Unas simples gotas ayudan a prevenir e, incluso, eliminar las cataratas

Mark Babizhayev, investigador ruso del Instituto Oftalmológico Helmoltz de Moscú, ha elaborado tras 13 años de investigación un producto que -según afirma- previene e, incluso, elimina las cataratas sin cirugía además de ayudar en otros problemas oftalmológicos. Basado en la N-acetil-carnosina (NAC) -único antioxidante descubierto hasta el momento capaz de proteger las proteínas estructurales del cristalino contra la oxidación, causa de los residuos opacificantes depositados en él que acaban impidiendo la visión- se aplica en los ojos en forma de gotas. Su elaboración es obra de una empresa biotecnológica ruso-americana. En Europa se comercializan como lubricante ocular con funciones antioxidantes.

Las cataratas constituyen una pesadilla capaz de alterar la vida de cualquiera justo cuando más lo necesita al velar su visión y encerrarle en una progresiva neblina. Evidentemente si uno vive en una sociedad desarrollada no se quedará ciego ya que siempre tendrá la posibilidad de operarse a fin de restaurar la visión o sustituir la parte del cristalino opacificado por una lente artificial pero…

…¿existe alguna otra solución para las cataratas que no sea la operación quirúrgica?La respuesta es afirmativa: la N-acetil-carnosina.
…¿existen estudios científicos que así lo respalden?Sí. Y están publicados en importantes revistas científicas.
…¿existen los preceptivos estudios sobre animales y personas?Sí. Y con buenos resultados no sólo en el tratamiento de cataratas sino en otros problemas oftalmológicos.

¿Y entonces por qué no se usan? Pues porque la mayoría de los oftalmólogos carece de tiempo para investigar y sólo están informados de lo que las multinacionales les cuentan. Sin embargo, la N-acetil-carnosina (NAC) –en la fórmula desarrollada por el investigador ruso Mark Babizhayev- puede ayudar a terminar con una de las principales causas de ceguera en el mundo -las cataratas- y ayudar en otros muchos problemas oculares. Se lo contamos.

UN PROBLEMA MUNDIAL

Las cataratas -se llama así a la pérdida de transparencia del cristalino, lente natural que se encuentra inmediatamente detrás de la pupila- son la causa del 42% de casos de ceguera a nivel mundial. En una persona joven y sin problemas de vista el cristalino es transparente y elástico permitiendo que los rayos de luz pasen a través de él y formen las imágenes en la retina. Una elasticidad que la convierte en una lente multifocal, es decir, capaz de enfocar los objetos que miramos según la distancia de manera similar al funcionamiento del objetivo de una cámara fotográfica. El problema es que con los años el cristalino no sólo puede perder elasticidad –apareciendo lo que conocemos como presbicia o “vista cansada”- sino que a veces se va formando sobre él un velo (catarata) que no permite el paso nítido de la luz hasta la retina. Con lo que a medida que la opacificación aumenta se pierde de forma progresiva la visión. Actualmente hay en el mundo más de 17 millones de personas ciegas debido a las cataratas y aparecen 28.000 nuevos casos cada día. Sirva como dato de la importancia de esta patología que más del 43% de las visitas a los oftalmólogos en Estados Unidos están directamente asociadas con cataratas. Y como quiera que en los países en vías de desarrollo no hay suficiente número de cirujanos para realizar este tipo de operaciones es obvio que el problema se irá agravando en los próximos años. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) pronostica que en los próximos 25 años el 20% de la población mundial tendrá más de 65 años. Es más, avisa que el sector de población que más está creciendo es de los mayores de 85 años cuyo número podría cuadruplicarse en ese periodo.

En un metaanálisis realizado por especialistas del Wilmer Eye Institute -perteneciente a la Universidad John Hopkins de Baltimore (Estados Unidos)- y publicado en Archives of Ophthalmology se prevé que los casos de catarata se duplicarán para el 2020 “lo que va a suponer –se dice- un gran aumento de los procedimientos quirúrgicos para corregir este problema y, por tanto, un gran impacto en las arcas de los sistemas sanitarios”. Y es que las cataratas, además de un problema de salud, son un problema económico de primera magnitud para los sistemas sanitarios. Pensemos que actualmente se efectúan más de millón y medio de operaciones de cataratas al año sólo en Estados Unidos con un coste estimado de tres mil quinientos millones de dólares.

