CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 234 / FEBRERO/ 2020

Sr. Director: estoy encantada de aprender con ustedes cada mes. Soy una mujer mayor con problemas crónicos y quisiera saber si existe algún tratamiento natural demostrado por investigación para el Hipotiroidismo de Hashimoto? ¿Cuáles son los límites correctos de los valores hormonales? Mi médico internista dice que para tratamiento debe ser la TSH de 50. Lo que me extraña es que sólo miden el TSH y con ello deciden ya en el hospital. ¿Por qué no miden otros valores? No lo entiendo. La celiaquía la hacen por anticuerpos positivos ya que en el hospital sólo hacen la prueba de la toma de gluten durante un mes y yo llevo un año sin gluten. En fin, no quiero arriesgar por lo mal que lo paso: vitíligo, petequias, etc. ¿Y puede estar relacionada la celiaquía con los problemas de tiroides? Muchas gracias.

Soledad V. 

Vamos a permitirnos sugerirle ante todo que lea el reportaje que apareció en el nº 183 con el título ¿Causa el gluten hipotiroidismo? elaborado por nuestro compañero Antonio Muro. En él se explica que la tiroides es una pequeña glándula cuya principal función es controlar el ritmo metabólico mediante la producción de varias hormonas entre las que está la tiroglobulina, glicoproteína yodada precursora de las hormonas T3 (triyodotironina) y T4 (tiroxina). Es pues la que se encarga de que haya siempre suficientes hormonas reemplazando a las utilizadas, algo que vigila y controla otra glándula, la pituitaria, que en cuanto detecta que hay déficit estimula la tiroides segregando una hormona que por eso se llama Hormona estimulante de la tiroides (TSH). Debe asimismo saberse que una excesiva concentración de yodo -mineral que se pauta de forma abusiva en casos de hipotiroidismo- puede inhibir la formación de T3 y T4 -el fenómeno se llama «efecto de Wolff–Chaikoff»– liberando el cuerpo entonces hormonas TSH para promover la endocitosis del coloide, su digestión por enzimas lisosómicas y, por ende, la liberación en sangre de más T3 y T4. Pues bien, se diagnostica hipertiroidismo cuando los niveles de T3 y T4 son normales o altos y el de TSH bajo e hipotiroidismo cuando los niveles de T3 y T4 son normales o bajos y el de TSH alto. Los médicos achacan la mayoría de los casos de hipotiroidismo -como el bocio simple- a un déficit de yodo pero lo cierto es que, como antes dijimos, también lo provoca su exceso. Bueno, pues si se detectan en sangre anticuerpos que atacan a la tiroides se habla de Enfermedad Tiroidea Autoinmune (AITD), patología que agrupa los casos de hipotiroidismo autoinmune –Tiroiditis de Hashimoto– e hipertiroidismo autoinmune –Enfermedad de Graves- así como -son casos más raros- el Hipotiroidismo Autoinmune Atrófico, la Tiroiditis Posparto y la Orbitopatía Tiroidea (en los ojos). ¿Y qué anticuerpos son? Pues se han descubierto varios aunque solo tres han sido estudiados en profundidad: la tiroglobulina (Tg), la peroxidasa tiroidea (TPO) y el receptor de la tirotropina (TSHR). Se trata de anticuerpos que provocan la aparición de eosinófilos y linfocitos CD4 y CD8 que atacan a la tiroides pudiendo llegar a destruirla. Tal es el mecanismo pero lo que los médicos no saben aún es por qué aparecen esos anticuerpos. Solo hay hipótesis y se centran básicamente en posibles factores ambientales, en algún desajuste debido a una intervención quirúrgica, en el consumo de algún fármaco o sustancia tóxica o en un defecto genético del Sistema HLA -siglas en inglés de Antígenos Leucocitarios Humanos-, moléculas presentes en los glóbulos blancos o leucocitos cuya función es reconocer las sustancias ajenas al organismo. Otros investigadores agregan que bien en su aparición, bien en su progresión, pueden estar implicadas infecciones virales, el tabaquismo y el estrés. Tales son en suma las causas potenciales que desde hace décadas alegan los médicos pero desde hace unos años se apunta a responsables muy distintos: los lácteos, los edulcorantes sintéticos, los conservantes alimentarios y, sobre todo, los cereales; fundamentalmente el trigo pero también la cebada, el centeno, la avena y cualquiera de sus variedades e híbridos: espelta, escanda, kamut, triticale… En cuanto a la Tiroiditis de Hashimoto concretamente ya explicamos en su momento que puede cursar con una fuerte inflamación de la tiroides con infiltración de linfocitos y eosinófilos, atrofia del parénquima y fibrosis caracterizándose por cansancio, fatiga, ansiedad, nerviosismo, tristeza, somnolencia, falta de concentración y de memoria, retención