CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 63 / JULIO – AGOSTO / 2004

Sr. Director: me ha impactado la noticia publicada por ustedes en el nº 61 explicando que 19 millones de españoles padecen enfermedades crónicas. Y ese dato, unido a la gran cantidad de noticias que por estas fechas primaverales emiten en televisión sobre las enfermedades propias de la época me ha hecho preguntarme por qué la medicina convencional considera al enfermo asmático como crónico. ¿Por qué te manda al psicólogo a fin de que te ayude a resignarte a padecer toda la vida ese problema y a asumir que no podrás dejar nunca el tratamiento? ¿Por qué te denominan asmático y no estornúdico o tósico? Perdón por el juego de palabras… Lo que quiero decir es que la medicina convencional se detiene hoy en los síntomas y los «médicos-recetadores» se limitan a tirar de talonario para recetar sintomáticos… pero no se investigan las causas para evadirlas, o sea, para curar. Pareciera que hoy curar fuera sinónimo de perder «un buen cliente para toda la vida». Sin embargo, ser médico debería implicar curar siempre que se pueda lo mismo que ser representante farmacéutico significa vender… siempre que se pueda. Se despide cordialmente,

Venancio O. P.
(Albacete)

Tiene usted razón. Los mercaderes de la salud no quieren que las personas estén sanas y las llamadas enfermedades desaparezcan. Por eso, salvo los antibióticos, la inmensa mayoría de los fármacos que hoy se comercializan no curan nada. Lo que las grandes multinacionales farmacéuticas pretenden, como ya hemos denunciado muchas veces, es tener el mayor número de enfermos crónicos para asegurarse «clientes para toda la vida». ¿Por qué cree que tanto Fernando Chacón como su hijo Rafael se negaron dos veces a vender el Bio-Bac a una multinacional por cifras auténticamente mareantes? ¿Y por qué cree que tras la segunda negativa se orquestó tan brutal persecución contra ese producto? La familia Chacón sabía perfectamente que la idea era meterlo en un armario para que nunca se comercializase. Es eficaz en demasiadas patologías y podría hacer tambalear el negocio farmacéutico de muchos. Lo demás es humo para ocultar la verdad.