En España -según datos del Sistema Nacional de Salud- la lista de espera quirúrgica para pacientes programados (no urgentes) ascendía a finales del 2003 a 406.264 personas de las que 71.504 lo son para operarse de cataratas con una espera media de 81 días. Pues bien, con un coste aproximado de 1.500 euros por intervención sólo operar a los que ya se encuentran en esa lista -sin contar los que a ella se van incorporando- le va a suponer a la Sanidad española ¡más de 107 millones de euros! Además, a los gastos directamente generados habría que señalar como efectos secundarios para el sistema sanitario la utilización de quirófanos y, por tanto, el retraso o aumento de pacientes en lista de espera.

¿LA “ÚNICA” SOLUCIÓN POSIBLE?

Y es que la cirugía está considerada “la única solución posible” para resolver el problema de las cataratas cuando la verdad es que si bien ésta es eficaz y razonablemente segura no es la única posibilidad. Sin olvidar que, como toda intervención quirúrgica, no está exenta de riesgos. Además los oftalmólogos no dan siempre toda la información. Sirva como ejemplo el dato de que en Estados Unidos entre el 30% y el 50% de los pacientes operados de cataratas desarrollan una opacificación de la cápsula de la lente posterior durante los dos años siguientes a la operación requiriendo tratamiento intensivo con láser. Y puesto que el número de operaciones de catarata es tan grande -allí donde pueden realizarse- incluso un porcentaje pequeño de complicaciones representa un número significativo de personas. Las estadísticas indican que de los pacientes que se operan en torno al 0,8% sufren desprendimiento de retina, entre el 0,6 y el 1,3% tienen que ser hospitalizados por edema corneal o requieren trasplante de córnea y el 0,1% de los casos presenta endoftalmitis postoperatoria. Es decir, que aproximadamente el 2% de los operados cada año en Estados Unidos (unas 30.000 personas) sufre complicaciones serias como resultado de la cirugía.

Evidentemente, las razones expuestas -aumento de cegueras en todo el mundo, potenciales efectos secundarios, altos costes para los sistemas sanitarios, complicaciones postoperatorias, etc.- debieran ser razones suficientes como para que nuestros oftalmólogos estuvieran especialmente atentos a toda aquella investigación que permitiera mantener la transparencia de la lente. Porque cualquier solución que permitiera simplemente retrasar el proceso de opacificación 10 años supondría un paso adelante de beneficios incalculables.

Pues bien, quizás muchos de nuestros lectores -o sus ascendientes- estén hoy pendientes de una operación quirúrgica pensando que no hay alternativa válida… pero no es verdad. Porque es posible que su problema pueda resolverse con unas simples gotas elaboradas por el investigador rusoMark Babizhayev -del Instituto Oftalmológico Helmoltz de Moscú- a partir de una molécula: la N-acetil-carnosina. Y si alguien duda de la solvencia de su tratamiento no tiene más que buscar la bibliografía en los principales buscadores médicos y científicos de Internet.

LAS PRUEBAS

Los artículos publicados, las investigaciones realizadas por Babizhayev y su equipo así como el respaldo encontrado en numerosos colegas especializados en los procesos de antienvejecimiento apuntan a la N-acetil-carnosina como uno de los productos con más posibilidades en el campo de las enfermedades oftalmológicas. Así, el doctor Marios Kyriazis -fundador y consejero de la British Longevity Society, postgraduado en Gerontología por el King’s College de Londres y postgraduado en Medicina Geriátrica por el Royal College of Physicians– publicará en los primeros meses de este año un libro titulado “La cura de la catarata” cuyo subtítulo es “La historia de las gotas para los ojos N-acetil-carnosina”. Por su parte, el doctor Robert Mason -autor de New Millenium Guide to Anti-Aging Medicine y especialista en temas de salud relacionados con la edad- afirma en un artículo titulado “¿NAC. Cura para la catarata?” lo siguiente: “La catarata es un padecimiento relacionado con la edad avanzada y las gotas para los ojos NAC parecen ser un tratamiento muy eficaz y seguro es estos casos. Sospecho que este suplemento va a convertirse en uno de los descubrimientos más importantes y de mayor impacto en el tratamiento de la catarata”.