de líquidos, descamación y sequedad de la piel, pérdida de cejas y cabello, rostro ensanchado, voz más ronca, pulso ralentizado, alteración térmica que hace soportar con dificultad el frío, menstruación anormal, estreñimiento y aumento de peso, entre otros síntomas. Diagnosticándose cuando además de tales síntomas -no necesariamente se manifiestan todos pues el problema avanza poco a poco- aparecen en sangre unos niveles de T3 y T4 normales o bajos pero la TSH y los anticuerpos tiroideos están elevados. Valores que por cierto se alteran y dejan de ser fiables si se está siguiendo un tratamiento hormonal sustitutorio -que puede ser de estrógenos, progesterona y a veces testosterona- o se ingiere levotiroxina -hormona sintética presuntamente similar a la tiroxina- lo que conlleva afrontar una larga lista de posibles efectos secundarios: arritmia cardíaca, palpitaciones, nerviosismo, irritabilidad, transpiración, fiebre, temblores, insomnio, descontrol en la pérdida o ganancia de peso, etc. En fin, lo cierto es que hoy se sabe ya que gran parte de quienes padecen hipotiroidismo son intolerantes al gluten, algo que muchos enfermos ignoran; sin duda porque las habituales molestias gastrointestinales y otros síntomas característicos son leves o bien aparecen pero se achacan a alguna otra causa. Se trata pues de un problema grave cada vez más extendido que afecta a muchísimas personas y no solo a los celiacos. En cuanto a la segunda parte de su pregunta claro que hay pues relación entre el hipotiroidismo –incluida la Tiroiditis de Hashimoto– y la celiaquía. En el reportaje antes citado ya se explica –y se sabe desde hace décadas- que la enfermedad celíaca subclínica es más habitual entre los enfermos con trastornos autoinmunes de la tiroides. El doctor Datis Kharrazian, uno de los autores que más ha investigado la relación entre la sensibilidad al gluten y el funcionamiento de la tiroides y autor de dos libros importantes sobre la materia, afirma que “la mayoría de los pacientes con la Enfermedad de Hashimoto se sitúan entre la sensibilidad al gluten y la enfermedad celíaca pero casi todos mejoran con una dieta estricta sin gluten; incluso los que no se ajustan a los criterios establecidos para la celiaquía. Y por estricta quiero decir 100% libre de gluten porque la reacción autoinmune a él puede aparecer incluso seis meses después de la exposición. De ahí que estar unos pocos días sin consumirlo o ingerirlo de vez en cuando no logre los beneficios terapéuticos de una dieta completamente libre de gluten. De lo que no está seguro Datis Kharrazian es de que la reacción autoinmune la provoque la gliadina y no cualquier otra de las proteínas del gluten que generalmente no se analizan, incluyendo la omega-gliadina, la gamma-gliadina, la aglutinina del germen de trigo y la gliadina desamidada. De ahí que diga: “He visto durante años a muchos pacientes con Tiroiditis de Hashimoto a quienes sus médicos les dijeron que podían comer gluten porque el test de anticuerpos salía normal -no se detectaba sensibilidad- o no tenían el gen de sensibilidad al gluten. Y es un terrible error y una desconexión completa con la realidad del gluten como disparador inmune en la mayoría de las personas con Hashimoto no asociadas con la enfermedad celíaca”. En pocas palabras, hay razones suficientes para postular que muchos de los problemas que se achacan a la tiroides se deben en realidad a una reacción autoinmune a los cereales y la leche. Es más, podrían ser la causa de la mayoría de las llamadas enfermedades autoinmunes. Luego lo indicado es descartar de la dieta no solo la leche y sus derivados sino los cereales y las harinas hechas con ellos y todos los productos a los que se les añade, peliagudo problema porque hoy día unos u otros están presentes en casi todos los alimentos que se venden envasados así que la opción es tomar solo frutas, hortalizas, verduras, setas, legumbres, frutos secos, semillas, carnes, pescados y mariscos frescos. Obviamente la decisión es suya. Debemos añadir en todo caso que hay otros trabajos que asocian el déficit de vitamina D a patologías autoinmunes como la artritis reumatoide, el lupus eritematoso sistémico, la esclerosis sistémica, la diabetes mellitus tipo 1, la esclerosis múltiple, las enfermedades inflamatorias del intestino, la gastritis autoinmune, la enfermedad de Graves… y la tiroiditis de Hashimoto. Téngalo en cuenta y tome suficientemente el sol a lo largo del año o, en su defecto, ingiera vitamina D. Y asegúrese de que no tiene déficit de selenio y magnesio.

