Photoreading: cómo tener una memoria fotográfica


Las excelencias del método han sido divulgadas por miles de estudiantes, educadores y profesionales que gracias a la Foto-lectura han logrado desembarazarse de la pila de libros y documentación que se había adueñado de sus vidas. El sistema conocido como Photoreading viene precedido de una fama cosechada en más de 20 países y se presenta como la llave para convertirnos en hábiles procesadores de información mediante el aprovechamiento de los recursos de nuestra mente inconsciente.

Hace quince años, el científico y filósofo norteamericano Paul R. Scheele comenzó a estudiar a aquellas personas aparentemente superdotadas que eran capaces de incorporar información con mayor rapidez, profundidad y comprensión que la media de los mortales.

Como resultado de su trabajo, Scheele acometió la tarea de diseñar un método que ayudara a ejecutivos, estudiantes y educadores a incrementar su habilidad para manejar con éxito la ingente cantidad de documentación que nuestras sociedades modernas generan. Pronto, su sistema -conocido como Photo-reading o Foto-lectura– comenzó a cosechar éxitos y numerosas empresas enviaron a sus ejecutivos a ejercitarse en uno de los programas más innovadores de aprendizaje acelerado que se conocen en nuestros días. 

UN VIEJO SUEÑO 

La posibilidad de fotografiar mentalmente el material impreso es una antigua aspiración. “Aunque la idea pueda parecer radicalmente nueva -declara Scheele-, el concepto ya existía siglos antes de que yo acuñara el término de foto-lectura. Este tipo de procesamiento mental ha sido utilizado en el entrenamiento militar, las artes marciales y en las antiguas tradiciones religiosas”.

Pero fuera de estos reducidos ámbitos de aplicación sólo un pequeño porcentaje de la población es capaz de llevarlo a la práctica de manera espontánea. Pero, por lo general, estos elegidos por la diosa memoria no saben cómo lo consiguen y, por tanto, son incapaces de enseñarlo a otros.

Scheele, sin embargo, se percató de que todos ellos compartían un punto común: la integración, tanto consciente como inconsciente, de su hemisferio lógico con el intuitivo. Y entendió que esa era la clave que les permitía un mejor aprovechamiento de sus recursos mentales. Una capacidad que, como él mismo constataría, puede ser estimulada y entrenada y que hoy se enseña en más de 20 países.

La formación en Psicología y Programación Neurolingüística de Scheele le resultó de gran ayuda para desarrollar el sistema de Photoreading a partir de tres técnicas que ya habían probado su eficacia: el Aprendizaje Acelerado diseñado por el doctor búlgaro Georgi Lozanov en los años sesenta y que en su origen demostró excelentes resultados en la enseñanza de idiomas extranjeros, la Programación Neurolingüística o P.N.L. desarrollada por John Grinder y Richard Bandler, y las investigaciones del neurólogo y premio Nobel Gerald Edelman sobre el proceso de aprendizaje por debajo del umbral de la mente consciente.

Pues bien, la combinación de tales técnicas se concretó en la Foto-lectura, es decir, la habilidad de fotografiar mentalmente la información en nuestra mente inconsciente donde se relaciona con nuestros conocimientos anteriores y nos permite alcanzar niveles de memorización y concentración muy superiores a la que creíamos tener. 

LO POSIBLE Y LO IMPOSIBLE 

Con Photoreading se pueden leer 25.000 o más palabras por minuto –afirman los instructores de la Corporación de Estrategias de Aprendizaje, de la que Scheele es cofundador-. Pero foto-leer es mucho más que eso. Implica un aumento de la concentración, potencia la inteligencia y la creatividad y nos hace más intuitivos”.

Nadie en su sano juicio podría creer que es posible leer más de 20.000 palabras por minuto. Y estaría en lo cierto si no fuera porque la foto-lectura no implica leer como estamos habituados a hacerlo. Leer fotográficamente no se lleva a cabo con la mente analítica y lógica sino activando áreas cerebrales que no utilizamos durante nuestras lecturas cotidianas. El viejo método de ir palabra a palabra, de izquierda a derecha y línea tras línea, está regido por el hemisferio izquierdo, analítico y organizador, y produce un goteo interminable de información que termina por sobrecargarnos.

