¿Inquisición Médica?

por José Antonio Campoy

Hace ahora poco más de 150 años Ignacio Semmelweis -médico húngaro que trabaja en un hospital de Viena- comprobó que el número de fallecimientos entre las mujeres que daban a luz en un hospital era mucho mayor que el de las que parían en sus casas. Preocupado por el hecho al no entender qué pasaba -a diferencia de sus colegas, a los que les parecía algo «normal»- analizó qué había de distinto en ambas situaciones comprendiendo pronto que la diferencia sólo estaba, básicamente, en el lugar donde se desarrollaba el parto -el hospital y no la casa- y la atención: médicos y matronas. Asimismo, se preguntó si el hecho de que los médicos pasaran con toda normalidad de practicar una autopsia a atender un parto podía tener relación. Piénsese que hablamos de una época anterior a Luis Pasteur y la ciencia no conocía la existencia de los microbios y cómo éstos provocan infecciones. Obviamente, tampoco había antibióticos. Pues bien, a fin de averiguarlo decidió que a partir de ese momento los miembros de su equipo se lavaran siempre las manos con agua a la que había echado cloruro de cal antes de atender a una persona. Las consecuencias fueron espectaculares: del 30% de fallecimientos en los partos se pasó al 1%. Entusiasmado, comunicó su descubrimiento a todos sus colegas. ¿Resultado?: risas, burlas y todo tipo de comentarios jocosos e hirientes. Prácticamente todos los colegas se carcajearon de él. Un escarnio constante que le llevaría a enfermar siendo recluido en un manicomio. Allí, una enfermera que le atendía le provocó una herida involuntariamente causándole una infección que le llevaría a la muerte. De esa forma, el hombre que primero combatió las infecciones moría víctima de una de ellas. Es sólo un ejemplo pero la historia de la Medicina está llena de ellos. Y no sólo en épocas remotas: hoy día ocurre lo mismo. Lo grave es que nadie parece sentirse aludido cuando se narran este tipo de ejemplos. Los «ignorantes repletos de soberbia» son siempre los otros. Pero, ¿cómo habría que calificar a quienes reclaman a gritos que las autoridades políticas y sanitarias persigan de oficio a quienes no aceptan como borregos las «verdades» oficialmente establecidas? Porque esos médicos existen, son cada vez más y están sufriendo en todo el mundo una vergonzosa persecución que pretende justificarse en nombre de la ciencia. Sépalo el lector: no vamos a consentir impasibles una inquisición médica. A los argumentos de quienes disienten de lo oficialmente establecido se les debe responder con argumentos. No con exabruptos ni persecuciones.