Operarse de la nariz no tiene problemas


Destaca en nuestro rostro con descaro y osadía. La nariz, siempre en primera línea, se traduce a menudo en un complejo en el que hace falta algo más que maquillaje para poder disimularlo. Afortunadamente, la evolución de la cirugía plástica y la lógica han permitido que los resultados de la rinoplastia  -reconstrucción de la nariz- sean cada vez más naturales, acordes a los rasgos propios de la persona y lejos ya de la respingona y chatita nariz de Hollywood, carta de presentación de muchos famosos cuyo apéndice nasal parece hecho con molde y en cadena. 

En el centro de nuestra cara, dentro del triángulo de atención formado entre ojos y boca se halla la nariz. Grande o pequeña, chata o puntiaguda, este miembro constituye uno de los rasgos más importantes del rostro llegando incluso a condicionar nuestras relaciones interpersonales. Hay quien considera su prominente nariz como la manifestación más evidente de su gran personalidad; para otros, por el contrario, supone un complejo difícilmente disimulable, capaz de frustrar su vida social. Empero, gracias a la cirugía estética hoy es posible la corrección de este apéndice que a tantas personas martiriza; de hecho, la rinoplastia -que así se denomina esta operación- se ha convertido en una de las intervenciones más frecuentes dentro de la cirugía plástica. Los resultados, por lo general, son muy satisfactorios. Y no es para menos dada la antigüedad de este tipo de operaciones ya que se tiene conocimiento de que 3.500 años antes de Cristo se practicaban ya en Egipto correcciones de nariz.

Para hablarnos de este tema ha estado con nosotros el Dr. Alberto Jarque, cirujano plástico del Centro Clínico Menorca. Especializado en la reconstrucción de la nariz desde hace ya diez años el Dr. Jarque realiza cerca de cien rinoplastias al año. 

-¿En qué consiste exactamente la rinoplastia?

-La rinoplastia es, sencillamente, la cirugía estética de la nariz y permite su modificación en forma y volumen.

-Se dice que es la cirugía plástica más antigua. ¿Cuál es su origen?

-Efectivamente, así es. La reconstrucción de la nariz ya era practicada en la India hace más de dos mil años. En aquella época existía la costumbre de cortar este miembro a los ladrones y fue así como peluqueros y sacamuelas se iniciaron en este tipo de cirugía. En otras culturas esta práctica cuenta también con una larga historia.

-¿Hasta que punto es posible corregir la forma de una nariz?

-En primer lugar, hay que tener presente que existen unas limitaciones anatómicas determinantes. Es habitual que lleguen hasta nuestra consulta pacientes que muestran fotografías de modelos cuya nariz desean para sí. Y aunque es posible la modificación del ancho, de la punta, del dorso… siempre se debe tener en cuenta la estructura ósea propia de la nariz de cada paciente. Por ejemplo, una persona cuya nariz sea muy pequeña no puede pretender que mediante cirugía sea mucho más grande porque no hay tejido suficiente para ello.

-¿Cuánto tiempo dura como media una intervención y qué tipo de anestesia suele emplearse?

-Si hablamos de una rinoplastia convencional en la que no hay que operar ni el tabique ni los cornetes la duración es  aproximadamente de una hora. Respecto al tipo de anestesia, ésta puede ser local o general, dependiendo principalmente del cirujano. Nosotros nos inclinamos por la anestesia local con sedación profunda, es decir, que el paciente no está sometido a la anestesia general pero tampoco padece ningún tipo de dolor. Esto permite que a las tres o cuatro horas de la operación el paciente pueda ya regresar a su casa.

-¿Está desaconsejada en algún caso?

-La rinoplastia está desaconsejada exclusivamente por dos factores. El primero es la edad ya que hasta que la fase de crecimiento no ha concluido nadie debe someterse a ella. Y eso no sucede hasta los quince o dieciséis años como mínimo. El segundo factor es la propia salud del paciente, que prima ante todo tipo de cirugía plástica y que nos lleva a evitar cualquier riesgo innecesario.

-En una zona como la cara es muy importante que no queden cicatrices. ¿Cómo se resuelve este inconveniente?

-Salvo en casos muy excepcionales, en las rinoplastias no se produce ninguna cicatriz ya que la operación se realiza por dentro de la mucosa, es decir, que se trabaja desde el interior de la nariz. En la rinoplastia abierta, por el contrario, la intervención se practica mediante un pequeño corte en la columela –parte de tejido que va desde la punta de la nariz hasta el labio-. En este tipo de intervenciones sí queda una cicatriz pero muy pequeña. Además, esta técnica tan sólo se aplica en rinoplastias secundarias -narices que ya han sido operadas y precisan de algún retoque- o casos en los que desde el primer momento se sabe que va a ser necesario realizar injertos de cartílago. En el resto de los supuestos se recurre a la rinoplastia cerrada. 

-¿Qué complicaciones son susceptibles de producirse durante la intervención?

-Puede aparecer una hemorragia aunque no es algo frecuente. También podríamos hablar de infección pero eso es aún más extraño; de hecho, yo aún no he visto ninguna. Las complicaciones de una rinoplastia están más vinculadas a los resultados que a la operación en sí misma.

