Profesionales sanitarios se plantan ante “la biblia de los trastornos mentales”

Psiquiatras, psicólogos clínicos, médicos de familia, psicoanalistas y trabajadores sociales -entre otros profesionales- han creado un movimiento bautizado como STOP DSM cuyo objetivo es denunciar que el Manual de diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales -el conocido DSM del que en el 2013 se publicará su quinta versión y que para los psiquiatras es “la biblia de los trastornos mentales”– o la“Biblia de la Psiquiatría”pretende -aún con mayor descaro- que cualquier malestar emocional o psicológico sea considerado a partir de su publicación una “enfermedad” que requiere medicación. Y es que la estrategia de la industria farmacéutica de inventarse enfermedades para vender fármacos como sea es ya esperpéntica.

La quinta versión del conocidoManual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM por sus siglas en inglés) -considerado la Biblia de la Psiquiatría ya que es el principal “texto de consulta” de psiquiatras, psicólogos y otros profesionales relacionados con la salud mental- verá la luz en 2013.

Publicada por la estadounidense Asociación Psiquiátrica Americana esa obra ha sido fuertemente rebatida y calificada sin más de “acientífica” siendo muchas las voces que se han alzado por eso contra ella en las últimas décadas. De hecho en la revista nos hemos hecho eco de la denuncia en varias ocasiones como el lector puede comprobar entrando en nuestra web –www.dsalud.com– y leyendo –entre otros- artículos como los titulados¿Es la Psiquiatría una disciplina científica o una estafa?(nº 128),Juan Pundik: “No podemos consentir que se medicalice a los niños” (nº 104), Postulan dar fármacos a los niños y adolescentes no sumisos: la enfermedad de la rebeldía (nº 118) o Aumenta el número de niños tratados de una enfermedad inexistente: elDéficit de Atención e Hiperactividad (nº 138). Y es que hoy no existe comportamiento, actitud o emoción que no esté catalogada y contemplada en ese manual como “enfermedad mental” por lo que una gran parte de la sociedad –entre ellos millones de niños de todo el mundo- está siendo medicada para tratarla de “patologías mentales” inexistentes. Y es que en las últimas décadas los psiquiatras y los laboratorios farmacéuticos se han dedicado a aumentar hasta la náusea el número de “enfermedades mentales” y a asegurar que la solución está en tratarlas con fármacos sintéticos cuando la eficacia y seguridad de los mismos están constantemente en entredicho. Aunque lo peor es que la Psiquiatría le parece al ciudadano de a pie la garante última de la salud mental de la sociedad cuando la realidad es que en numerosas ocasiones es simplemente un engranaje más de la enorme máquina de hacer dinero que se sustenta en la falsa idea imperante de que todo se puede arreglar con fármacos.

Bueno, pues un grupo de psicólogos, psiquiatras, neurólogos, pediatras, psicopedagogos y educadores, hartos de tanto abuso y manipulación, han dado un paso al frente para intentar que se reforme el nuevo DSM que está previsto aparezca próximamente constituyendo para ello una plataforma que han bautizado como Stop DSMy que coordinan conjuntamente la Asociación Cultural Espai Freud –entidad española con sede en Barcelona cuyo fin es promover y organizar actividades de debate y difusión del psicoanálisis en su relación con otros campos del saber-y ForumADD –entidad sociocultural argentina con sede en Buenos Aires- que en apenas unas semanas habían logrado recoger 2.100 firmas de apoyo. De hecho han creado una página webhttp://stopdsm.blogspot.com– para canalizar la información sobre la campaña, la recogida de firmas y los apoyos de las asociaciones profesionales que simpaticen con el proyecto. Y debemos decir que a mediados de junio –momento de escribir estas líneas- ya se habían sumado a la iniciativa el Centro de Asistencia Psicoanalítica, Psiquiátrica y Psicológica (España), la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente (España), la Escuela de Clínica Psicoanalítica con Niños y Adolescentes (España), la entidad Estudio, Investigación y Transmisión del Psicoanálisis (España), la Asociación Española de Historia del Psicoanálisis (España), la Plataforma No Gracias (España), la Association des Psychologues freudiens (Francia), la Association Psychanalyste dans la Cité (France), la Sociedad Paraguaya de Logoterapia (Paraguay), la Clínica Psicanalítica+Centro de Estudos (Brasil), la Union Syndicale de la Psychiatrie (Francia) o la Asociación Galega de Saúde Mental (España), entre otras que no citamos por falta de espacio.

