La memoria del agua

La constatación por Luc Montagnier de la capacidad del agua para recibir, almacenar y actuar como transmisor de señales electromagnéticas procedentes del ADN de bacterias y virus reproduciendo sus efectos sin presencia física reivindica el trabajo del científico francés Jacques Benveniste, descubridor de la denominada “memoria del agua”. Éste estableció las bases de lo que denominó Biología Digital según la cual las moléculas de las sustancias vivas tienen un determinado espectro de frecuencias que pueden grabarse digitalmente con un ordenador para ser luego reproducidas o enviadas por la red a cualquier lugar del mundo. Pudiéndose así transmitir esa información de nuevo a otra agua distinta y lograr que ésta actúe como si la sustancia cuya frecuencia ha recibido se encontrara físicamente en ella.

Dos ideas básicas pueden extraerse de la nueva línea de investigación del premio Nobel Luc Montagnier de la que informamos en el nº 138 de la revista: la primera, que si el ADN de virus y bacterias es capaz de transmitir al agua su “huella electromagnética” lo lógico es que ocurra lo mismo con cualquier otra entidad viva; y la segunda, que si esa huella electromagnética puede transmitirse entre recipientes separados físicamente debe ser posible también mediante la emisión de radiofrecuencias actuar sobre el agua interna de cualquier ser vivo, incluidos los humanos; tanto positiva como negativamente. Especialmente sabiendo que nuestra agua internaestá en realidad compuesta de cristales líquidos en forma de clatratos que permiten que la luz viaje a velocidades increíbles por el organismo transmitiendo información como descubrió la doctora mexicana Esther del Río quien asegura que su pérdida es por ello una de las principales causas de enfermedad y de ahí que su restitución permita recuperar la salud. “Agua” que sería en realidad un “estado intermedio de la materia” al poseer las propiedades de los líquidos y a la vez las propiedades de los cristales ópticos… siendo por eso por lo que es capaz de “guardar información”. Se podría por ello afirmar que el agua –al menos la orgánica humana- tiene “memoria”. Algo que implica además que nuestro organismo es en realidad como un gran ordenador cuya agua interna le permite intercambiar información en millonésimas de segundo (lea el lector en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título Por las venas corre ¡luz! apareció en el nº 85).

Ignoramos si Montagnier tiene conocimiento de esto aunque suponemos que no. Como ignoramos si sabe que antes que él otros investigadores constataron que se pueden transmitir al agua –y a un organismo- frecuencias benéficas o patógenas –es decir, “informaciones”- mediante dispositivos electrónicos como ya en varios artículos hemos explicado en la revista. Lo que en todo caso es indudable es que se ha atrevido a plantear el hecho de que el ADN microbiano puede transmitir al agua electromagnéticamente información… poniendo en peligro su prestigio ante la conversadora comunidad científica. Es más, ha reivindicado la memoria y el ingente trabajo que hiciera otro investigador francés, Jacques Benveniste (1935-2004), tildado por la mayoría de ésta de “charlatán pseudocientífico” por afirmar hace ya años que “el agua tiene memoria”. Asegurando Montagnier públicamente que no tiene duda alguna de que su colega será reivindicado.