-¿En qué consiste el postoperatorio al que el paciente debe hacer frente una vez ha sido operado?

-El postoperatorio depende principalmente de las escuelas y de los cirujanos. Así, mientras unos siempre colocan tapones después de la intervención otros preferimos no hacerlo salvo que sea estrictamente necesario ya que así el paciente se siente más cómodo. En caso de colocarse, éstos se dejan durante dos o tres días como máximo. Lo que obligatoriamente sí debe llevar es una férula de yeso. Permanecerá con ella entre una semana y diez días, siempre dependiendo del caso concreto ante el que nos encontremos.

Tras la operación no sólo se hincha la nariz, también los ojos y las mejillas se verán afectados durante los primeros días.

-¿A partir de qué momento se considera que el aspecto de la nariz es definitivo?

-Eso es muy relativo. El resultado se percibe inmediatamente pero, como es obvio, existe un período de inflamación. Yo siempre doy un margen de entre tres y seis meses; no obstante, los verdaderos resultados se aprecian al año, momento en que la piel está mucho más fina y ya completamente desinflamada.

-¿Es posible que el paciente sepa cómo va a ser su nariz antes de someterse a la intervención? ¿Existe algún tipo de guía que le permita “escoger” la nariz que desea o que más se ajuste a las facciones de su cara?

-Este es uno de los aspectos más complejos de toda cirugía plástica en general. En primer lugar, mi consejo es que quien se opere ha de confiar plenamente en el cirujano. Éste debe saber qué puede y qué no puede conseguir del cuerpo del paciente y así se lo debe de transmitir al mismo. Para esto hay quien emplea el método informático y mediante un escáner trata de dibujar el supuesto resultado de la operación antes de realizarla. Personalmente creo que es muy fácil obtener buenos resultados utilizando un programa de ordenador pero la realidad del quirófano es otra y no se trata de crear falsas esperanzas. Por ese motivo muchos cirujanos preferimos realizar un dibujo de la nariz y explicar sobre él qué es lo que vamos a hacer en la operación. Lo fundamental siempre es hablar con el paciente para indagar cuáles son sus expectativas y si éstas se ajustan a lo que nosotros podemos conseguir.

-Obviamente, uno de los aspectos más relevantes de una rinoplastia es que el resultado sea natural, sin embargo está muy extendida la consideración de que las narices que han sido operadas poseen todas el mismo aspecto y resultan artificiales. ¿Qué opinión le merece dicha crítica?

-Ambas cosas pueden ser ciertas. Por un lado, el éxito de la rinoplastia, como en cualquier otra operación de cirugía estética, reside en que nadie que no nos conozca previamente pueda sospechar siquiera que hemos sido operados. También es cierto que durante mucho tiempo se reconstruyeron todas las narices siguiendo idéntico patrón. Esto fue un error que con el paso de los años y la mejora de la técnica se ha logrado corregir. Hoy, por suerte, las operaciones se hacen teniendo en cuenta los rasgos propios del paciente y las posibilidades de cada nariz concreta. Es fundamental que la nariz reconstruida esté en perfecta armonía con el resto del rostro.

-¿Es habitual el desajuste entre las expectativas del paciente y el resultado real de la rinoplastia?

-Todo depende de la explicación que su cirujano le haya dado antes de la operación. En cualquier caso, siempre estará sorprendido: la nariz está en el centro de la cara y es muy visible, por lo que cualquier cambio tiende a impresionar. Sin embargo, una vez que ha disminuido la hinchazón y el paciente observa su nuevo aspecto suele mostrarse satisfecho.

-Muchas personas se someten a intervenciones por problemas respiratorios y aprovechan la ocasión para realizarse una rinoplastia. ¿Con qué tipo de operaciones es compatible esta cirugía?

-Frecuentemente la rinoplastia se acompaña de la Septumplastia. Hablamos entonces de Rinoseptumplastia, una intervención en la que no sólo se corrige la forma de la nariz sino también la desviación del tabique. Otra cirugía frecuentemente asociada es la Turbinectomía o cirugía de los cornetes, cuando el crecimiento de la mucosa que los recubre disminuye el paso del aire e impide la adecuada respiración.

-Y ya en el ámbito económico, ¿cuál es el coste de una rinoplastia?

-Depende de varios factores, principalmente del cirujano, de la clínica y de la complejidad de la operación. Hablar de una cifra concreta no es posible pero el precio puede oscilar entre las 350.000 y las 550.000 pesetas.

-Hay casos en los que no es preciso tocar la estructura ósea de la nariz y bastan unos pequeños retoques para que su aspecto mejore considerablemente. ¿En qué consisten dichos retoques y cuándo están indicados?

-Suele hablarse de Rinoplastia como de una operación que afecta a toda la estructura de la nariz cuando eso no es necesariamente así. En realidad se refiere a cualquier operación de la nariz, incluidos esos retoques en los que no es preciso tocar el hueso. A menudo bastan unas ligeras modificaciones en la punta para mejorar notablemente el aspecto de un rostro. Son cambios muy sutiles pero, por lo general, muy agradecidos.

 

Raquel González Arias
 

Este reportaje aparece en
21
Octubre 2000
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