Stop DSMha iniciado pues con fuerza su andadura con la pretensión de abrir el debate lo antes posible y que en él participe la mayor cantidad de personas. De hecho el pasado 21 de mayo se celebró en Buenos Aires el VI Congreso Argentino de Salud Mental en el que se dio a conocer el contenido de los manifiestos que ha elaborado la plataforma. A comienzos de junio, organizado por La Otra Psiquiatría, se celebró la Jornada Ciencia y Locura. Y durante el mismo mes se desarrolló en Vigo la mesa La ciencia-ficción de las clasificaciones psiquiátricas coincidiendo en las mismas fechas con la celebración en Buenos Aires del III Simposio Internacional sobre Patologización de la Infancia.

Cabe añadir que en la web de Stop DSM existe una hoja de rutaen la que se intentan marcar los diferentes “tiempos” de la campaña y que tiene una “hermana” en Francia con el nombre de Pour en finir avec le carcan du DSM. En el país vecino el próximo otoño la editorial L’Harmattan publicará un libro titulado Manifestes contre le DSM con comentarios y notas de Émile Jalley que incluirá los manifiestos de París y de Barcelona más otro texto en defensa del Psicoanálisis.

EL PELIGROSO “DSM-V”

Lo cierto es que los integrantes de este movimiento no dudan en calificar de “peligroso” el DSM-V, un manual tan absurdamente aceptado y arraigado entre los médicos y educadores que hoy muchos niños son etiquetados con algunas de las inexistentes enfermedades descritas en él hasta por profesionales de ámbitos que no tienen nada que ver con la Psiquiatría; por ejemplo, por los profesores de los niños en la escuelas. Basta que un niño no sea sumiso y se muestre más inquieto de lo normal para que algunos profesores recomienden a los padres que lo lleven al psicólogo o al psiquiatra. Iniciativa que parte pues de personas no cualificadas para diagnosticar pero que creen hacer un favor a los padres con ese consejo.

El DSM es peligroso porque se trata de un instrumento que tiende a convertir determinadas modalidades de malestar psíquico en supuestos trastornos mentales. Hay que tener muy en cuenta que en cada nueva edición del DSM se incrementa el número de trastornos mentales. Un ejemplo es el llamado Trastorno Negativista de la Infanciaque se define en términos educativos como el que corresponde a un niño que a menudo se encoleriza e incurre en pataletas, que a menudo discute con adultos, que a menudo desafía activamente a los adultos o rehúsa cumplir sus demandas, que a menudo molesta deliberadamente a otras personas, que a menudo acusa a otros de sus errores o mal comportamiento, etc. Y todo lo descrito no son ‘síntomas’ sino comportamientos. El propio DSM se autodefine como un sistema clasificador de trastornos mentales diciendo que éstos están constituidos por síntomas y signos pero eso ya plantea un problema epistemológico: ¿definimos los trastornos a partir de síntomas o a partir de comportamientos?”. Quien así se expresa es elpsiquiatra español Josep Moya -uno de los impulsores de la campaña Stop DSM– quien nos recomendaría la lectura de un ilustrativo libro de Christopher Lane recientemente publicado por Zimerman Ediciones en español:La timidez: cómo la psiquiatría y la industria farmacéutica han convertido emociones cotidianas en enfermedad.

“Si se convierten los malestares de la vida cotidiana en trastornos mentales-agregaría Josep Moya- estaremos psiquiatrizando la vida y, acto seguido, psicofarmacologizándola: a cada trastorno, su protocolo correspondiente. Y de ahí al fármaco hay un sólo paso. Por eso es peligroso”.

Lo cierto es que en los últimos años numerosos padres acuden a las consultas de psiquiatras y psicólogos sobrepasados y en el convencimiento de que educar se ha convertido hoy en algo muy complicado. Una convicción que los docentes comparten. Unos y otros se quejan de no tener ya autoridad sobre los niños. Y claro, les surge la necesidad de buscar explicaciones racionales a lo que está pasando y en lugar de indagar recurren a la psiquiatría. Porque cuando hacen eso siempre encuentran una “explicación”, un “diagnóstico” que les “explica” por qué no saben afrontar el comportamiento no habitual del niño. En suma, respiran “aliviados”: “Bueno, ahora ya sabemos qué pasa: ¡el niño tiene un trastorno mental!”. Y, obviamente, se muestran dispuestos a “medicarle”. Un error del que muchos se arrepentirán tarde…