Ambos testimonios no son sino la confirmación de la valía del trabajo desarrollado durante 13 años por el doctor Babizhayev del que ha ido dejando constancia en sus trabajos científicos. En su trabajo “Perioxidación lípida: N-acetil-carnosina como remedio terapéutico para tratar las cataratas relacionada con la edad en ojos humanos y de perros” Babizhayev deja clara las bases de la relación de los radicales libres con el proceso de generación de la catarata y los beneficios de la fórmula NAC en su tratamiento. “El grado de opacidad de la lente –puede leerse en ese trabajo- está relacionado con el nivel de la acumulación de productos finales de peroxidación lipídica en el tejido, acompañada de la oxidación de las proteínas de la lente por el grupo sulfhidrilo debido a una disminución de la concentración de glutation en la lente. Se concluye que el daño del peróxido en las membranas puede ser la causa inicial del desarrollo de la catarata. La N-acetil-carnosina ha mostrado ser adecuada para la prevención no quirúrgica y el tratamiento de cataratas relacionadas con la edad. Esta molécula protege la lente cristalina del daño inducido por el estrés oxidativo y en un reciente ensayo clínico ha demostrado que produce en la vista una mejora eficaz, segura y a largo plazo”.

También en las conclusiones de uno de sus últimos trabajos –titulado “Rejuvenecimiento de las funciones visuales en conductores adultos de edad avanzada y conductores con catarata durante la administración a corto plazo de N-acetil-carnosina, en gotas lubricantes para los ojos” puede además leerse: “El desarrollo de la fórmula NAC muestra potencial para el tratamiento no quirúrgico de cataratas relacionadas con la edad”.

Citaremos una referencia más que avala el trabajo realizado a nivel experimental con la fórmula NAC. Podemos encontrarla en Drugs Research and Developement en un estudio titulado “Eficacia de la N-acetil-carnosina en el tratamiento de cataratas”. En él, para evaluar los efectos de un 1% de solución NAC, se realizó un estudio sobre la cantidad y calidad de los cambios en la claridad de las lentes durante un período de 6 y 24 meses en dos grupos de 49 voluntarios con una edad media de algo más de 65 años y diagnóstico de cataratas seniles. Pues bien, el estudio afirma que“la estadística revela diferencias significativas a los 6 y a los 24 meses en las cataratas tratadas con NAC. La forma N-acetilada del dipéptido natural L-carnosina parece ser un tratamiento recomendable y fisiológicamente aceptable para el tratamiento no quirúrgico de las cataratas”.

ENSAYOS HUMANOS

LaN-acetil-carnosina tiene una alta proporción estadística de éxito clínico. Con ellas se trató -en otro ensayo programado- a 96 pacientes de más de 60 años, todos ellos con catarata senil en diversos grados de madurez y cuya antigüedad oscilaba entre los 2 y los 21 años. Bueno, pues los pacientes utilizaron las gotas como único tratamiento -1 o 2 gotas en cada ojo 3 o 4 veces al día- durante un período de 3 a 6 meses y los resultados mostraron que había un efecto de mejora pronunciado en la catarata senil primaria. Es más, la eficacia fue del 100%; es decir, todos los pacientes experimentaron mejoría. Para las cataratas seniles más maduras -aquellas que habían tenido la catarata más tiempo, en algunos casos más de 20 años- la proporción de eficacia alcanzó el 80%. Cifras que resultaron especialmente notables para los investigadores que lo más que podían esperar era que la progresión cesara y bajo circunstancias normales, sin tratamiento, un empeoramiento incesante de la enfermedad. También quedó demostrado que las gotas no produjeron efecto colateral negativo en ninguno de los casos.