Con la lectura elemental nos sentimos presionados para entender correctamente todo lo que leemos la primera vez. Si no lo hacemos, creemos que somos malos lectores”, sostiene Scheele. Pero si aceptamos, como defienden los expertos en Programación Neurolingüística, que “se puede procesar la palabra escrita en un nivel no consciente” involucrando en el proceso a toda la mente, entonces el paradigma de aprendizaje cambia radicalmente.

Este nuevo paradigma no es el resultado de una visión demasiado optimista de nuestras posibilidades, ni tampoco ha surgido de la nada. Posiblemente su fuerza radique en que nos pertenece de manera íntima: es el modo como aprendimos a comprender el mundo en nuestra primera infancia. Es pues más una recuperación que una creación de nuevo cuño. El experto en educación Peter Senge, en su obra La quinta disciplina, lo resume con precisión: “El proceso de aprendizaje de los niños pequeños nos proporciona una hermosa metáfora aplicable al resto del aprendizaje que todos afrontamos: expandir continuamente nuestra conciencia y comprensión, ver mejor la interdependencia entre las acciones y la realidad”. A lo que Scheele añade: “Basta con no poner límites a esta posibilidad para liberar nuestro pensamiento”. 

PROPÓSITO Y ALERTA RELAJADA 

El sistema de Photoreading con toda la mente consta de varios pasos que a priori no parecen inalcanzables. El primero de ellos, denominado Preparación, pone en marcha el requisito para una lectura eficaz: el lector ha de tener un sentido claro de propósito, esto es, establecer de antemano y con claridad qué es lo que persigue al acometer una lectura. Tal vez se trate de realizar un resumen que le será útil para preparar un examen o ponencia, averiguar la solución a un problema o sacar ideas para llevar a cabo una tarea; cualquier cosa vale.

Una vez que su propósito esté claro deberá entrar en un estado de alerta relajada, el más idóneo para el aprendizaje acelerado, un estado en el que por cierto están prohibidas las sensaciones de ansiedad o aburrimiento y cuyo ejemplo más claro lo encontramos si observamos con atención cómo juegan los niños. Aunque cada persona terminará por establecer sus propios trucos para entrar en alerta relajada a los novatos se le recomienda que comiencen depositando frente a ellos el material de estudio y que a continuación realicen una breve relajación en la que, con los ojos cerrados, desplazarán su atención por los diferentes órganos de su cuerpo. La postura debe ser cómoda y la respiración fluida mientras repiten mentalmente su propósito.

Tras abrir lentamente los ojos se procede al siguiente paso: el análisis rápido del material impreso. No se trata de entender su contenido sino de captar su estructura, realizar un rápido barrido visual por el índice, los títulos de los capítulos y los conceptos claves o “palabras gatillo”. Con un libro el proceso no debería durar más de cinco minutos; para un informe bastan tres minutos y para un artículo treinta segundos. “La prelectura –dice Scheele- nos muestra el esqueleto de la información”. 

OTRA FORMA DE USAR LOS OJOS 

Estamos ya en condiciones de iniciarnos como foto-lectores, lo que implica utilizar nuestros ojos de una manera diferente a como estamos acostumbrados a usarlos y exige por nuestra parte la predisposición a participar en el juego. Puesto que la foto-lectura está basada en la capacidad mental para procesar información en un nivel pre-consciente se requiere un mínimo de confianza y apertura hacia un potencial que hasta el momento nos resulta desconocido.

Ingresar en el estado de aprendizaje acelerado es el primer paso. Para ello se requiere una relajación todavía más profunda que activará el hemisferio derecho del cerebro y la memoria a largo plazo. La relajación -que cada uno puede practicar siguiendo el patrón de su preferencia- irá siempre acompañada de afirmaciones positivas del tipo “mientras fotoleo mi concentración es absoluta”.

A continuación, ya con los ojos abiertos, nos situamos en el estado de fotofoco, en el que se produce el envío de información visual a nuestra mente no consciente mediante la estrategia de ver sin enfocar directamente la información. La primera impresión es que semejante proeza no es posible, sin embargo son numerosas las tradiciones milenarias que nos hablan de “ver con ojos blandos”: son los “ojos blandos” los que abren nuestra visión periférica para fotografiar mentalmente páginas enteras.