Como el lector supondrá se trata de un asunto trascendental a muchos niveles pero especialmente en el ámbito de la salud y de ahí que resulte incomprensible el silencio tanto de sus colegas como de los medios de comunicación ante sus afirmaciones y descubrimientos. Quizás se deba a que pese a ser un investigador comprometido con el método científico y portavoz en su momento del paradigma VIH/SIDA en los últimos años -incluso antes de la concesión del galardón en Suecia- se ha mostrado a menudo crítico con el modelo actual. De hecho ha criticado abiertamente los obsoletos planteamientos de la Biología que considera anclados en el mecanicismo cartesiano: “Los biólogos –declaró a la emisora France Interviven todavía con los planteamientos de Descartes: el animal como máquina, los mecanismos… Ahora bien, después de Descartes llegó Newton y la gravedad, una fuerza que se transmite a distancia; llegó Maxwell y el descubrimiento de las ondas electromagnéticas… Pero de todo eso los biólogos permanecen completamente inconscientes. Los biólogos de hoy, los biólogos moleculares, imaginan los contactos entre las moléculas como contactos físicos y no son capaces de entender que las moléculas, que es lo que Benveniste dijo, también puedan transmitir a distancia. Por tanto es una revolución mental y aceptarla lleva tiempo”. Y en esa misma línea de apertura mental ha sido capaz de admitir lo que muchos otros niegan: que el agua tiene memoria. “En cuanto a la ‘memoria del agua’-declaró al diario Les Echos– puede ser también un fenómeno de comunicación utilizado por las bacterias y los virus a través de las ondas. Estamos abriendo un nuevo campo de investigación en la encrucijada de la Física y la Biología (…) De hecho podemos explorar la idea de Benveniste de que las moléculas se comunican entre sí por ondas, un poco como nosotros lo hacemos por teléfono. He creado por ello con algunos colegas Nanectis, una empresa de biotecnología que se centrará en la detección preventiva de huellas virales y bacterianas en medios acuosos”.

El acercamiento de Montagnier a los trabajos de Benveniste no es pues sólo teórico. Su convencimiento sobre las aplicaciones futuras de sus descubrimientos es tal que ya en abril del 2006 fundó la empresa de biotecnología antes mencionada, Nanectis Biotechnology, con el objetivo de desarrollar métodos de detección preventiva a partir de las huellas electromagnéticas de virus y bacterias. Es más, Nanectis se desarrolló a partir de Digibio, compañía especializada en la detección de señales electromagnéticas de moléculas específicas que fue creada por el propio Benveniste para desarrollar sus trabajos.

Por consiguiente Montagnier ha sabido ver que en las investigaciones de su compatriota, además de prestigio, podía haber también “negocio”. De hecho en el 2007 ya patentó junto al doctor James Aissa -antiguo colaborador de Benveniste- el Method Of Detecting Microorganisms Within A Specimen (Métodode detección de microorganismosen el interior deunespécimen) en el que recoge los pasos necesarios para obtener muestras diluidas a partir de un medio líquido biológico o artificial que haya contenido un microorganismo específico explicando después cómo someter las mismas a un campo de excitación de naturaleza eléctrica, magnética y/o electromagnética. Y a continuación explicar cómo obtener mediante grabaciones electromagnéticas señales eléctricas específicas que puedan convertirse en señales digitales. ¿El objetivo final? Detectar la presencia de microorganismos con un dispositivo en el que se hallen almacenadas en una base de datos todas las frecuencias de los microbios patógenos e identificar el presente en el objeto o persona testada mediante biorresonancia.

Bien, pues con el conocimiento teórico asumido y sus consecuencias prácticas aseguradas por la patenteel 27 de octubre de 2007 Montagnier presentó por primera vez en público -que sepamos- sus propias experiencias sobre la Memoria del Agua y la Biología Digital en un seminario celebrado en Lugano. Presentando en él un modelo experimental en el que ultra filtrados de micoplasmas, bacterias o virus aparentemente desprovistos de cualquier rastro de material genético eran capaces de transmitir información genética específica a linfocitos humanos en cultivo. Constatándose luego que esa información genética “virtual” provocaba la infección propia de los organismos que originalmente contenía. Bueno, pues según Montagnier esa transmisión de material genético no podía deberse más que a algún fenómeno aún no identificado que tenía lugar en el agua. Posteriormente, en el 2009, aseguraría haberlo descubierto: se debía a la presencia en el agua de ¡nanopartículas!

Se trata pues de una auténtica revolución puesta en marcha con la palanca de su prestigio pero quien realmente la inició fue Jacques Benveniste. Porque la emisión de ondas electromagnéticas basadas en frecuencias del orden de 20 a 20.000 Hz procedentes de distintas sustancias vivas -o, como sostiene Montagnier, de ultra filtrados de bacterias o virus- es precisamente el fundamento de la Biología digital diseñada por Jacques Benveniste.

