Quantec: nuevo y avanzado sistema de biocomunicación instrumental terapéutico

 

El Quantec no sólo es uno de los más avanzados sistemas informáticos de detección de desequilibrios energéticos que existen sino que, según sus creadores, permite además interactuar con personas, animales o plantas a distancia (fenómeno conocido como Radiónica). Capaz de analizar el campo bioenergético de un ser humano en escasos minutos e informar de sus posibles desequilibrios así como de las somatizaciones a que hayan dado ya lugar -o puedan hacerlo en el futuro inmediato- tiene además la posibilidad de reequilibrarlo mediante programas informatizados. Esta tecnología puede aplicarse en el ámbito de la salud pero también en el de la Geopatía, la Bioelectrobiología, la Agricultura, la Veterinaria, la Bioconstrucción y el Deporte.

La verdad es que acercarse al Quantec exige estar dispuesto a abrir el conocimiento a tiempos nuevos, a realidades aún por definir, a aplicaciones prácticas de teorías sólo esbozadas por las nuevas concepciones de la Física. De hecho sus creadores nos remiten a los postulados teóricos de la Física Cuántica y a los resultados conseguidos hasta el momento en diversas áreas como la agricultura, el medio ambiente o las geopatías y que podrían muy bien ser generalizables al ser humano. Hablamos de un dispositivo informático de biocomunicación –es decir, de comunicación entre ordenadores y entidades vivas- presuntamente capaz de detectar el estado físico de la entidad biológica examinada a través de su campo vibracional, mórfico, energético o campo de conciencia y corregir sus desequilibrios actuando sobre el mismo.

Y es aquí donde se produce el salto cualitativo que supone el Quantec: ya no se habla de intercambio de frecuencias en el interior del ser humano o de corrientes eléctricas detectables sino de campos energéticos invisibles mucho más sutiles que los electromagnéticos, de naturaleza holográfica y, por tanto, capaces de contener la información de la totalidad del estado del agua, de los animales, las plantas o los seres humanos ¡en cada una de sus partes!, desde una gota de agua a una hoja o un pelo. El análisis y posterior intercambio de información se puede realizar mediante contacto directo con el Quantec a través de un dispositivo denominado diodo de ruido blanco -un interfaz común en todas las investigaciones que desde hace 30 años pretenden relacionar los ordenadores con campos de conciencia- conectado a un plato o triángulo de cuarzo en el que se deposita un objeto “testigo” -como un pelo, un trozo de uña o una semilla; o, sencillamente, se apoya en él la mano. A partir del análisis del campo vibracional de la parte y dado su carácter holográfico se definen los desequilibrios globales del todo y se realizan las propuestas para su armonización.

Si ya de por sí esto resulta para muchos difícil de entender y aceptar a día de hoy más lo es aún asumir que con el Quantec es posible interactuar a distancia con esos campos vibracionales. La razón es que para la Física Cuántica no existe el espacio y sus limitaciones. Sus creadores aseveran que desde el ordenador se puede remitir la información vibracional necesaria a cualquier punto por muy alejado que se encuentre del dispositivo. Incluso nos aseguran que basta una foto y los fotones capturados en ella que componen la imagen que vemos para que pueda procederse al envío de la información necesaria para corregir los desequilibrios.

Fotos, fotones, interacción a distancia… ¿Realmente es todo lo que se nos cuenta posible? Detengámonos un momento a analizar sus fundamentos.

LUZ EN LAS MANOS 

Según una investigación publicada en septiembre del 2005 en el Journal of Photochemistry and Photobiology cada zona de nuestras manos emite niveles de luz invisible. Es más, Mitsuo Hiramatsu, director de la investigación -llevada a cabo en el Laboratorio Central de Investigación del Hamamatsu Photonics de Japón-, declararía a Discovery News que las manos no son las únicas partes del cuerpo que desprenden luz brillante mediante la emisión de fotones.

