CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 52 / JULIO – AGOSTO / 2003

Quisiera comentarles lo siguiente referente al artículo sobre Radioterapia del último número de Discovery DSalud: estoy totalmente de acuerdo con Uds. en que tanto la Quimioterapia como la Radioterapia son técnicas muy agresivas pero, ¿qué alternativa dan ustedes para curar el cáncer cuando la medicina alternativa no puede frenarlo y mucho menos curarlo? Es muy fácil hablar negativamente de algo pero cuando uno tiene el problema necesita alguna salida y la medicina natural tampoco la tiene. Yo puedo hablar por propia experiencia. El mes pasado cumplí 48 años y durante los últimos 16 años de mi vida he seguido una dieta lacto-ovo-vegetariana y he llevado una vida lo más sana posible. Pero, aún así, hace año y medio me diagnosticaron un carcinoma de mama en fase III. Como las opciones que la medicina tradicional me daba no estaban de acuerdo con mis principios busqué otras opciones y, no dando resultado, me fui a Alemania y me hice tratar por métodos biológico-homeopáticos durante 7 meses. Mi problema no mejoraba. Fui a ver a otro profesional en Alemania con distintos tratamientos y, finalmente, fue él mismo quien me aconsejó ponerme Quimioterapia para frenar la enfermedad. Después de gastarme casi un millón de pesetas (entre aviones, hoteles y tratamientos), cuando fui al hospital mi tumor había pasado de 4,2 cms a 10,5 cms y era inoperable. Me pusieron primero Quimioterapia para reducirlo. Al final, decidí operarme. Hace sólo 2 meses que he terminado el tratamiento y lo he pasado muy mal, tanto física como emocionalmente, sobre todo porque yo, que siempre había estado en contra de esas terapias, ahora tenía que someterme a ellas; pero no me quedaba otra alternativa. Todo lo que yo creía me había fallado. ¡Ah! También estuve en contacto con el Dr. Castelló de Mora, de Sevilla, pero la hipertermia puede dar algún resultado en tumores muy pequeños, no en grandes. Y aún así, el doctor me dijo que los resultados son imprevisibles. Creo que más que descalificar un tipo de medicina sería mejor que cooperaran para el bien del paciente y si informan de los efectos negativos de una terapia, ¿por qué no dar remedios, complementos o hierbas para contrarrestar y eliminar los efectos tóxicos en el organismo de dichas terapias? De esa manera a los que no hemos tenido más remedio que utilizarlas nos darían una esperanza y no nos dejarían tan hundidos. Agradecería sus consejos a este respecto. Muchas gracias y reciban un cordial saludo.

Gloria García-Villaraco
Benalmádena (Málaga)

Comprendemos perfectamente su estado de ánimo y nos ponemos en su lugar. Pero debemos decirla, con tanto cariño y respeto como sinceridad, que no compartimos su opinión. No se trata de que la Quimioterapia o la Radioterapia sean técnicas muy agresivas: se trata de que no curan el cáncer y por eso no se justifica su uso. Aunque la mayoría de los oncólogos afirme gratuitamente lo contrario. Y vamos a reiterar algo que no parece entenderse: reducir un tumor de tamaño no significa que el cáncer se esté curando. Y eso es básicamente todo lo que obtienen -y en muy pocos casos- tanto la Quimioterapia como la Radioterapia. Con efectos secundarios brutales, encima. Por otra parte, no es cierto que no existan alternativas a la Oncología oficial. Existen. Aunque las que usted ha probado no le hayan funcionado. Su experiencia no es extrapolable. Por nuestra parte, una vez explicado qué es el cáncer y qué lo causa y habernos adentrado en la verdad sobre los tratamientos oficiales vamos a empezar a hablar de esas alternativas. Y vamos a necesitar meses precisamente porque son muchas las posibilidades. Sólo precisamos tiempo. No pierda pues la esperanza. Un fuerte abrazo.


