Peligro del uso excesivo de dispositivos electrónicos de información

El uso continuo de dispositivos electrónicos de información –móviles, ordenadores, tabletas, etc.- puede provocar problemas visuales serios a medio plazo; desde ojo seco, aumento de miopía, hipermetropía y astigmatismo hasta degeneración macular, primera causa de ceguera en el mundo desarrollado. Así lo ha advertido la Asociación Optométrica Americana que ha bautizado el problema como Síndrome de Pantalla. Y aunque todos podemos ser víctimas los más afectados van a ser los niños y jóvenes que utilizan los dispositivos a todas horas. ¿La razón? La luz blanca de esos dispositivos es producida por LED y emiten niveles muy altos de una energía denominada luz azul cuyo impacto directo provoca la muerte de gran cantidad de células de la retina que no se regeneran. Nos lo explica la doctora Celia Sánchez Ramos, investigadora de la Universidad Complutense.

Como es bien sabido la luz visible o «blanca» puede descomponerse en distintas bandas energéticas que podemos identificar por sus colores: violeta, azul, verde, amarillo, naranja y rojo; siendo la llamada luz azul -conocida también como luz visible de alta energía (HEV- High Energy Visible Light)– la que se encuentra entre 380 y 500 nanómetros de longitud de onda. Pues bien, debido a su alto poder energético ésta puede provocar daños en la retina ya que no puede ser bloqueada por los filtros fisiológicos naturales: la película lagrimal, la córnea, el cristalino y el humor vítreo. La única protección que tenemos ante ella son los pigmentos maculares de color amarillento del centro de la retina compuesto de diversos carotenoides: luteína, xantofila, zeaxantina y meso-zeaxantina. Pigmentos que protegen los ojos de los efectos perjudiciales de la luz azul así como de los radicales libres.

Lo que no es tan sabido es que con el paso de los años una exposición constante a luz artificial y natural y la falta de cuidado de nuestros ojos puede acabar por consumir ese pigmento protector; de hecho ello es la causa más probable de una patología tan grave como la denominada Degeneración Macular Asociada a la Edad, enfermedad degenerativa de la retina que causa pérdida de la visión central y del detalle de las imágenes aun permaneciendo intacta la visión periférica y que en el peor de los casos puede terminar en ceguera. Es más, hoy se considera la principal causa de ceguera de una de cada tres personas de más de 75 años habiendo cada vez más casos porque la expectativa de vida de la población ha aumentado. El problema es que ahora, además, los oftalmólogos empiezan a recibir en sus consultas a personas mucho más jóvenes que tienen ya los primeros síntomas. Y de ahí que en los últimos años haya aumentado también el número de estudios sobre la patología. Estudios cuya conclusión inicial es que una de las principales causas puede estar en la constante exposición a la luz azul artificial ya que se ha constatado que ello aumenta significativamente el nivel de estrés oxidativo de las células de la retina.

Así lo expresaría al menos el estudio que con el título Sunlight Exposure, Antioxidants, and Age-Related Macular Degeneration (Exposición a la luz solar, antioxidantes y degeneración macular asociada a la edad) efectuó un equipo dirigido por A. E. Fletcher y se publicó en 2008 en Archives of Ophthalmology según el cual «la retina es vulnerable a los efectos perjudiciales de la luz. Mientras que las longitudes de onda de la radiación ultravioleta se absorben en gran medida por la córnea y el cristalino la retina se expone a la luz visible, incluyendo la luz azul. Y los estudios en animales y de laboratorio han demostrado que los daños y perjuicios de la luz azul en el epitelio pigmentario retinal y la capa coriocapilar, a través de la generación de especies reactivas de oxígeno, puede ser un factor en la patogénesis de la Degeneración Macular Asociada a la Edad (…) Reducir la exposición de la retina a la luz azul y una suficiente ingesta de nutrientes antioxidantes claves -vitamina C, vitamina E, zeaxantina, luteína…- son pues las principales recomendaciones de nuestro estudio”.