“No sólo las manos, también la frente y las plantas de los pies emiten fotones–afirmó Hiramatsu-. Y eso significa que nuestra frente, manos y pies están emitiendo luz todo el tiempo. Siendo las uñas las que emiten mayor cantidad de fotones”.Obviamente hablamos de emisión de luz invisible al ojo desnudo. Por eso Hiramatsu y su equipo tuvieron que utilizar un poderoso contador de fotones para poder medir esa emisión. Basándose en los resultados obtenidos los científicos entienden que esa luz “es de tipo quimioluminiscente”, es decir, luminiscencia basada en reacciones químicas como ocurre en el caso las luciérnagas. Y creen que el 40% procede de la reacción química que constantemente ocurre cuando la piel de nuestra mano reacciona con el oxígeno siendo el otro 60% el resultado de reacciones químicas que tienen lugar dentro de la piel.

Fritz-Albert Popp, miembro del Instituto Internacional de Biofísica de Alemania y uno de los mayores expertos mundiales en fotones biológicamente relacionados, no se mostró sorprendido por los resultados y fue concluyente en sus manifestaciones a Discovery News: “Uno puede encontrar correlaciones entre la luz, los fotones emitidos y la clase y grado (tipo y severidad) de las enfermedades”. Popp afirma que la luz de la frente y de las manos pulsa hacia el exterior con los mismos ritmos básicos pero, sin embargo, se vuelven irregulares en las personas enfermas.

Los resultados obtenidos por el equipo japonés apoyan investigaciones anteriores que sugieren que la mayoría de los seres vivos -incluidas las plantas- emiten luz. Y todo indica que el malestar y la enfermedad parecen afectar a su fuerza y estructura. Popp e Hiramatsu esperan ahora que futuros estudios revelen más información sobre esas emisiones humanas de fotones que puedan llevar a aplicaciones médicas para diagnóstico. Hay que decir, en cualquier caso, que sus conclusiones forman parte de un cuerpo teórico integrado por estudios de decenas de investigadores en todo el mundo que nuestros lectores pueden consultar en www.lifescientists.de/ib_000e_.htm y que ya han dado algunos resultados prácticos como los tratamientos con filtros Bioluminis (vea en nuestra web –www.dsalud.com– los reportajes publicados sobre ellos en los números 45 y 68).

No suena tan descabellado pues pensar en la existencia de campos de fotones invisibles al ojo humano -¿el aura?- alrededor de los seres vivos cuya cantidad y calidad aportarían información sobre el estado vital de todo ser vivo, vegetal o animal. Ahora bien, ¿puede ese campo realimentarse desde el exterior? ¿Se puede incidiendo en él modificar el curso de una enfermedad? ¿Cómo interactúan entre sí los fotones de dicho campo? De nuevo más preguntas que respuestas.

FOTONES GEMELOS O ENSAMBLADOS

Sorprendente, ¿verdad? Pues sólo es el principio porque de los fotones y de su capacidad de almacenar información se conocen aún muy pocas cosas aunque sean la base de los futuros ordenadores cuánticos de prestaciones hoy todavía inimaginables aunque se estén dando ya los primeros pasos. Los ordenadores convencionales guardan la información como bits que pueden tener un valor de 1 o 0. A medida que los componentes electrónicos se vuelven más pequeños los físicos han sugerido que pudiera guardarse información en ciertos sistemas cuánticos como los fotones que polarizan en horizontal y vertical (0 y 1).

Pues bien, una de las propiedades más sorprendentes de este tipo de partículas subatómicas es la capacidad de transmisión instantánea entre fotones que previamente han estado unidos, ensamblados, a los que se conoce también como “fotones gemelos”. Y cuando decimos instantáneamente queremos decir exactamente eso, en el mismo instante… con independencia del espacio que haya entre ellos. El ensamblaje significa que la acción sobre un fotón determina la polarización automática y simultánea de su fotón gemelo aunque estén separados por kilómetros de distancia.

