Lamentable artículo del presidente de la Organización Médica Colegial

 

por José Antonio Campoy

El Dr. Serafín Romero, presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), publicó el pasado 31 de enero un infumable artículo de opinión en el diario ABC sobre lo que llama “pseudoterapias y pseudociencias” diciendo que es su responsabilidad profesional “poner en conocimiento de las autoridades sanitarias y de las administraciones públicas aquellas pseudoterapias y pseudociencias que son peligrosas así como a quienes las practican” explicando luego que “la salud se ha convertido en un espacio donde campean a sus anchas todo tipo de personas sin escrúpulos que, aprovechándose de la debilidad, el sufrimiento y la falta de esperanzas de muchos pacientes y familiares, engañan con falsas promesas de curación sin importarles la gravedad, la causa ni el pronóstico y mucho menos si se dispone de tratamientos que han demostrado su evidencia. Y lo hacen con afán de lucro obteniendo pingües beneficios de sus actividades”. Serafín Romero se queja luego de que “los más peligrosos tratan de convencer a la gente, en su ignorancia y en su desesperación por el sufrimiento que padecen, de que las enfermedades como el cáncer son consecuencia de procesos emocionales y como tal deben abandonar tratamientos ‘innecesarios y nocivos’ y, en muchos casos, hasta su entorno familiar, llegando a convertirse en verdaderas sectas sanitarias”. Y añade: “Otros siguen empeñados en destacar bondades de remedios mal llamados ‘naturales’ alejando al paciente de entornos sanitarios de diagnóstico precoz y tratamientos efectivos”. Siendo toda esa “realidad” lo que según él llevó a la Organización Médica Colegial (OMC) a poner en marcha hace un año el llamado Observatorio contra las Pseudociencias, Pseudoterapias, Intrusismo y Sectas Sanitarias. Finalmente, reculando de afirmaciones anteriores de la propia OMC, reconoce que algunas de esas prácticas, adecuadamente utilizadas, “aportan bienestar; como el yoga, la hidroterapia o los masajes terapéuticos. Pero hay otras que son realmente peligrosas y en esas queremos centrarnos para llamar la atención de las autoridades con el fin de que sean erradicadas”. En suma, la OMC –por boca de su presidente- vuelve a hacer denuncias de carácter general contra toda terapia que no pertenezca a la medicina convencional farmacológica y a exigir que las autoridades persigan a tantas “personas sin escrúpulos”. Pues bien, ¿a cuántas de ellas -con nombres y apellidos- ha denunciado la OMC un año después de esa iniciativa? Que nosotros sepamos, A NINGUNA. ¿Cuántas terapias del más centenar de las que consideran ineficaces y peligrosas han prohibido las autoridades sanitarias? Que sepamos, NINGUNA. ¿Cuántas y qué personas -con nombres y apellidos- han muerto por culpa de esas terapias que tanto aborrecen? Que sepamos, NINGUNA. ¿Cuántas denuncias sobre todo ello ha hecho la OMC en los tribunales? Que sepamos, NINGUNA. En pocas palabras: no aportan una sola prueba de nada de lo que afirman. Todo queda en mera verborrea. En cuanto a su afirmación de que el cáncer no puede ser consecuencia de procesos emocionales cabe decir que a estas alturas resulta patética tamaña afirmación. Más le valdría formarse en Psiconeuroendocrinoinmunología. Y como dudamos que sepa de qué trata esta disciplina nos atrevemos a sugerirle que se lea al reportaje que con el título Las emociones y pensamientos también determinan la salud del organismo apareció en el nº 209 y tiene a su disposición en nuestra web: www.dsalud.com. Como más le valdría callar a la hora de hablar de pseudociencias porque como hemos explicado hasta el hartazgo la medicina convencional no es una disciplina científica basada en la evidencia por mucho que se repita como un mantra pues solo el 11% de los 3.500 protocolos que se utilizan en los hospitales y clínicas son claramente beneficiosos. Lo constató y publicó hace ya años –sin que nadie lo haya refutado– el British Medical Journal añadiendo que un 24% podrían ser “algo beneficiosos”. Y eso implica que la eficacia del 65% de lo que hacen los médicos no está avalada y no se justifica. Lo increíble es que unos datos tan contundentes no hayan llevado a la realización de una inmediata investigación teniendo en cuenta que cada año mueren en los hospitales españoles mientras son tratados con ellos más de 407.000 personas y de que los tratamientos médicos son ya considerados la tercera causa directa de muerte.