Cómo prevenir la oxidación de la piel

Creemos que con limpiarla e hidratarla es suficiente y, sin embargo, la belleza, juventud y salud de la piel depende en buena medida de una alimentación sana, variada y rica en nutrientes con propiedades antioxidantes que ayuden a combatir los nocivos efectos de los radicales libres. Por tanto, para lucir una piel cuidada y joven durante más tiempo será necesario proveer al organismo de una dieta equilibrada y debidamente complementada con nutrientes que eviten la oxidación.

Bien está que utilice geles y cremas para limpiar, exfoliar, hidratar y mantener joven su piel… pero no olvide que gran parte de los procesos que la afectan tienen lugar en el interior del cuerpo. No se engañe pues: si quiere lucir una piel bonita, joven y sana deberá combinar los necesarios cuidados externos con las imprescindibles atenciones de carácter interno que pasan, obviamente, por cuidar la alimentación. De ahí que la inmensa mayoría de los especialistas en Nutrición recomiende una dieta rica en alimentos antioxidantes para neutralizar los radicales libres, sustancias cuyo exceso oxida nuestras células y pone en marcha el proceso de envejecimiento prematuro de la piel, el órgano más grande y pesado del organismo.

LA ACCIÓN NOCIVA DE LOS RADICALES LIBRES

Han pasado ya casi cincuenta años desde que el doctor Denham Harman postuló -en 1956- que casi todos los procesos degenerativos del organismo -incluido el del envejecimiento- dependen en buena medida de la acción de los llamados radicales libres, sustancias químicas muy reactivas dotadas de potentísima capacidad oxidante. Su origen puede ser exógeno –se originan por la radiación ultravioleta, la polución, el ozono, algunos medicamentos, el alcohol, el tabaco, plaguicidas, herbicidas, agentes químicos, determinados alimentos, etc.- o endógeno –generados a partir de la propia respiración celular, por infecciones o inflamaciones habidas en el cuerpo, por situaciones de estrés, etc.-. En cuanto a sus funciones se trata de sustancias absolutamente necesarias y sin las cuales moriríamos porque, por ejemplo, cuando el cuerpo se moviliza para eliminar agentes infecciosos produce precisamente una gran cantidad de radicales libres para destruir los virus y bacterias invasoras. Además los radicales libres intervienen en la formación de hormonas necesarias para el organismo, entre otras funciones. Por tanto, lo ideal es que exista un equilibrio entre los radicales libres presentes en el organismo –independientemente de cuál sea su procedencia- y los sistemas que se encargan de neutralizarlos. Y uno de ellos es la generación por el cuerpo de las enzimas antioxidantes glutation peroxidasa, catalasa y superóxido dismutasa, catalizadores biológicos que tienen la capacidad de degradar y neutralizar los radicales libres. Cuando estas enzimas cumplen con su labor el organismo funciona correctamente. El problema surge cuando su número no es suficiente y entonces, al haber exceso de radicales libres, éstos atacan las células sanas oxidando grasas, perforando membranas e, incluso, alterando el código genético hasta que las células afectadas dejan de funcionar o mueren. Es lo que se llama “estrés oxidativo” y puede afectar gravemente a cualquier tejido. Por eso el exceso de radicales libres en el organismo puede ser causa de numerosas enfermedades graves, incluido el cáncer.
En suma, no podemos vivir sin los radicales libres pero debemos controlar su número para que no nos enfermen o nos hagan envejecer prematuramente. Por fortuna hoy existen tantas evidencias de la acción lesiva de los radicales libres como del efecto neutralizador que sobre ellos ejercen las sustancias antioxidantes y, por tanto, de su efecto positivo sobre el envejecimiento y la salud. Así que para mantener joven durante más tiempo no sólo la piel sino todo el organismo es imprescindible ingerir a diario una cantidad suficiente de antioxidantes, bien sea a través de la alimentación, bien mediante complementos.

ALIMENTACIÓN ANTIOXIDANTE

Los expertos calculan que el 80% de los signos de envejecimiento a los 40 años se deben al estilo de vida y no al paso del tiempo. Y es que aunque es cierto que los años no perdonan también lo es que factores como el estrés, la polución, la mala alimentación o el sol tomado en exceso -entre otros- aceleran el proceso de oxidación y, por consiguiente, conducen al envejecimiento prematuro de la piel. La clave está en que la radiación ultravioleta, el estrés, las dietas inadecuadas, el consumo de tabaco o la contaminación a la que estamos sometidos son fuentes importantes de las que nuestro organismo absorbe cantidades excesivas de radicales libres que, como hemos dicho, desencadenan y/o aceleran procesos degenerativos como los de oxidación y envejecimiento. Pues bien, una buena forma de ayudar al cuerpo en su labor de neutralizar los indeseables efectos de los radicales libres es incluir en la dieta nutrientes antioxidantes. Entre ellos destacan los que recogemos a continuación ya que han demostrado en diversos estudios su capacidad para proteger nuestras células de los millones de radicales libres que las bombardean a diario:

VITAMINAS

Vitaminas C y E. Está demostrado que previenen el envejecimiento de las mitocondrias de las células y la acción de los radicales libres, protegen frente a la acción de los rayos ultravioleta del sol, reafirman los tejidos y aclaran las manchas de la piel reunificando el tono de todo el cuerpo. De ahí que ambas formen parte de la mayoría de productos antienvejecimiento que podemos encontrar en el mercado.
-La vitamina C protege además el cerebro, el sistema nervioso y el tejido muscular frente a los radicales libres y previene el envejecimiento de la piel haciendo que parezca más fina al tacto. Y es fundamental en la cicatrización de las heridas además de intervenir de forma decisiva en la producción de colágeno, sustancia que hace más elástica la piel y ralentiza su deterioro. Está presente en frutas y verduras, especialmente en cítricos, grosellas, fresas, kiwi, perejil, nabo, coliflor, espinacas, zanahorias, tomate, coles de Bruselas, brécol, pimientos, avellanas y pistachos, entre otros.
-En cuanto a la vitamina E es considerada la vitamina antienvejecimiento por excelencia ya que su principal función es actuar como antioxidante depurando los radicales libres, protegiendo los ácidos grasos poliinsaturados de la degradación oxidativa y eliminando del cuerpo su exceso. Asimismo, aumenta el flujo sanguíneo por lo que mejora la elasticidad de la piel al tiempo que la hidrata y la protege de la radiación solar. Son fuentes naturales de vitamina E el aguacate, los aceites vegetales (oliva, girasol, soja, etc.), las pipas de girasol, los cereales, el germen de trigo, el brécol, las coles de Bruselas, los espárragos, las espinacas, la yema de huevo, el mango, la soja, el hígado, las almendras, las nueces, los pistachos y las aceitunas.
Vitamina A. Es una vitamina liposoluble que podemos encontrar en forma de retinol en el hígado de algunos animales, en los aceites de pescado, en la grasa de los productos lácteos o en  los huevos con la ventaja de que puede ser utilizado directamente por el organismo o en forma de carotenos–de los que el más conocido es el betacaroteno-,sustancias que se transforman en vitamina A mediante un proceso que tiene lugar en el intestino y el hígado, y que están presentes en el perejil, los pimientos, las frutas de color amarillo, las naranjas, las zanahorias, los melocotones, los mangos, las mandarinas, los albaricoques y las verduras verdes (lechuga, escarola, endibias, espinacas, espárragos, guisantes, repollo y brécol).
Pues bien, cuando la vitamina A se une a las vitaminas C y E ayuda a eliminar el exceso de radicales libres. Además estimula la regeneración y oxigenación celular y la producción de colágeno por lo que frena la aparición de arrugas y atenúa las ya existentes. Asimismo combate la piel seca y le proporciona una mayor elasticidad y firmeza.

MINERALES

Selenio La acción antioxidante de este mineral se potencia cuando se toma junto con vitamina E. Tomados conjuntamente protegen las membranas de las células frente a los daños producidos por los radicales libres por lo que previenen -o retardan- la oxidación de los tejidos y la aparición de los signos cutáneos de envejecimiento. Además ayuda a mantener la elasticidad de la piel. De forma natural podemos encontrarlo en el ajo, la levadura de cerveza, el germen de trigo, la cebada, el plátano, la mandarina, la cebolla, el tomate, el brécol, el rábano, el guisante, la soja, los anacardos o los huevos, entre otros alimentos. Asimismo es fácil encontrarlo en suplementos alimenticios en combinación -la mayoría de las ocasiones- con la vitamina E.
-Zinc.Este mineral es necesario para que la vitamina A pueda actuar como antioxidante. Además, por sí mismo, favorece la renovación celular mediante la formación de nuevas proteínas, participa en la neutralización de los radicales libres y en la síntesis de enzimas, aumenta la supervivencia de las células ante las radiaciones solares, interviene en el sistema inmune y favorece la tonificación y elasticidad de la piel. Constituyen buena fuente de zinc las carnes y vísceras, los pescados, los huevos, los cereales completos -especialmente, el trigo, el centeno y la cebada-, el plátano y las legumbres.
Cobre. Además de actuar como antioxidante este mineral participa en la formación de enzimas, proteínas y neurotransmisores cerebrales, y facilita la síntesis del colágeno y la elastina necesarios para el buen estado de los vasos sanguíneos, los cartílagos, los pulmones y la piel, entre otras muchas e importantes funciones. Alimentos ricos en cobre son el hígado de ternera, el pescado, la mayoría de los mariscos (especialmente las gambas), las ciruelas pasas, los cereales completos (el trigo, sobre todo), los guisantes, las nueces, las avellanas y las alubias secas.
Azufre. Este mineral antioxidante es necesario para que la piel se mantenga en condiciones óptimas. De ahí que se le pueda encontrar en la composición de muchos productos indicados para una gran variedad de problemas dermatológicos. Abunda en cebollas, coles, pepino y alimentos ricos en proteínas.