Permítanme felicitarles por la revista que recomiendo siempre que tengo ocasión. En verdad nuestras autoridades juegan con nuestra salud. De hecho, en el tema de las antenas de telefonía móvil la ocultación de datos sobre afectados debería constituir un delito penal pero la historia se repite como en otros casos -tabaco, amianto, etc.- cuando uno se topa con la GRAN INDUSTRIA. Mi padre, de 64 años, falleció después de estar expuesto a las emisiones de una antena de telefonía móvil colocada a 15 metros de su domicilio en el año 1998. Según las mediciones efectuadas por el ministerio en el interior de la vivienda (sobreático) se registraron unos valores de 0.187 w/m2, superiores a los registrados en la azotea, que eran de 0.0625 w/m2. Como verán, nada lógico. Y mucho menos que los ingenieros digan que hay un efecto paraguas si la antena se tiene encima. Empezamos a notar cómo mi padre empezó a tener apatía, ansiedad, etc. Tras exponer los problemas neurológicos al médico le hicieron varias pruebas (sin mencionar nosotros la antena) y en el resultado del escáner vieron que en el cerebro aparecían unas calcificaciones específicas y leucariosis. Precisamente hay estudios que indican afectación a este nivel. Lo catalogaron como posible Alzheimer y nos recetaron medicamentos que estaban probando sin darnos más explicaciones. Al ver los efectos secundarios de éstos preferimos que nuestro padre no fuera un conejillo de indias. Mi padre se fue deteriorando hasta tal punto que dormía apenas dos horas al día en los últimos meses. Estaba excitadísimo y no había forma de tranquilizarlo. Ni en el centro donde lo ingresaron dándole cócteles de tranquilizantes. Su corazón no pudo resistir y en el parte de defunción consta como causa demencia fronto-temporal. Desde la asociación de afectados a la que pertenezco (Abatem), ubicada en Barcelona, nos preguntamos: ¿cuántos muertos y enfermos necesitan nuestras autoridades para actuar? ¿Cómo pueden mantener la posición de que no está demostrado y que los límites actuales son seguros? Por cierto, en relación con el artículo que acaban de publicar sobre la calidad del agua hay dos normativas de reciente aprobación que son las que están en vigor: el RD 1074/02 para las envasadas y el RD 140/03 para el resto.

Mercedes Franco Espino
(Barcelona)

Nos solidarizamos con usted y entendemos perfectamente su enfado porque tiene toda la razón. En esta revista hemos denunciado varias veces ya este hecho. Tiene artículos extensos al respecto publicados en los números 17, 36 y 38. Los lectores interesados pueden consultarlos en nuestra web: www.dsalud.com Es una vergüenza que nuestras autoridades estén exponiendo a la gente a los peligros de la telefonía móvil a sabiendas. Pero priman los intereses económicos. Y gracias, por cierto, por su aclaración sobre la última normativa legal sobre el agua.


