Cáncer: el velo empieza a caer

por José Antonio Campoy

Llevamos años afirmando que el hecho de que la cirugía, la quimioterapia y la radioterapia sean los tratamientos de referencia en el abordaje del cáncer no se explica de ninguna manera. Y hemos dado razones más que suficientes para justificar tan rotunda afirmación. A pesar de lo cual muchos médicos se resisten a asumirlo porque les resulta difícil entender y aceptar que los oncólogos, considerados miembros de una de las especialidades más complejas y mejor pagadas de la profesión, puedan estar tan equivocados como reiteradamente venimos denunciando. Y eso que el propio Mariano Barbacid, director del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y considerado en España la máxima autoridad en Oncología, ha reconocido públicamente que los tratamientos actuales son ineficaces en la mayoría de los casos algo a lo que los oncólogos respondieron de inmediato diciendo que quien así habla carece de experiencia clínica. Bueno, pues el oncólogo que entrevistamos en este número, el doctor Javier Herráez, sí la tiene. Y corrobora cuanto hemos estado diciendo. Ya no lo decimos pues nosotros. Lo dice alguien que se ha hartado de ver morir a sus pacientes tras aplicarles los protocolos oficiales. Alguien que incluso ha tenido la valentía de ir más allá y explica a quien quiera escuchar, para empezar, que es indignante que a un enfermo de cáncer se le pronostique cuánto le queda de vida porque ningún médico sabe eso y no puede ampararse en las estadísticas para hacer tamaña extrapolación. Sin embargo se hace muy a menudo para que el paciente, al decírsele claramente que “lo suyo no tiene cura y va a morir sin remedio”, acepte entrar en el protocolo de algún nuevo fármaco experimental “que tiene muy buenas expectativas” –siempre se les dice lo mismo a los enfermos con todos los fármacos que se prueban porque si no se negarían- aunque, eso sí, dejando claro que no es más que “una posibilidad sin garantía alguna” ya que saben que la mayoría terminará muriendo y temen la reacción de los familiares. Es decir, se le dice al enfermo que está desahuciado y luego se aprovecha su desesperación –y la de su familia- para ofrecerle una vaga esperanza… a la que la inmensa mayoría, como es lógico, se agarra cual clavo ardiendo. Lo que ya no se le explica claramente casi nunca –cuando legalmente es obligatorio- es que puede tocarle estar en el grupo al que se va a dar el placebo en lugar del fármaco experimental y, por consiguiente, al de personas a las que se va a dejar morir sin darles nada útil para saber si funciona o no. Y, claro, el paciente tampoco sabe que los laboratorios pagan por cada enfermo que los oncólogos reclutan para experimentar con ellos nuevos productos hasta 6.000 euros por “cobaya humana”. Dinero que va al oncólogo, al hospital en el que trabaja o a alguna fundación que se suele crear ex profeso para ello. El enfermo-cobaya no ve ni un euro. Y todos sabemos que cuando hay tanto dinero de por medio mucha gente está dispuesta a dejar de lado la ética. Por eso se reconoce ya sin ambages que “la industria farmacéutica influye demasiado en el quehacer clínico de los oncólogos”. Javier Herráez no duda tampoco en aseverar que “el actual uso masivo de la quimioterapia no se justifica en absoluto porque lo máximo que se suele conseguir con ella es prolongar la vida unas semanas o unos meses y con una calidad de vida mucho peor”. Asimismo echa abajo el mito de que la reducción del tamaño de un tumor implique un aumento del tiempo de supervivencia. “No está demostrado ni científica ni médicamente que una cosa se correlacione con la otra ”. Es más, asevera que en todos los años en los que se le enseñó a tratar enfermos con quimioterapia no vio “más de dos o tres curaciones o posibles curaciones” y por eso le parece inaceptable que hoy se medique con ella tan a menudo a los enfermos. Obviamente no puede extrañar que para este oncólogo desengañado la Quimioterapia no se justifique actualmente ya “ ni como primera, ni como última opción”. Ni que agregue: “Hay que desmitificar la Quimioterapia porque no es la solución en la mayoría de los casos”. Invito a nuestros lectores a leer la charla que mi compañero Antonio Muro mantuvo con él porque es realmente esclarecedora.