Vergonzoso abuso de los aparatos sanitarios emisores de radiaciones

El multimillonario Amancio Ortega donó hace unas semanas 320 millones de euros para que los hospitales españoles pudieran adquirir “equipos de última generación” para la detección y tratamiento radioterápico del cáncer; básicamente mamógrafos digitales con tomosíntesis y aceleradores lineales avanzados. Sin embargo se trata de aparatos que ya dan lugar a un uso indiscriminado que ha llevado al sobrediagnóstico y a la absurda irradiación de millones de personas sanas. Algo grave porque estos aparatos, aun emitiendo menos radiaciones dañinas que los antiguos, también pueden provocar cáncer y otras muchas patologías. Es más, en muchos casos los supuestos beneficios de esa tecnología son marginales.

radiaciones

La decisión de la Fundación Amancio Ortega de invertir 320 millones de euros en la adquisición de más de 290 equipos de diagnóstico y tratamiento del cáncer -como mamógrafos digitales con tomosíntesis o aceleradores lineales avanzados- a fin de realizar diagnósticos más precisos y “tratamientos más eficaces” provocó antes del verano un clamor de satisfacción entre los profesionales de la Oncología, las asociaciones de “pacientes” y los grandes medios de comunicación y, por el contrario, una respuesta muy crítica por parte de la Federación de Asociaciones de Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) cuya postura se presentó en los medios únicamente como ideológica a pesar de que criticaba también la utilidad de los dispositivos adquiridos, el problema del sobrediagnóstico en el cáncer y otros importantes aspectos a valorar.

La tomosíntesis digital de mama -también conocida como mamografía en tres dimensiones (3D)- es un aparato que toma imágenes parciales de la mama mediante el uso de rayos X desde diferentes ángulos a base de “cortes” que luego el software reconstruye en una sola imagen. La mama se ubica de la misma forma que en una mamografía convencional pero con menor presión sobre ella siendo el tubo de rayos X el que se desplaza haciendo un arco alrededor tomando 11 imágenes en 7 segundos cuando una mamografía digital estándar de dos dimensiones (2D) requiere solo dos tomas. Y se nos dice que es mejor pero ni el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos lo tiene claro. Esto es de hecho lo que afirma en su web: “Aunque a muchas mujeres se les ofrece hacerse una tomosíntesis digital de mama no se ha determinado aún de forma concluyente si es superior a la mamografía 2D en la identificación temprana de tumores y si permite evitar resultados falsos positivos”. De hecho añade que para valorarlo va a comenzarse este mismo año -2017- un estudio comparativo. Así que hablamos de un dispositivo mucho más caro que no ha demostrado todavía ser de superior eficacia que los antiguos. Lo único que al parecer va a lograrse con su implantación masiva es que pueda haber un problema de sobrediagnóstico si los médicos y las mujeres que atienden asumen que son mejores y menos problemáticos cuando eso está por demostrar.

Cabe agregar que las mamografías se hacen básicamente para detectar tumores y se piden cada poco tiempo a fin de encontrarlos en sus fases iniciales -cuando son aún muy pequeños- y valorar cuanto antes si son benignos o malignos. Y en el caso de que lo sean si crecerán o no. Algo en realidad impredecible que lleva a muchos médicos a actuar preventivamente en lugar de esperar a ver la evolución que es lo que dicta hacer el sentido común. De hecho el 80% de los tumores de mama se tratan hoy sin necesidad. Así se dio a conocer hace apenas unos meses -una vez más- en un estudio publicado en The New England Journal of Medicine con el título Breast-Cancer Tumor Size, Overdiagnosis, and Mammography Screening Effectiveness (El tamaño del tumor en el cáncer de pecho, el sobrediagnóstico y la efectividad del screening mamográfico) cuyo primer autor es H. Gilbert Welch del Departamento de Medicina de la Geisel School of Medicine de Hanover (Alemania) según el cual existe ya hoy un 80% de sobrediagnóstico. “Parece claro por lo que a la evolución del tamaño del tumor se refiere –se dice en él- que la magnitud del sobrediagnóstico es mayor de lo que se reconoce. Es más, los datos relativos a la tasa de letalidad por tamaño ponen de manifiesto que la disminución de la mortandad por cáncer de mama se debe en gran medida a un mejor tratamiento y no al uso de screenings”.