BENVENISTE, PASADO Y FUTURO DE UNA REVOLUCIÓN CIENTÍFICA 

Benveniste falleció en París a los 69 años el 3 de octubre de 2004 durante una operación quirúrgica. Y como tantos otros ilustres hombres de ciencia no logró en vida ver que se reconocía su trabajo aunque es muy probable que ahora sea revisado y visto con otros ojos.

Entre 1965 y 1969 trabajó en elInstituto Francés para la Investigación del Cáncer (CNRS), año en el que pasó a trabajar en la Scripps Clinicand Research Foundation de California -donde estuvo hasta 1972- adquiriendo fama como miembro del equipo que aisló en la sangre una hormona llamada factor de activación de plaquetas. De vuelta a Francia fue nombrado director de Inmunología del laboratorio del Institut National de la Santé et de la Recherche Médicale (INSERM) en París. Era pues un científico reputado. Hasta que en junio de 1988 publicó en la prestigiosa revistaNature un artículo sobre lo que popularmente sería conocida como “memoria del agua”. Texto en el que afirmaría que “la información específica de una sustancia se trasmite en el proceso de agitado de la disolución al agua”. Así lo descubrió efectuando un trabajo sobre degranulación de basófilos humanos inducida por una solución altamente diluida del anticuerpo IgE. Lo singular es que, como en tantas otras ocasiones, el descubrimiento fue casual: Se debió a algo accidental–explicaría-; un técnico de mi laboratorio hizo accidentalmente una dilución mayor de la prevista y supuse que dada la escasa cantidad de moléculas que debían quedar no habría casi nada de la sustancia original. ¡Pero la había! Seguimos entonces diluyendo y el efecto reaparecía. Así supimos que estábamos ante un fenómeno nuevo”.

Como condición previa a su publicación Nature solicitó que los resultados se replicaran por laboratorios independientes. Se hizo y el artículo así lo reflejaría añadiendo la firma conjunta de cuatro laboratorios de Canadá, Italia, Israel y Francia. A pesar de lo cual el artículo se publicó acompañado de un editorial en el que la revista expresaba su incredulidad ante el fenómeno.

Luego, dado el tremendo impacto que causó el texto y en una decisión ciertamente controvertida, Nature decidió no esperar a la posible replicación independiente de otros laboratorios y apenas una semana después envió un equipo al laboratorio de Benveniste para que éste replicara el experimento bajo el control de un equipo que integraban el propio editor de Nature, el físico John Maddox, el químico Walter Stewart y un mago o ilusionista llamado James Randi que luego se “especializaría” en “desenmascarar fraudes científicos” como miembro del Consejo para la investigación científica de lo paranormal CSICOP por sus siglas en inglés- (lea el lector en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título Fundamentalistas científicos contra el pensamiento crítico apareció en el nº 135).

La atípica “investigación” de este equipo -que desde el principio se mostró escéptico cuando no hostil con los resultados de Benveniste- se realizaría pues bajo una gran presión. Y concluyó con un informe en el que aseguraban que Benveniste no había podido reproducir los resultados. “El fenómeno descrito no es reproducible–afirmarían-. Creemos que los datos experimentales se han asentado sin ninguna crítica y sus imperfecciones no se han informado adecuadamente”.

Tras conocer el informe Benveniste rechazaría totalmente las alegaciones de posibles errores en el muestreo y falta de fiabilidad de los métodos de control. Y en el mismo ejemplar de la revista -y en otro comentario posterior- criticó el trabajo de aquel peculiar “equipo de investigación” calificando su trabajo y métodos como “burla a la investigación científica” asegurando que “persecuciones tipo McCarthy” como la que ejercieron “matarían la Ciencia”.

