CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 191 / MARZO / 2016

Sr. Director: sigo la revista desde hace diez años y valoro mucho su labor pues por encima de los lógicos intereses editoriales nunca abandona su rigor en el tratamiento de cualquier tema. Felicidades. Les escribo porque tengo interés en conseguir el libro A Scientist in Wonderland de Edzard Ernst y no sé si existe alguna edición en castellano. ¿Podrían decírmelo? En cuanto al artículo que acaban ustedes de publicar sobre el hallazgo de nanopartículas en las diluciones homeopáticas les diré que siempre pensé que era imposible valorar la homeopatía -al igual que otras terapias alternativas- porque la medicina alopática ignora el plano energético del ser humano al no poder verlo a través del microscopio. Más aún cuando la Física Cuántica y de partículas se halla en pañales y apenas conoce acerca de la materia y la energía oscura que se encuentra en todo lo que nos rodea y en nosotros mismos. Yo opté por la medicina homeopática cuando mi hija tenía año y medio, su pediatra le diagnosticó un eczema atópico, nos dijo que era para siempre y le prescribió aerosoles y cortisona, entre otros fármacos. Y los compramos… pero nunca se los dimos. Preferimos una segunda opinión y fuimos al Dr. Guillén, médico y homeópata que tiene la consulta en Murcia, quien nos propuso tratarla con homeopatía. Bueno, pues en unas semanas nuestra hija dejó atrás el problema y nunca más volvió a sufrirlo. Hoy disfruta a sus dieciséis años de buena salud y todos los problemas que tuvo se trataron siempre exitosamente con homeopatía espagírica. Quería que sus lectores lo supieran. Atentamente,

Manuel Albacete

En el momento de responderle -febrero de 2016- no hay constancia de que esa obra esté traducida al español pero muy probablemente lo será ya que Edzard Ernst es miembro del conocido Comité para la Investigación Escéptica -en inglés Committee for Skeptical Inquiry-, antes llamado Comité para la investigación científica de las afirmaciones de lo paranormal. Lo singular es que este médico nacido en Alemania en 1948 pero nacionalizado británico inició su carrera médica en un hospital homeopático de Múnich y ya en sus primeros años estudió Homeopatía, Acupuntura, Fitoterapia, Masaje, Entrenamiento autógeno y manipulación espinal especializándose no obstante en Medicina Física y Rehabilitación. Hasta que en 1993 se encargó de la cátedra de Medicina Complementaria que creó la Universidad de Exeter (la primera del mundo) asumiendo en 2002 el cargo de director de Medicina Complementaria en la Peninsula Medical School hasta que se retiró en 2011. Hoy sin embargo se le considera uno de los más agrios críticos de las llamadas medicinas complementarias y alternativas, terapias y métodos de los que en muchos casos -hay más de un centenar- no ha oído hablar en toda su vida pero no por ello duda en criticar ácidamente y con el mismo fanatismo y carencia de argumentos que sus pseudoescépticos colegas. Lea en nuestra web –www.dsalud.com– el amplio reportaje que con el título Fundamentalistas científicos contra el pensamiento crítico apareció en el nº 135, texto en el que -entre otras muchas cosas- explicamos que la Ciencia es hoy la “religión de la modernidad”, sus encíclicas las publicaciones científicas y sus herejes los investigadores y científicos que mantienen posiciones críticas con las teorías establecidas como dogmas. Y que, obviamente, integra a fanáticos fundamentalistas radicales que se creen en posesión de la verdad absoluta, se autoarrogan la representación de la “comunidad científica” y utilizan normalmente la descalificación personal y el insulto como “argumentos”.


Sr. Director: he tenido conocimiento de un libro titulado Whole Body Reboot (Reinicio total del cuerpo) en el que su autor, un dietista peruano afincado en California (EEUU) llamado Manuel Villacorta, asegura que el aceite más sano para cocinar es el aceite de canola y no el de oliva. Y da para ello cuatro razones: tiene la mitad de grasa saturada que los aceites de oliva, soja, maíz y girasol siendo la mayor parte omega-3 de origen vegetal por lo que su ingesta reduce el riesgo de enfermedades del corazón e incluso contribuir a controlar el azúcar en la sangre de quienes sufren diabetes tipo 2, no tiene sabor y su textura es más ligera, resiste bien el calor al tener uno de los niveles más altos de tolerancia al calor (252 grados centígrados) por lo que se puede ideal para freír y asar y cuesta lo mismo que un aceite vegetal pero es más  nutritivo y de mejor rendimiento. Afirmando: «Es sano y sirve para todo. Es un aceite que puede definirse como ‘un todo en uno'». Y agrega que la FDA le dio la calificación GRAS que se da a los alimentos reconocidos como seguros. ¿Es verdad? ¿Ustedes qué opinan?