LA LUZ AZUL Y LOS LED

El problema con la luz azul radica en que el desarrollo tecnológico la utiliza masivamente y ha sido todo tan rápido que nuestros organismos no han tenido tiempo para adaptarse. Y es que está presente en todo tipo de dispositivos: lámparas, televisores, pantallas de ordenador, móviles, tabletas, smartphones… En todos los que usan LED blanco. Y eso hace que todas las consideraciones realizadas hasta hace poco sobre el impacto en los ojos de la luz azul -que está también presente en la luz solar y algunas otras fuentes de luz artificial si bien en mucho menor medida- estén obsoletas. El problema se ha agudizado (lea en nuestra web –www.dsalud.com– los reportajes que con los títulos ¡La iluminación LED puede dañar la retina! y

¿Cuál es la mejor iluminación artificial? aparecieron en los números 167 y 169 respectivamente).

Los diodos luminiscentes o LED se utilizan desde hace muchos años en electrónica por su bajo consumo y larga duración habiéndose impuesto en la actualidad como principal fuente de iluminación. Siendo hasta la fecha el método más rentable para fabricar lámparas LED combinar diodos que emiten en la longitud de onda corta azul con fósforo amarillo para así producir luz blanca.

Bueno, pues en 2010 la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de los Alimentos, el Medio Ambiente y el Trabajo (ANSES) de Francia realizó la primera advertencia seria sobre el problema de los LED afirmando lo siguiente: “Como parte de la evaluación realizada por ANSES los riesgos identificados como más preocupantes, tanto por la gravedad de los peligros asociados como por la probabilidad de que se produzca en el contexto de un amplio uso de los LED, están relacionados con los efectos fotoquímicos, fotomecánicos y fototérmicos de la luz azul y el deslumbramiento. Y son consecuencia de…

…el desequilibrio espectral de las LED (alta proporción de luz azul en los LED de luz blanca). 

…la fortísima luminancia de las lámparas LED (alta densidad de superficie de intensidad de luz emitida por fuentes de tamaño muy pequeño)».

Alertando luego sobre el efecto acumulativo de exponerse a ella: “El riesgo de efectos fotoquímicos se da generalmente en exposiciones repetidas a luces de baja intensidad pero durante largo tiempo. El nivel de evidencia asociada a este riesgo es importante. Y son especialmente sensibles los niños, las personas con enfermedades oculares y determinados profesionales sometidos de forma habitual a iluminación de alta intensidad” (más información en www.anses.fr/fr/content/led-diodes-%C3%A9lectroluminescentes).

La ANSES considera por ello necesario que se restrinja el acceso a los sistemas de iluminación LED y se permitan sólo los sistemas de iluminación que no aumentan el riesgo ya asociado a la luz azul de la iluminación tradicional: “Recomendamos adaptar la norma NF EN 62471 sobre seguridad fotobiológica de las lámparas a las especificidades de las LED a fin de tener en cuenta a las poblaciones vulnerables y a las personas con mayor riesgo”. Recomendación que ningún gobierno ha seguido hasta ahora.

Pues bien, en este lamentable contexto vio la luz en España una investigación efectuada en la Facultad de Óptica y Optometría de la Universidad Complutense de Madrid dirigida por la doctora Celia Sánchez-Ramos que bajo el título Effects of light-emitting diode radiations on human retinal pigment epithelial cells in vitro (Efectos de las radiaciones de diodo emitidas por luz en células humanas del epitelio pigmentario retinal in vitro) se publicó en 2013 en Photochemical Photobiology y cuya conclusión final resulta preocupante: “Las radiaciones LED disminuyen la viabilidad celular in vitro de un 75% a un 99% y aumentan la apoptosis celular de un 66% a un 89%. También aumentan la producción de ROS y daños en el ADN”. Añadiendo: “Nuestros experimentos han demostrado que la exposición a la luz LED aumenta el porcentaje de muerte celular inducida por todas las fuentes LED. Especialmente en las células expuestas a luz azul y blanca en las que se produjo un aumento de muerte celular respecto al control del 92% y 94% respectivamente”.

Y si tenemos en cuenta que la American Optometric Association ya había señalado hace casi una década que más del 80% de los usuarios de pantallas de todo tipo padecen el denominado Computer Vision Syndrome o Síndrome de Pantalla -grupo de síntomas oculares como miopía temporal, cansancio ocular, ojos secos e irritados, visión borrosa, etc.- es fácil deducir la importancia de los resultados de la doctora Sánchez-Ramos pues si tiene razón un alto porcentaje de los usuarios padecerán antes o después no solo los síntomas citados sino también patologías oculares.