Ya en 2014 un equipo de científicos de la Universidad de Toronto (Canadá) confirmó tras seguir durante 25 años a 90.000 mujeres -el trabajo se publicó en el British Medical Journal- que hacerse anualmente una mamografía a partir de los 40 años para tener un diagnóstico precoz de un posible cáncer no sirve para nada. En su investigación -que se inició en la década de los 80- se estudió a 45.000 mujeres de entre 45 y 59 años a las que se realizó una mamografía anual y un examen clínico de las mamas y los resultados se compararon con los de otras 45.000 a las que sólo se hizo la revisión anual clínica sin someterse a mamografía alguna. Pues bien, en el primer grupo se diagnosticaron 3.200 casos de tumores mamarios malignos y en el segundo 3.133 siendo la mortalidad similar. Demostrando fehacientemente que los cientos de millones de mujeres que se hacen una mamografía cada año están perdiendo el tiempo y el dinero además de poner en riesgo su salud.

El doctor Juan Gérvas -miembro del Equipo CESCA, colectivo que agrupa a muchos médicos de Atención Primaria- aseveraría por su parte a primeros de 2016 que “hay actualmente millones de personas sobrediagnosticadas; puede hablarse de una auténtica epidemia”; añadiendo que tampoco se justifican las campañas para promocionar el diagnóstico precoz: “Tan perjudicial puede ser el diagnóstico precoz de pronóstico equivocado como el diagnóstico tardío de pronóstico acertado. Lo que conviene a la sociedad y a los pacientes es el diagnóstico oportuno y certero”. El doctor Gérvas aseguraría que por cada muerte presuntamente evitada hay diez mujeres a las que se somete a pruebas diagnósticas innecesarias y seguimientos prolongados que las provocan estrés. Es más, aseveró que aunque ahora se hacen mamografías a las mujeres de menos de 50 años la mortalidad por cáncer de mama no ha disminuido por ello.

 LAS MAMOGRAFÍAS PREVENTIVAS SON INÚTILES Y PELIGROSAS

En fin, el problema del sobrediagnóstico en cáncer ha sido abordado ampliamente en nuestra revista; especialmente en los artículos que con los títulos Las mamografías son habitualmente tan innecesarias como peligrosas, Los tumores de mama remiten a menudo espontáneamente y Oncólogos norteamericanos denuncian el sobrediagnóstico y sobretratamiento del cáncer aparecieron en los números 137, 145 y 165 respectivamente (pueden consultarse en nuestra web: www.dsalud.com).

Y ya en el primero de ellos concluimos que:

-Las mamografías ni previenen el cáncer de mama ni la detección temprana ayuda a superarlo mejor sino que, por el contrario, ambas contribuyen a aumentar el número de casos.

-Los datos estadísticos indican que mueren menos mujeres entre quienes no se hacen de forma preventiva mamografías que entre quienes se las hacen.

-Sólo al 0,005% de las mujeres que se someten a una mamografía se les detecta cáncer. Y para saber eso millones de mujeres sanas tienen que sufrir constantes pruebas, biopsias, operaciones quirúrgicas innecesarias, quimioterapia, radioterapia, angustia, depresión… En suma, no se justifican.

-La creencia de que hacerse mamografías periódicamente de forma preventiva facilita la detección temprana de tumores cuando aún son pequeños y ello permite extraerlos quirúrgicamente causando menos daños a los tejidos circundantes o bien intentar reducirlos con dosis más bajas de radioterapia o quimioterapia y que así disminuye la mortandad no es cierta.

-¿Para qué sirven en realidad las mamografías? Básicamente para detectar tumores… benignos. Y en tal caso, ¿para qué hacerlas? Si son benignos es una pérdida de tiempo, dinero, sufrimiento y angustia. Y para saber si son malignos hay que arriesgarse luego a someterse a una biopsia y a que ésta provoque una metástasis; luego, ¿le parece a alguien que eso tiene sentido especialmente sabiendo que las mamografías no son inocuas?

-Una mamografía implica someter el organismo a rayos X aunque sean de “baja intensidad”… y nadie ha demostrado de forma determinante que existan grados de exposición inocuos.

-Nuestros organismos absorben a causa de la radiación natural 240 mrem de media ¡a lo largo de todo el año! mientras durante una sola mamografía se absorbe la tercera parte de la natural ¡en apenas unos segundos!