Estimado Sr. Campoy: en estos días, y con bastante retraso, he tenido ocasión por primera vez en mi vida de tener en las manos su prestigiosa revista, que me ha entusiasmado y a la vez sorprendido por dos razones elementales:
1) El caso del Sr. Chacón y el Bio-Bac. Me parece extremadamente bochornoso y un abuso absoluto de autoridad de parte de la Sra. Ministra de Sanidad lo que está sucediendo. Es increíble hasta qué punto se pisotean los derechos de los ciudadanos con tanta mentira que huele a “podrido”. Resido en Colombia desde hace nueve años aunque soy de origen español -concretamente de Granada- y de profesión médico cirujano con diferentes especialidades, entre ellas la de Oncología. Tuve en varias oportunidades la ocasión de conocer y compartir brevemente con el Sr. Chacón (hijo) y Dios me concedió la gracia de poder utilizar ese maravilloso medicamento en varios pacientes con unos resultados impresionantes. Y es por eso que no comprendo que después de tantos años se digan todas esas payasadas como si -y discúlpeme la grosería- nos hubiésemos convertido no solamente en un país de enfermos sino además de “gilipollas”. Deploro absolutamente como persona, como médico y como científico toda esta barbarie de campaña orquestada contra el Dr. Chacón y contra el Bio-Bac, y quiero dejar por sentado que considero como muy indeseables y faltos de ética y moral a todas aquellas personas y “laboratorios” que están detrás moviendo los hilos de la señora “marioneta”.
2) He sentido una gran alegría al conocer que en el equipo que usted dirige se encuentra un médico que tiene tanto prestigio en Colombia como el Dr. Jorge Carvajal, al que conocí en varias ocasiones cuando fui asistente a unas conferencias patrocinadas por Heel. También me agrada saber que por allá llega el Dr. Arturo O´Byrne. Comparto con ambos doctores prácticamente la misma filosofía holística.
Le agradecería, finalmente, que me pudieran informar si existe algún sitio o distribuidor dentro de Colombia donde poder conseguir la revista periódicamente sin mucho problema. Le deseo a usted y a su equipo periodístico la mayor felicidad del mundo y que ese ser superior los proteja y los ilumine para seguir teniendo la misma o más valentía aún para publicar artículos tan importantes como el que me refiero. Basta de tanta burla, prepotencia y mentiras. Su seguro servidor,

Dr. Julio Alberto Jaramillo Dupont
Médico Cirujano – Oncólogo Valledupar (Departamento del César). Colombia.

Le agradecemos tan amables palabras. Nuestro distribuidor en Colombia es la empresa Andina. Puede localizarles en el número 271 26 03 de Bogotá. Y leer todos nuestros artículos atrasados en www.dsalud.com


Señor director: le escribo en relación con dos temas de actualidad en la revista. Uno, la alusión en Cartas al director a la enfermedad colitis ulcerosa; otro, ¡cómo no!, el Bio-Bac. He padecido colitis ulcerosa durante quince años, desde que contaba precisamente con quince años de edad. Pero todo cambió en enero del 2000 cuando probé Bio-Bac y a las 24 horas ya había notado una mejoría espectacular que se convirtió en curación de la enfermedad, estado que permanece hoy todavía. Pues bien, en una Carta al director publicada en la revista de mayo y firmada por María García se hablaba de una dieta especial -la de Elaine Gottschall- como método que llevó a la firmante a la curación. Y me parece lógico ya que, como comprobé en mi caso, el Bio-Bac produce la correcta degradación del alimento, esencial para la asimilación del mismo por el organismo. Y es que el Bio-Bac contiene precisamente enzimas digestivas, como bien proponía la redacción de Discovery DSALUD en su respuesta a la carta de María García. Animo a los pacientes de colitis ulcerosa a investigar en esta línea. Lo dicho apoya además lo afirmado por Rafael Chacón en el número de mayo de que Bio-Bac es un medicamento de amplio espectro, razón de más para esta bananera persecución que contemplamos. Desde la incautación, mi caso es lo consabido: he reducido la dosis para ahorrar producto con lo que las molestias reaparecen, si bien la dosis actual aún me mantiene sin recidivas, de momento. De la salud de nuestro Estado de Derecho depende la salud de miles de personas. Y de que el Estado de Derecho no sea marioneta del poder económico. ¡Que Monstesquieu nos pille confesados!

Alejandro Alonso
(Menorca)