De nada sirvieron sus argumentos y quejas. Sólo los partidarios de la Homeopatía dieron valor a su trabajo al entender que apoyaba la base de los productos homeopáticos. Yo no soy un médico alternativo –recordaría después Benveniste-sino un médico muy clásico. Pero se me acusó de apoyar a la Homeopatía. Los médicos convencionales se sienten muy molestos cuando usted hace algo que parece validar la Homeopatía. Sin embargo mis experimentos muestran irrefutablemente que incluso cuando un compuesto está muy diluido puede aún volver a la actividad. Así que, en esencia, es cierto que mis experimentos pueden dar explicación científica a porqué funciona la Homeopatía”.

A partir de ese momento Benveniste sufrió una brutal campaña de desprestigio que acabó prácticamente con su credibilidad científica. Y en 1991 tuvo que soportar el bochorno de recibir el IgNobel “por su persistencia en convencer a los demás de que el agua es un líquido inteligente capaz de recordar compuestos químicos incluso cuando toda huella hubiese desaparecido de su seno”. Dos años después -a finales de 1993- el Inserm cerraría la unidad 200, el área de investigación del equipo de Benveniste.

Los intentos posteriores de quienes se atrevieron a investigar científicamente sus afirmaciones produjeron distintos resultados; unas veces claramente negativos y otras equívocos pero también hubo algunos que obtuvieron resultados similares. Y si bien hasta los trabajos recientes de Montagnier el tema había desaparecido prácticamente de la literatura científica más relevante lo cierto es que ha seguido formando parte del debate de parte de la comunidad científica; quizás porque en el fondo se sigue desconociendo e investigando la auténtica naturaleza de la estructura del agua y, por tanto, de sus propiedades. Así que nadie puede negar taxativamente nada relativo a las mismas; ni siquiera que tenga memoria.

Agregaremos que a pesar de todo Benveniste siguió trabajando y buscando posibles mecanismos para el efecto descubierto. “Diez años después del artículo deNaturesobre la degranulación de basófilos –escribió Benveniste en Mi verdad sobre la memoria del agua, a pesar de las trampas y para disgusto de aquéllos que querían mi caída continúo aún con mi investigación. A partir de estudios en altas diluciones mis trabajos han evolucionado hacia la transmisión electrónica de señales moleculares y, a continuación, hacia la digitalización de esas señales. Probar la hipótesis de la memoria del agua ya no es la parte central de mis preocupaciones. Para mí la cuestión ha cambiado: ahora lo que me interesa es la capacidad del agua para transmitir las señales moleculares más que sus propiedades de almacenamiento o memorización. Es cierto, soy en la actualidad uno de los pocos investigadores en realizar un trabajo sobre la ‘Biología digital’. Mi aislamiento personal y material se refleja también en un aislamiento en la teoría: he adoptado la hipótesis de la naturaleza electromagnética de la señal molecular y tratando de entender cómo se producen y las rutas que se necesitan me he visto forzado a salir de mi campo, el de la Biología, para explorar el de la Física. Si el mundo de la investigación estuviera abierto a las innovaciones, como sus dirigentes afirman, yo simplemente podría trabajar en mis observaciones sobre las señales de baja frecuencia molecular que el agua transmite para desarrollar experimentos y aplicaciones”.

En1997 Benveniste publicaría en Journal of Allergy and Clinical Immunology un artículo titulado Transatlantic Transfer of Digitized Antigen Signal by Telephone Link en el que afirmaría que los efectos dela memoria del agua ¡podían transmitirse a través de las líneas del teléfono! Y le fue concedido por ello otro premio IgNobel.

En 1999 profundizaría en la importancia del agua como soporte de señales electromagnéticas publicando en Medical Hypotheses dos artículos: Electromagnetically Activated Water and the Puzzle of the Biological Signal y The molecular signal is not functional in the absence of informed water.

Y en el 2000 otro en FASEB Journal sobre la transmisión de información en otros soportes líquidos con el título Activation of human neutrophils by electronically transmitted phorbol-myristate acetate.