En junio del 2003 el físico Markus Aspelmeyer y sus colegas de la Universidad de Viena (Austria) demostraron que fotones gemelos separados por espacio libre a una distancia de 600 metros permanecían todavía “ensamblados”. El equipo vienés usó un cristal con propiedades ópticas no lineales para dividir los fotones con una longitud de onda de 405 nanómetros (nm) en pares de fotones con longitudes de onda de 810 nm. Estos fotones pasaron entonces a través de fibras ópticas a antenas telescópicas que los enfocaron hacia un segundo par de telescopios con los que no había ninguna línea directa de visión. Uno de los telescopios receptores estaba a 600 metros en el lado opuesto del Danubio mientras el otro estaba aproximadamente a 150 metros. Comparando los fotones descubiertos por los dos telescopios receptores el equipo pudo confirmar que los fotones habían permanecido ensamblados por encima de una distancia de 600 metros en el espacio libre. Más recientemente, en enero del 2005, K. J. Resch y su equipo de investigadores de la Universidad de Viena dieron a conocer un trabajo en el que demostraban la existencia del ensamblaje entre fotones través de la atmósfera entre Viena y una estación satélite receptora a 7’8 kms. por encima de la ciudad. Y los experimentos siguen.

Así que de momento ya sabemos, según las últimas investigaciones de la Ciencia más ortodoxa, que estamos rodeados de campos invisibles de fotones y que éstos, además de poseer una gran capacidad de información, reaccionan instantáneamente entre sí en determinadas circunstancias… sin importar el espacio ni la distancia.

Una realidad aún no contada desgraciadamente en los libros de texto y que se acerca bastante a los postulados de la nueva física y a investigadores como Rupert Sheldrake, biólogo británico internacionalmente conocido por su Teoría de los Campos Morfogenéticos y que no son sino campos invisibles que lo abarcan todo interrelacionándose y que organizan los sistemas de alta complejidad -como los de los seres vivos- configurando una memoria colectiva de la que cada especie se nutre y a la que al tiempo alimenta. En el reino humano se acercaría bastante a la teoría de Jung del inconsciente colectivo. “Desde los años sesenta -afirma Sheldrake-el cosmos, en su integridad, ha estado ofreciéndonos cada vez menos el aspecto de una máquina poderosa y cada vez más el de un organismo en vías de desarrollo, un organismo que está creciendo y está produciendo nuevos modelos de organización todo el tiempo. En Cosmología un tipo de inconsciente cósmico se encuentra en la 'materia oscura', cuya naturaleza es inexplicable y, sin embargo, parece constituir el 90-99% de toda la materia cósmica. Entretanto, la teoría cuántica ha destapado algunos hechos muy curiosos, paradójicos en la naturaleza, como el principio de no localización o inseparabilidad según el cual sistemas que fueron una vez partes de un todo mayor permanecen unidos de una manera misteriosa aun cuando se interpongan entre ellos grandes distancias”. Lo mismo que, como ya hemos visto, ocurre con los fotones ensamblados o gemelos.

Si esto es así la teoría de Sheldrake -como la de otros muchos físicos que beben en la Física cuántica- entroncaría directamente con lo que sostiene el físico alemán Marcus Schmieke sobre la Radiónica, base del Quantec: “La Radiónica está basada en el concepto de que cada persona y cada ser viviente se rodea y está controlada por un campo electromagnético complejo. Forma parte de un campo electromagnético comprensivo estructurado que abarca el planeta entero. Ese campo coordina todas las influencias electromagnéticas planetarias que conectan las funciones de los seres vivos individuales. Sin embargo, está influenciado y controlado por un campo aun más sutil que no puede, todavía, describirse o medirse con medios físicos”.
Pues bien, el Quantec utiliza la Radiónica para interactuar con los campos sutiles.

HECHOS, PRUEBAS

Desde la formulación por Albert Abrams -médico nacido en California en 1863 que creó el primer dispositivo basado en ella- ha habido todo tipo de dificultades cuando se ha pretendido aplicar la Radiónica en terapias con humanos. Lo que tampoco es de extrañar teniendo en cuenta que los conceptos en los que se basa configuran la frontera actual de la Física moderna y eran por tanto inimaginables a finales del XIX. Sin embargo, existen hechos muy significativos que nos pueden ayudar a tender puentes entre el pasado y presente, y a vislumbrar sus posibilidades.