En otro estudio ruso diseñado para documentar y cuantificar los cambios en la claridad del cristalino durante un período entre 6 y 24 meses con 49 voluntarios cuya edad media era de 65 años y en el que todos sufrían catarata senil de gradación variable se dio a los pacientes una solución con un 1% de NAC -un placebo al grupo de control- instilándoles 2 gotas 2 veces al día en cada ojo. Pues bien, a los 6 meses se constató que el 88,9% de los ojos tratados con NAC habían mejorado en su sensibilidad a la luz intensa (la mejoría más baja fue de un 27% mientras la mayor alcanzó el 100%). El 41,5% de los ojos tratados experimentó una mejora significativa de la transmisividad del cristalino pero quizás lo más significativo fue que en el 90% mejoró la acuidad visual. El estudio también mostró que a los 24 meses el grupo tratado con NAC -que ya había experimentado una mejora significativa en la calidad de su visión- mantuvo estos resultados con el uso continuado de las gotas. Y una vez más tampoco se encontró ningún efecto colateral significativo durante el período de aplicación de dos años.

Para terminar comentaremos otro estudio en el que se evaluó a pacientes con edades comprendidas entre 48 y 60 años que sufrían diversos grados de deterioro de la visión pero no presentaban síntomas de catarata. Bueno, pues después de un período de tratamiento de 2 a 6 meses se constató que las gotas aliviaban el cansancio de ojos y los pacientes mejoraron de sus problemas. Los pacientes aseguraron que el tratamiento “aclaró” y “relajó” sus ojos. Se trata de un indicador importante que sugiere que las gotas tienen utilidad como elemento preventivo además de por sus aplicaciones médicas.

LA N-ACETIL-CARNOSINA Y LA L-CARNOSINA

Hay que decir que aunque la carnosina (también conocida como L-carnosina) se conoce desde hace un siglo sus propiedades antienvejecimiento sólo se han comenzado a estudiar durante los últimos años. La carnosina es un dipéptido natural, una combinación de dos aminoácidos (B-alanil y L-histidina) que se produce principalmente en el cerebro, los músculos, los tejidos (cardiaco, esquelético y otros) y en altas concentraciones en el cristalino del ojo. Pues bien, se sabe que cuanto menor es la concentración de carnosina en el ojo más severa es la catarata. Además, también el corazón y el cerebro precisan de grandes cantidades de carnosina. De ahí que su presencia se haya convertido en un biomarcador del envejecimiento y se considere su falta como señal inequívoca de deterioro orgánico. En suma, se trata de un potente regenerador celular y antioxidante capaz de eliminar los productos derivados de la peroxidación lipídica que pueden alterar la membrana celular. Además la carnosina actúa como agente natural contra la glucosilación o crosslinking, el agrupamiento caótico de las proteínas del cristalino.

Ahora bien, siendo la carnosina imprescindible como antioxidante su utilización externa en el ojo es cuestionada por Babizhayev que ve en su aplicación directa más perjuicios que beneficios. “La administración tópica de L-carnosina pura en el ojo –asegura- no lleva a la acumulación de este compuesto en el humor acuoso en una cantidad razonable de tiempo. La L-carnosina exógena que entra en el organismo -tópicamente en el ojo, con la comida, de forma intravenosa o intraperitonealmente- no es acumulada por los tejidos sino destruida por la carnosinase, una enzima dipéptida que está presente en el plasma de sangre y en el humor acuoso de la cámara anterior del ojo. Es más, la aplicación tópica en el ojo de L-carnosina libera histamina, compuesto tóxico que puede promover reacciones oxidativas severas”. En suma, para Babizhayev las gotas oculares de L-carnosina no son recomendables porque en el proceso de hidrólisis de las carnosinases acaba produciéndose histamina que es tóxica para el cristalino. De ahí que comprendiera la necesidad de encontrar un “vehículo“ que permitiera llevar la carnosina al interior del ojo. Encontrando con el tiempo que ese “transportador” es la N-acetil-carnosina, una molécula que lleva la L-carnosina hasta el interior del ojo, justo hasta donde se necesitan sus propiedades antioxidantes a fin de revertir y prevenir la glucosilación y otros procesos dañinos. “Comparado con la L-carnosina –explica Babizhayev-la N-acetil-carnosina, por su hidrofobicidad, parece penetrar gradualmente a través de la córnea mientras mantiene una concentración terapéutica activa mayor de L-carnosina en el humor acuoso y la lente del ojo tratado. La N-acetil-carnosina es además muy resistente a la hidrólisis por carnosinasas.” Y añade: “Una vez dentro la N-acetil-carnosina puede prevenir e incluso invertir el ‘crosslinking’ de las proteínas de la lente, incluso en cristalinos inducidos por la hiperoxidación lipídica y sus residuos moleculares como los aldehídos. Este mecanismo puede ser importante para la marcha atrás y puede prevenir la opacificación de la lente natural que se relaciona a las reacciones de glucosilación de las proteínas de la lente y que, como se sabe, también están asociadas con las complicaciones de diabetes. Las diferentes técnicas de administración ocular con N-acetil-carnosina demuestran su eficacia para el tratamiento de cataratas, combinado con una tolerabilidad excelente del ojo, su seguridad y la falta de posibles efectos colaterales”. 