Resumiendo, sus investigaciones le llevaron a afirmar antes que nadie que puede imitarse la naturaleza electromagnética de la interacción molécula-receptor mediante señales digitales a las que los sistemas biológicos respondieran de una manera específica y similar a la provocada por la presencia física de las moléculas escogidas. “Le pongo un ejemplo–decía Benveniste en una de sus últimas entrevistas, concedida al escritor Wynn Free-. Digamos que se aplica histamina en la piel de un animal y se crea una irritación, como una ampolla. Pues bien, si se aplica el agua a la que hemos transferido la memoria de la histamina en la piel del mismo animal volverá a aparecer la ampolla. Eso es lo que quiero decir con un efecto específico. Hicimos lo mismo con otros compuestos y obtuvimos el mismo resultado. Y podemos ir un paso más allá. Podemos grabar la actividad presente en una sustancia diluida en el agua en un equipo y luego pasar la grabación a agua no tratada. Y el agua tratada por ordenador tendrá el mismo efecto que el agua que fue tratada con una sustancia real y diluida”. Aún más, afirmó que era posible transmitir dichas señales en soportes digitales o a través de Internet sin que llegaran a perder sus efectos sobre los sistemas biológicos; aunque siempre prefirió no hablar de frecuencias.

No nos gusta utilizar la palabra‘frecuencia’ –diría- porque eso implicaría que sabemos qué frecuencia es. De hecho es exactamente lo mismo que cuando usted graba algo en su ordenador –una canción o una voz- y luego lo reproduce. Su oído vibra de la misma manera en que lo haría si estuviera en la sala escuchando el sonido original. El oído se deja engañar por la grabación. El oído reacciona como si el cantante estuviese cantando en vivo. Usted no conoce las frecuencias involucradas, sólo sabe que la voz que sale del altavoz suena exactamente como sonaría si el cantante estuviese en la habitación. Bueno, pues de la misma manera puede usted registrar el espectro de frecuencias de una sustancia. Para ello utilizamos la tarjeta de sonido del altavoz y la conectamos a una bobina de cobre. Los espectros de frecuencia están siempre dentro de la gama de audio de 20 a 20.000 ciclos por segundo. Lo importante es que hemos resuelto uno de los misterios de la Biología clásica. La frase ‘señal molecular’ es una de las referencias más utilizadas en Biología lo que ocurre es que nadie ha contestado o se ha preguntado cuál es la naturaleza física de esa señal. Y nosotros hemos descubierto que la señal molecular oscila al menos entre 20 y 20.000 Hz; lo cual tiene sentido ya que sólo una baja frecuencia puede transmitirse a través del agua”.

APLICACIONES FUTURAS DE UNA TECNOLOGÍA HOY INIMAGINABLE 

En realidad se necesitan condiciones muy estrictas para que el experimento de Benveniste sea repetible porque cuando se trata de transmitir señales al agua ésta captará o no la señal dependiendo de las condiciones electromagnéticas en las que se realiza. “Por ejemplo –le explicaría a Free-,usted está ahora grabando mi voz en una cinta y si pone un imán sobre ella mi voz se borrará. En cambio si estuviéramos hablando cara a cara aunque usted pusiera el imán delante de mi boca se escucharían mis palabras. Así que hay una diferencia entre la grabación electromagnética y la voz real a pesar de que el sonido sea el mismo. Por eso los campos electromagnéticos del entorno pueden afectar al hecho de que la señal se transfiera de nuevo al agua”.

Respecto a la capacidad del agua para almacenar información Benveniste se limitó a señalar lo mucho que se desconoce en realidad de la naturaleza del agua. “Debo decir ante todo –explicaría –que el agua no se comporta como debería. Hay más de 30 constantes físicas erróneas. Por ejemplo, se dice que el agua es una mezcla de dos gases, el hidrógeno y el oxígeno, que se convierten en líquidos a temperatura ambiente normal… pero eso es totalmente imposible. El agua no debería pues existir. Y es que, ¿por qué es líquida? Los físicos no lo entienden. No puede realmente explicarse a la luz de las leyes comunes de la Física. Así que, como es inexplicable, todo lo que yo puedo hacer es repetir mis experimentos y demostrar que funcionan”. Debemos hacer aquí un inciso para volver a lamentar que el Dr. Benveniste no estuviera al tanto de los descubrimientos de la ya mencionada Dra. Esther del Río pues si los hubiera conocido sus dudas se habrían disipado, si no por completo sí en gran medida.