Juan Carlos Sánchez
(Madrid)

El hecho de que la FDA avale o asegure algo no implica nada porque hoy es un órgano corrompido pero en el caso que a usted le preocupa le diremos que lo que admite es que reduce el riesgo cardiovascular ¡si simultáneamente deja de ingerirse una cantidad similar de grasa saturada y no se aumenta el número total de calorías que se consumen! Una estafa porque eso mismo se consigue bebiendo agua de grifo o masticando chicle por poner ejemplos absurdos. Es increíble que se reduzca la ingesta de grasa saturada y calorías a un grupo de gente a la que luego se le da cucharada y media de aceite de canola y se alegue luego que los beneficios se deben al aceite ingerido y no al hecho de haber dejado de ingerir la grasa saturada. Mire, a diferencia de los aceites vegetales de primera presión en frío el de canola es REFINADO; se obtiene sometiéndole a altas temperaturas y usando disolventes como el hexano y productos químicos que enrancian los ácidos grasos omega 3 y los hacen oler muy mal; por eso se tratan luego a fin de eliminar el olor, proceso que hace que los omega 3 se conviertan en los dañinos ácidos grasos trans. De hecho para solidificarla la canola se hidrogena. Por si fuera poco es un aceite que contiene entre el 45% y el 55% de ácido erúcico y glucósidos que interfieren con la función tiroidea habiendo sido ya acusado de provocar deformación y destrucción de las plaquetas, irritabilidad, alteración del sistema nervioso central, pérdida de visión, enfermedades respiratorias, anemia, estreñimiento, patologías cardíacas e incluso cáncer. Es más, se asegura que su ingesta hace disminuir el nivel de vitamina E en el cuerpo y eso que, paradójicamente, contiene entre 55 y 80 mg por cada 100 gramos de aceite. Debe saberse que el aceite de canola lo desarrolló la industria canadiense en 1978 cuando empezó a decirse que las grasas saturadas eran las principales responsables de los problemas cardiovasculares y quisieron aprovechar sus cultivos ¡desarrollado plantas de colza modificadas genéticamente! a fin de obtener el hoy llamado aceite de canola; especialmente la variedad Oro que solo contiene un 2% de erúcico y un nivel más bajo de glucosinolatos. En suma, la afirmación de que el aceite de canola es mejor que los aceites vegetales prensados en frío es absurda. Y decir que es mejer para freír que los aceites de coco y oliva absolutamente ridícula.


Hola. He vuelto a releer el artículo de 2015 en el que publicasteis una entrevista con el Dr. Colin Campbell, autor de El estudio de China e Integral, y tengo una duda que no me deja dormir: ese médico afirma que la caseína de la leche es causa de cáncer pero es que también está presente en los productos lácteos -queso, yogures, requesón, queso de Burgos, etc.- así como en el kéfir, sea éste fabricado con leche de vaca u otro animal. Sin embargo en el reportaje que publicasteis sobre el kéfir se indica que «el nivel de aminoácidos en el kéfir es similar al de la leche sólo que son proteínas más fáciles de digerir debido a la acción de la coagulación ácida y a la proteólisis (o hidrólisis parcial) de las proteínas merced a las enzimas que generan los microorganismos». ¿Se puede deducir entonces que la caseína se ha transformado en un producto saludable o, por el contrario, el kéfir debe ser englobado en el mismo apartado que la leche y sus derivados? Gracias por vuestra atención, por vuestro excelente trabajo y por la respuesta. Recibid un saludo.

Toni García

El kéfir se elabora con caseína coagulada y es más fácilmente digerible pero para Colin Campbell su consumo es igualmente negativo para la salud; lo mismo que el yogur y las leches fermentadas. El kéfir -al que en el nº 153 dedicamos un artículo titulado Kéfir: el rey de los probióticos en el que dimos a conocer sus múltiples propiedades terapéuticas- contiene además lactosa y el 60% de la población es intolerante a ella; la ventaja es que su fracción láctea fermentada -si no ha sido pasteurizado- contiene algunas enzimas lactasas activas y es también más digerible. En todo caso a nuestro juicio es más aconsejable tomar kéfir de agua.


Estimado Director: permítame felicitarles a usted y a su equipo por las valiosas informaciones que publican. El caso es que me gustaría saber si una cicatriz procedente de una cirugía puede ser totalmente eliminada o si conocen el remedio o profesional que lo trate. Les estaría muy agradecida si me remitieran la información o la publicaran en su revista. Atentamente,

Lurdes Otazua
(Vizcaya)

No hay nada -que nosotros conozcamos- que elimine una cicatriz ya formada. La única solución es quirúrgica: puede eliminarse cortándola y volviendo a coser la piel. Las cremas solo ayudan a mejorar la apariencia. Lo sentimos. 