Aunque lo más grave es que sean cada vez más los niños que terminan ante el psiquiatra porque a los profesores les resulta más cómodo enviar al médico al niño díscolo o especialmente inquieto. Aunque sea justificándose porque les han sometido a algunos test hábilmente introducidos por la industria entre los profesionales cuyo objetivo es que todo niño que los responda sea alguien con un trastorno que hay que tratar con fármacos. De hecho es ya habitual en las conversaciones con docentes y entre docentes que se hable de trastornos mentales y de psicofármacos. “Y es ahí donde radica la impostura porque no le corresponde a la escuela valorar esa problemática”, nos diría al respecto Lluís Farrè, psicólogo clínico y otro de los fundadores de Stop DSM. “Los profesores –añadiría– pueden detectar problemas de comportamiento en los niños que les parezcan anormales pero corresponde a los profesionales de la salud mental decidir si se trata de un trastorno o no. Y para ello es necesario realizar un correcto diagnóstico clínico -bien por un psiquiatra, bien por un psicólogo clínico- basado en una escucha atenta de lo que explican el niño y sus padres. También es importante el testimonio de los docentes pues pasan muchas horas con ellos y les observan en contextos diferentes. Ahora bien, el diagnóstico clínico requiere tiempo y destreza así como una actitud comprensiva que asuma que ciertas conductas disruptivas pueden ser manifestaciones de malestares psíquicos. No todo malestar es expresión de un trastorno mental. En lo que se refiere a los tratamientos farmacológicos es importante aclarar que requieren de un diagnóstico clínico preciso y de una evaluación previa de riesgos y beneficios. Si se procede con prudencia y buen conocimiento clínico los riesgos de efectos colaterales se reducen considerablemente”. 

¿ATEÓRICO EL DSM?

Stop DSM denuncia asimismo que en las discusiones de elaboración del próximo DSM se haya excluido a los grupos de profesionales que trabajan con modelos teóricos más completos y complejos. Son los casos de los psicoanalistas y de los sistémicos. Una práctica habitual que Christopher Lane ya denunció en el libro sobre la timidez antes citado al hablar del comportamiento deSpitzer, quien fuera coordinador del Comité de Redacción del DSM-III: “(…) Resulta casi cómico, a la luz de la correspondencia existente que demuestra cómo orquestó los debates para decidir por adelantado los resultados, cómo se regodeó ante sus aliados acerca de estrategias obstruccionistas o de montaje para después torpedear o alinearse en contra de innumerables propuestas, la mayoría de ellas psicodinámicas, simplemente porque no encajaban con su idea de que el DSM-III tenía que ser no teórico; es decir, que debería limitarse a enumerar los síntomas de cada enfermedad y permanecer agnóstico en cuanto a sus causas probables”.

Pues bien, aquella estrategia sigue vigente y tiene el objetivo de implantar un pensamiento único tanto en el ámbito de la Psiquiatría como de la Psicología Clínica. Salvador Foraster, coordinador de la ya citada Asociación Cultural Espai Freud, nos explicaría así parte de la estrategia montada:“Su idea es lograr un consenso a favor de una psicopatología clínica, que no estadística. Alegando que el DSM es ‘ateórico’ porque el propio libro explica que clasifica sin basarse en ninguna teoría o modelo epistemológico (psicoanálisis, conductismo, biologismo, etc.). Pero la verdad es que existen trastornos que se definen a partir de supuestas causas. Como el Trastorno por Estrés Postraumáticoo el Trastorno Adaptativoque en ambos casos surgen como respuesta a una situación traumática. Porque ahí ya se postula una causa y, por tanto, una teoría sobre el trastorno. En suma, alegan que no hay teoría subyacente alguna pero cuando definen un trastorno mencionan luego las pruebas de neuroimagen a realizar y las bioquímicas para establecer correlaciones entre grupos de síntomas y alteraciones genéticas, víricas o disfunciones bioquímicas. Por tanto, sí hay en el DSM una teoría subyacente a pesar de que lo niegan”.

Foraster agregaría que “además no se establecen jerarquías entre los síntomas y éstos se agrupan con criterios meramente estadísticos cuando una cosa es la agrupación y otra muy distinta la articulación sintomática. Por ejemplo, cuando se define la esquizofrenia se dice que han de estar presentes dos o más de estos síntomas: ideas delirantes, alucinaciones, lenguaje desorganizado, comportamiento catatónico y síntomas negativos. Que alguien tenga pues, por ejemplo, ideas delirantes extrañas. Ahora bien, ¿qué son ideas delirantes extrañas? ¿Quién decide que algo es delirante y además extraño? Por otra parte, ¿qué diferencia es la que determina lo que es un delirio y lo que es una alucinación? Aún más, ¿cuándo se considera que un lenguaje es desorganizado? ¿Bajo qué criterios lingüísticos? Mire, la estadística no es una epistemología sino una disciplina que ayuda a establecer correlaciones y comparaciones”. 