OTROS ELEMENTOS

Coenzima Q-10. Algunos expertos en nutrición la denominan «la vitamina diez» ya que se trata de un nutriente que el organismo necesita para alimentar las células y poder operar en un nivel óptimo. Es un potente antioxidante cuya principal característica es que es ubicuo ya que existe en todos los seres vivos y en todas las células del cuerpo humano. Es imprescindible si se quiere combatir eficazmente la acción nociva de los radicales libres. Además estimula la actividad celular y reduce la profundidad de las arrugas. Se puede encontrar sobre todo en vísceras de animales, sardinas, caballa, atún, aceite de soja, coles, cacahuetes y espinacas.
Aceite de onagra. De sus semillas se obtienen dos valiosos y escasos ácidos grasos esenciales: los ácidos linoleico y gamma-linolenico que no sólo son excelentes hidratantes para la piel sino que además confieren a este aceite acciones emoliente, antiagregante plaquetaria, antiinflamatoria y antioxidante además de prevenir la aparición de arrugas y proporcionar elasticidad a la piel. Es posible encontrar este aceite en forma de cápsulas, bien solo bien en combinación con otros antioxidantes como la vitamina E o el licopeno.
Licopeno. También tiene propiedades antioxidantes este pigmento de la familia de los carotenoides que es el responsable del característico color rojo de los tomates. Igualmente se encuentra en frutas como la sandía, la manzana, el albaricoque, la papaya o el pomelo rosado. En el mercado se pueden encontrar suplementos nutricionales de este elemento combinado con vitamina E y aceite de onagra.
-Flavonoides. Se trata de sustancias que previenen la oxidación y activan las enzimas glutation y catalasa. Esta presentes en alimentos como las uvas, el cacao, las coles, las verduras de hoja verde, las frutas rojas y moradas, los cítricos y, sobre todo, el té blanco, dos veces más eficaz que el verde en la lucha contra los radicales libres.
Ginkgo Biloba. Protege frente a la oxidación de las membranas celulares, especialmente en el caso de las neuronas. Sus flavonoides, muy activos frente a los radicales libres, mejoran el suministro de sangre y oxígeno a los tejidos y al cerebro.
Levadura de cerveza. Se trata de un hongo que se encuentra en la piel de determinadas frutas y en el mosto de la cerveza. Es antioxidante y rica en vitamina B5, sales minerales y aminoácidos. Los expertos consideran que su presencia en la dieta –a través de la ingesta de frutas o de cápsulas o comprimidos- es interesante para el cuidado de la piel.
Cisteína. Es un aminoácido no esencial importante para la producción de enzimas que actúan contra los radicales libres como la glutation peroxidasa. El hígado y nuestras defensas lo utilizan para desintoxicar el cuerpo de sustancias químicas y otros elementos nocivos. La cisteína se encuentra en carnes, pescados, huevos y lácteos. También tienen propiedades antioxidantes otros aminoácidos como la metionina y la L-glutamina.
-Isoflavonas.Estos compuestos flavonoideos tienen propiedades nutritivas, hidratantes, regeneradoras, protectoras y suavizantes para la epidermis, especialmente los de la soja.. Entre sus efectos más evidentes está el de estimular la renovación celular y evitar la pérdida de colágeno. Además actúan como estabilizadores de la membrana celular protegiendo la estructura de las células y evitando que los radicales libres ataquen la piel, las mucosas y otros tejidos. Algunos expertos llegan a afirmar que estos elementos vegetales neutralizan los radicales libres con una eficacia diez veces superior a la vitamina E aunque todavía se está investigando esta cuestión.

LA MEDIDA JUSTA 

Es evidente, analizada la importancia de una alimentación equilibrada y rica en sustancias antioxidantes, por qué en los últimos años han aparecido en el mercado tantos productos -especialmente lácteos y zumos- que incluyen en su composición alguna sustancia de este tipo; por ejemplo, zumos con vitaminas A, C y E o bebidas lácteas a las que se añade soja. Sin duda estos productos y los suplementos alimenticios ricos en antioxidantes -cada vez más frecuentes y numerosos en cualquier herbolario- suponen un interesante complemento para obtener a diario las dosis recomendadas de sus principios activos… pero, ¡ojo!, que un exceso de antioxidantes puede provocar el efecto contrario al pretendido. De ahí que nuestra recomendación sea la de siempre: consulte a un experto a fin de que le ayude a establecer qué aporte de antioxidantes es más adecuado en su caso.
Claro que de nada servirá llevar una dieta sana para evitar el envejecimiento prematuro de la piel si no la acompaña de unos hábitos igualmente sanos como dormir suficientes horas, no fumar, limitar al máximo la ingesta de alcohol –la bebida alcohólica más adecuada es el vino tinto-, beber al menos dos litros de agua al día, protegerla del sol, mantenerla convenientemente limpia y darle los cuidados externos que necesita a diario especialmente ahora cuando, acercándose el verano, destapamos cada vez más centímetros de piel.

 L. J.
 Recuadro:


Alimentos “superantioxidantes”

Existen decenas de alimentos con acción antioxidante pero hay 10 que destacan sobre el resto. Son estos:

-Aguacates.
-Bayas (moras, fresas, frambuesas, arándanos, etc.).
-Coles.
-Zanahorias.
-Cítricos.
-Uvas.
-Cebollas.
-Espinacas.
-Tomates.

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Mayo 2005
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