Cómo tener una piel joven

La resistencia de la piel a los radicales libres disminuye con la edad. Y aunque el proceso de envejecimiento es –hoy por hoy- imparable podemos retrasarlo. De hecho, ya desde que aparecen las primeras arrugas en el rostro (alrededor de los 30 años) la cosmética nos ofrece diferentes estrategias para frenar el paso del tiempo.

Para conservarse tersa la piel necesita renovarse regularmente y estar protegida de los radicales libres, pequeñas moléculas que activadas por factores medioambientales como los rayos solares, la polución, el tabaco, el estrés o la mala alimentación son los principales responsables del envejecimiento.

Mientras una piel es todavía joven sus sistemas de resistencia frente a los radicales libres se encuentran en plena actividad. Lamentablemente, con el paso del tiempo van perdiendo potencia lo que se traduce en la aparición de los síntomas evidentes del envejecimiento: las arrugas y la flaccidez.

Afortunadamente, en la actualidad existen diferentes estrategias para mejorar –e, incluso, retrasar- las arrugas cutáneas siendo más difícil el reto de combatir la flaccidez. Con unos cuidados básicos el aspecto de la piel puede mejorar notablemente.

MÁS VIEJOS DE LO QUE SOMOS

Y es que envejecer es ir acumulando daños que no sólo son genéticos sino también medioambientales y de estilo de vida. Es decir que, con independencia de la edad e incluso de la genética particular, la forma en que vivimos es lo que más define los años de nuestra piel.

Los expertos calculan que el 80% de los signos del envejecimiento facial no están causados por el paso del tiempo sino por factores externos como el sol, la mala alimentación o el tabaco. La radiación ultravioleta -de la que no debemos protegernos únicamente en verano- es la responsable de muchas de las arrugas y manchas. Por eso es tan importante que utilicemos a diario una crema hidratante o base de maquillaje con al menos un factor de protección 15.

Además, la nicotina es una de las sustancias que más ataca el colágeno y contribuye así a la pérdida de firmeza; la vasoconstricción provocada por el tabaco otorga un aspecto apagado a la epidermis y el gesto de aspirar el humo causa arrugas alrededor de la boca.

En cuanto a la alimentación, una dieta pobre en vitaminas resta luminosidad a la piel, al igual que la falta de agua. Los beneficios de las vitaminas han sido probados con éxito y sabemos que potenciar los mecanismos de autoprotección vitamínica retrasa los signos del envejecimiento cutáneo. Nada tan sencillo para lograrlo como tomar fruta y verdura en abundancia y beber al menos dos litros de agua, preferentemente fuera de las comidas.

Las dietas ricas en sal causan retención de líquidos que se traducen en hinchazón y bolsas bajo los ojos. Por otra parte, conviene desterrar una creencia errónea: las dietas vegetarianas demasiado estrictas tampoco son lo mejor para la piel ya que carecen de aminoácidos esenciales y oligoelementes indispensables para la síntesis de colágeno como el zinc presente en carnes, aves, pescados y lácteos; el cobre de los mariscos, legumbres y cereales; el hierro que hallamos en las carnes magras, aves, pescados y legumbres; o la vitamina C de cítricos y espinacas.

La falta de sueño es otro de los factores que más acelera el envejecimiento y provoca las antiestéticas ojeras. Y el ejercicio habitual uno de los medios que más contribuye a mantener la juventud. Ciertamente, poseer una piel firme que resista el paso del tiempo tiene mucho que ver con la genética familiar. Sin embargo, la prevención mediante los hábitos de vida sana y la protección que hoy nos permite la industria cosmética juegan también un papel importante.

JUVENTUD FUGAZ…

Las arrugas surgen en la capa intermedia de la piel o dermis, formada por una compleja estructura de fibras de colágeno y elastina que dan a la piel sus propiedades de elasticidad y densidad. Los glicanos -sustancias que influyen en la síntesis de esas fibras- van disminuyendo con el tiempo y en torno a los 60 años hemos perdido el 50% de ellos con el consiguiente aflojamiento del tejido cutáneo.