VÍAS DE ACTUACIÓN

La verdad es que el dislate del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales es tal que la plataforma Stop DSM ha decidido elaborar sin más una clasificación alternativa de los trastornos mentales aunque saben que se trata de un camino complejo que requiere soporte institucional; de ahí que ya trabajen en ello. Y para empezar están pensando en presentar una “enmienda a la totalidad” del DSM que se completaría con enmiendas parciales y concretas para cada “trastorno” definido en él. De hecho la idea es analizar trastorno por trastorno y para ello van a crear grupos de trabajo que analicen la documentación científica publicada sobre cada presunta patología a fin de rebatir el enfoque de los creadores del manual. Para lo que ya se han creado varias comisiones de trabajo cada una de las cuales se ocupa de un ámbito: trastornos afectivos, trastornos psicóticos, infancia y adolescencia, etc. Y paralelamente se organizarán foros donde los profesionales puedan impartir ponencias o seminarios, celebrar mesas redondas y debates clínicos, etc.

Cabe adelantar que para esta plataforma son especialmente preocupantes algunos de los “nuevos trastornos” que pretenden incluirse en el DSM-V. Entre ellos, elSíndrome de Riesgo de Psicosis, el Trastorno Mixto de Ansiedad Depresiva, el Trastorno Cognitivo Menor, el Trastorno de Atracones, el Trastorno disfuncional del carácter con disforia, elTrastorno Coercitivo Parafílico, elTrastorno de Hipersexualidady el de Adicciones conductuales. Y no se ría el lector que los psiquiatras van en serio. Como a usted le guste comer demasiado, haga el amor más de lo razonable, se sienta alguna vez ansioso y deprimido o simplemente manifieste algún comportamiento o emoción que no le parezca “normal” a su psiquiatra –que va a ser el que decidirá eso y no usted- prepárese a ser diagnosticado como “enfermo mental” y a ser medicado con fármacos tan inútiles como iatrogénicos.

El propio Allen Frances -exjefe del Grupo de Tareas del DSM-IV- ofrece en su escrito Abriendo la Caja de Pandora: las 19 peores sugerencias del DSM-V algunas nociones sobre esas supuestas “enfermedades mentales”. Así, alSíndrome de Riesgo de Psicosis lo define como “la más preocupante de las sugerencias hechas para el DSM- V. La tasa de falsos positivos sería alarmante”. Sobre el Trastorno Mixto de Ansiedad Depresiva denuncia que habla de síntomas no específicos tan habituales entre la gente corriente que podría convertirse de inmediato en uno de los “trastornos mentales” más comunes. Del Trastorno Cognitivo Menor dice que está pensado para personas mayores de 50 años y es absurdo medicalizar las disminuciones cognitivas “que son de esperar a esas edades”; a su juicio su aprobación como “trastorno mental” daría lugar a tratamientos innecesarios y peligrosos. En cuanto al Trastorno de Atraconescomentaría que decenas de millones de personas en todo el mundo se dan atracones una vez por semana durante tres meses -que es como define el trastorno el borrador del DSM-V– y lo único que va a conseguirse si se considera eso un “trastorno mental” es estigmatizar a mucha gente y medicarla con productos “de probada ineficacia”. Por lo que se refiere alTrastorno Disfuncional del Carácter con Disforia–expresión con la que quiere considerarse mentalmente trastornado a toda persona que se expresa con exabruptos- lo que se pretende es sólo dar masivamente antipsicóticos a esas personas con los riesgos que eso implica para su salud. Según Frances con esta nueva definición lo que se busca en realidad es paliar el actual e injustificado número de personas a las que se les está diagnóstico de Trastorno Bipolar en la infancia “creando otro monstruo”. Asimismo asegura que elTrastorno Coercitivo Parafílicoexpandiría el cúmulo de delincuentes sexuales susceptibles de castigo civil indefinido por tener un ‘trastorno mental’ que incluye casos de coerción sexual” lo que facilitaría una “alarmante tasa de falsos positivos con subsecuente castigo erróneo indefinido”. Del Trastorno de Hipersexualidad comenta que será “un regalo para los buscadores de excusas en los falsos positivos y un potencial desastre forense”. Finalmente añadiría que las Adicciones conductuales serían incluidas en la sección de adicciones a sustancias aunque lo que se estaría medicando son elecciones de vida, erróneas o no, éticas o morales o no, mejorables o no, pero lo cierto es que cualquier persona podría ser considerada mentalmente enferma y medicada si un psiquiatra la considera simplemente adicta a las compras, al sexo, al trabajo, al fútbol, a la tarjeta de crédito o a los videojuegos…