En los años 50 del pasado siglo XX los norteamericanos Curtis P. Upton -un ingeniero de la Universidad de Princeton cuyo padre había trabajado con Thomas Alva Edison– y su colega William J. Knuth -especialista en Electrónica de Corpus Christi en Texas- decidieron seguir los pasos de Abrams y comprobar la eficacia de la Radiónica en el control de plagas. Así que ambos se fueron a probarla en las 12.000 hectáreas de unos campos de algodón sitos en Cortaro, cerca de Tucson (Arizona, EEUU) que eran propiedad de la Cortaro Management Company, una de las más importantes compañías de algodón del estado. Pues bien, sin moverse del automóvil y con una misteriosa caja del tamaño de una radio portátil provista con un dial de escalas y antenas repitieron durante días la misma operación. Operación que según cuentan Peter Tompkins y Christopher Bird en su libro La vida secreta de las plantasfue la siguiente: “Upton y Knuth intentaron probar el efecto de la Radiónica sobre el campo pero usando fotografías, no actuando directamente. Para lo cual colocaron una fotografía aérea del campo en el plato testigo del dispositivo junto con un reactivo que era conocido por su capacidad para destruir plagas en las plantas de algodón. El objetivo del experimento era eliminar las plagas del campo sin necesidad de usar insecticidas químicos. Su trabajo estaba basado en la teoría según la cual los componentes moleculares y atómicos de una fotografía vibran a las mismas frecuencias que los objetos que representaban. Esto ya había sido descubierto por Bovis en los años treinta pero los dos ingenieros americanos no lo sabían. Tratando la fotografía con un reactivo que ellos sabían que era venenoso para las plagas los americanos pensaban que podrían inmunizar a la planta del algodón contra las plagas. Pues bien, en otoño el Tucson Weekend Reporterinformaba de que un dispositivo Kleiner Moritz de control de plagas le había permitido a Cortaro lograr una cosecha de algodón que era un 25% superior al promedio nacional. W. S. Nichols, presidente de la Compañía, afirmó en una declaración escrita que el 'algodón tratado’parecía tener también alrededor de un 20% más de semillas. ‘Probablemente porque las abejas no fueron para nada molestadas ya que el proceso radiónico no pareció afectarlas en absoluto’”.

Más tarde, otro colega de Upton en Princeton, Howard Armstrong, trató de reproducir el método de su amigo en Pennsylvania. Después de tomar una fotografía aérea de un campo de maíz que había sido atacado por plagas cortó una esquina de la fotografía, puso el resto de la imagen en el plato testigo de un dispositivo de Radiónica de la misma clase del de Upton y agregó una porción pequeña de un insecticida que había obtenido de las raíces de una madera de la vid asiática. Después de varios tratamientos de entre cinco y diez minutos se llevó a cabo un cuidadoso control de la plaga. El resultado fue que de un ochenta a un noventa por ciento de los escarabajos de las plantas de maíz del terreno correspondiente a la parte tratada de la fotografía habían muerto o desaparecido. “¡Las plantas no tratadas –recuerdan Tompkins y Bird- correspondientes al terreno de la esquina que había sido cortada de la fotografía, sin embargo, continuaban estando un 100% afectadas!! Después de dar testimonio de este experimento B. A. Rockwell,Jefe de Investigación de la Pennsylvania Farm Bureau Cooperative Association en Harrisburg, escribió: “Matar insectos dañinos desde una distancia de cuarenta y ocho kilómetros sin peligro para las personas, plantas o los animales es quizás un logro único en la lucha científica contra las plagas. A alguien que, como yo, tiene diecinueve años de experiencia en este ámbito este truco le parecía increíble, imposible, fantástico y loco. Pero las cuentas cuidadosas que realicé sobre las plantas de maíz tratadas y no tratadas mostraron claramente un cociente de destrucción de diez a uno a favor de las plantas tratadas’”.

Les ahorraremos los detalles de cómo los esfuerzos conjuntos de los tres investigadores fracasaron al formar una empresa denominadaUkaco que quiso enfrentarse a las compañías de productos químicos contra las plagas. Ocurrió en la primera mitad del siglo XX.