Estimado Director: me dirijo a Vd., en primer lugar, para felicitarle por su cada vez más interesante revista, de extraordinaria utilidad para todos aquellos que cuando nos aseguran que un problema no tiene solución adecuada no nos resignamos y seguimos buscando a alguien que nos pueda ayudar. En segundo lugar, y al hilo de lo expuesto, comentarle que hace unos días tuve la oportunidad de leer en uno de los números atrasados de su revista, que aún no había ojeado, un artículo esclarecedor titulado Las verdaderas razones del fracaso escolar en el que se explica cómo afrontan ese problema en Institutos Fay. Lo leí, me encantó y me parece un texto de enorme importancia para todas esas madres que en estas fechas de fin de curso se plantean con angustia qué va a ser de sus hijos en el proceso de escolarización, sobre todo si presentan déficit de atención y se les hace cada vez más cuesta arriba estar a la altura de sus compañeros y seguir el ritmo normal del curso… como fue el caso de mi hijo hasta hace sólo un año. Porque quiero decirle que precisamente hace sólo tres años mi hijo estuvo a tratamiento en ese centro, a donde le llevé porque presentaba serios problemas de adaptación, dificultades para integrarse en su clase además de una descoordinación psicomotriz importante. Hoy es uno de los mejores alumnos de su clase -me lo reconocen sus tutores- y destaca en deportes hasta el punto de que es el capitán del equipo de baloncesto. ¿Se da cuenta de qué cambio en tan poco tiempo? Tenía que contarlo. Creo que mi testimonio puede serle de utilidad a otras madres con el mismo problema. Atentamente.

Elena Vélez
(Madrid)

Su testimonio nos parece importante y por ello lo publicamos. No está de más que sepan los lectores, en todo caso, que el método de Institutos Fay es útil tanto en niños con algún tipo de problema como en chavales completamente sanos pero que tienen dificultades en los estudios. Los resultados suelen ser excelentes. Facilitamos de nuevo por ello el número de contacto (91 740 02 03) a los padres que pudieran estar interesados recordándoles que pueden leer ese artículo en nuestra web: www.dsalud.com.