-Detrás de iniciativas como el “lazo rosa” no hay más que una campaña orquestada por multinacionales farmacéuticas con ayuda de personas e instituciones engañadas que contribuyen ingenuamente a mantener un gigantesco negocio que no ayuda en nada a las mujeres.

-Algunas de las multinacionales que están detrás de la campaña del “lazo rosa” venden paradójicamente productos demostradamente cancerígenos; algunos provocan de hecho cáncer de mama.

En suma, lo de hacerse mamografías anuales a partir de los 45 años no se justifica. Se trata lisa y llanamente de un mero negocio irracional e injustificado que puede poner en riesgo la salud de las mujeres que se prestan a tamaño disparate.

Laura Esserman –oncóloga norteamericana y directora del Programa de Oncología de Mama del Helen Diller Family Comprehensive Cancer- asevera por su parte: “Si nos fijamos solo en la fracción de personas que sobreviven al cáncer se verá que ahora la cifra es más alta; así es como nos engañamos. Cuando la verdad es que hemos identificado cánceres en etapas más tempranas pero sin reducir la fracción de casos más tardíos. Lo que sugiere que podríamos estar descubriendo un depósito de primeros casos que no son tan graves. Esto no quiere decir que todo intento de detección precoz sea malo, sólo significa que no es tan bueno como pensábamos porque hay algunos cánceres que van a crecer y extenderse rápidamente y es posible pues que no seamos capaces de solucionar el problema con los screening”.

En suma, el sobrediagnóstico es un problema real y no menor y de ahí que sobre éste y otros problemas quisiéramos conocer la opinión de Luisa Lores Aguín, presidenta de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública en Galicia, exdirectora del Hospital de Pontevedra y radióloga con 30 años de experiencia profesional.

-Es evidente que la FASDP no pudo o no supo explicar su postura tras conocerse la donación de equipos hecha por Amancio Ortega…

-Es que es mucho más fácil aceptar acríticamente un regalo que explicar los problemas que puede tener aceptarlo. Requiere un discurso bastante más elaborado. Para empezar, si la intención de Amancio Ortega es ayudar al sistema sanitario, ¿por qué no se planteó antes cuáles eran las verdaderas necesidades del sistema sanitario? La dotación tecnológica del Sistema Nacional de Salud es buena -mejor que en muchos países de nuestro entorno- y lo que sucede es que muchos de los equipos están infrautilizados. Sin embargo hay largas listas de espera y otras muchas necesidades que precisan de mayor atención.

-Se afirma que la Fundación Amancio Ortega contactó con los distintos servicios de salud antes de decidir la compra de esos equipos.

-Parece poco probable que sean justamente equipos de mamografía y radioterapia las prioridades marcadas por los servicios de salud de las 17 comunidades autónomas. Y también es curioso que los servicios de radiología afectados no nos hubiésemos enterado de esos contactos. Yo fui directora del Hospital de Pontevedra, soy radióloga desde hace más de treinta años y a mí nadie me ha preguntado sobre lo que necesitamos. Y creo que en este campo tengo una opinión suficientemente autorizada. Mire, a causa de la crisis la carga de la enfermedad en España es cada vez mayor y sin embargo todos los esfuerzos se centran en comprar fármacos y dispositivos tecnológicos. Es absurdo. Sospecho pues que tras esa donación presuntamente altruista puede haber otros intereses y ser un paso más en la infiltración en el sistema sanitario público de los magnates y las multinacionales. De todas formas, aunque no los hubiera dedicado a la compra de tecnología para el cáncer y hubiera dado los 320 millones al sistema para que éste lo gastara en lo que quisiera, yo personalmente tampoco estaría de acuerdo porque creo que es una vuelta atrás. De hecho los mecenazgos siempre han buscado el retorno de lo que dan. Creo que la financiación del Sistema Sanitario Público debe ser pública, a salvo de cualquier interés foráneo.

-¿Y no será que Amancio Ortega tenía buena voluntad y esa decisión se la sugirieron otros que sí tenían intereses en los aparatos?

-Amancio Ortega se ha dedicado toda su vida a ganar dinero y no creo que regale nada sin esperar algo a cambio. A mi juicio se trata de una operación de marketing con campañas mediáticas en cada donación y al parecer con el compromiso de que su logo aparezca en todos los equipos de este tipo o en los trabajos que pudieran hacerse con ellos. Mire, hasta las agencias de evaluación de tecnologías han dejado de ser independientes, al menos en Galicia donde la han privatizado y dotado de personalidad jurídica propia lo que puede poner en cuestión la calidad de sus recomendaciones. Y si los que evalúan las tecnologías tienen intereses cruzados con las empresas que venden equipos, ¿cómo van a decidir con equidad y honradez?