Más de cincuenta años después Rudolfy Monika Woditschka, vinicultores austriacos de la región de Herrnbaumgarten, se enfrentaron a una desgracia tan común como las plagas: el granizo. En 1999 dos tercios de las ramas de sus vides habían quedado destrozadas. Los Woditschka, que cultivaban sus vinos de acuerdo a prácticas ecológicas y holísticas prescindiendo de productos químicos y ajustando las tareas agrícolas a los ritmos de la luna decidieron recurrir a la Radiónica con la que Mónica había entrado en contacto en 1998. “Teniendo en cuenta el estado de las vides no estábamos muy seguros del resultado –escribió Mónica Woditschka- Lo que pasó entonces realmente fue un milagro. Las vides de nuestros vecinos produjeron una cosecha de un 30% a un 50% de la correspondiente a un año normal. Sin embargo, nuestras viñas nos proporcionaron una cosecha del 80% respecto a un año normal. Pero no sólo eso: la calidad fue tan alta ese año que todos nuestros vinos ganaron premios, ocho medallas de oros y tres de plata. Dado el éxito al año siguiente empezamos a acondicionar las cepas, el embotellado e incluso los corchos y etiquetas radiónicamente. Aparte de los premios que nosotros habíamos ganado con nuestro vino en 1999, el 2000 y, ahora de nuevo en el 2001, nuestro blanco radiónicamente tratado también alcanzó un éxito de ventas. Lo mejor de todo es que empezamos a lograr un aumento de nuestras exportaciones que eran inferiores a un 10% en 1998. Este año el porcentaje subió a más de un 30%. Hoy exportamos a Bélgica, Países Bajos y Japón, suministramos nuestros vinos a la embajada austriaca en Washington y constantemente ganamos nuevos clientes que nos encuentran a través de diferentes cauces. Pudimos aumentar nuestra producción de vino embotellado un 150% en tres años pasando a las 25.000 botellas. Antes del tratamiento radiónico de 1998 la producción estaba por debajo de las 10.000 botellas al año”.

La impresionante recuperación de las vides de los Woditschka fue recogida en infinidad de medios de comunicación junto a los premios conseguidos por sus vinos. Para Mónica y Rudolf sólo hay una explicación posible: el dispositivo de Radiónica. “Nosotros hemos tenido la evidencia de que la Radiónica es el elemento espiritual desconocido que nunca antes había sido considerado. Desde los experimentos de Cleve Backster sabemos que las plantas reaccionan a la conciencia. La afirmación “la mano verde” no habla del color de la mano sino del don de una persona para hacer que todo crezca y florezca. El emisor radiónico que nosotros compramos comparte este compromiso: es un ordenador y nos ayuda incansablemente, día y noche. Nuestras vides y sus productos muestran su agradecimiento premiándonos con un producto de alta calidad

Ya no hablamos del “pasado” sino de hace cincuenta, sesenta años. Se trata de un presente, por muy sorprendente que resulte, en el que empiezan a adquirir valor los descubrimientos de antaño de científicos vilipendiados en su día por sus propios colegas.