Señor Director: tengo 40 años y soy un enfermo de cáncer de estómago en estadio IV; es decir, con metástasis aunque afortunadamente subcutáneas (ni mis órganos internos ni mis huesos han sido aún afectados; al menos, así lo indica un reciente TAC y una gammagrafía ósea). Todo comenzó en Julio del 2001 cuando sentí molestias para tragar. Una vez confirmado el diagnóstico, me sometí a cirugía, que fue un éxito. Le indicaré, además, que la cirugía y todo mi tratamiento posterior ha tenido y tiene lugar en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Poco después me incorporé como lector de su revista.
Tras la cirugía me sometí a 6 ciclos de quimioterapia que llaman coadyuvante. Tras un TAC de referencia en Noviembre del 2001 se iniciaría dicho tratamiento y me dicen que en ese momento todo indica que estoy totalmente limpio de la enfermedad. Pero yo comencé a sentir un pequeño dolor junto a la cicatriz quirúrgica de mi espalda cuando me apoyaba en la pared, como si tuviera un pequeño bulto. No le di importancia ante las palabras de mi oncóloga suponiendo además que si fuese algo maligno se hubiera detectado en el TAC… pero yo no sabía que un TAC no detecta tumores subcutáneos. Ni me advirtieron en ningún momento de que podían salir tumores subcutáneos junto a las cicatrices quirúrgicas, ni me revisaron éstas. Tras terminar en Abril el tratamiento con quimioterapia, durante el cual mis defensas bajaron en ocasiones de forma alarmante, el bulto de mi espalda se hizo de mayor tamaño y, coincidiendo con el despido de mi oncóloga que era un médico residente de primer año con contrato temporal o algo así, le digo al nuevo oncólogo lo que ocurre y éste manda hacer una punción de ese bulto. Tras confirmar que es una metástasis y hacer un nuevo TAC que sale bien, en lugar de extirpar el tumor subcutáneo mi nueva oncóloga (esta vez un médico residente de cuarto año que sí que me hace reconocimientos exhaustivos y con quien se puede hablar de los tratamientos y de cualquier tema relacionado con mi enfermedad lo que hace que exista una confianza que antes no había) me somete desde Junio a Septiembre a 4 ciclos de otra quimioterapia diferente durante los cuales mis defensas volvieron a bajar de forma alarmante en varias ocasiones. Eso sí, consigue que el tumor se quede a la mitad de tamaño. Por fin, a mediados de Septiembre me extirpan el tumor tras ocho meses de existencia del mismo. Curiosamente, los cirujanos que me tratan están todos de acuerdo al afirmar que probablemente este bulto sea un “implante” que de forma accidental se produjo al retirar el tumor original (por la fecha en que apareció, unos 2 meses después de dicha operación, esa hipótesis parece lógica), lo que me lleva a un pronóstico bastante positivo. Pero eso nunca me lo dice mi oncóloga a pesar de que hablamos en cada consulta de forma sincera y con confianza. En ese momento, por unos días, yo pensé que todo había acabado por fin. Pero de pronto todo se torció… En Agosto, un mes antes de esa segunda intervención, comencé a sentir un dolor en la pierna izquierda que me llegaba desde la cadera al tobillo. Y justo antes de la extirpación del tumor subcutáneo de la espalda comenzaron a salirme nuevos tumores subcutáneos por la zona del abdomen. Tal vez me salieron por tener un tumor subcutáneo 8 meses sin extirparlo, o bien porque tenía que ser así como dicen los oncólogos que me tratan… Uno de esos bultos me lo detecté en la pierna, que me dolía, junto a la ingle; probablemente estaba presionando un nervio siendo ése el motivo de todas mis molestias. Pero, claro, eso lo he deducido yo por mí mismo. Ahora mi oncóloga ya no quiere extirpar esos tumores aunque esta vez la razón es que son más de dos o tres. Y me somete a otro ciclo de quimioterapia en Octubre del 2002 que deja mis defensas por los suelos: 1.600 leucocitos. En la última consulta mi oncóloga me dijo que “las cosas están regular pero te voy a conseguir una quimioterapia nueva que está dando buenos resultados en casos como el tuyo…” Reconozco que hace todo lo que puede o la dejan hacer por mí, aunque hasta ahora parece que no ha servido de casi nada. Mientras tanto, contacto a través de unos conocidos de familiares nuestros con una clínica oncológica de México en la que trabaja el doctor rumano Gheorghe Ciustea que lleva 45 años ejerciendo de oncólogo. Tras informarle de mi caso me dice que he recibido mucha quimioterapia (11 ciclos en un año) sin los resultados terapéuticos esperados, lo que es normal ya que según él el cáncer que tengo no suele responder a este tipo de tratamientos y que mi médula ósea está muy castigada, lo que pone en grave peligro las posibilidades que aún tengo de curación. Y me aconseja iniciar su tratamiento anticanceroso de Bioterapia dándome la posibilidad de hacerlo en España ya que así es mucho más económico que si me desplazo a México. Además, su tratamiento es complementario con el que recibo en España (con la quimioterapia) aunque me advierte de que en el futuro deben administrármela de forma más espaciada y con mucho cuidado. También me invita a visitar su página web (www.medicaoncologica.com.mx) y me indica que ellos, con ese tratamiento, tienen un porcentaje de curaciones bastante mayor que con el convencional. Además, el tratamiento está compuesto en su totalidad por sustancias naturales, vitaminas, minerales, citostáticos en dosis muy pequeñas (1.000 veces inferiores a las que me han puesto) y enzimas además de alguna otra sustancia, por supuesto no tóxica ni peligrosa y que se supone que actúan de forma conjunta (sinergia). En fin, el caso es que adquiero su tratamiento y se lo indico a mi oncóloga, que no se opone a ello aunque si hubiera alguna incompatibilidad con el suyo me indica que entonces debo elegir (eso es evidente). Pero una vez llega el tratamiento a España por avión, la Inspección de Farmacia de la Aduana de Madrid-Barajas lo retiene hasta que un facultativo español no lo avale mediante receta, en papel con membrete con su número de colegiado y su firma. Me dan esa opción, que no se si es legal, ya que me dicen que los trámites para importar medicamentos son especialmente dificultosos. Pero como acaba de ocurrir el tema del Bio-Bac no encuentro por el momento a ningún médico que quiera firmar. Y yo me pregunto, ¿tengo de verdad la libertad fundamental recogida en todas las Declaraciones de Derechos Humanos y en nuestra Constitución llamada “Derecho a la vida”? Digo esto porque en ocasiones el seguir tratamientos médicos complementarios o alternativos, estén recetados o no en otros países, puede significar la diferencia entre la vida o la muerte, amén de que creo que nadie tiene el derecho de negarme el tomar el medicamento que yo quiera si creo que puede ayudarme. Atentamente,