DIAGNÓSTICO SIN QUE HAYA DISCAPACIDAD

En suma, el borrador del nuevo manual –nos diría Lluís Farrè-aumenta el número de trastornos y el campo semántico de muchos de ellos -como pasó con el famoso Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH)– ya que se permite el diagnóstico basado sólo en la presencia de síntomas, no requiriendo discapacidad. Y además se reduce a la mitad el número de síntomas requeridos para adultos. El diagnóstico de TDAH también se contempla en presencia de autismo lo cual implicaría la creación de dos falsas epidemias e impulsaría el uso aumentado de estimulantes en una población especialmente vulnerable”.

En definitiva, para los propulsores de Stop DSM es obvio que el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales ha acabado -a través de sus diferentes versiones- con la consideración de “trastorno psicopatológico” clásico de las escuelas europeas –básicamente de la francesa y la alemana- y lo ha sustituido por unos criterios supuestamente “ateóricos”. Pero la única verdad constatable es que los DSM han intentando convertir en trastornos mentales que exigen medicación situaciones y comportamientos vitales que se afrontan y superan naturalmente… sólo para poder recetar más fármacos.

Por eso en cada nueva edición se incrementa de manera considerable el número de trastornos.

En los últimos años el pensamiento complejo en salud mental ha sufrido un proceso de desmantelamiento y ello ha supuesto un ataque frontal a lo que se había ido construyendo durante décadas de debates -argumenta Moya-. El pensamiento complejo en salud mental no permite ni legitima explicaciones fáciles y/o simples. La mente humana es un pozo insondable que el ser humano está lejos de comprender”.Añadiendo: “El pensamiento complejo exige escuchar atentamente al paciente y a su familia, y establecer una orientación diagnóstica y terapéutica adecuadas. Sin embargo, con el DSM se rompe este pensamiento complejo y el diagnóstico se banaliza: cualquier persona puede diagnosticar un trastorno mental. Basta con que tenga ese manual en las manos. Un ejemplo: si una persona se niega a salir a la calle porque tiene ansiedad puede ser diagnosticada de fobia social pero una exploración profunda puede revelar la existencia de un delirio de persecución –nos diría Farrè-. Por tanto, un enfoque simple provoca errores y prácticas iatrogénicas al tiempo que comporta una visión reduccionista del funcionamiento del aparato mental”.

Y lo mismo piensa el Dr. Eduardo Cabau, psiquiatra, psicólogo y especialista en Medicina Ortomolecular que se dedica a la Psicoterapia Integral Planificada, técnica terapéutica en la que se aúnan esas tres disciplinas: “En la clínica diaria el DSM no es realista –nos diría-. Yo utilicé la versión III del manual en un hospital público en el que trabajé en mi época de residente. No tenía más remedio: ¡era la biblia! Pero luego, a lo largo de los años, me di cuenta de que era una convención semántica útil en los congresos porque permitía llegar a ciertos consensos pero en la práctica clínica diaria no lo he echado de menos porque para entender qué problema puede tener una persona en el ámbito mental hay que conocer en profundidad sus circunstancias personales, sociales, familiares y laborales. Lo que el DSM está consiguiendo es que aunque toda la vida ha habido personas tímidas hoy se las diagnostica de fóbicas sociales. Siempre hubo personas tristes pero ahora se dice que sufren depresión. Y hoy a muchos niños se les considera hiperactivos cuando en la inmensa mayoría de los casos bastaría que dejaran de beber coca-cola para que les desapareciera esa ‘hiperactividad’. Y cada vez hay más personas bipolares o duales, es decir, diagnosticados de dos enfermedades psiquiátricas. ¿La consecuencia? Que cada vez hay más personas medicadas y con problemas de salud causados por los fármacos. De hecho la iatrogenia se ha convertido en la principal enfermedad con la que nos enfrentamos psiquiatras y médicos en general”.

En suma, si nadie lo evita a partir de 2013 habrá en el mundo decenas de millones más de personas sanas diagnosticadas como enfermas que ingerirán fármacos ineficaces y peligrosos que pueden llevarles a enfermar realmente e, incluso, a la muerte. Esperemos que iniciativas como las de la plataformaStop DSM logren evitarlo.

Miguel Jara

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140
Julio - Agosto 2011
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