¿Y ha servido de algo su advertencia? La respuesta es negativa: ninguna autoridad sanitaria ha tomado medida alguna. Y eso que la investigación dirigida por la doctora Celia Sánchez-Ramos ha durado doce años y en ella han participado ¡más de 100 investigadores, 1.500 colaboradores y 25 entidades públicas y privadas! Y lo que es más importante, ha dado lugar a un filtro especial que reduce sustancialmente los daños de la luz azul y la Universidad Complutense ha patentado; algo que no es nuevo para esta investigadora española pues ya en 2009 recibió de la Oficina Española de Patentes y Marcas la distinción de «mejor patente española del año» por el diseño de un filtro de protección para lentillas que evita en buena medida los efectos negativos de la exposición a la luz.

¿Y en qué consiste? Pues se trata de un filtro en forma de lámina que se puede pegar en las pantallas de ordenadores y televisores así como en la mayoría de móviles, tabletas y videoconsolas del mercado. Producto cuya comercialización la universidad ha concedido a la empresa Tecnología Sostenible y Responsable (TCR). Pues bien, de todo esto hemos hablado con ella.

LUZ AMBIENTE Y LUZ AZUL

Doctora en Medicina Preventiva y Salud Pública por la Universidad Complutense y Doctora Honoris Causa por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo Celia Sánchez Ramos fue galardonada por la ONU como mejor inventora de 2009 y el premio a la mejor invención en el área sanitaria por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) por su filtro para lentillas; y recibió asimismo una Medalla de Oro en el Salón Internacional de Invenciones de Ginebra por la creación de un dispositivo de reconocimiento mediante el análisis de la córnea. Es más, la Oficina Española de Patentes y Marcas presentó su candidatura al Premio Príncipe de Asturias 2011.

-Díganos, doctora, ¿cómo puede definirse exactamente el llamado Síndrome de Pantalla y cómo ha variado su definición tras las recientes investigaciones sobre la luz azul?

El Síndrome de Pantalla abarca un conjunto de fenómenos y síntomas relacionados con la visión y el ojo. Es conocido desde los años 90 del pasado siglo XX y de hecho yo hice una tesis doctoral en 1993 sobre la función visual en el usuario de ordenador pero la realidad es que ese conjunto de signos y síntomas, con la llegada masiva de dispositivos electrónicos basados en la luz LED, se ha agudizado. Es más, hemos podido constatar que se trata de un fenómeno de consecuencias acumulativas.

La luz blanca o luz visible está compuesta por las bandas del espectro electromagnético que van de la luz ultravioleta a la infrarroja e incluye las bandas violeta, azul, verde, amarilla, anaranjada y roja. Y desde hace unas décadas sabemos que al igual que en la banda ultravioleta hay que diferenciar entre ultravioletas A y B porque entre ambas hay una diferencia de energía de un millar de veces existen distintas potencias energéticas en las bandas del espectro visible. De hecho la energía de la banda azul -entre 460 y 482 nm- es diez veces mayor que la de la roja y ello supone que su impacto energético en la retina es muy superior. Por eso debemos evitar en lo posible el impacto de la luz azul contenida en la luz ambiental blanca. Un verdadero problema porque además de la que hay en la luz ambiente hoy la luz azul está en todo tipo de dispositivos electrónicos. Y eso es muy preocupante porque emiten mucha energía. Es indudable que la luz LED es más económica y sus lámparas duran más pero con lo que hoy sabemos no se justifica que todos ellos no vengan de fábrica con filtros de protección. Especialmente porque la luz LED instalada en edificios y oficinas resulta menos dañina -aunque también lo sea- que cuando se mira hacia ella directamente que es lo que pasa cuando usamos esos dispositivos. Y lo singular es que tiene fácil solución: el uso de filtros adecuados.

