¿Es el Cáncer una enfermedad?

por José Antonio Campoy

¿Y si el cáncer no fuera una enfermedad? ¿Y si se tratara de un mecanismo biológico natural inteligente que el organismo pone en marcha cuando se enfrenta a situaciones de riesgo, especialmente si pueden comprometer la vida? Sé bien que semejante posibilidad puede hacer que a muchos se les abra la boca del pasmo pero no sería honesto si no manifestara públicamente que tal posibilidad tiene fundamento. Llevamos pensándolo varios años -y de hecho lo hemos comentado con varios miembros de nuestro Consejo Asesor- tanto mi compañero Antonio Muro como yo tras casi diez años explorando de manera conjunta todo lo que «cree saberse» sobre esa enfermedad. Y fíjense que en el título de nuestro libro -Cáncer: qué es, qué lo causa y cómo tratarlo- lo primero que decidimos plantear es precisamente qué es porque no queríamos dar nada por supuesto. De hecho a día de hoy para los «expertos» la palabra cáncer no designa ya una enfermedad sino un conjunto de enfermedades que se caracterizan porque en determinado momento algunas células pierden sus mecanismos de control al resultar alterado su ADN con lo que empiezan a dividirse de forma indefinida terminando por formar una o varias masas celulares más o menos compactas -los tumores- que al crecer pueden invadir los tejidos adyacentes poniendo en potencial peligro órganos vitales. Y que además son capaces, a través de la sangre y de los tejidos, de propagar células cancerosas por todo el cuerpo. Alteración del ADN que podría deberse a un problema genético heredado, a determinados virus, a algunos parásitos, a la irritación física crónica del organismo por causa de alguna patología, a numerosos productos químicos tóxicos utilizados por la industria, a muchos fármacos sintéticos, a una inadecuada alimentación que lleve a la carencia de nutrientes fundamentales, al tabaco, a la radiactividad natural, a los campos electromagnéticos, a las radiaciones ionizantes artificiales, a los rayos X de los aparatos médicos, a las explosiones nucleares, a un grave desequilibrio bioenergético… Y así un largo etcétera. Pero, ¿es eso así? O, al menos, ¿es siempre así? Se sabe que los tumores no son siempre negativos. Que el cuerpo tiene la capacidad de regenerar el tejido dañado e incluso de crear tejido nuevo es algo bien sabido. Cualquiera que haya sufrido una herida lo sabe. Y cualquiera que haya visto cómo cuando el organismo no es capaz de expulsar un elemento extraño que se ha introducido en él lo que hace es envolverlo hasta rodearlo y aislarlo. Ciertamente ese nuevo tumor no está compuesto de células malignas sino benignas. Pero, ¿y a qué se llama célula maligna? Pues a la que tiene la capacidad de multiplicarse indefinidamente sobrepasando la capacidad de reproducción de una célula normal. Ahora bien, ¿no estaremos llamando célula cancerosa a la célula sana que ha recuperado su condición de célula-madre y, por tanto, la producción de telomerasa, enzima que desaparece cuando llegamos a la fase adulta y ello hace a las células mortales? ¿Y no será que, por tanto, la aparición de esas células-madre -que los oncólogos llaman cancerosas- responde a un mecanismo organizado por el propio organismo con algún propósito curativo? Porque en tal caso combatir los tumores intentando extirparlos quirúrgicamente, envenenándoles con potentes venenos -que eso son los productos quimioterápicos- o radiarlos para intentar quemarlos sería todo un despropósito. Podemos preguntarnos por el objeto de que el organismo ponga en marcha ese proceso en cada caso pero ésa ya es una cuestión secundaria. La veterinaria española Coral Mateo, presidenta de la Sociedad Española de Homeopatía Veterinaria y que se halla en la misma línea de pensamiento, postula en este mismo número que la razón puede estar en que a veces el organismo se sobresatura de tóxicos, no son suficientes los mecanismos habituales de desintoxicación y entonces decide crear tejidos nuevos -gracias a los oncogenes- a fin de desarrollar tumores en cuyo interior depositar los residuos tóxicos para aislarlos encapsulándolos. Los tumores, en suma, vendrían a ser como «cubos de basura» en los que el cuerpo deposita los desperdicios para luego destruirlos. Y a ver, ¿quién se atreve a afirmar que tal teoría adolece de sentido común? Es más, que el cáncer es un proceso biológico natural lo lleva afirmando dos décadas Ryke Geerd Hamer aunque a su juicio se ponga en marcha cuando alguien sufre un shock traumático inesperado, lo que llama un shock conflictivo biológico. Y que mientras dura el conflicto el cáncer se extiende mientras si se resuelve se detiene y el propio organismo lo hace desaparecer por lo que lo que habría que hacer es actuar sin más sobre el problema psíquico y emocional ya que dejando resuelto a ese nivel el conflicto la naturaleza hará desaparecer los tumores. E insisto en que si se debe a una u otra causa, a las dos o a varias más es secundario. Lo trascendente es el planteamiento de que si el cáncer no es una enfermedad sino un mecanismo curativo puesto en marcha por el propio organismo el uso de la cirugía, la Quimioterapia y la Radioterapia no sólo no serían inútiles sino que estarían llevando a la muerte a los enfermos. Seguiremos investigando sobre ello.