Una de las descripciones más claras de este proceso la dejó escrita un mítico guerrero del siglo XV llamado Miyamoto Musashi en El libro de los cinco anillos. Musashi distinguía entre dos tipos de empleo de los ojos: el ken o visión superficial de la apariencia, y el kan o acceso a la esencia de las cosas. La visión kan sería la equivalente al fotofoco y posee una base fisiológica bien definida. Nuestras retinas se dividen en dos regiones: la fóvea, constituida por células llamadas conos, que son las que permiten que enfoquemos con nitidez y enviemos la información a la mente consciente; y la periferia de la retina, formada por células denominadas bastones, muy sensibles, que nos permiten percibir lo que no enfocamos directamente.

En el nivel consciente captamos muy poca información cuando miramos con visión periférica pero ello no implica que no se perciba por otros cauces. Aquí radica precisamente el éxito del sistema de foto-lectura que, mediante ejercicios cuidadosamente diseñados para estimular la visión periférica o blanda que nos conecta con la mente inconsciente, ha demostrado que somos poseedores de recursos desconocidos que sólo esperan ser activados. 

DESCANSAR PARA APRENDER 

Tras haber foto-leído el material impreso es importante que nos concedamos un respiro, reposo que en condiciones ideales debería durar unas 24 horas y en caso de urgencia no menos de 20 minutos. No obstante, como saben bien los creativos de muchas disciplinas, este periodo de incubación no significa lo mismo que desactivación. De hecho, la mente inconsciente nunca duerme si bien precisa de un tiempo para que las asociaciones lleguen a formar parte de la red nerviosa.

Después, en un estado de alerta relajada, el alumno se sorprenderá de que es capaz de responder las preguntas sobre el material leído y que se ha establecido un sólido puente entre la base de datos consciente y el nivel preconsciente.

En la fase de inmersión o superlectura, que culmina el proceso, deberemos repasar visualmente y con rapidez las páginas parándonos en aquellos párrafos o frases que intuitivamente capten nuestra atención. Y si todavía tenemos un cierto sentimiento de culpabilidad por no haber prestado atención a todos los párrafos conviene que recordemos que, según las estadísticas aportadas por Russell Stauffer, sólo entre un cuatro y un once por ciento de un texto contiene información verdaderamente esencial. El neurólogo Edelmann también ha descubierto datos esenciales para una mejor comprensión del aprendizaje. Según sus estudios, cuando foto-leemos las funciones fisiológicas prevalecen sobre las cognitivas: la impronta que deja el material foto-leído despliega redes nerviosas que nos permitirán futuras conexiones mentales.

Pero que nadie piense que estamos ante uno de esos sistemas que prometen máximo rendimiento con un mínimo esfuerzo. Estimular la memoria fotográfica no nos priva del esfuerzo previo pero transforma sustancialmente el aprendizaje, que ya no será una pesada carga sino una actividad placentera y con mejores resultados. 

Para más información:
Instituto Cosmobiótico, Tel. 93.201 13 35.
 



EL FIN DE LAS EXCUSAS 

Los asistentes a los cursos de Photoreading afirman unánimemente que aprender a utilizar todos sus recursos mentales -y no sólo los conscientes- les ha exigido liberarse de viejos estereotipos incorporados a lo largo de una deficiente educación. Estos son algunos de ellos:

  • La baja autoestima.

  • El derrotismo, los aplazamientos y la falta de confianza en nuestras propias capacidades.

  • El perfeccionismo del “todo o nada”.

  • La necesidad de saberlo todo ¡ya!

  • La ansiedad por el rendimiento.

  • La estresante sensación de urgencia.

  • La falta de confianza en nuestras habilidades intuitivas.
     



Beatriz Ces, instructora de Foto-lectura:
“ESTAMOS EN EL UMBRAL DE UN NUEVO PARADIGMA EDUCATIVO”

Licenciada en Historia del Arte y máster en Programación Neurolingüística, Beatriz Ces es en la actualidad la única instructora autorizada por la Learning Strategies Corporation para enseñar el método de Foto-lectura en los países de habla hispana. Y precisamente visitará Barcelona en noviembre para impartir un seminario y demostrar que las bondades del sistema son tantas como se dicen.

-El Photoreading se apoya en las capacidades de la mente preconsciente pero es de suponer que ésta también tiene sus límites…

Photoreading es un sistema de lectura con toda la mente, tanto la mente consciente como la inconsciente. Según los científicos Peter Russell o Gerald Hedelman -premio Nobel en Inmunología en 1983- hasta ahora hemos funcionado con nuestra mente lógica y hemos limitado nuestro potencial mental a un 10 por ciento de su capacidad total. ¿Por qué no comenzar pues a trabajar en nuevas técnicas que nos permitan desarrollar el porcentaje restante?