¿Se puede tratar pues un campo a través de una fotografía? ¿Se puede tratar a una persona a través de una fotografía? Tomar una foto -expresión que procede precisamente de la palabra fotón- no es sino captar una determinada radiación luminosa de los objetos fotografiados en el momento de la toma. La radiación de la luz es simultánea a la radiación de los fotones. ¿Podría ser pues que los fotones irradiados, al reflejarse en la cámara, se dividan en fotones gemelos uno de los cuales permanecería parcialmente en el objeto fotografiado y otro formando parte de la realidad fotografiada? En ese caso, de acuerdo con los postulados y hechos vistos anteriormente, ¿podrían seguir unidos el paquete de fotones retenido en la foto y el correspondiente gemelo del objeto real de tal manera que la incidencia en uno afectara al otro más allá de la distancia que los separara? Esa podría ser la explicación de cómo puede ser tratada una plaga, un lago o un ser vivo a través de una fotografía. “Sólo se trata de nuestra opinión –afirma Peter Von Buengner, creador del Quantec-. No es un hecho reconocido científicamente el que las transmisiones de información observadas en la práctica con el Quantec puedan explicarse del mismo modo o de un modo similar a las posibilidades de utilización de los fotones gemelos. Sin embargo, en nuestra opinión las analogías de la ciencia con los fenómenos experimentados con Quantec son tan evidentes que no estamos dispuestos a renunciar a su explicación. Sin embargo, gracias a la velocidad actual con la que se investigan estos fenómenos fisicocuánticos estamos convencidos de que la ciencia podrá cerrar en breve este hueco”.
Increíble, ¿no? Sí, pero no menos increíbles parecían hace sólo una década los métodos de electrodiagnóstico actuales o los modernos métodos de biocomunicación A veces lo increíble no es simplemente sino lo que no podemos entender en un momento determinado por falta de información. Por eso a falta de explicaciones muchas veces son los resultados de quienes se aventuran a probar lo que rompe los esquemas de lo convencionalmente aceptado lo que hace avanzar a la humanidad.

NUEVOS HORIZONTES

En el ámbito que hoy nos ocupa queda mucho por hacer y sólo falta la voluntad de ir trabajando poco a poco en muy distintas áreas con un dispositivo que, además, tiene la ventaja de ser inocuo. El doctor Louis Lee, director de una clínica en Taipei, decidió por ejemplo aplicar el Quantec en el tratamiento de niños autistas. Para ello partió del hecho demostrado de que los niños autistas experimentan sensibles mejoría en su comportamiento en contacto con los delfines. “Decidimos simular el contacto con delfines a través de la Biocomunicacion –recuerda Louis Lee- usando alguna clase de dispositivo. Debido a la investigación de la Universidad de Princeton y al éxito que tienen los diodos con ruido blanco en la comunicación entre ser humano y máquina, un dispositivo que trabajara con esta tecnología era nuestra prioridad. Y después de una larga búsqueda encontramos una compañía en Europa, para ser precisos en Alemania, que usa tales diodos en sus dispositivos: el Quantec”.

El estudio se llevó a cabo con 102 niños, 92 con autismo, 5 con parálisis cerebral y 5 con síndrome de Down. “La terapia de biocomunicación a través del Quantec –escribiría Louis Lee- mostró rápidamente el significativo éxito de la terapia. El 75% de los padres notaron mejoría en sus hijos aunque el 25% no notó nada. El resultado fue especialmente significativo en el área de la comunicación visual frente a frente, el comportamiento espontáneo positivo y el lenguaje al compararlo con la terapia convencional. También se observó una clara mejoría en los casos de parálisis cerebral y síndrome de Down. Sin embargo, el escaso número de pacientes (en cada caso 5) no permite una aserción válida”.

Las posibilidades del Quantec sobre los desequilibrios energéticos del ser humano son aún desconocidas. Como los del doctor Louis Lee, hasta el momento sólo hay pequeños pasos que valen sólo como confirmaciones testimoniales de sus posibilidades.

También de forma indirecta el Quantec puede ayudar al bienestar. Por ejemplo, disminuyendo la contaminación electromagnética de nuestro entorno y armonizando aquellas geopatías que causan distorsión en nuestros campos energéticos y, por tanto, malestar físico. “Basta realizar las mediciones electromagnéticas correspondientes –nos explicaría Martina Friedy comprobar si los valores son demasiado elevados, especialmente por la noche; por ejemplo en la cama donde uno pasa cada día 7 u 8 horas seguidas durmiendo. Luego se realizan mediciones de la densidad de corriente en el organismo de la persona. Esto lo hacemos porque todo el mundo reacciona de forma diferente a su entorno. Bueno, pues la medición sobre la densidad de corriente del organismo es la clave para la aplicación con Quantec. Una vez hecha se armoniza el área afectada con el Quantec. Armonización en la que se puede incluir a todas las personas que se encuentren en ese área. Posteriormente se repite la medición de la densidad de corriente de la persona y podrá constatarse que los niveles han disminuido notablemente. Ello significa que las radiaciones externas se transforman en energías positivas y ya no provocan tanto estrés celular en las personas tratadas”.