Las primeras arrugas surgen alrededor de los 30 años y no suelen estar tanto provocadas por la pérdida de glicanos sino por la acción de los músculos de la cara. Son las llamadas arrugas gestuales, propias de personas muy expresivas y presentes sobre todo en frente, entrecejo y alrededor de la boca. En esta primera fase lo más eficaz es la prevención con cremas hidratantes usadas diariamente y protección solar.

A partir de los 35 años el óvalo de la cara empieza a desdibujarse y el cuello pierde firmeza. Surgen arrugas más profundas en el entrecejo y en torno a la boca y debemos comenzar a controlar las incipientes patas de gallo con cremas de contorno de ojos. Como normal general, a partir de los 40 años se necesitan cremas humectantes, regeneradoras y reafirmantes; los ingredientes que debemos buscar en nuestros productos de belleza son la vitamina C, el colágeno y la elastina.

Entre los 40 y 50 años los primeros signos de descolgamiento se hacen evidentes; se marcan las ojeras y el contorno de la boca pierde precisión. En esas edades lo mejor es elegir productos que frenen el relajamiento de la piel, la pérdida de luminosidad y la deshidratación acelerada como el retinol, un derivado de la vitamina A que estimula el tejido celular y mejora la resistencia cutánea. Si además va asociado a la vitamina C, poderoso antioxidante, reduce las manchas y blanquea la piel.

En torno a los 60 años las arrugas verticales ganan intensidad, el surco que va de la nariz a la boca se vuelve más pronunciado y la piel se torna menos elástica y vigorosa. Es muy posible que las arrugas profundas convivan con las líneas más finas de expresión. En esta etapa debemos elegir productos que compensen la debilidad de la confluencia dermo-epidérmica y cremas restauradoras de los lípidos perdidos.

RETINOL: EL ALIADO DE LA JUVENTUD

No nos cansaremos de insistir en ello: el mejor tratamiento para el envejecimiento cutáneo es la protección solar. No obstante, cuando el daño cutáneo ya se ha producido la industria cosmética nos oferta diferentes preparados para atenuar las arrugas, todos ellos con un denominador común: el de aumentar la sensibilidad al sol. Por ese motivo, siempre que nos apliquemos cualesquiera de estos tratamientos es importante incluir protectores solares y evitar la sobreexposición a la radiación solar.

Entre los tratamientos antiarrugas más consolidados están los ácidos retinoicos derivados de la vitamina A, el tretinoíno y el retinol que han demostrado su eficacia en las pieles envejecidas, en las que frenan la aparición de arrugas y atenúan las ya existentes. El primero está disponible bajo prescripción médica; el segundo, que por falta de estabilidad no podía ser empleado en productos cosméticos hasta hace poco tiempo, se ha beneficiado de los nuevos sistemas de transporte químico y hoy se encuentra presente en numerosos preparados cosméticos.

Asociado con principios antioxidantes como las vitaminas C o E, el retinol resiste más tiempo a la degradación. Ambas vitaminas aportan al producto su efecto antirradical potenciando la acción antienvejecimiento de la vitamina A. No obstante, la FDA ha insistido en que los productos con retinol de venta libre no están regulados por lo que se desconoce la cantidad de sus ingredientes activos y en algunos casos apenas podrían contener retinol.

Un punto a tener en cuenta ya que los efectos del retinol dependen de su concentración. Los dermatólogos y esteticistas lo usan muy concentrado para exfoliar la piel. Debido a este efecto de exfoliación constante, el retinol mejora la apariencia de la piel de modo que todas las líneas cosméticas tienen productos que lo contienen. Normalmente se usa dos o tres veces por semana en la cara, manos, cuello y pecho, generalmente durante la noche. Uno de sus efectos negativos es volver a la piel sensible a la luz por lo que si nos aplicamos retinol hay que utilizar un fuerte protector solar y evitar la exposición. De lo contrario podemos sufrir enrojecimientos, picores y manchas.

OTRAS ALTERNATIVAS 

Las cremas elaboradas con alfahidroxiácidos son también muy utilizadas en la batalla contra la vejez ya que estimulan la producción de colágeno y elastina. Los ácidos láctico y glicólico (AHA) son los que más se usan en los productos de belleza por facilitar la descamación de las células muertas y dar a la piel envejecida un aspecto sonrosado y juvenil.