-¿Y qué puede pasar si no se toman medidas? Porque parece evidente que en los próximos años va a aumentar el uso de dispositivos electrónicos con luz LED…

-Permítame antes decirle algo que a mucha gente puede parecerle increíble: el ojo humano no está preparado para un uso abusivo como el actual… pero es que ni siquiera lo está para leer durante mucho tiempo. Está preparado para mirar de cerca -por ejemplo para cortar verdura en la cocina- pero no para leer porque ésta es una actividad que precisa de un gran esfuerzo visual a fin de diferenciar bien una letra de otra. Y obviamente hacer eso durante muchos años supone un gran desgaste que se termina notando con la edad. Así que sabiendo esto, imagínese cuáles pueden ser los efectos sobre un órgano no preparado para tal exceso de concentración si se le somete a muchas horas de luz y encima le forzamos a soportar luz azul de alta radiación -se encuentra en toda la luz que nos rodea a diario- que incide directamente en la retina. ¡Termina destruyendo el pigmento macular amarillo de la retina que protege el ojo! Pigmento que, es verdad, el cuerpo humano no metaboliza pero podemos obtener a cualquier edad con algunos de los nutrientes de la dieta. Lo que pasa es que a medida que envejecemos el desgaste es mayor y la capacidad de reparación y de almacenarlo en el cuerpo menor.

-Y dice que el efecto dañino es acumulativo…

-En efecto. Nuestros ojos tienen su protección natural pero el tejido se vuelve más vulnerable a medida que pasan los años haciéndonos cada vez más sensibles a la luz azul así como a la formación de restos celulares que se acumulan en la retina llevando ello poco a poco a una degradación lenta de los fotorreceptores. Daños acumulativos que ya han sido constatados por numerosos investigadores y se sabe que pueden dar lugar a diferentes patologías, entre ellas la Degeneración Macular Asociada a la Edad, enfermedad degenerativa del ojo que aparece cuando las células de la mácula son dañadas. Y de más está decir que ésta es ya la primera causa de ceguera en los países industrializados.

-¿Se nota ya el problema en las consultas oftalmológicas?

-Sí; no tanto en los niños aun pero sí en los adultos. No hace mucho el jefe de servicio oftalmológico del madrileño Hospital Universitario La Paz, Dr. Félix Armada, explicó que cada vez reciben personas con Degeneración Macular Asociada a la Edad más jóvenes. Antes esta patología se manifestaba normalmente a partir de los 75 años y ahora a los 70.

UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA

-Pero el mayor peligro está entre los más pequeños…

-Evidentemente; de hecho si no se afronta el problema los niños y jóvenes de hoy pueden tener graves problemas visuales en unos años. Han empezado muy pronto a convivir con los dispositivos electrónicos y por tanto estarán durante mucho tiempo y durante muchas horas delante de ellos. Y ya he dicho que el efecto es acumulativo. De momento solo notarán síntomas menores como cansancio e irritación ocular o fatiga pero con el tiempo los problemas irán a más. Estamos pues ante un auténtico problema de salud pública que afecta especialmente a los niños pero no solo a ellos. Y se trata de un problema que se conoce a nivel internacional y exige adoptar soluciones cuanto antes. De ahí que hasta que las autoridades sanitarias se conciencien y tomen medidas yo sugiera que la gente instale cuanto antes los filtros protectores que ya se han desarrollado y se comercializan a nivel internacional. Obviamente lo idóneo sería que éstos ya vinieran incorporados en los dispositivos desde las fábricas pero mientras las empresas no se conciencien o se les obligue a actuar preventivamente no podemos permitirnos el lujo de no hacer nada. Un cristalino o la córnea pueden cambiarse, la retina no.

-Por cierto, ¿quién financió el trabajo que usted ha dirigido?

-Se subvencionó con fondos públicos y privados.

-¿Y aun así nuestras autoridades sanitarias permanecen impasibles ante el problema?

-Continúan en silencio. Hay pues que involucrarlas en el problema al igual que un día se hizo, por ejemplo, con las caries dentales. De hecho nosotros estamos preparando un informe para entregar en la Administración elaborado por personalidades de muy distintos campos relacionados con la visión. Proponiendo, entre otras cosas, que se constituya un grupo de estudio en el Instituto de Seguridad e Higiene en el Trabajo que estudie el tema y proponga medidas. Las investigaciones que demuestran el fundamento científico que ha permitido desarrollar la tecnología para fabricar el filtro protector se desarrolló con recursos públicos y privados. Se ha incorporado ya en lentes de contacto y gafas que están a la venta en España y en numerosos países y ahora le ha llegado el turno a los dispositivos electrónicos para lo cual se ha licenciado la patente a un fabricante repercutiendo a la universidad los royalties correspondientes.