En cuanto a las posibles aplicaciones de la digitalización de señales él pensaba que algún día alguien perdido en medio de la nada en África podría por ejemplo enviar por teléfono vía satélite la señal de microorganismos que pudieran estar a su alrededor en busca de un diagnóstico sobre su naturaleza evitando así el largo proceso de recoger muestras, envasarlas y enviarlas a los centros de control. “Un laboratorio en Chicago –contaría-ha duplicado mi experimento grabando 26 muestras de las que la mitad, trece, eran un grupo de frecuencias de control elegidas al azar y la otra mitad señales moleculares reales de diversas sustancias. Entonces me enviaron todas en archivos ‘wav’ sin nombre por lo que mi laboratorio no sabía a qué correspondía cada cual. Bueno, pues fuimos capaces de reconocer e identificar las que correspondían a las 13 sustancias reales. Cuando publiqué esto nadie se lo creyó al principio. Pensaron que era imposible enviar las moléculas a través del Atlántico. Pero nunca pudieron señalarnos algún error en el protocolo experimental”.

Benveniste también pensaría en contribuir a la detección de virus y bacterias en el ser humano cuando aún no hubiesen siquiera comenzado a exteriorizarse los síntomas de la infección. “Creemos –dijo- que se podría detectar el virus del SIDA en concentraciones por debajo de lo comúnmente mensurable. Si alguien está contaminado con el VIH hay un período en el que los anticuerpos no aparecen y, sin embargo, la persona es muy contagiosa. Lo que es una pesadilla para los bancos de sangre. Y con esto podría hacerse a precios muy bajos en comparación con el coste de unos análisis de ADN pero de momento estamos trabajando con un presupuesto muy pequeño y no hemos sido capaces de desarrollar esos protocolos aún. Otra posible aplicación sería la de acabar con las plagas en el campo. Permitiría eliminarlas sin contaminar el medio ambiente con productos químicos tóxicos. Y seguro que hay muchas otras aplicaciones que no se han descubierto y probado. En este momento sólo hay tres personas trabajando en el proyecto pero espero que algún día haya miles de investigadores experimentando con esta tecnología y, a continuación, las aplicaciones se desarrollen rápidamente. Tal vez en 30 años.No hay nada descrito en la Física que explique por qué cuando usted aproxima dos moléculas no hay intercambio de información de ningún tipo; excepto con las sustancias radiactivas. Luego la única manera de que las moléculas se comuniquen es mediante vibraciones. Y de hecho se sabe que las moléculas vibran; se sabe desde hace 50 años así que la vibración no está separada de la molécula. De ahí que se infiera que las vibraciones son la manera de comunicarse de las moléculas”.

EL PAPEL DEL EXPERIMENTADOR

Debemos añadir que si bien los trabajos de Benveniste han sido hasta ahora prácticamente ignorados -cuando no despreciados- por la comunidad científica Montagnier no ha sido el único en reivindicar su trabajo. Madeleine Ennis, farmacóloga y profesora en la Universidad de Queen de Belfast (Irlanda del Norte) que no creía en la homeopatía, se propuso un día cerrar definitivamente la polémica sobre la “memoria del agua” para lo que se integró en un consorcio de cuatro laboratorios de investigación independientes de Francia, Italia, Bélgica y Holanda dirigido por la profesora de la Universidad Católica de Lovaina M. Roberfroid. La idea era pues realizar un experimento que refutara la aseveración de que el agua tiene memoria. Solo que, para sorpresa de todos ellos, descubrieron exactamente lo contrario.