De forma similar, el Quantec –siempre según sus creadores- ayuda a armonizar las geopatías -influencias negativas sobre la salud por sobrecarga tanto de las ondas electromagnéticas que salen del centro de la tierra como de las que proceden del Cosmos- que pueden acabar afectando a la salud física y psíquica de las personas y, en general, a todo ser vivo.

Ahora bien, ¿puede eso constatarse? Hoy existen dos formas de medir los campos magnéticos terrestres: con un geomagnetómetro o mediante las clásicas varillas de zahorí. Cuando se usa el primero las mediciones posteriores tras un tratamiento no varían. Erika Fried: “Con el Quantecno se elimina físicamente la perturbación del campo magnético terrestre; éste sigue ahí. Pero se evita que las personas entren en resonancia con ellos y no se altere así su organismo. Lo que puede constatarse haciendo la medición con varillas ya que al actuar la persona como antena sí se percibe el efecto de la armonización lograda”.

¿Dónde están los límites del Quantec? Aún no se conocen. Este aparato no ofrece por sí mismo diagnósticos pero sí facilita al terapeuta o médico que lo maneja la suficiente información como para que él sí pueda ofrecer un diagnóstico. Y además sugiere los remedios que pueden tratar la raíz del problema de una manera causal y que están recogidos en sus 47 bases de datos: homeopatía, acupuntura, productos ortomoleculares, colores, parásitos, nosodes, flores de Bach, minerales…

En suma, bastan unos minutos para que el programa examine a través del diodo de ruido blanco el campo vibracional del paciente y detecte por biorresonancia cuáles de las más de 30.000 frecuencias registradas en su banco de datos le están afectando negativamente. Calculando incluso el grado de afectación. Examen tras el cual se procede a armonizar al paciente, bien cargando vibratoriamente el remedio que se le va a entregar para llevar encima o ingerir –generalmente un cuarzo o un nosode-, algo que se hace a través del diodo de ruido blanco que está en el interior del “plato dorado” que está conectado al triángulo de cristal protegido con cuarzos esféricos rosas, bien directamente emitiendo las vibraciones terapéuticas por Radiónica –también a través del diodo de ruido blanco y los fotones gemelos- en un tratamiento que puede incluso ser programado para que desde la distancia sea repetido por el ordenador con la frecuencia y durante el tiempo que se considere necesario.

Las expectativas del Quantec son, en suma, insospechadas. El problema es que en estos momentos no hay  estudios científicos a la manera ortodoxa que avalen sus posibilidades terapéuticas salvo uno efectuado en la Clínica Universitaria de Friburgo a propuesta de los profesores Walach y Schneider  con el sugerente título de ¿Pueden rezar los ordenadores? (las personas interesadas pueden obtener más información sobre el mismo entrando en www.quantec.ch/espanol). Sí hay, en cambio, resultados puntuales. Incluso éxitos clínicos en pacientes graves. Pero al no haber protocolos no están científicamente validados. Otro de  los problemas a resolver es la capacitación de los profesionales que manejan estos aparatos y la escasa experiencia clínica acumulada ya que en España llevan poco tiempo a pesar de que el actual Quantec está ya en su quinta generación y hay miles de profesionales de la salud que lo usan en medio mundo desde hace varios años. Un problema que están afrontando Emanuel y Erika Fried, representantes de Mas Biomedical Ibérica, la empresa que ahora lo comercializa en nuestro país. Por otra parte no es menos cierto que también la Ciencia asevera la existencia de determinadas realidades tanto a nivel astronómico como subatómico que no han podido ser confirmadas por observación directa sino que se conocen por los efectos que producen. Además resulta difícil utilizar instrumentos clásicos de medición para realidades que ni siquiera han terminado de explicarse. Lo que demuestra lo mucho que aún nos queda por saber de nuestro universo.

 

Antonio F. Muro
 

Este reportaje aparece en
79
Enero 2006
Ver número