Sr. Director: el problema del tabaco ha encarado hasta ahora de manera demasiado condescendiente. Es más, es infantil tomar como medida escribir en el paquete «lo que puede ocurrir si fuma» ya que se trata de un hábito por completo autodestructivo… y no a largo plazo sino a corto. Desde el primer cigarrillo se está impurificando la sangre. Y una sangre sin el suficiente oxígeno y pureza es la causa del 90% de las enfermedades y muertes. Por tanto, la actitud ante él debería ser la misma que ante cualquier enemigo de la salud, independientemente de si se trata de drogas más o menos duras (como el alcohol). Todo lo que no conduzca a la salud verdadera nos lleva a enfermar. ¿La solución? Combatir desde los puestos de poder todo lo que perjudica seriamente a nuestra sociedad. ¿A qué tenemos miedo? ¿A qué se enfaden las personas sin conciencia que creen que tienen derecho a decidir porque son «adultos»? Si un adulto quiere suicidarse, sea rápida o lentamente, ¿demuestra conciencia? ¿Es ejemplo para un niño o para un joven? Es gracioso. Se hacen reuniones para ver cuánto dinero se invertirá para la «investigación contra el cáncer» y en la pausa de la reunión los señores y señoras corren al pasillo a fumar para sociabilizarse mejor. ¿Se quiere combatir el tabaco? ¿De verdad se quiere combatirlo? ¡Pues que no se permita su venta! ¿Acaso existen puestos de venta de coca o de heroína? ¡No! Luego, ¿por qué se permite vender el tabaco? ¿Alguien con dos dedos de frente puede explicarlo con un mínimo de lógica? Es el miedo a tocar al dios Dinero. Yo era fumadora, estuve al borde de la muerte y os aseguro que no necesité parches antinicotina, ni chicles, ni chupa-chups. Sólo conciencia, algunos sencillos ejercicios y empezar a quererme y respetarme. Aprendamos pues a respetar a nuestros niños y a nuestro medio ambiente por primer vez en la vida. Os ofrezco unos consejos para cortar con el «mono»:
1) Leer libros concienciadores como los dos tomos de Metafísica de Conny Méndez.
2) Suprimir el café puro porque produce cáncer (especialmente leucemia) y sustituirlo por infusiones con miel y limón. O mejor, leche con Omega 3, zumos, batidos o agua con limón y mosto.
3) Respirar profundamente reteniendo la respiración lo más que se pueda y espirar vaciando por completo los pulmones cada vez que se sienta ansiedad o angustia. Y si aún así no nos calmamos tomar cápsulas de espino albar que es un gran fortalecedor del músculo cardiaco, lo oxigena y no permite sensación de angustia ni taquicardias.
4) Sustituir el azúcar blanco por azúcar moreno o miel de azahar o de mil flores. El azúcar blanco se come el calcio y sin calcio + magnesio en su justa proporción padeceremos de depresión y nerviosismo además de descalcificación y osteoporosis.
5) Empezar siempre el día con un gran vaso de agua con el zumo de medio limón recién exprimido y 5 respiraciones profundas. Dedicarle 15 minutos a la gimnasia antes de empezar las actividades diarias.
Digamos de una vez NO a nuestras costumbres autodestructivas, sucias y debilitantes. Es la única manera de que nuestros hijos nos respeten, nos tomen como ejemplo y no caigan en el autosuicidio que supone fumar. Basta ya de permitir que se fume en los centros sanitarios, en Correos, en los colegios, en los puestos de trabajo… Pongamos fin a tanto desenfreno.

Graciela Hojberg
(San Javier)

Hemos resumido un tanto tu carta debido a su extensión. Evidentemente, estamos de acuerdo contigo en que nuestros gobernantes demuestran un enorme cinismo y un grado superlativo de hipocresía al prohibir sustancias naturales sin apenas riesgo para la salud y permitir el consumo de drogas como el alcohol y el tabaco. Como bien insinúas, poderoso caballero es Don Dinero. En todo caso, no se trata a nuestro juicio de prohibir. Los ácratas sociales de hace unas décadas reclamaban libertad con el paradójico eslogan de «Prohibido prohibir». Y no les faltaba razón. No se trata de prohibir las cosas sino de concienciar a las personas. Hay que informar y formar en libertad. Se trata de convencer, no de vencer. No hay que imponer ideas sino transmitirlas con argumentos sólidos para que arraiguen en terreno fértil y florezcan. El libre albedrío del ser humano no debe ser violentado. Recuerda: «No juzguéis y no seréis juzgados». ¿Que fumar es una forma de «autosuicidio»? Posiblemente. Pero hay otras muchas formas de hacerlo y no sólo con el tabaco. Por tanto, no se trata de prohibirlo… salvo cuando el ejercicio de esa libertad atente contra la libertad de los demás. Fumar o beber debe ser legal. Sólo hay que regular que el ejercicio de ese derecho -aunque sea absurdo y perjudicial para el que lo ejerce- no afecte negativamente a los demás. Eso sí, si tal sucediera el responsable deberá responder de ello. Con todas sus consecuencias. Tal es el precio de la libertad. Terminamos matizándote que el café no es cancerígeno tomado en las dosis adecuadas. Otra cosa es abusar de él ya que entonces sí tiene sus riesgos para la salud.