GUERRA COMERCIAL

Como es habitual en estos casos el descubrimiento de las posibilidades de la N-acetil-carnosina llevaría a su descubridor a solicitar la correspondiente patente y a plantear su comercialización con la marca Can-C, registrada a nombre de Innovate Vision Products (IVP), empresa biotecnológica ruso-americana fundada por el propio Babizhayev si bien el producto es actualmente producido en un laboratorio japonés y lo distribuye International Antiaging Systems (IAS). Sin embargo, como suele ocurrir cuando aparece un producto realmente eficaz, pronto empezarían a aparecer en el mercado otros productos que alegaban estar también fabricados con N-acetil-carnosina la mayor parte de los cuales, curiosamente, utilizan como referencia y principal argumento de su eficacia… los trabajos de Babizhayev. Esta situación ha obligado al investigador ruso a explicar que no toda solución elaborada conN-acetil-carnosina (NAC) es válida. “Nosotros –afirma- hemos desarrollado un producto muy preciso de N-acetil-carnosina. Y es así porque, singularmente, sólo ciertos tipos y niveles de impurezas habilitan el mantenimiento de las actividades antioxidantes peculiares de la molécula, incluyendo aquéllos que eliminan el radical hidróxilo o las actividades peroxidativas lipídicas. Es un producto activo muy particular responsable de la eficacia anticatarata y de la protección de las proteínas de la lente de la oxidación”.

En otras palabras, según Babizhayev no basta utilizar N-acetil-carnosina porqueel secreto de la eficacia está también en el proceso de purificación y ése no se ha revelado. Y es la central de la empresa -que se encuentra en Delaware (EEUU)- la que guarda en secreto los detalles del proceso de fabricación y de los permanentes controles biológicos y analíticos a los que es sometido el proceso para fabricar a granel la materia prima de N-acetil-carnosina realmente efectiva en el tratamiento de las cataratas. Y sea ello así o no –lo ignoramos pero es lógico que tras trece años de trabajo el investigador ruso quiera defender sus derechos- lo cierto es que los demás productos citan siempre los estudios y pruebas científicas realizadas por Babizhayev lo que le convierte en la principal referencia a nivel internacional. Por lo que si algún lector se muestra interesado en adquirir estas gotas le sugerimos que adquiera las que se fabrican bajo su supervisión porque con la vista no se juega.

Es más, la proliferación de marcas es tal que algunas, para intentar destacarse, llegan a argumentar como reclamo la potenciación de la N-acetil-carnosina con el añadido de otros productos. Y ante esta situación Babizhayev ha tenido que hacer pública una carta en Internet que, entre otras cosas, dice: “Hay ciertas compañías amorales que desgraciadamente, intentando capitalizar este descubrimiento, están fabricando ilícitamente y promocionando una solución inferior de N-acetil-carnosina para cataratas seniles sin el beneficio del nivel de pureza específica y metodología exigidas para asegurar la eficacia y seguridad para su uso en el ojo. Varias de esas compañías fraudulentas están utilizando mi investigación para promover su producto, de calidad inferior, dañando así mi reputación. Además algunos están intentando hacer sus productos más atractivos añadiéndoles vitaminas -como la A y la E- cuando éstas, mientras por sí solas pueden ser beneficiosas para el ojo, al ir acompañadas de derivados químicos inhiben la actividad de la N-acetil-carnosina, particularmente en la córnea y conjuntiva del ojo. Más importante aún, no existe ensayo publicado alguno sobre la eficacia o seguridad de las combinaciones de vitaminas con la N-acetil-carnosina. De hecho, usados durante mucho tiempo estos productos podrían llegar a dañar la superficie del ojo como se demostró que ocurría con la utilización de L-carnosina en nuestros ensayos. Por consiguiente, como autor de una amplia investigación sobre este asunto tengo la responsabilidad de informar a los consumidores de que existen en el mercado productos similares fraudulentos y peligrosos”.

