CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 75 / SEPTIEMBRE / 2005

Estimado Sr. Campoy: le mando este correo electrónico con intención de pedirle que lo publique en su revista. Verá, soy Auxiliar de Enfermería, Técnico Especialista en Anatomía Patológica y Diplomada Universitaria en Enfermería. Y tengo un serio problema: no encajo en los hospitales. No me siento entendida, ni respetada. Mi carácter -dicen- es muy poco común: ¡me encanta hacer reír a los pacientes, dejar mis problemas a un lado, abrazar, besar y dar lo mejor de mí a esa gente que, las más de las veces, no tiene a nadie a su lado! Me encanta cantarle a los pacientes de la UCI, acariciarles y darles ánimos y esperanza. Y me mata ver morir solita a la gente. Por eso acompañarlas en su último viaje es algo que me tranquiliza y reconforta -aunque en el momento me entristezca-, algo que nadie quiere hacer y que ¡tampoco me permiten! Por eso en el congreso sobre cáncer de Madrid puse unos cuantos cartelitos de colores pidiendo trabajo… pero los vigilantes de seguridad me perseguían y los quitaban. Claro, yo entiendo que el Palacio de Congresos no es una oficina del INEM pero algo dentro de mí me decía que debía intentarlo.
Actualmente llevo 10 meses de baja. Estoy en proceso de autocuración de una esclerosis múltiple. Tengo 35 años y llevo 8 desafiando a los neurólogos y a otros especialistas que se han atrevido a llamarme temeridad andante. Fui poco a poco seleccionando a mis médicos y hoy, en gran parte gracias al descubrimiento hace unos meses de su revista, tengo un equipo médico intercontinental formidable. Soy tremendamente afortunada porque ya no me siento tan sola (he tenido que enfrentarme a mi familia y a gran parte de mis amigos cuando, postrada en una cama, sin vista, sin coordinación, sin equilibrio, sin habla y a veces, aunque las menos, sin ánimos, pasé así cerca de 4 meses). Me acordé entonces de una «medicación» que solía ponerle a los pacientes desoyendo las órdenes de mis superiores y me «inyecté» una RADIO FM. Su compañía me hizo sentir menos sola y evitó que cayera en una depresión.
Debo añadir que siempre he confiado en la risa -la mejor medicina-, en mis incondicionales amigos -que cumplieron mis peticiones- y en mi madre. Hoy confío en toda la gente que estoy conociendo gracias a su admirable y bendito trabajo. Gracias, gracias y gracias por confirmarme que no estoy sola en esta lucha, por hacerme sentir un poquito menos bicho raro, por ser como sois. Pero necesito trabajar. Me siento tremendamente sola donde hoy trabajo, sin fuerzas para reincorporarme -la verdad es que aún no me encuentro bien del todo- y además creo que no es mi sitio porque no me dejan aplicar los tratamientos que sé que ayudan por boca de muchos pacientes que me lo han confirmado -Abrazoterapia, Risoterapia, Besoterapia, Radioterapia, Luminoterapia, Calorhumanoterapia…- y, de alguna forma, eso impide que pueda seguir adelante con mi proceso de autocuración. Pisotean mis ilusiones, mis alegrías y me matan poquito a poco. A medida que se cumplen años los procesos biológicos de renovación se enlentecen y noto que cuando me borran la sonrisa tardo cada vez más tiempo en dibujar otra. ¡Y yo no quiero dejar de reír nunca! Me paso los días autosuministrándome Reiki para que eso no pase pero, a veces -sólo a veces- pierdo las fuerzas. Por todo ello le pido, si lo estima conveniente, que publique esta carta. ¿Quién sabe? ¡Quizás haya alguien interesado en ofrecerme trabajo! ¿No cree que sería posible? Preferiría en todo caso que no publicara mi nombre completo para evitar posibles problemas que, ahora mismo, no sabría cómo lidiar. Mi e-mail es fmarinoiglesias@yahoo.es Gracias.