 

Estimado Director: tengo 39 años, hace cinco fui diagnosticada de celiaquía y aunque sé que la revista ha hablado en alguna ocasión de la enfermedad me gustaría explicarles mi situación y hacerles unas preguntas. Hasta donde yo sé la celiaquía es una enfermedad crónica y autoinmune que afecta a personas genéticamente predispuestas. Mis síntomas eran los típicos: hinchazón de tripa, gases, diarreas y ya al final, hasta que me diagnosticaron, vómitos y dermatitis herpetiforme. Tras la biopsia intestinal no quedó ninguna duda por cómo estaban mis vellosidades intestinales. A posteriori me presenté voluntaria para unas pruebas genéticas que me dieron positivas. La duda que tengo es para mi padre, ferviente admirador y seguidor de su revista. Lleva toda la vida con diarreas y ha probado de todo cambiando su alimentación en numerosas ocasiones, incluyendo por supuesto muchos de los productos de defensa y demás que ha leído en su revista y creía que le podían ir bien. Muchas veces mejora pero al tiempo vuelve a recaer. Por diferentes motivos no termina de hacerse la biopsia intestinal pero hará como dos años si se hizo la prueba genética con resultado positivo y decía algo así como que tenía alta predisposición de tener la enfermedad celiaca. No es que quiera que mi padre sea celiaco pero le he visto padecer tanto y veo que tiene tantas papeletas de serlo que ¿ustedes recomendarían que se hiciera la biopsia intestinal? Muchas gracias. Atentamente.

Mariu Viñas 

Entendemos que la respuesta a la carta anterior habrá despejado muchas de sus dudas pero en su caso debemos añadir algo importante que hemos repetido a menudo: la genética predispone pero no determina. Si uno hace vida sana y se alimenta correctamente no tiene por qué manifestarse la posible anomalía genética: es una cuestión de epigenética. Es decir, lo que más influye en la salud es nuestro estado espiritual, mental, emocional y físico, lo que respiramos, bebemos y comemos y, en suma, nuestro tipo de vida. Su padre debe simplemente seguir la alimentación que propusimos en la anterior respuesta; si necesita más datos que lea el libro La Dieta Definitiva porque siguiéndola los problemas que nos describe desaparecen. Dicho lo cual puede hacer varias cosas para acelerar la recuperación: ingerir una cucharadita de carbón vegetal activado dos veces a la semana durante un par de meses, ingerir a diario un diente de ajo crudo, abundante cebolla y aceite de oliva virgen extra en las ensaladas y tomar todos los días sulforafano y probióticos no lácteos durante uno o dos meses. Y si desayuna todas las mañanas papaya, mucho mejor. En cuanto a las biopsias no somos partidarios en absoluto porque además de invasivas no son necesarias.

 

Estimado Director: mi padre tiene leucemia linfática crónica y aunque ha acudido a un experto del Par Biomagnético no le han bajado los niveles de linfocitos. ¿Qué nos recomiendan? Le siguen subiendo y está muy preocupado. Es diabético también. Y otra consulta: tengo 36 años y quería hacerme una prueba del corazón; me ha dicho el médico que me hagan una ecografía. ¿Es mala o no hay problema? Es solo para ver qué tal estoy. Espero su respuesta. Un abrazo a todos los miembros de la redacción y gracias. Y seguir así con la revista: me encanta. Saludos.

