Empiezan a reconocer que elevar las defensas puede ser la mejor forma de afrontar el cáncer

por José Antonio Campoy

La estrategia de estimular el sistema inmune para que éste se encargue de afrontar el cáncer ha sido para los oncólogos y la industria farmacéutica algo que apenas se ha tenido en cuenta por considerarlo “insuficiente” pero después de décadas de perder el tiempo y el dinero -y constatar la muerte de decenas de millones de personas tras hacer de cobayas con quimioterápicos manifiestamente ineficaces- empiezan a recular. Solo que en lugar de potenciar el sistema inmune con productos naturales y una vida sana que incluya una alimentación adecuada y algo de ejercicio pretenden hacerlo de nuevo con fármacos. ¡Y es que hay que vender -lo que sea- para que el negocio continúe y sean solo los oncólogos quienes atiendan a esos enfermos! La estrategia propuesta ahora es fabricar medicamentos con distintos “objetivos”. Uno de ellos impedir que las células cancerosas puedan “esconderse” del sistema inmune, que éste no detecte que son peligrosas y por tanto no las ataque. Eso sí, manteniendo la memez de que el cáncer no es una sola enfermedad porque aparece en 200 lugares del cuerpo sino 200 diferentes. Y es que cuantas más “enfermedades” más especialistas habrá para cada una de ellas y más fármacos “específicos” se podrán vender. De hecho uno de ellos lo está desarrollando para Merck el investigador español Antoni Ribas en el Jonsson Comprehensive Cancer Center de la Universidad de California-Los Ángeles (UCLA). Nos referimos al lambrolizumab que según explican se ha utilizado ya en 135 personas con melanoma avanzado reduciéndose el tamaño del tumor a más de la mitad en el 40% de los casos mientras en otro 30% se logró lo mismo pero en menor proporción; en el 20% restante no hubo sin embargo éxito. Siendo mayor la mejoría entre quienes recibieron una dosis más alta. “Es la mayor tasa de respuesta duradera al melanoma de cualquier fármaco probado hasta el momento –afirman los miembros del equipo-; y sin efectos secundarios graves en la mayoría de los casos”. ¿Y cuál es su mecanismo de acción? Obviamente no se ha diseñado para destruir células cancerosas ni interferir en mecanismos moleculares para que el tumor no prolifere como todos los quimioterápicos actuales;  lo que hace es –dicen- “desactivar el escudo que usan las células tumorales para camuflarse, despistar y esquivar el ataque de los linfocitos T”. Lo que el fármaco logra es bloquear el receptor PD-1 de los linfocitos que es al que las células cancerosas consiguen “engañar” para no ser detectadas  (PD-1 es el acrónimo en inglés de una proteína denominada muerte programada 1).Y gracias a ello los linfocitos combaten tanto la neoplasia primaria como las metástasis.  En pocas palabras, la industria vuelve simplemente a intentar interferir en el funcionamiento normal del organismo. Y está por ver si bloquear ese receptor ayuda realmente en el cáncer y no da lugar luego a otros problemas igual de graves. Los enfermos, pues, volverán a actuar de cobayas para poder saberlo. Algo que en realidad vienen haciendo en España desde diciembre de 2012 que es cuando Bristol-Myers Squibb empezó a comercializar otro fármaco para el melanoma, el ipilimumab (Yervoy), diseñado para bloquear otra proteína de la membrana de los linfocitos T, la CTLA4, que también inhibe la activación de las defensas.  En pocas palabras, los laboratorios pretenden hacer creer que a la hora de afrontar el cáncer la inmunoterapia pasa por bloquear con fármacos los distintos “interruptores” que reducen la actividad de los linfocitos. De hecho un equipo de investigadores del Ludwig Center for Cancer Immunotherapy del Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York estudian también el efecto de la combinación del citado ipilimumab con otro inhibidor de la PD-1 denominado nivolumab. Según afirman con éxito pues  de 86 pacientes con melanoma metastásico a los que se les dio hubo una reducción del 80% del tumor en la mitad de los casos a los tres meses. Y no son los únicos. Se están hoy investigando ya numerosos medicamentos con distintas estrategias.  Como intentar inhibir los ligandos de la célula tumoral (la molécula PD-L1); es decir centrándose  no en bloquear el receptor de los linfocitos que les impide actuar sino el señuelo que usan las células cancerosas para confundirlos. Así lo hace por ejemplo un anticuerpo monoclonal (Medi4736) -desarrollado por MedImmune- que bloquea el PD-L1 y sobre el que se investiga en cáncer de mama. Lo que no se entiende aún es por qué en unos casos el tumor se reduce tanto y tan rápido y en otros no funciona en absoluto. Y, por supuesto, qué efectos negativos pueden tener a medio y largo plazo tales fármacos. En cualquier caso no es desdeñable el cambio de rumbo dado por algunos oncólogos: por fin empiezan a entender la importancia de potenciar el sistema inmune en el cáncer… al igual que en cualquier otra patología.