Tras el experimento Ennis describió cómo su equipo observó los efectos de las soluciones ultra-diluidas de histamina en los leucocitos involucrados en la inflamación. Estos basófilos liberan histamina cuando las células son atacadas y una vez liberadas impiden que se libere más. Pues bien, el estudio concluyó que las soluciones homeopáticas -tan diluidas que probablemente no contenían ninguna molécula de histamina– actuaban como la sustancia física. “Nos sentimos incapaces de explicar nuestros descubrimientos –escribiría Ennis en un artículo que se publicaría en Inflammation Researchpor lo que informamos de ello a fin de animar a otros a investigar el fenómeno. Si los resultados son reales las implicaciones serían profundas: habría que reescribir la Física y la Química”.

Conviene explicar que con el fin de asegurarse de que ningún factor imprevisto afectara al experimento los cuatro laboratorios involucrados ignoraban los contenidos de sus soluciones de prueba; no sabían si contenían cantidades “fantasma” de histamina o simplemente agua pura. Pero eso no es todo. Las soluciones de histamina “fantasma” y los controles se prepararon en tres laboratorios diferentes que no tenían nada que ver con el experimento. Éste fue además coordinado por un investigador independiente que codificó todas las soluciones y cotejó los datos pero no participó en ninguna de las pruebas o análisis de los datos del experimento. Finalmente, para evitar el conteo manual de los basófilos que quedaban coloreados después de la reacción de inhibición de la histamina, se etiquetó a los basófilos activados con un anticuerpo monoclonal que podía observarse por fluorescencia y medirse automáticamente. No hubo mucho espacio pues para el fraude o la ilusión. Lo singular es que, a pesar de ello, los resultados de esos laboratorios no han podido volver a reproducirse. ¡Lo mismo que le pasó a Benveniste!

En un trabajo reciente publicado el año pasado con el títuloBasophil models of homeopathy: a sceptical view la propia Madeleine Ennis reflexionaba sobre la experiencia científica acumulada hasta el momento. “Después demás de 20 años de investigación –escribiría en él-tratando de averiguar si las altas diluciones de histamina tienen un efecto de retroalimentación negativa en la activación de basófilos por anti-IgE, ¿qué sabemos? Los métodos entre los laboratorios están mal normalizados pero lo mismo pasa con los estudios convencionales. Ciertamente parece haber alguna evidencia de efecto – aunque pequeño en algunos casos- con las altas diluciones en varios laboratorios diferentes usando las metodologías de citometría de flujo. Recomendamos que se realice un ensayo multicéntrico trasunificar un número determinado de parámetros. Esperamos poder terminar este año esta ‘historia interminable’”.

Ciertamente, como sostiene Ennis, la falta de estandarización podría ser el problema pero quizás no sea la única explicación. Quizás haya que pensar en comenzar a replantearse seriamente en ciertos experimentos el papel del experimentador. O, mejor dicho, la influencia de la intención del experimentador en los resultados finales del experimento; tal como se puso de manifiesto en otra investigación de origen más sorprendente.

Porque mientras Ennis -y otros investigadores- continúan especulando con la memoria del agua las implicaciones más revolucionarias de los hallazgos de Benveniste llamaron tanto la atención del Departamento de Defensa de Estados Unidos que una de sus agencias –Defense Advance Research Projects Agency (DARPA)– trató de replicar de forma independiente los fundamentos de la Biología Digital del profesor Benveniste. Y es imposible ignorar, llegados a este punto, que algunos de los pasos más importantes de la ciencia han llegado después de que la industria militar haya aprovechado -con fines más o menos ocultos- investigaciones consideradas por muchos como “fantasiosas”.

En suma, hoy se sabe que la DARPA trató de confirmar si la emisión de señales digitalizadas podía actuar sobre inhibidores de la trombina en el nivel de coagulación. Y tal y como muchos esperaban el resultado fue negativo. “No encontramos –explicarían los investigadores en sus conclusiones-efectos de las señales digitales en la inhibición de la trombina sobre la coagulación del fibrinógeno”.