Héctor Cas 

Ni los ecógrafos ni los demás dispositivos de ultrasonidos son inocuos pero una ecografía puntual no es problemática; lo explicamos ampliamente en el reportaje que con el titulo Jim West: “Los ecógrafos y demás dispositivos de ultrasonidos no son inocuos” apareció en el nº 195 correspondiente a julio-agosto de 2016. Según ese conocido investigador los ultrasonidos ayudan a que virus y tóxicos entren con más facilidad en el interior de las células porque incrementan la permeabilidad de sus membranas haciéndolas más vulnerables pero una prueba puntual no tiene por qué provocar eso. Otra cosa es el abuso, especialmente si el sistema inmune no está en buenas condiciones. Aclarado esto y como quiera que no hemos hablado nunca de la leucemia linfática crónica que padece su padre vamos a extendernos un tanto en la respuesta para ilustrar brevemente a nuestros lectores sobre esta patología que se ha incluido en el ámbito oncológico y es sin duda una de las razones por las que Mariano Barbacid defiende que el cáncer es una palabra que en realidad agrupa unas ¡200 enfermedades diferentes! Los oncólogos definen la leucemia linfática crónica como una «enfermedad neoplásica del sistema linfático» que se caracteriza por la acumulación en distintos tejidos y órganos -especialmente en la médula ósea, la sangre y los ganglios linfáticos- de linfocitos que han perdido su capacidad de apoptosis, es decir, la de suicidarse o autoinmolarse. Es pues lo que llaman un «linfoma» o «síndrome linfoproliferativo». Y lo más llamativo para ser una patología «cancerosa» es que dos terceras partes de las personas así diagnosticadas no sufre síntoma patológico alguno. Y cuando se «manifiesta» -es decir cuando aparecen síntomas que se achacan a esa acumulación considerada patológica- suele tratarse de molestias derivadas del crecimiento de los ganglios (adenopatías) en diversas áreas (cuello, axilares, inguinales), aumento del bazo (esplenomegalia) e hígado o una infiltración medular que da origen a anemia y trombopenia. Asegurándose que cuando se padece hay mayor susceptibilidad a infecciones víricas, bacterianas y fúngicas si disminuye el número de inmunoglobulinas. Incluso se asevera que pueden producirse fenómenos considerados autoinmunes  como la anemia hemolítica y la trombopenia por producción de autoanticuerpos y que en un 10% de los casos puede llevar a un linfoma más agresivo (síndrome de Richter). Lo cierto sin embargo es que la mayor parte de las personas a las que se diagnostica la enfermedad no manifiestan nunca síntomas patológicos y mantienen la salud sin tratamiento alguno… lo que «per se» pone en duda que se trate de una «enfermedad» (y no digamos ya que se trata de un «cáncer»). De hecho quienes suelen tener peor «evolución», «pronóstico desfavorable» y «marcada reducción de su esperanza de vida» son quienes son sometidos a los tratamientos oncológicos protocolizados. Algo que se propone seguir a quienes tras hacérseles análisis se les detectan anomalías citogenéticas consideradas «malignas» -es decir, a deleciones (pérdidas de fragmentos de ADN en los cromosomas celulares)- o niveles bajos de proteínas ZAP-70 en los linfocitos. En suma, las personas a las que se somete a tratamiento suelen ser aquellas que manifiestan crecimiento ganglionar, infiltración en tejidos y órganos o citopenia (anemia o trombopenia) por invasión de la médula ósea. Casos en los que -en función de los síntomas- se procede a utilizar monoterapia con agentes alquilantes, poliquimioterapia, análogos de purinas y combinaciones de éstas con otros citostáticos, anticuerpos monoclonales, combinaciones de anticuerpos con quimioterapia, inmunosupresores o un trasplante de progenitores hematopoyéticos autólogos; y si hay infecciones antivíricos, antibióticos y/o antifúngicos. Aunque ninguno de ellos  «cura» la «enfermedad». Por nuestra parte ya hemos explicado muchas veces y de forma amplia que toda «enfermedad» -porque las «enfermedades» no existen- debe afrontarse de manera integral para lograr simplemente la homeostasis del organismo.  

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