F.M.I.
(Santiago de Compostela)

¿Cómo no va a chocar su filosofía de vida con la de los médicos? ¿Dar amor y esperanza a los enfermos en lugar de fármacos? ¡Eso no tiene cabida en nuestro sistema sanitario! Ya intentó convencer de ello a sus colegas el médico norteamericano Patch Adams quien desde hace años atiende a sus pacientes -lo mismo que todo su equipo médico- ¡vestidos de payasos! Coinciden ustedes totalmente en la filosofía. Adams -cuya vida fue llevada al cine encarnándole nada menos que Robin Williams- lleva años dando ejemplo… pero ante la sonrisa conmiserativa de sus colegas la mayoría de los cuales le considera un excéntrico cuando no alguien indigno de la condición de médico. Y es que la inmensa mayoría de los médicos son incapaces de tratar personas, sólo saben tratar «enfermedades». Al punto de que si un día les quitaran los fármacos ¡no sabrían qué recomendar a los enfermos para superar su dolencia! Además son incapaces de entender que la inmensa mayoría de las llamadas enfermedades no son sino somatizaciones de desequilibrios producidos por shocks mentales o emocionales vividos en soledad. Que el miedo a afrontar la vida, la angustia existencial, el desamor, el aislamiento voluntario, el desamparo, el egoísmo, la egolatría, la ira, la soberbia o la avaricia -entre otras actitudes- enferma porque deprime el sistema inmune. No, la mayoría no lo entiende. Y así les va…


Me llamo Loli González y soy española si bien desde hace cinco años vivo en Suecia con mi familia, mi marido y dos niños, uno de 7 y otro de casi 2 años. La cuestión es que se nos ha presentado un problema y he pensado, después de leer el artículo publicado por ustedes sobre las antenas de telefonía móvil, que quizás me podrían ayudar. El caso es que una empresa de telefonía quiere instalar una antena de ultima generación -creo que así se llaman- justo en el patio del colegio de nuestros hijos a pesar de las protestas de los padres. Había decidido tirar la toalla y cambiar de colegio a mis hijos a pesar de que, sobre todo el mayor, lo lleva fatal porque adora el colegio donde está y a sus compañeros pero hoy, cuando he ido a visitar el posible nuevo colegio, me he decidido después de ver su cara de desesperación a seguir la lucha. He pensado que ustedes me podrían ayudar a documentarme -preferiblemente artículos en inglés, pero todo me vale- para concienciar más a los padres, vecinos, políticos y a quien haga falta, y poder ganar esta batalla contra los insensatos. Necesito argumentos, experiencias, estudios, todo lo que me puedan facilitar. Agradecida de antemano. Un saludo.

Loli González

Tiene usted varios artículos con documentación en nuestra web: www.dsalud.com Y en este mismo número volvemos a dar información. Nuestra sugerencia es que busquen un abogado, presenten una denuncia en el juzgado y exijan al juez que la empresa telefónica muestre las evidencias científicas que demuestran la inocuidad de las antenas de telefonía. Ellos alegan que no hay «evidencia científica de su peligrosidad» pero su abogado debe dar la «vuelta a la tortilla». Son ellos quienes quieren instalarla luego son ellos los que tienen que demostrar científicamente -con ensayos en seres humanos- que son INOCUAS, que no son peligrosas. Y no podrán porque tales estudios no existen. La jurisprudencia en este sentido indica además que debe aplicarse el Principio de Precaución. Esa es, a nuestro juicio, la línea a seguir.


Sr. Campoy: agradezco enormemente su dedicación, compromiso y valentía. Lamentablemente no pude asistir al congreso sobre cáncer que se celebró en Madrid pero he tenido noticia de él a través de amigos y conocidos además de leer el resumen en la revista. Soy una persona a la que le afectan profundamente las injusticias y creo que no hay injusticia más grave que el negar la salud y la vida. Y eso es lo que están haciendo los gobiernos, integrados por auténticos descerebrados que desde su posición de poder están manipulando las vidas de la mayoría de las personas. ¿Cómo se puede estar tan absolutamente ciego y sordo? ¿Cómo se puede dormir tranquilo sabiendo lo que dejan de hacer… que es tan grave como lo que hacen? Sinceramente, creo que son totalmente inconscientes de sus actos y están manipulados a su vez por verdaderos demonios que, desde el lado oscuro, les hacen moverse como marionetas. Teniendo en cuenta esto creo, haciéndome eco de la carta de un lector que transcribió una canción de Amaral, que se impone una revolución. Si no nos quieren escuchar ni ver porque les molestamos para sus planes diabólicos habrá que obligarles. Debemos infiltrarnos en sus centros de poder y hacer una especie de «golpe de estado» para que el mundo -el que tenga ojos para ver y oídos para escuchar- se dé cuenta de una vez por todas de quién manda de verdad. El verdadero Poder lo tenemos las personas que creemos y creamos vida sin importarnos las dificultades, los ataques y los boicots; que perseveramos en nuestra cruzada particular contra la manipulación de nuestras vidas; que estamos vivos y queremos seguir estándolo, pese a quien pese. Creo firmemente que habría que hacer algo más contundente y contar con la colaboración por escrito de todos los que estamos firmemente convencidos de que es posible una vida más auténtica, sana y libre. Disculpe si el tono de mi carta es un poco fuerte pero es lo que siento y así lo expreso. Mil gracias por su labor y la de todo su equipo.