-¿Entiende usted que los aparatos que van a adquirirse con la donación de Amancio Ortega no son necesarios?

-Al menos no tantos, porque se habla de 290 dispositivos. En 2013, antes de la donación de Amancio Ortega, había en España 17 TACs por millón de habitantes y en Reino Unido 8’4; y 15 aparatos de resonancia por millón cuando en la Unión Europea la media es de 10. ¿Que algunos pueden estar obsoletos? quizás, pero muchos pueden actualizarse modificando simplemente el software. Es una opción menos costosa y más sostenible para el medio ambiente. Que un equipo sea nuevo no siempre quiere decir que sea mejor para los pacientes. Ni siquiera está demostrado que los mamógrafos con tomosíntesis 3D sean más útiles que los antiguos 2D por lo que no deberían haberse generalizado a no ser que lo que pretendan es probarlos en la población española. Uno de los problemas es el sobrediagnóstico; de hecho las propias empresas fabricantes afirman que se identifican un 42% más de “lesiones” que con los 2D. Tan pequeñas que son casi invisibles al ojo humano y de peligrosidad desconocida.

-¿No implica la adquisición de nuevos aparatos un incremento de personal especializado para manejarlos?

-De eso nadie ha dicho nada. Y en mi opinión no es la falta de equipos de alta tecnología lo que está aumentando las listas de espera en España sino la falta de personal cualificado para utilizarlos. Muchos de los equipos de diagnóstico no se usan ni sábados ni domingos; otros ni siquiera por las tardes los días laborables, excepto para urgencias. En parte también para mantener el negocio de los centros privados que sí tienen sus equipos a pleno rendimiento. En 2014, por ejemplo, un estudio demostró que solo funcionaban en Madrid el 64% de los equipos de resonancia magnética de los centros públicos. Así que sin personal cualificado que los maneje, ¿para qué se compran más equipos? ¿A quién beneficia eso? Pues seguramente a quien los vende, las multinacionales tecnológicas.

UN SISTEMA EN MANOS DE LAS MULTINACIONALES

 -Entendemos que están ustedes en contra pues de que el sistema público de salud colabore con las multinacionales…

-Nuestro sistema nacional de salud debe ser público y trabajar solo en él profesionales que no cobren según el número de actos médicos que realicen, de las pruebas diagnósticas que encarguen o de los fármacos que receten. Su sueldo debe pagarlo el estado y estar exclusivamente al servicio de los pacientes. Independencia que le permitirá blindarse ante las propuestas interesadas de las multinacionales. Y eso se acabará como la industria se infiltre aún más en el sistema. Porque infiltrada ya está. Hoy están ya en sus manos la tecnología, los datos, las guías clínicas, los fármacos, los laboratorios… Todo se está privatizando. Por lo menos en Galicia. Hasta la docencia está en sus manos. Hoy las multinacionales farmacéuticas tienen ya cátedras propias en las universidades privadas pero ¡también en las públicas! Como en la Universidad de Santiago de Compostela y la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Y son las que se encargan de la llamada “formación continuada” de los médicos. En suma, llevan ya años imponiéndonos su peculiar paradigma sanitario cuyo principal objetivo es el lucro económico.

-Cierto. Y además controlan la investigación…

-Efectivamente. Las empresas han pasado de controlar la gestión privada de los hospitales públicos a controlar la investigación, el I+D+I. Los institutos de investigación biomédica de la mayor parte de los hospitales públicos de España funcionan bajo la fórmula de colaboración público-privada -con Johnson & Johnson, Novartis, Roche y otras grandes multinacionales farmacéuticas- con la pretensión de dirigir la investigación hacia donde les interesa y rechazar lo que no les conviene. Es más, muchos investigadores de las universidades públicas trabajan ya para ellos sin tapujos, incluyendo a Inditex. De hecho Amancio Ortega y la entidad bancaria Abanca junto con la Xunta tienen un fondo de capital-riesgo para negociar con patentes creadas en el sistema público.