Sr. Director: hay que felicitarle a usted y a todo su equipo de colaboradores y darles las gracias por tan valioso trabajo informativo en defensa de los derechos de la salud de los miles de millares de personas que demandan auxilio médico y necesitan «beber de la fuente de la sabiduría sanadora popular de las diversas culturas médicas y de la investigación libre». Gracias por vuestra defensa del derecho a la libertad terapéutica y a la libre elección de médico o sanador. Gracias por haber logrado una publicación que va más allá de la prensa de mercado. Porque no existe democracia real cuando el derecho a la libre elección terapéutica de los ciudadanos es secuestrado con alevosía, nocturnidad y mala fe. No existe democracia informativa cuando los grandes medios de comunicación y la prensa de mercado colaboran, por activa y por pasiva, en la negación de derechos fundamentales de las personas que demandan auxilio médico y se alinean con los mercaderes de la salud. Afortunadamente, gracias a vuestra publicación muchos ciudadanos han podido informarse sobre el fondo y forma de actuación de la impresentable ex Ministra de Sanidad Ana Pastor y sus secuaces de la Agencia del Medicamento y Dirección General de Farmacia en la ya tristemente celebre Operación Brujo con la incautación del Bio-Bac. Es obvio que algo huele a corrupción en el Ministerio de Sanidad. Mírese como se quiera, incluso jurídicamente, pero dicha acción debiera tener la consideración de secuestro del derecho a la libertad terapéutica con agravante del delito de terrorismo científico. ¡No olvidemos que hay consumidores de Bio-Bac que, privados del derecho a la vida, han fallecido! Gracias también por publicar en el nº 59 el brillante artículo, obra de Antonio Muro, sobre la implacable persecución y encarcelamiento del Dr. Joaquín Amat y sus investigaciones en torno a la urea y el cáncer. Soy esposo de una paciente de este investigador libre. Le conocemos por fortuna desde Marzo de 1987, primera vez que acudimos a su consulta. Por aquellas fechas el Dr. Amat ya estaba en la lista negra de la moderna ¡Inquisición científica! Ya habían sido boicoteados los ensayos clínicos con urea por él solicitados al Ministerio de Sanidad a pesar de que investigadores de las universidades de Illinois, California, Birininghan, Jerusalén o el Instituto Anticáncer de Atenas habían publicado también trabajos anteriores informando de los beneficios de esa sustancia en patologías cancerosas. Trabajos en publicaciones científicas como The Lancet y Clínical Oncology. Ya había sido llevado ante jueces inquisidores y fascistas dispuestos a juzgarlo, como en los tiempos en que Roma y la Inquisición ajusticiaban a los pensadores e investigadores libres como si de criminales se tratase. Ya los Sumos Sacerdotes de la Ciencia y los mercaderes de la salud estaban dispuestos a participar activamente en su linchamiento logrando que se dictase una orden de busca y captura contra él por practicar la investigación libre y desviarse de su credo y religión científica al grito de ¡Viva la Inquisición científica! Ya en el año 1992 cientos de enfermos de cáncer protagonizaron en su defensa un encierro de varios días en las dependencias de la Consejería de Sanidad de Castellón. ¡Un intento de secuestro del derecho a la libertad terapéutica fue el motivo! ¡Había orden de acabar con sus investigaciones! Y sólo un pacto de silencio entre la Consejería y los enfermos le permitió seguir entonces con sus investigaciones- Sólo que el peligro no había pasado. La trama urdida estaba pensada para su linchamiento. Solo se necesitaba un ¡testaferro! dispuesto a personarse como presidente/ta de una «asociación de afectados del Dr. Amat» para que la trama prosperase con cobertura jurídica. Y, claro, en estos casos el «Judas» suele aparecer. Particularmente extraña resulta además la historia de los expedientes clínicos de pacientes ¡robados de su consulta y utilizados como prueba en algunos casos sin consentimiento de sus legítimos propietarios! Robo que en su día denunció el Dr. Amat. Con tales mimbres se urdió la trama contra él. Yo