Cristina Rueda
(Barcelona)

Tiene usted razón pero la verdad es que la mayoría de la gente no está hoy dispuesta a luchar contra las injusticias aunque lo asegure. Vivimos en una sociedad conformista y adormecida -en muchos casos aborregada- cuyos dirigentes piensan más en sí mismos que en los demás. No hay altruismo. Por desgracia lo que caracteriza nuestra sociedad es el egoísmo. Aunque algunos actos multitudinarios hagan pensar a algunos lo contrario. La gente está dispuesta a expresar lo que piensa o siente, a apoyar una u otra causa… si no le compromete demasiado, si cuesta poco y si no arriesga nada. Cuando no ocurre así, cuando hay que comprometerse y arriesgar no se puede contar con la mayoría. Esa es la cruda y lamentable realidad.


Sr. Director: en 1997, cuando estudiaba Naturopatía Superior, noté unas pequeñas manchas rojas en las piernas y me alarmé. Pocos días después me salieron también por el pecho. Los médicos de Urgencias no sabían qué decirme e insinuaban una posible queratosis pero sería un médico de cabecera el que intuyó el diagnóstico: «Probable psoriaris gutatta». Lo que confirmaría el dermatólogo. Inicié pues un tratamiento con pomadas pero al llegar a la playa la crisis aumentó, probablemente porque alguna contenía corticoides. Entonces me vio otro especialista -un conocido catedrático-, me mandó echar un tapón de Emolytar en la bañera y debo decir que me ayudó mucho pese a su terrible olor. Por mi parte, al saber lo que tenía, decidí tomar infusiones de bardana y amapola de California así como omega 3. Y también mejoré. Pero la solución real la encontraría cuando buscando entre los medicamentos de mi hija que ya no usaba encontré Inmunoferón, un producto sin efectos secundarios. Decidí entonces experimentar con él y ver qué pasaba si me limitaba a subir las defensas del organismo. Debo decir que en esa época había sufrido la muerte de mi madre -que sufría Alzheimer-, me había separado de mi mujer y eso me había provocado una gran depresión y luego sufrí una ruptura sentimental -me enamoré de esa mujer locamente- llevándome todo ello a un trastorno obsesivo compulsivo perfeccionista. Estoy seguro de que fue lo que me llevó a somatizar la psoriasis. Bien, pues debo decir que el Inmunoferon funcionó. Tras tomarlo dos meses desapareció la psoriasis y estuve dos años asintomático. Ahora me ha vuelto a aparecer por lo que he empezado a tomar el producto otra vez y está remitiendo de nuevo. Y como sé que hay otras personas que también sufren psoriasis -que en mi caso se agravó porque padezco Protoporfiria Writropoyetica, una enfermedad congénita e incurable- he decidido comunicárselo a ustedes para conocimiento general. No sé si funcionará en todos los casos porque cada persona es un mundo y todos respondemos de forma diferente pero por intentarlo que no quede ya que es un producto inocuo. Eso es todo. Cordiales saludos.

Dr. José Cohen-Pardo Hidalgo

En efecto, la psoriasis se manifiesta a menudo después de fuertes traumas emocionales. Y no nos sorprende nada que el simple hecho de elevar las defensas resuelva el asunto porque eso permite hasta curar un cáncer en fase terminal como acaba de explicar Antonio Brú en el número pasado de la revista. Por eso un tratamiento de Medicina Ortomolecular también es eficaz. En todo caso, damos a conocer que hay dos cremas que nos consta han demostrado también una notable eficacia: Blue Cap -de Laboratorios Catalysis- y Allergenics -en España la distribuye Evicro Madalbal-. Se encuentran en farmacias al igual que el Inmunoferón que usted menciona.


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75
Septiembre 2005
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