-Pues perdóneme pero los primeros en someterse a la industria fueron los médicos…

-No todos… pero sí muchos. Es cierto. La industria controla desde hace tiempo la bibliografía clínica y la formación continuada y ahora también la pre-graduada. Incluso las Guías Clínicas -el apoyo documental para la asistencia a los pacientes- están controladas por las empresas sanitarias de forma que muchos profesionales acaban por creerse “a pies juntillas” lo que les cuentan los laboratorios. Es una grave dejación de nuestros responsables sanitarios de funestas consecuencias para la práctica clínica y los pacientes. Afortunadamente existen asociaciones profesionales que se oponen a esta situación a nivel internacional y en España; como la FADSP y la plataforma No Gracias. Finalmente hay muchos otros que si bien se creen en parte lo que les dice la industria dudan cada vez más de ello. Recientemente la prensa médica informativa reconocía la escasa credibilidad de las publicaciones científicas para los médicos españoles. El problema es que no saben cómo o simplemente no se atreven a enfrentarse al sistema y acaban haciendo lo que se les dice.

-De hecho la industria también usa el sistema público para sus ensayos clínicos.

-Es cierto. La mayor parte de los ensayos clínicos se hacen en hospitales públicos y las que se benefician son las multinacionales. Hay médicos que cobran por la inclusión de pacientes pero otros muchos rechazan estas malas prácticas, ignoradas o directamente apoyadas desde las gerencias

-Tenemos entendido que controlan hasta las bases de datos…

-Es verdad. Yo soy radióloga y me dedico principalmente al diagnóstico de cáncer de pulmón. Pues bien, no puedo comprobar siquiera si es cierta la afirmación de que está aumentando en mujeres no fumadoras el cáncer de pulmón. Porque puedo meter datos en el sistema pero no tengo las herramientas para estudiarlos. Por el contrario, las multinacionales que gestionan la historia clínica electrónica pueden teóricamente utilizar esos datos para hacer sus estudios de mercado.

Si los médicos del Servicio Galego de Saúde quisiéramos evaluar el desempeño de nuestro trabajo y saber si es mejor hacer una mamografía cada año, cada dos años o no hacerla o conocer lo qué está pasando con el sobrediagnóstico no podemos estudiarlo. Hay que hacerlo en el contexto de un determinado trabajo y con mucha complicación burocrática. Yo no tengo un código que me permita, por ejemplo, identificar los pacientes con cáncer de pulmón para ver cómo han sido tratados y cuáles han ido mejor.

-También hay fundaciones y sociedades científicas infiltradas, ¿no?

-Evidentemente. Un simple ejemplo: Coca Cola “donó” en 2016 miles de euros a la Asociación Española de Pediatría, a la Fundación Iberoamericana de Nutrición y a la Fundación para la Diabetes. Y es que hay que contrarrestar la denuncia de que las bebidas azucaradas son una de las causas fundamentales de la epidemia de obesidad infantil. Este tipo de “colaboraciones” deberían estar prohibidas como ya se ha hecho en otros países. Mire, bastaría prohibir el aceite de palma en los productos de bollería y otros alimentos así como las bebidas excesivamente azucaradas para disminuir de forma radical la obesidad y, como consecuencia, el cáncer y los problemas cardiovasculares. La obesidad infantil es especialmente preocupante por la carga de enfermedad futura que nos espera. Pero pasa lo contrario: la empresa de galletas Artiach por ejemplo, con productos hipercalóricos, tiene un acuerdo con la Sociedad Española de Pediatría por el que puede poner en ellas el logo de la asociación. Y algo similar pasa con muchas otras sociedades científicas.

-En la revista también hemos denunciado la influencia de la industria en las asociaciones de pacientes, muchas de las cuales ha creado directamente.

-Así es. Cuando las farmacéuticas vieron que su imagen pública comenzaba a peligrar por su contacto directo con los médicos a través de los visitadores y organizando congresos pagados decidieron infiltrarse en el sistema sanitario y las asociaciones de pacientes para servirse de ellas. Creo que los pacientes solo pretenden resolver sus problemas y los de sus familiares pero deberían ponerse a salvo de la industria cuyos objetivos suelen ser distintos y, en ocasiones, contrarios a los intereses de los pacientes

