ya que se trata de una nueva cirugía percutánea que posibilita que uno sea intervenido de juanetes con anestesia local mediante una simple incisión de 3 milímetros y corregir así la prominencia y la desviación ósea. Luego, recién operada, puede irse a casa por su propio pie y reincorporarse al trabajo en pocos días.

UN POCO DE HISTORIA 

En cualquier caso, ¿cómo hemos llegado a esta situación? Pues se trata, sencillamente, de una cuestión cultural. La preocupación por el calzado ha sido históricamente denominador común en todas las civilizaciones, de manera que las sandalias están presentes entre los primeros inventos antropológicos llegando a constituir el símbolo de cada cultura por los materiales con que están realizadas: paja de arroz en la China, cáñamo en el Mediterráneo -hasta que los españoles trajeron el esparto de Norteamérica- o piel de distintos animales en otras culturas, desde África a América. Es el caso de los indios sioux que diseñaron los ya clásicos mocasines, tan copiados por nuestra cultura occidental.

Así pues, la funcionalidad fue la única preocupación inicial: los zapatos habían de ser útiles para caminar y servir de protección en las superficies rocosas o calientes.

Pero los siglos pasaron y la cultura, con sus exigencias estéticas, impuso sus formas por encima de la utilidad. Y así, las cortes europeas copiaron los zapatos orientales terminados en punta que los árabes trajeron a Europa hasta el punto de que en la Edad Media la longitud de la misma diferenciaba a las clases sociales.

Después, la Corte de los Médicis en Italia y, más tarde, la de Versalles en Francia dictaron las modas europeas. Se impuso nuevamente la moda de los calzados estrechos.

A partir de entonces las mujeres enfundaron sus pies en estrechos y puntiagudos zapatos con tacón que estilizaban su figura -en tanto el tacón las obliga a ir erguidas-,  desplazando su centro de gravedad y haciéndolas sacar pecho y trasero (zonas eróticas por naturaleza). Premisas a partir de las cuales la mujer ya no podrá -o no querrá- prescindir del tacón y el consiguiente zapato estrecho.

Afortunadamente, hoy estamos iniciando una nueva era y la moda empieza a dar un vuelco significativo. Empiezan a llevarse los zapatos anchos y sus diseños son más cómodos. En suma, gracias a la liberalización de la mujer y al marketing del calzado deportivo se vuelven a fabricar zapatos para caminar cómodamente.

Ojalá eso se manifieste en que el siglo que viene sean menos comunes los juanetes. Pero de momento, ya sea por herencia genética o por mor de los tiempos, estamos todavía en la cultura del juanete. Por eso buscamos los últimos avances científicos para resolver un problema que afecta a muchos hombres y a la mayoría de las mujeres.

LA CIRUGÍA PERCUTÁNEA FRENTE A LA CIRUGÍA ABIERTA 

Hoy día ya no es necesario operar el juanete con cirugía abierta como tradicionalmente venía haciéndose pues existe una técnica innovadora -la cirugía percutánea- que permite intervenir el hueso realizando sólo dos pequeñas incisiones de tres milímetros a través de los cuales se trabaja. Y no hablamos de la artroscopia, método más antiguo y de mayor divulgación que trabaja con tres incisiones de unos tres centímetros cada una por las que se introducen los aparatos quirúrgicos y una cámara que graba y sirve de guía para la intervención. No. En el caso de la cirugía percutánea las incisiones son de 3 milímetros y no hay cámara interna. Antes bien, un aparato de rayos X de última generación denominado Fluoroscan permite seguir externamente la intervención al médico que la realiza.

IGUAL EFICACIA CON MENOR AGRESIÓN 

Ovbviamente, son pocos aún los centros que en España la realizan. De ahí que entraramos en contacto con el doctor Carlos Piqué Vidal en el Centro Médico Teknon de Barcelona y poder informarnos mejor de las ventajas del sistema.

“El horizonte actual de la cirugía-nos diría cuando le indagamos por el nuevo método este especialista en Traumatología y Ortopedia- es facilitar a los pacientes técnicas que, siendo mínimamente invasivas, sean igual o más eficaces que las clásicas aportando los beneficios de un más rápido restablecimiento e incorporación a sus actividades, con menor agresión para el organismo y para el órgano intervenido. Y está claro que la nueva tecnología significa un gran avance porque la intervención en el hueso se practica sin tocar la cápsula articular, lo que permite caminar inmediatamente después de la operación».

METODOLOGÍA 

El procedimiento es sencillo. De forma esquemática, basta anestesiar localmente el pie, practicar tres pequeñas incisiones en la piel de unos 3 milímetros que requerirán luego un solo punto de sutura y operar.

