¿Extirparse las mamas para prevenir un posible cáncer?

por José Antonio Campoy

La actriz estadounidense Angelina Jolie -pareja del también actor Brad Pitt– asegura haberse extirpado las dos mamas porque es portadora de una mutación en el gen BRCA1 y eso según sus médicos aumenta dramáticamente la posibilidad de desarrollar cáncer de mama y de ovarios. «Mis médicos estimaban que tenía un 87% de riesgo de contraer cáncer de mama y un 50% de padecer cáncer de ovarios aunque esos porcentajes varían de una mujer a otra –explicaría en el New York Times- así que cuando lo supe decidí actuar preventivamente para minimizar el riesgo al máximo y tomé la decisión de someterme a una doble mastectomía». Y es que según le aseguraron la probabilidad disminuye así al 5% y ella estaba aterrada porque su madre murió a los 56 años a causa de un cáncer de ovarios. La extirpación de las mamas -solo se respeta el pezón y los conductos que lo irrigan- y posterior reconstrucción del pecho se hizo en el Pink Lotus Breast Center de California (EEUU). El BRCA1 –acrónimo de Breast Cancer 1– es un gen que al igual que el BRCA2 y otros que se ignoran de forma interesada al hablar de este asunto- evita la proliferación celular incontrolada y forma parte del sistema de detección y reparación de posibles daños en el ADN por lo que los oncólogos entienden que si mutan no pueden cumplir su función y ello podría dar lugar a que aparezca un cáncer. Es decir, básicamente todo gen BRCA1 y BRCA2 mutados, al funcionar incorrectamente, se verían imposibilitados de ayudar a corregir las mutaciones que se producen en otros genes con lo que los defectos se acumularían haciendo que las células de la zona puedan crecer y dividirse de forma descontrolada formando un tumor, bien en la mama, bien en los ovarios o en las trompas de falopio. Singular y discutible explicación porque los investigadores ya han identificado ¡más de 600 mutaciones! de los genes BRCA1 y BRCA2. Mutaciones que no son sino meros cambios en uno o un pequeño número de pares de bases de ADN que pueden identificarse mediante su secuenciación y usando la técnica PCR que permite replicar in vitro millones de veces pequeñas cantidades de ADN. Claro que a veces tampoco se detectan así las posibles mutaciones y entonces se usan otros métodos como la Q-PCR, el Multiplex Ligation-dependent Probe Amplification (MLPA, el Quantitative Multiplex PCR of Shorts Fluorescents Fragments (QMPSF), el análisis de heterodúplex (HDA) en electroforesis capilar o la hibridación genómica comparada (CGH array). Ahora bien, en realidad todo esto no se trata más que de meras especulaciones elevadas a la categoría de “verdades científicas” porque hay laboratorios que quieren usar tales hipótesis para patentar los test de detección y hasta los propios genes. Tal fue la pretensión en este caso de Myriad Genetics, empresa con sede en Utah (EEUU) que patentó un test para determinar en exclusiva si una mujer tiene mutaciones en los genes mencionados. ¿La excusa? La sempiterna alegación –casi siempre falsa- de que hay que invertir mucho dinero y es imprescindible que se les “compense” concediéndoles las patentes sobre esos genes. Un sinsentido porque el titular de una patente genética tiene derecho incluso a impedir que otro estudie ese gen o realice pruebas con él lo que es ciertamente esperpéntico. Lo increíble es que a Myriad Genetics las autoridades político-sanitarias europeas le concedieron en efecto el monopolio de realización de ese test. Y todo ello para poner en marcha un suculento negocio basado en una sencilla estrategia: meter miedo a las mujeres de todo el mundo convenciéndolas de que tener mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2 es sinónimo de un altísimo riesgo de padecer cáncer en las mamas, los ovarios o las trompas de falopio y, por tanto, hay que hacerse un test para detectar esa posibilidad. Test que, al fijar el precio a su antojo –3.000 euros-, les aseguraba un gigantesco negocio. Que sería ya descomunal si además hubieran “convencido” a los estados -es decir, a quienes toman esas decisiones en los centros de poder- para que lo sufragasen. En pocas palabras: Angelina Jolie no ha sido sino la “tonta útil” que se ha usado para poner en marcha el enésimo negocio de una gente insaciable. Afortunadamente pocos días antes de cerrar este número de la revista los nueve jueces de la Corte Suprema estadounidense acordaron unánimemente -el 13 de junio pasado- que no se pueden patentar genes humanos ni explotar en exclusiva nada relativo a ellos, incluidos los test que detectan posibles mutaciones. En suma, entiéndanlo bien las mujeres: ni ese test es necesario, ni tener mutado cualquiera de esos dos genes implica que la persona vaya a padecer cáncer, ni es verdad que el riesgo en quienes den positivo a él sea del 87% ni que extirpando las mamas o los ovarios éste se reduzca hasta el 5%. Lea para mayor información el artículo que sobre este asunto publicamos en este mismo número.