Apreciado equipo de Discovery DSALUD: muchas gracias por vuestro trabajo, por la revista y por vuestra actitud con los lectores. Sois un apoyo para muchos de los que buscamos una sociedad más saludable y crítica con la medicina y las entidades que la rodean. Para mí sois un referente personal. Cuando me canso de «luchar» y pienso en ceder a las presiones médicas me refuerzo releyendo algunos de vuestros artículos. En fin, os escribo para pediros ayuda: mi madre tiene cada vez mayor deterioro cognitivo; está perdiendo memoria y atención y me asusta. Tiene 81 años y algo de deficiencia cardiaca. Es vegetariana, toma productos integrales, no consume dulces y no toma ningún fármaco pero cada vez le cuesta más recordar las cosas cotidianas (memoria a corto plazo): dónde pone las cosas, qué día es… Incluso olvida datos de una conversación reciente y eso le genera una gran ansiedad que retroalimenta su falta de memoria. En cambio el razonamiento es bueno pero cualquier trabajo intelectual -como leer, escuchar una charla o ver la tele -le da sueño enseguida. Me da pánico ir al neurólogo y que la medique agresivamente y sin eficacia (o quizás ¿es ignorancia por mi parte?). Está tomando aceite de coco, ginkgo biloba -poca cantidad porque le produce dolor de cabeza-, aceite de comino negro, tres gotas diarias de Cellfood y una cucharada de lecitina de soja supuestamente no transgénica. Y para la ansiedad y él ánimo Bass 7 de Hausmann. ¿Qué más puede tomar o hacer? ¿Es eficaz el ejercicio cognitivo? Camina y hace deporte de manera regular. Agradezco de corazón vuestras indicaciones y os deseo mucha salud y energía. Un saludo cordial.

Mamen Arias Álvarez

Ante todo, gracias por sus amables palabras. En cuanto al problema de su madre le sugerimos que lea el artículo que con el título La pérdida de memoria y la falta de concentración se publicó en la sección de Medicina Ortomolecular del nº 50. En él se explica que las principales causas de pérdida de memoria y/o concentración son la edad avanzada, una enfermedad vascular cerebral, el hipotiroidismo, una infección en el sistema nervioso y el consumo de drogas (incluidos los fármacos y el alcohol). Además obviamente de un déficit de oxígeno en el cerebro, un traumatismo craneal, un accidente cerebrovascular, una infección o un tumor cerebral, jaquecas persistentes, un trauma psicoemocional, estar sometido a radiaciones electromagnéticas, un exceso de azúcares y grasas saturadas animales y «trans» y el abuso de barbitúricos, hipnóticos o tranquilizantes. Pero también lo causa un simple déficit de nutrientes y vitaminas importantes. En general lo que hay que hacer en estos casos es evitar el consumo de azúcar blanco y de aditivos alimentarios -afectan al sistema nervioso-, evitar las hipoglucemias -se deben hacer cinco comidas diarias en horarios regulares y nunca comenzar las tareas diarias sin haber desayunado-, dormir el tiempo suficiente, practicar ejercicio y reducir al máximo la ingesta de alcohol y proteínas animales (especialmente la carne roja y el queso curado ya que reducen la producción de triptófano y serotonina). Siendo buena idea aumentar la ingesta de avena -además de avenina (un alcaloide relajante) posee vitamina B1-, almendras -con una proporción de minerales muy adecuada para el funcionamiento del cerebro y el sistema nervioso-, nueces -por su riqueza en fósforo- y germen de trigo -rico en vitaminas del grupo B-. En cuanto a los complementos más adecuados en estos casos son la fosfatidilserina -maximiza la transmisión nerviosa entre células cerebrales, proporciona flexibilidad a las membranas celulares y a las neuronas e incrementa su número de receptores proporcionando más puntos de acoplamiento y circuitos para la comunicación neurológica-, un complejo vitamínico B -son especialmente útiles la B1 y la B12-, la Acetil L-Carnitina -frena el envejecimiento de las células cerebrales, favorece el flujo sanguíneo del cerebro y aumenta el metabolismo en los centros nerviosos-, la fosfatidilcolina -protector específico del sistema nervioso es también la principal fuente de colina, esencial para  la formación de acetilcolina (uno de nuestros neurotransmisores más importantes)-, la L-Glutamina -utilizada por el cerebro como fuente de energía es además el gran equilibrador natural de la excitación y se encuentra presente como elemento fundamental en varios neurotransmisores- y el Ginkgo Biloba -por sus flavonas-. Agregaremos que el aceite de coco ayuda pero no en exceso y además a algunas personas no les sienta bien. Hay pues muchas posibilidades pero es mejor que el tratamiento se lo paute de forma personalizada un experto en Nutrición Ortomolecular. Por lo que se refiere al ejercicio cognitivo claro que es eficaz pero lo mejor es que no se pase el día sola delante de la televisión, haga ejercicio, se alimente bien y suficientemente, duerma mucho -si tiene problemas que ingiera a diario 3 mg de melatonina media hora antes de acostarse, mantenga conversaciones y haga vida social. Si no tiene suficiente familia para ello anímela a acudir a relacionarse en los llamados «centros de mayores» en los que hoy se programan todo tipo de actividades; siempre habrá alguna que la seduzca.


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191
Marzo 2016
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