En primer lugar se anestesian los nervios para dejar sin sensibilidad el primer eje del pie. A continuación se procede a visualizar con el Fluoroscan el primer metatarsiano y el primer dedo. Luego, por la incisión lateral se introduce el bisturí de diseño y se dirige hasta la prominencia ósea. Seguidamente se introduce una fresa -aparato que corta el hueso- con la longitud y diseño adecuados para cortar el hueso y removerlo a la vez hacia fuera (existen diferentes modelos de fresas según el tipo de prominencia). Y sin más, se extirpa luego la exuberancia ósea. A continuación -siempre bajo control con Fluoroscan– se procede a practicar una osteotomía del primer metatarsiano con la incisión adecuada para corregir el origen del defecto y, resecando una cuña con el ángulo indicado en cada caso, se corrige la angulación alterada del metatarsiano para, en suma, corregir el defecto inicial de la deformidad. A continuación se actúa de la misma manera sobre la primera falange corrigiendo si es necesario el defecto inverso al que sufría el metatarsiano; es decir, la cuña se hace en sentido contrario para llevar el dedo en dirección paralela a la línea media. Para terminar se dan dos puntos de sutura en la piel: uno en cada incisión. Y dado que las correcciones óseas se han practicado en el interior de la cápsula articular y que esta cápsula sólo ha sufrido incisiones mínimas que no han afectado su estructura, el conjunto queda estable. Sólo se requiere un vendaje postoperatorio mínimo y es posible la marcha de inmediato. De esta forma el paciente regresa a su domicilio por su propio pie sin apenas sufrir por lo general dolor postoperatorio, pudiendo reintegrarse a su trabajo enseguida o progresivamente (depende del tipo de actividad que deba desarrollar).

POSTOPERATORIO 

“El paciente-nos diría el doctor Piqué- puede andar desde el primer momento en que se termina la intervención, aunque generalmente con un calzado especialmente diseñado que permite ajustarse a las necesidades del vendaje o del pie en cada momento a fin de evitar presiones innecesarias. Finalmente, a las dos o tres semanas puede ya utilizar calzado normal ancho hasta completar las seis semanas, cuando el paciente es dado definitivamente de alta. En cuanto a la medicación postoperatoria, no suele ser necesaria».

 M. D. Muntané

Recuadro:


INCIDENCIA DEL JUANETE EN LA POBLACIÓN 

Contrariamente a la creencia popular, los juanetes no están causados exclusivamente por el uso del calzado inapropiado.

  • El juanete suele ser un problema hereditario que afecta a un porcentaje de la población que oscila entre el 6% y el 10%. Sin embargo, si se averiguara qué causó el primer juanete familiar se debería seguramente al calzado.
  • Las estadísticas demuestran que un 63% de las personas con juanete tiene un progenitor que lo tiene.
  • La incidencia de esta patología en la Tercera Edad aumenta cada vez más y el juanete representa ya el 20% de las patologías del pie que, junto a otras deformaciones de los dedos, suman el 40%.
  • El 80% de las personas de la Tercera Edad sufren alteraciones en los pies, más de la mitad de cuyas patologías tienen solución quirúrgica.

EL FLUOROSCAN 

El Fluoroscan es un aparato diseñado con una doble utilidad: diagnóstica y quirúrgica. Se trata de un compacto que aloja un generador de radiografías y un monitor que presenta imágenes digitalizadas correspondientes al tejido óseo así como un brazo extensible y movible captador de las imágenes. La información que proporciona es parecida a la de una radiografía aunque el sistema no es el mismo y no hace necesario guardar las mismas precauciones que con los aparatos de rayos X. Puede grabar en video las imágenes y hacer copias para posterior documentación.

El Fluoroscan presenta la particularidad respecto de los aparatos clásicos de rayos X de que no es preciso disminuir al máximo el tiempo de exposición porque dosifica la radiación.  Además, el campo de radiación está  totalmente controlado con lo que el operador del mismo no precisa estar protegido. Y por si ello no fuera suficiente, el médico que lo maneja lleva un dosímetro que registra cualquier exposición.

Basado en la tecnología militar de la  visión nocturna y en la tecnología LIXI desarrollada por la NASA, emite instantáneamente una imagen de la estructura de los huesos del paciente en la pantalla de un monitor. Un teclado adosado permite además entrar en la red informática para solicitar información adicional así como grabar las imágenes, que pueden ser archivadas con los nombres de los pacientes y recuperadas posteriormente. Se trata de un aparato que produce imágenes de gran calidad, con la máxima resolución y visualización de los más finos detalles trabeculares, reduciendo la radiación difusa en más del 90%.  Es un sistema de fácil utilización porque el ajuste es automático.

Su tubo de rayos X de microfoco permite aumentar hasta cinco veces las imágenes sin distorsión ni pérdida de detalles. Un ordenador de procesado de imagen en tiempo real de alta velocidad da unos resultados instantáneos exactos.

Este reportaje aparece en
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Octubre 1999
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