testimonié en el juicio oral que contra el Dr. Amat se siguió en la Audiencia Provincial de Castellón manifestando ante la presidencia de la sala que el paciente tenía derecho a conocer su diagnóstico y las alternativas de tratamiento. Pero mi declaración cayó en saco roto. Como la de los cientos de testimonios de pacientes que dieron fe de sus mejorías clínicas. ¡Todas fueron ignoradas! Al igual que los trabajos internacionales realizados y publicados en el mundo en torno a la urea y el cáncer. También sus testigos periciales científicos fueron ¡ignorados o no admitido su testimonio! Sólo cuando comparecieron los once Sumos Sacerdotes de la Cancerología Reinante para hacer valer su Dogma de Fe ¡la sala se puso firme para escuchar sus teorías y su Credo Científico! ¡Quien se atreva a decir que cura el cáncer sin nuestro consentimiento será excomulgado! Alguno de aquellos Sumos Sacerdotes tuvo incluso la desfachatez de decir que la curación de los enfermos tratados por el Dr. Amat podía deberse en realidad ¡a los efectos retroactivos de la Quimioterapia! ¡Cuando se trataba de enfermos que ellos mismos etiquetaron en su día de «incurables» y candidatos a una muerte prematura¡ ¡Pero, por favor, si hasta Mariano Barbacid ha dicho que con los tratamientos actuales sólo se cura el 10% de los pacientes tratados y siempre en casos de diagnóstico precoz! ¿Cómo va a ser posible que la quimioterapia cure a personas desahuciadas… por mor de sus «efectos retroactivos»? Aquellos Sumos Sacerdotes de la Oncología afirmaron además que los numerosos estudios internacionales en torno a la urea y el cáncer realizados en importantes universidades del mundo «carecían de rigor científico». ¿Cree alguien posible que los investigadores de más de treinta estudios internacionales en torno a la urea y el cáncer, con diferentes líneas de investigación, sean todos unos charlatanes o sabios de poca monta? Porque además no tenemos noticia de que ninguno de ellos haya sido encarcelado ni haya sufrido persecución o destierro. El Dr. Danopoulos, por ejemplo, director del Instituto Anticáncer de Atenas, ha curado a cientos de pacientes con urea. No cabe olvidar tampoco que, al margen de la mayor o menor simpatía de los jueces por el sistema médico dominante, las leyes y normas sanitarias fueron formateadas y aprobadas en su día para servir a la dictadura de la Industria Farmacéutica por personajes de dudosa catadura moral y ética. Porque está bien claro que no sirven a los derechos fundamentales de la ciudadanía. Bueno, pues en tales circunstancias se hizo «justicia». Y se envió a la hoguera carcelaria al Dr. Amat como si de un criminal se tratara atribuyéndole muertos que no eran suyos. Algunos, en cambio, bien podían haber sido atribuidos al impacto de la quimioterapia dispensada por aquellos Sumos Sacerdotes… de haber sido sus casos examinados por forenses imparciales. Hoy el Dr. Amat tiene recurrida su condena ante el Tribunal Constitucional habiendo solicitado que se revisen las circunstancias del juicio. Y ha solicitado el indulto… pero se le exige para concedérselo que ¡se arrepienta de sus investigaciones y de haber auxiliado dignamente a gran numero de enfermos en trance difícil! Algo, en su situación física y moral, ¡impresentable, indigno y humillante! ¿Alguien sabe de laboratorios y médicos condenados por vender y recetar algunos de esos fármacos que han causado miles de muertes y enfermedades o, en otros casos, que resultaron fraudulentos y no curaban nada tras haber pasado los registros oficiales sin problemas… que lo hayan hecho? Además, el caso del doctor Amat no admite comparación con los grandes ladrones y estafadores de guante blanco ni con los asesinos de estado a sueldo. A éstos no se les exige arrepentimiento, ni devolución del patrimonio público robado, ni perdón por los crímenes cometidos. De hecho, a algunos ¡hasta les han concedido medallas! Gracias por permitirme escribir lo que pienso Un saludo.

Manuel Guerra Ferreira
(Vigo)


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63
Julio - Agosto 2004
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