En suma, las únicas gotas fiables son las avaladas por Innovate Vision Products y de momento sólo ocurre con tres marcas: Can-C, Nu-eyes y Ocuzyme. En cuanto a las razones por las que el mismo producto se presenta bajo tres marcas distintas son exclusivamente comerciales. “Hay varios nombres registrados para este producto –nos explicaría Philp Micans, vicepresidente de International Antiaging Systems (IAS). Y se usan diferentes marcas comerciales por la misma razón que se usan diferentes marcas con millones de otros productos nutritivos y medicamentos; es una decisión comercial que algunas compañías eligen para promover el producto con su propia etiqueta”.

Nosotros, sin embargo, debemos apuntar otra razón: la actual maraña administrativa que existe en el ámbito sanitario. La misma razón por la que se decidió comercializarlo como producto natural en lugar de como medicamento. Y es que la aprobación de un producto como fármaco tiene que pasar por un interminable e incierto proceso lleno de dificultades -no todas de carácter académico o científico- que a veces dura muchos años. “Lleva décadas desde el comienzo de su desarrollo –nos reconocería Philp Micans- aprobar un medicamento en cualquier mercado. El Prozac, por ejemplo, fue patentado en 1978 y no llegó al mercado hasta 1988. Por esa razón ‘Can-C’ se comercializa como producto lubricante para los ojos. La única manera de llevar el producto rápidamente al mercado era promoverlo como tal. Yo espero que algún día las gotas de N-acetil-carnosina se use en algunos países de Europa como medicamento oficial para el tratamiento de las cataratas y llegue a cubrirlo la Seguridad Social pero es muy probable que eso no ocurra hasta dentro de muchos años debido a la naturaleza y tremendo coste de la aprobación de un medicamento”.

Una estrategia que ha permitido poder ya adquirir el producto en Europa con el nombre de Can-C a través de la filial británica de International Antiaging Systems(para mayor información entre en www.can-c.net).

La realidad, pues, es que estamos ante un producto aprobado en la Unión Europea como lubricante -lo que garantiza que no existe ningún problema para su uso- pero lo realmente importante para los afectados de cataratas es que al alcance de cualquiera existen estudios que señalan su validez para su tratamiento no quirúrgico y preventivo al tiempo que evita nuevas opacificaciones. Eso sin contar que, según el propio Babizhayev, es efectivo en numerosos problemas comunes como la sequedad ocular -o síndrome de ojo seco-, la visión borrosa, la fatiga ocular o vista cansada, el síndrome del ordenador o la fotofobia -hipersensibilidad a la luz y a los reflejos nocturnos- así como en casos de inflamaciones oculares. Y eso que las expectativas son aún mayores. “Es interesante anotar –escribe a ese respecto el ya citado doctor Robert Mason– que las gotas de N-acetil-carnosina (NAC) están patentadas para su uso en glaucoma pero la investigación sobre esta patología está aún por desarrollarse”. Cabe añadir que según Babizhayev los efectos en casos de glaucoma se aprecian antes de seis meses (a veces en mucho menos tiempo). El tiempo máximo testado en estudios clínicos es de 24 meses.

Finalizamos preguntándonos su nuestros oftalmólogos se animarán a examinar las referencias que existen sobre la N-acetil-carnosina. Lo mismo descubren un método que además de evitar el riesgo físico y psicológico de una intervención quirúrgica ahorra su coste al sistema sanitario y, de paso, liberan un quirófano para que corra la lista de espera. Además los países desarrollados y las ONGs interesadas tendrán mucho más fácil ayudar a erradicar la ceguera por cataratas en el Tercer Mundo si el producto se vende en frasquitos de gotas. Claro que antes habrá que esperar que nuestros propios médicos se liberen de la catarata del desconocimiento. Nosotros, como en otras ocasiones, ponemos las gotas necesarias de información.

Francisco San Martín

Este reportaje aparece en
69
Febrero 2005
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