Ambos se encuentran en algunas frutas como la manzana, la pera o el limón y pueden actuar sobre la capa córnea de la epidermis reduciendo su grosor y regulando la hidratación. La irritación cutánea es uno de los efectos secundarios que puede surgir con un tratamiento de estas características, que siempre deberemos aplicar con cuidado.

Y para quienes gusten de alternativas más naturales, por su contenido en ácidos grasos insaturados y camazuleno, el extracto de Aquilea Millefolium posee también una acción hidratante y antiarrugas además de ser capaz de reducir la melanización cutánea descontrolada que da lugar a las temidas manchas.

Ciertamente son muchos los tratamientos estéticos cuyos principios activos logran atravesar la epidermis. Pero lo que ya no está tan claro es cómo actúan dichos principios, ni la auténtica eficacia y tiempo de duración de los mismos. Entre los últimos hallazgos -todavía en fase de experimentación- los laboratorios están ahora realizando pruebas con cremas anti-arrugas que trabajan en la zona de anclaje o confluencia dermo-epidérmica.

Sin olvidarnos de soluciones más radicales como las técnicas quirúrgicas para rellenar los surcos o pulir la piel, en caso de que no nos seduzca la cirugía y aunque algunas arrugas sean ya visibles, el rostro de una persona madura puede seguir mostrando un espléndido aspecto. Los cuidados cosméticos acertados y constantes tienen un efecto nada desdeñable en nuestra batalla contra los años.

Frente al aflojamiento de la epidermis, su progresivo descuelgue y la aparición de arrugas las cremas de efecto tensor o lifting son indispensables. Pero no olvide que es tan importante elegir un buen producto como aplicarlo correctamente. Los masajes suaves facilitan la penetración de la crema y los golpecitos sobre el rostro y el cuello reactivan la circulación sanguínea que mantiene los músculos tonificados.

Hoy las estrellas de los productos antienvejecimiento son el retinol, los ácidos láctico y glicólico, los antioxidantes y la coenzima Q10. En mayor o menor grado, todos estimulan la renovación celular y regeneran la epidermis reduciendo visiblemente las arrugas. Su uso no elimina, sin embargo las necesidades de hidratación diaria por lo que la crema hidratante o nutritiva (si nuestra piel luce falta de brillo y pobre) con protección solar son compañeras inseparables, además de una crema de contorno de ojos y otras más específicas para problemas como ojeras, manchas o bolsas.


Arrugas para todos los gustos

Los dermatólogos clasifican las arrugas en cuatro tipos y recomiendan una solución específica para cada caso:

Tejido o trama: mientras el estado de sus líneas es óptimo éstas son poco profundas y presentan una disposición ordenada. Para que se conserven así mucho tiempo lo mejor es la protección solar desde edades tempranas y la hidratación a partir de los 20 años.

Líneas de expresión: se definen a partir de los 30 años en torno a los ojos, frente, entrecejo, mejillas y boca. Pueden combatirse mediante cirugía de lifting frontal o coronal, con cremas y con complementos alimenticios.

Pliegues de laxitud muscular: se vuelven evidentes con el envejecimiento y hoy por hoy sólo pueden tratarse quirúrgicamente.

Pliegues de posición: son consecuencia de la degeneración de las fibras elásticas. Aparecen, por ejemplo, tras dormir en determinada posición. Cuando somos jóvenes desaparecen en pocos minutos pero con la edad tienden a mantenerse.


Vitaminas esenciales para la piel 

Vitamina A: estimula la regeneración celular y la producción de colágeno. El cuerpo no la produce de forma natural por lo que hay que adquirirla mediante la alimentación.

Vitamina E: aumenta el flujo sanguíneo mejorando la estabilidad de la piel. Protector natural contra los rayos ultravioleta.

Vitamina C: mejora la textura de la piel, estimula el colágeno y reduce las manchas. En cremas cosméticas su mejor sistema de transporte son los liposomas.

Pantenol: pertenece al grupo de la vitamina B. Aumenta el nivel de humedad en la piel, es antitiinflamatorio y ayuda a la dermis a restablecerse tras un daño o un tratamiento exfoliador o con láser.

Este reportaje aparece en
36
Febrero 2002
Ver número