¿No cree que se corre el riesgo de una idealización de lo inconsciente?

Photoreading ofrece un sistema integral que consta de cinco pasos durante los cuales se entra en un estado ideal de aprendizaje. En ningún momento se idealiza el inconsciente dado que es un trabajo de alcance total. A este respecto debemos recordar las palabras de Roger Sperry: “Lo que ha quedado desfasado es que la sociedad moderna discrimine el hemiferio derecho”.

-¡Veinticinco mil palabras por minuto! Francamente, muchos dirán que es imposible leer un texto con semejante rapidez, comprenderlo y memorizarlo…

-Personalmente no estoy muy de acuerdo con el eslogan de “25.000 palabras por minuto” ya que estas palabras no se leen sino que se foto-leen. Pienso que más bien se debe hablar de lectura cerebral, esto es, de una nueva dimensión de la lectura. Quizás estamos en el umbral de cambiar el significado de la palabra “lectura” dado que el viejo concepto nos obliga a limitarnos a lo ya conocido.

Trabajar con la visión periférica o “vista blanda” asusta a muchos. Parece que hay personas a la que les resulta muy sencillo pero otras se declaran incapaces. ¿Cómo se puede vencer esta dificultad?

-La visión periférica es una nueva manera de ver el mundo que se despliega ante nosotros, como cuando éramos niños.

La propuesta es rescatar al niño que todos tenemos dentro, ese niño que con tanta rapidez aprendió en los primeros años de su vida explorando, asombrándose y jugando.

-El uso de la visualización, las afirmaciones positivas o la relajación nos conecta con los cursos de desarrollo mental de origen anglosajón cuyo optimismo es visto con suspicacia por los europeos, tal vez porque funcionan de modo más analítico. ¿Significa que estamos menos dotados para el pensamiento intuitivo?

-La verdadera base teórica del método es la Programación Neurolingüística desarrollada por Richard Bandler y John Grinder en los años 70, la Sugestopedia de George Lozonov -pionero en materia de aprendizaje- y el Aprendizaje Acelerado de Peter Kline. También utilizamos la visualización, las afirmaciones positivas y la relajación porque nada se puede aprender en estado de estrés. No se necesita estar dotado de un tipo especial de pensamiento analítico o intuitivo. Lo cierto es que todos tenemos los recursos necesarios y el único problema son nuestras creencias limitantes. Siempre que he dictado seminarios a personas españolas me ha sorprendido su flexibilidady suansia por incorporar las nuevas técnicas.

Entre los alumnos que han aprendido el método, ¿quiénes consiguen mejores resultados?

-Yo lo recomiendo sin excepción a todos aquellos que quieran aprender más y mejor. Alvin Toffler decía: “Los analfabetos del futuro no son los que no pueden leer o escribir sino los que no pueden aprender, desaprender y reaprender”.

Nuestro paradigma educativo nos dice que estudiar es una actividad ardua. Habrá quien acuda a sus cursos con la ilusión de aprender sin esforzarse. ¿Es una postura realista?

Photoreading es una metodología de estudio; no es ningún “facilismo”. Lo que hace el método es ordenar y dar técnicas valiosas para optimizar el aprendizaje. Pero el poder secreto del sistema no son las técnicas sino el cambio de perspectivas que éstas generan. Para utilizar el sistema y lograr sus objetivos deben desecharse las estrategias ineficaces habituales.

Photoreading habla de un nuevo paradigma educativo. ¿Cuáles son los principios que lo rigen?

-El aprendizaje puede y debe ser divertido y fácil, debe fortalecer y nutrir la mente y el cuerpo. Hay un talento natural que todos poseemos y Photoreading nos ayuda a ponernos en contacto con él. El nuevo paradigma educativo sostiene que el aprendizaje y la comunicación se deben dar en un ambiente de alegría y diversión, de amor por la tarea a realizar y no de sentimientos de agobio. Amemos los libros, trabajemos con ellos y no en contra de ellos como estamos acostumbrados a hacer.

¿Cuánto tiempo y práctica se requieren para convertirnos en expertos foto-lectores?

-Mi consejo es: usen el método una y otra vez con todos los materiales impresos. Alcanzar la excelencia en el menor tiempo posible depende de cada uno.

 

Oyana Saudade
 

Este reportaje aparece en
21
Octubre 2000
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