-En la revista hemos denunciado de forma amplia la actuación de la Asociación Española contra el Cáncer cuya aportación para la curación de esa enfermedad ha sido nula. Y eso que cuenta con una estructura basada en 52 juntas provinciales y representación en más de 2.000 localidades españolas. Se considera una entidad de carácter “benéfico-asistencial” que asegura contar con más de 120.000 socios y 14.757 voluntarios peto tiene además 744 empleados. Por eso requiere tantos fondos: no para prevenir o investigar en la curación del cáncer sino para mantener a cientos de empleados que viven gracias a la solidaridad de muchas buenas personas que no tienen ni idea de en qué se gasta la mayor parte de lo que entregan de buena fe. Y no hablamos de esos miles de voluntarios que actúan en el convencimiento de que su labor está siendo útil a la sociedad pero cuya labor se centra en recaudar dinero. Porque además de las numerosas subvenciones y donaciones que esta entidad recibe –públicas y privadas- y del dinero que aportan los “socios” se trata de una entidad experta en obtener fondos apelando a la solidaridad. No hay ya casi acto público en España en el que no estén presentes pidiendo dinero. Hasta multitud de empresas “colaboran” con ella para poder decir que son “solidarias” en sus anuncios. La verdad sin embargo es que incluso el dinero que se destina a “proyectos de investigación” sirve básicamente para justificarse dando trabajo a amigos y simpatizantes. ¿Ustedes qué opinan?

-Respeto a los pacientes que acuden a esa asociación y a los voluntarios que trabajan de forma altruista para ella pero España dispone de un sistema nacional de salud con profesionales preparados para atender a toda la población con cáncer o con cualquier otra enfermedad. Además la Asociación Española contra el Cáncer está en manos de los propietarios o altos representantes de la Banca March, Acciona y la Fundación Garrigues. ¿Qué hacen tales personas atendiendo a los pacientes con cáncer? Su campaña del pañuelo rosa contra el cáncer de mama lo realiza junto a Ausonia cuando ésta pertenece a Procter & Gamble, multinacional con división farmacéutica propia, por lo que más que un acto solidario podría considerarse un acto de marketing.

En Galicia la Asociación Española contra el Cáncer gestiona el registro gallego de cáncer y el Centro Oncológico de Galicia a pesar de que este centro es público, el terreno y la financiación son públicas, la renovación de sus equipos de alta tecnología los ha financiado el Sergas y el presidente Feijóo se comprometió a integrarlo antes de 2014..

 MENOS TECNOLOGIA Y MÁS ATENCIÓN PERSONAL

 -Afirman también ustedes que aumentar el gasto en productos tecnológicos sanitarios no mejora la situación de los enfermos de cáncer…

-La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) asevera que el 50% de los cánceres están relacionados con los hábitos de vida y que para afrontar la enfermedad hay que modificarlos. ¿Por qué no se incide pues en ello? La tecnología permite diagnosticar y tratar el cáncer y es pues necesaria pero eso no está impidiendo el incremento continuado de la enfermedad. El cáncer de próstata ha aumentado un 110% desde el año 2000 y el de mama un 70%. Para combatir el cáncer debemos realizar estudios epidemiológicos, conocer las causas y las poblaciones a las que más afecta, qué parte del incremento está relacionado con el sobrediagnóstico y qué parte con el empeoramiento de los hábitos de vida y medioambientales. Y luego tomar las medidas necesarias.

Le pongo como ejemplo el cáncer de próstata. El año pasado urólogos de nivel internacional reunidos en España reconocieron que 3 de cada 4 cánceres de próstata son tan poco agresivos que no llegarían nunca a matar al paciente porque no se desarrollarían hasta edades muy avanzadas. También ocurre con el cribado del cáncer de mama. Y con el cáncer de tiroides, uno de los más sobrediagnosticados a nivel mundial. Debemos imponer el sentido común. No podemos mirar para otro lado ante la evidencia de que el cáncer se incrementa en nuestra población por causas evitables mientras lo centramos todo en la tecnología porque ésta no siempre es beneficiosa. Sobre todo con la tendencia actual a su utilización intensiva e indiscriminada.

Recuerdo haber asistido a un curso de la agencia de evaluación en Galicia, cuando gozaba de mayor independencia, en el que se dijo claramente que no es ético realizar la prueba del PSA a los varones asintomáticos porque terminan entrando en una espiral que a menudo les lleva a ser operados de forma innecesaria y a sufrir en muchas ocasiones incontinencia e incluso impotencia cuando en realidad el riesgo de que muriesen de cáncer era muy pequeño. Y lo mismo ocurre con los otros cribados. Con el de cáncer de mama, el de cáncer de colon y el que pretenden ahora implantar las multinacionales tecnológicas: el cribado de cáncer de pulmón con TAC. Todo ello con el objetivo de redirigir nuestra práctica a la búsqueda de lesiones mínimas, con beneficios marginales cuando no perjudiciales para los pacientes. Y mientras, crecen las listas de espera de personas con tumores sintomáticos y se recorta la inversión en cuidados o en salud pública.

