Todo indica que el cáncer tiene origen metabólico y no genético

Los organismos internacionales sobre salud siguen manteniendo la tesis de que el cáncer es una enfermedad causada por errores genéticos en las células que dan lugar a su proliferación incontrolada y a la formación de tumores -líquidos y sólidos- que terminan afectando al correcto funcionamiento del organismo; células anómalas y tumores que hay que destruir con venenos -quimioterapia-, radiación o extirpación quirúrgica. Tal es la tesis oficial y de ahí los tratamientos oncológicos que se utilizan con los afectos de la enfermedad desde hace décadas. Lo inaudito es que los resultados con tales procedimientos terapéuticos son prácticamente nulos y lo máximo que se consigue con ellos en la gran mayoría de los casos es alargar tres o cuatro meses la vida de quienes se someten a ellos. Y eso suponiendo que los estudios epidemiológicos que tal cosa afirman sean fiables, algo puesto en duda desde hace décadas por numerosos médicos de todo el mundo cuyas voces, sin embargo, se silencian o ningunean. Llevamos más de dos décadas denunciándolo y explicándolo en extensos reportajes sobre cáncer -nada menos que 192 que tiene agrupados en https://www.dsalud.com/reportajes/tratamiento-del-cancer– sin que los enfermos quieran aceptarlo porque ante el terror que inspira la palabra cáncer la práctica totalidad se pone en manos de quienes se supone «saben de ello». Y ya hemos constatado que contra las creencias establecidas y acríticamente asumidas no hay nada que hacer. Es un asunto de fe y por tanto no hay argumento racional que pueda hacer cambiar al creyente de su equivocación. Lo hemos visto incluso en médicos cercanos a la revista que estaban de acuerdo con lo que publicamos pero al saber que tenían cáncer terminaron acudiendo a los tratamientos oncológicos convencionales. Nos hubiera gustado entrevistarles para que nos explicaran por qué pero a los médicos les aterroriza que sus familiares, amigos y pacientes se enteren de ello y se niegan a hablar mientras viven ese proceso… y después ya no pueden porque todos fallecen. Y eso que los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) son contundentes porque según los mismos entre 2000 y 2017 -último año computado según el Anuario Estadístico de España 2019– murieron por tumores malignos en España 95.072 personas en 2000, 97.714 en 2001, 97.784 en 2002, 99.826 en 2003, 100.485 en 2004, 100.189 en 2005, 101.669 en 2006, 103.329 en 2007, 103.999 en 2008, 105.133 en 2009, 107.188 en 2010, 109.341 en 2011, 110.993 en 2012, 111.021 en 2013, 110.278 en 2014, 111.381 en 2015, 112.939 en 2016 y 113.266 en 2017. Cifras que demuestran que en la prevención y curación del cáncer no se ha avanzado NADA a pesar de la machacona propaganda oficial. Ni siquiera con las nuevas estrategias de la llamada Inmunoterapia Oncológica. Es pues inaudito que la tesis de que los principales responsables del cáncer son los llamados oncogenes -tesis formulada en 1982- se mantenga. Pues bien, para el profesor de Biología del Boston College de Massachusetts Thomas Seyfried considerar el cáncer una patología provocada por mutaciones genéticas es precisamente la razón por la que no se acaba con él porque en realidad -afirma- se trata de una enfermedad metabólica que se produce al dañarse las mitocondrias. De hecho ha demostrado que implantar núcleos de células cancerosas en células sanas no lleva a éstas a malignizarse y que si se implantan núcleos de células sanas en el citoplasma de células malignas éstas siguen siendo cancerosas. Posteriormente reemplazaría las mitocondrias dañadas de células de cáncer de mama por otras de células sanas y el crecimiento anormal se detuvo; y cuando sustituyó las mitocondrias de células sanas por mitocondrias de células tumorales las sanas se convirtieron en cancerosas. Hechos que a su juicio demuestran que el cáncer lo produce el daño que se causa a las mitocondrias. ¿Y por qué o quiénes? Pues por los radicales libres que generan hipoxia celular y tisular, una deficiente alimentación, la intoxicación y acidificación del organismo, las radiofrecuencias y radiaciones electromagnéticas, las infecciones víricas, el envejecimiento o alguna mutación genética heredada al dañar la respiración celular. El cáncer sería pues una patología metabólica y no genética que propone afrontar siguiendo una dieta cetogénica baja en calorías e impedir con fármacos que las células malignas utilicen como combustible alternativo la glutamina. Asimismo propone aumentar de forma selectiva el estrés oxidativo en las células tumorales mediante hipertermia, perfusión intravenosa de vitamina C y el uso de dicloroacetato. Me permito sugerir al lector que lea el reportaje que al respecto publicamos en este número porque tiene su importancia.

 

Jose Antonio Campoy
Director