Eduardo Antonio Serrano Fontán
(Madrid)

Publicamos su carta íntegra a pesar de la extensión porque simboliza muy bien lo que en buena medida le ocurre a cerca de medio millón de españoles anualmente. Es así de enorme la cifra de compatriotas que vive cada año una experiencia muy similar y cuyo fin -en la inmensa mayoría de los casos- suele ser la muerte. Porque, como hemos dicho ya muchas veces, los tratamientos oncológicos convencionales para el cáncer no curan nada. Salvo cuando los tumores están aislados y se pueden extirpar quirúrgicamente sin peligro de metástasis. En el resto de los casos lo máximo que ofrecen los oncólogos es alargar un poco la existencia… a costa de una brutal pérdida de la calidad de vida. Es decir, los oncólogos sólo saben de verdad dos cosas sobre el cáncer: ignoran qué lo produce e ignoran cómo curarlo. A pesar de lo cual, exigen tratar en exclusiva a todos los enfermos de cáncer con sus tratamientos. Y no sólo eso: descalifican a cualquier médico o terapeuta que piense de forma distinta a ellos llevando incluso a los tribunales a los colegas que osen tratar enfermos de cáncer con otras terapias a fin de que les inhabiliten profesionalmente. Tal es la grotesca situación actual. Muchos de los profesionales perseguidos califican literalmente de criminal lo que está pasando. Algunos hablan ya abiertamente incluso de genocidio global amparado por los gobiernos. ¿Cómo va a extrañarnos que no encuentre usted a un médico que le firme una simple receta para entrar ese producto que ha pedido? Tiene usted razón: su derecho a la vida está siendo violado. Y su derecho constitucional a elegir libremente qué tratamiento quiere seguir para tratar su enfermedad. Un derecho absolutamente inalienable que está siendo pisoteado en su caso, en el de los consumidores del Bio-Bac y en muchos otros. Es su vida la que está en juego y debe ser usted quien decida libremente. Que las autoridades sanitarias no entiendan algo tan simple es vergonzoso y demuestra su absoluta carencia de ética. Sus alegaciones administrativas no suelen ser más que excusas jurídicas adornadas con el lazo de que se limitan a cumplir con su “obligación” de “velar por nuestra salud”. La verdad es que no son sino argucias legales con las que impedir el ejercicio de tales derechos fundamentales. A pesar de que estos priman sobre cualquier otra norma legal. Y lo grave es que lo saben.
Créanos, amigo lector, lo que ocurre en la Sanidad mundial está llegando a niveles repugnantes. En cuanto a usted, sepa que hay alternativas en España. Al menos hasta que los guardianes de la ortodoxia médica -en realidad, los guardianes de la mafia que controla el negocio de la enfermedad- no los metan a todos en la cárcel. Luche por sus derechos, cuente con nosotros y anímese: puede usted salir adelante. Estamos convencidos de ello.

NOTA: Transcrita la carta precedente y su respuesta, Daniela Erguveanu, esposa de Eduardo Antonio Serrano Fontán, nos comunicó su fallecimiento manifestando en su e-mail: “Estoy más que segura de que a mi marido le han dejado morir“. Compartimos su dolor y su indignación. Y, con su consentimiento, hemos decidido publicar la carta que escribió su marido y nuestra respuesta tal como se redactó antes de conocer su óbito. Juzgue el lector.


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52
Julio - Agosto 2003
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