TRANSFERENCIA DEL CONOCIMIENTO

-De hecho ya hay quien dice que a ustedes y a otros implicados les mueve el dinero…

-Pues es evidente que quien así lo piensa no entiende nada. Hoy más que nunca se precisa de la colaboración entre universidades y empresas. Habría que implementarla en todas las áreas de la universidad. En mi caso me siento muy orgullosa de cómo se han hecho las cosas. El primer proyecto sobre este tema lo inició en 2002 un grupo de oftalmólogos del Hospital Clínico de Madrid, compañeros de la Complutense, encabezado por el doctor Benítez del Castillo. Fue un trabajo patrocinado y pagado por el Fondo de Investigación Sanitaria del Ministerio de Sanidad; por tanto, con apoyo público. Todo empezó con la hipótesis de que la luz azul podía dañar los ojos ¡y eso que aún no habían aparecido las tabletas y otros dispositivos! Así que cumplimos todas las etapas y realizamos el trabajo primero con conejos y después con ratas; y luego involucramos a muchas universidades, empresas y centros de investigación incluidos tres proyectos con el Ministerio de Industria. Y cuando finalmente conseguimos desarrollar unos filtros eficaces los probamos y publicamos el trabajo. Mire, creo firmemente que la luz azul de los LED hace daño y que eso puede evitarse con nuestros filtros luego mi obligación ética es no solo decirlo sino investigar, colaborar en su desarrollo y posibilitar la fabricación para que otros estamentos -es decir, las empresas conocedoras del mercado- los comercialicen y puedan ser utilizados por los usuarios; en este caso para preservar sus ojos.

-¿Y fue sencillo el paso del laboratorio al mercado?

-Para comercializar algo hay que convencer a la empresa que puede hacerlo de que se involucre en el proyecto. Y en este caso tuvimos la suerte de contactar con Tecnología Sostenible y Responsable (TCR), empresa con la que la Universidad Complutense consiguió comercializar el primer protector ocular para pantallas. Se trata de una empresa tecnológica que conocimos en 2009. Un día me invitaron a la presentación de una nueva pantalla y al llegar me encontré con una sala llena de ellas por lo que decidí alertar a un directivo de su peligro explicándole el problema de la luz azul. Se quedó con la advertencia y a los pocos meses me llamó y me preguntó si estábamos haciendo algo al respecto. Y a partir de ese momento iniciamos las conversaciones para finalmente licenciar la patente de la universidad a la empresa en lo que es una clara muestra de transferencia del conocimiento. Después hemos ido más lejos y en este momento hay una segunda patente, esta vez conjunta entre la universidad y la empresa. Es más, tenemos ya ocho productos pero ahora necesitamos distintas empresas que los adapten a sus sectores empresariales. Tecnología Sostenible y Responsable (TCR) tiene ya por ejemplo un teléfono móvil al que se ha incorporado de fábrica el filtro protector.

-Una última pregunta: ¿en qué están trabajando ahora?

-Al principio trabajábamos solo con animales ante la inadmisibilidad ética de someter a seres humanos a largas horas de exposición a las luces LED pero tras dar a conocer los primeros resultados de nuestra investigación sobre la necesidad de filtrar la luz azul empezamos a buscar personas a las que en las intervenciones de cataratas se pudiera implantar una lente con filtro y otra sin protección. Hicimos una convocatoria en centros públicos pero los voluntarios estaban muy dispersos; hasta que se encontró un grupo apropiado en un centro privado, la Clínica Rementería, que en cuanto aparecieron en el mercado las lentes intraoculares con filtro (2004) decidió ponérselas a todos sus pacientes. Y se pudo acceder a personas que estaban operadas en un ojo con filtro y otro sin él. Son un centenar cuya evolución se está siguiendo pero ya sabemos que los ojos intervenidos sin filtro envejecieron lo normal a los 5 años mientras en los ojos fotoprotegidos no hubo ningún cambio. El siguiente paso es analizarlos a los 7 años. Ahora bien, debe tenerse en cuenta que se trata de personas que tienen hoy entre 80 y 87 años y han usado muy poco los dispositivos electrónicos con luz LED ya que no existían. Habrá pues que ser pacientes y seguir diseñando experimentos e investigaciones que analicen y desarrollen soluciones cada vez más eficaces.

Antonio F. Muro

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172
Junio 2014
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