Sin embargo en el resumen final se recogen otros detalles no menos significativos. Porque ahí, de nuevo, nos encontramos ante el papel del experimentador… pero esta vez reflejado por escrito en la publicación. Y es que los autores de ese trabajo reconocen en las Conclusiones que aunque con carácter general los efectos de las señales digitales no pudieron demostrarse SÍ se manifestaban cuando era un miembro del equipo de Benveniste el que realizaba las pruebas. De hecho así pasó en 14 de 16 ocasiones a pesar de que no pudieron encontrar errores o violaciones en sus actuaciones que explicaran el fenómeno. Y de ahí que abrieran en sus Conclusiones la puerta al poco investigado y misterioso “papel del observador” en el experimento. “El profesor Benveniste murió el 3 de octubre de 2004 –comentan los autores del artículo publicado en The FASBE Journalpero antes de fallecer habló de la posibilidad de que acciones no conocidas pudieran interferir en las señales digitales que producen los efectos. Afirmando que había observado en su laboratorio una variabilidad similar según quien fuera el experimentador. Añadiría que algunas personas consiguen siempre los efectos digitales mientras otras no consiguen ninguno o los bloquean. Y si bien es posible que otros factores desconocidos -como la influencia de residuos químicos, emanaciones energéticas o la intencionalidad de los experimentadores (la negrita es nuestra)-podrían suponer una explicación para estos resultados no pudimos probar estas hipótesis ni desarrollamos un marco capaz de controlar esos factores. Y sin ese marco continuar la investigación sobre este enfoque de la Biología Digital sería inútil, una búsqueda sin fin sin conclusión probable o, en el mejor de los casos, prematura”.

Debemos añadir que una investigadora española con experiencia de colaboración internacional con laboratorios norteamericanos nos confirmaría recientemente en la redacción de la revista esta realidad. Según su propia experiencia la intención del experimentador influye a veces en los resultados del experimento que realiza. Asegurándonos que es más frecuente de lo que se piensa y que si los investigadores no hablan abiertamente de ello en sus laboratorios es por miedo a quedar estigmatizados ante la comunidad científica y perder recursos económicos o la posición social.

Y es que todo parece indicar que cuando se llega a la frontera entre lo material y lo inmaterial, entre materia y onda, quizás el papel de la intención del experimentador sea determinante. Algo en cuyo ámbito la Física Cuántica tiene mucho que explicar. De hecho aunque este fenómeno será objeto de un posterior reportaje en la revista no estará demás recordar que no hablamos de algo irreal o ajeno a la Ciencia. Ya en el año 2007 físicos del Laboratorio de Protónica Cuántica y Molecular del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) francés y de la Ecole Normal Supérieure de Cachan llevaron a cabo con éxito un experimento propuesto por el físico John Wheeler en 1978 y comprobaron que el fotón se manifiesta como una onda cuando el experimentador ha decidido voluntariamente observar un comportamiento ondulatorio en él comportándose en cambio como partícula cuando ha decidido observar su comportamiento corpuscular. Incluso aunque la pretensión del observador se retrase al máximo y se ejerza de forma aleatoria.

Un experimento que demuestra la distancia que separa lo que sabemos de lo que ignoramos sobre la realidad física más sutil que subyace a la realidad material con la que los científicos juegan a diario. ¿Será ésta la respuesta a por qué Benveniste, Ennis o el experimentador del DARPA sí obtuvieron resultados donde los demás fracasaron? La realidad es que el experimento francés abre puertas a dimensiones desconocidas porque si el fotón recibe o capta la información del experimentador el mensaje debe viajar más rápido que la velocidad de la luz, algo físicamente inconcebible desde la perspectiva de la Teoría de la Relatividad. De la misma manera que lo es para algunos la memoria del agua o la Biología Digital, descubrimientos de un conocimiento inimaginable del que Benveniste supo adelantarnos parte.

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
140
Julio - Agosto 2011
Ver número