Existen muchos trabajos que confirman la relación entre la privatización y mercantilización de la sanidad y la cirugía innecesaria. Hace años se comprobó que existía el triple de posibilidades de ser operado de cáncer de próstata en Estados Unidos que en el sistema público de salud del Reino Unido sin haber diferencia significativa en la incidencia de la enfermedad en ambos países. Y lo mismo se detectó en Alemania en 2012 donde una aseguradora denunció el incremento de cirugías innecesarias solo para incrementar los beneficios empresariales. Con las tecnologías de la información existentes estas prácticas perjudiciales podrían detectarse y combatirse fácilmente pero para eso hace falta voluntad política.

-Luego no se trata de prescindir de la tecnología sino de utilizarla de forma inteligente y útil.

-Efectivamente. Yo soy radióloga y reconozco que el TAC es útil en muchas circunstancias. No es pues su uso sino su abuso lo que debe combatirse; especialmente en mujeres jóvenes y niños. En Estados Unidos se realizaban tres millones anuales de TACs a toda la población en los años 80 y ahora se realizan 70 millones; de ellos 5 millones a niños pequeños en los que el TAC debe ser el último recurso porque como afirma la propia web del Instituto Nacional del Cáncer el riesgo es varias veces mayor en ellos. Incremento de TACs en niños que se explica en muchas ocasiones por los recortes en radiólogos presenciales en los hospitales y su sustitución por la telerradiología.

-Un problema que afecta especialmente a los niños pero también a las personas de mayor edad a las que se somete a menudo a innecesarios TACs alegándose, por ejemplo, que 2 de cada 3 pacientes de cáncer son mayores de 80 años.

-Está claro que en las personas mayores los riesgos son mucho menores y es preferible realizar un TAC que, por ejemplo, una cirugía abdominal a ciegas. Otro asunto es el de su medicalización el último año de vida -que hoy representa aproximadamente el 30% del gasto sanitario- para tener dudosos beneficios cuando no claros perjuicios. Hay demasiadas personas mayores polimedicadas. Los propios servicios de salud se plantean hoy tomar medidas ante la evidencia de que la mayoría de ellos mejora significativamente cuando se les retira parte de la medicación. Es necesario tomarse este problema en serio; por los pacientes y por la propia sostenibilidad del sistema. Y es algo que no se resuelve con medidas tímidas y aisladas. El problema es que la infiltración de los laboratorios farmacéuticos dificulta bastante la labor.

-Permítanos una última pregunta: ¿cuál es a su juicio la principal prioridad de nuestro sistema sanitario?

-Recuperar el control público e impedir que las decisiones las tomen las multinacionales sanitarias que lo que básicamente pretenden es que el estado compre sus productos y los enfermos los consuman. Y recuperar el control de la formación de los profesionales. El problema de nuestro sistema sanitario no es solo de dinero sino de dedicar los fondos a las necesidades reales. Y una de las prioridades fundamentales debería ser hoy la Atención Primaria que es donde debería solucionarse el 70% de las patologías. Y acudir a los servicios de Urgencias -donde no paran de pedir todo tipo de pruebas diagnósticas para asegurarse de que no se pasa nada por alto- solo cuando es verdaderamente necesario. Es hora de recuperar el sentido común y de que los médicos vuelvan a la clínica, a conocer a sus enfermos, a palparlos, a saber cómo viven, qué les preocupa, qué comen y beben, cómo duermen, cómo les va en la familia o en el trabajo, a qué tóxicos están sometidos… Porque todo ello determina en gran medida la salud de las personas y de las poblaciones. Estos problemas no se resuelven con tecnología ni con fármacos. Es pues cada vez más urgente dejar a la industria fuera de los sistemas sanitario, educativo y administrativo ya que en demasiadas ocasiones las decisiones para mejorar la salud de la población y del medio ambiente chocan frontalmente con los intereses de las empresas

 

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
DSALUD 207
207
Septiembre 2017
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