CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 68 / ENERO / 2005

 

Estimado Sr. Campoy: permítame expresarle mis más sinceras felicitaciones así como a todo su equipo por el reportaje firmado por Francisco San Martín (revista nº 67) en el que se expone, con los detalles pertinentes, que el médico colombiano Jaime Arango Hurtado está tratando el asma y otras enfermedades respiratorias con notable éxito y sin efectos indeseables mediante el uso tópico en la nariz de los anestésicos procaína y lidocaína. He tenido el valor -porque es menester tenerlo- de enseñar el reportaje a un médico, amigo mío, que se ha mofado de mí por «creerme esas cosas». Tal es la postura y filosofía de la clase médica española. Es imposible luchar contra los elementos. En vista de ello supongo que huelga preguntar si en España hay algún médico que practique esta terapia. También quisiera aprovechar para pedirle ayuda porque el oftalmólogo me ha detectado en el polo anterior del ojo izquierdo «esclerosis del cristalino» manifestándome que no tiene solución. Por favor, ¿conoce algo natural que pueda frenar el desarrollo de esta enfermedad? Le agradecería mucho me asesorase. Atentamente le saluda,

Fernando Benítez Valdivia
San Roque (Cádiz)

En primer lugar, gracias por sus palabras. En cuanto al comentario de su amigo médico sobre la propuesta del doctor Arango Hurtado sólo podemos decirle que su actitud no es digna de la profesión que ejerce. Es obvio que habla sin conocimiento de causa. Antes de emitir juicio alguno su amigo debería haberse informado en lugar de enjuiciar el protocolo propuesto por un colega sin siquiera haberlo leído. Especialmente porque el trabajo del doctor Arango Hurtado es impecable científica y clínicamente. En suma, no dudamos de que su amigo pueda tratarse de una excelente persona pero nosotros no le consultaríamos ni la hora. En cuanto a si hay profesionales en España que sigan ese tratamiento lo dudamos porque, como bien explicamos en el artículo, se trata de una propuesta novedosa y, por tanto, seguramente desconocida para la inmensa mayoría de ellos. En cuanto a su problema personal decirle que se denomina esclerosis del cristalino a la pérdida de elasticidad del núcleo del cristalino y atrofia de los músculos ciliares lo que suele dar lugar a la llamada presbicia que no es sino una disminución de la visión cercana. Suele deberse a un envejecimiento prematuro por el que la capacidad de la pupila para controlar la luz que entra en el ojo disminuye. Y si bien el problema puede corregirse en cierta medida quirúrgicamente -aunque le digan lo contrario- los resultados son aún inciertos. Lo más adecuado sería un tratamiento ortomolecular. Le sugerimos que consulte su caso -cada persona es un mundo- con el presidente de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular, José Ramón Llorente, en el 96 392 41 66.


Sr. Director: en primer lugar y ante todo darles la enhorabuena por la labor de información que desarrollan publicación tras publicación. En segundo, darles las gracias por la paternal paciencia que demuestran con los lectores que, como yo, acudimos a ustedes buscando remedio físico o consuelo psicológico. Para presentarme les diré que leí por casualidad su nº 61 -por casualidad porque yo era adicto al trabajo entre semana y al fútbol los festivos- y el espíritu que descubrí en general en él me movió a escribirles a Uds. y al Dr. Joaquín Amat así como a suscribirme con carácter retroactivo recibiendo al poco tiempo un gran número de publicaciones anteriores en las que estoy absorto desde que las recibí intentando leerlas todas al tiempo. Tarea imposible de necesidad pero en la que seguiré con ahínco. De lo leído hasta la fecha destacaría el reportaje sobre el Dr. Matías Rath del número 54 y su entrevista en el 55. ¡Soberbio! Ninguna lectura, ni siquiera en mis tiempos de estudiante, había despertado en mí tanta ansia por conocer más casos sobre las ciencias naturales, la física, la química, la ética, la filosofía, la religión, la historia, etc. Hasta tal punto considero importante su contenido que quería pedirles ayuda para encontrar el libro que citan de Joseph Borkin -«The Crime and Purisment of I.G. Farben»- así como el del propio Dr. Rath «¿Por qué los animales no sufren infartos y las personas sí?» También me gustaría saber si la situación del Dr. Amat ha mejorado como sin duda alguna merece. Repetidas e insuficientes gracias y enhorabuena.

Venancio Ortiz Pedraza
(Albacete)

Es usted extremadamente amable. En cuanto a sus consultas decirle que la situación del Dr. Amat no ha variado y permanece en la cárcel esperando a que el Tribunal Constitucional se pronuncie. En lo que se refiere al libro del Dr. Matías Rath se vende ya en librerías. En todo caso, si no lo tuvieran en la más cercana a su casa dígales que la distribuye Alfa & Omega y ellos de encargarán de pedirlo. Por último, el libro de Joseph Borkin puede usted adquirirlo a través de www.amazon.com


Sr. Director: gracias por mantenernos informados de tantos tratamientos como los que salen a la luz en su revista y que sin ella no conoceríamos. Y gracias por denunciar a todos esos que se mueven más por ambición de dinero que por motivos humanitarios. En fin, me gustaría que me dijeran si han tratado ustedes en alguna ocasión el problema de la hepatitis C (VHC) y si hay algún tratamiento para erradicarla ya que la tengo conmigo desde hace varios años por medio de una transfusión. Ha llegado a mis oídos que el Bio-Bac quizás la pueda curar. Si así fuera así le agradecería me lo indique. Atentamente,

Antonio Bueno Yáñez
(Barcelona)

Hemos hablado de esa enfermedad en varios artículos. Puede leerlos en nuestra web: www.dsalud.com En todo caso, es verdad que el Bio-Bac es efectivo en casos de hepatitis C. Hay ensayos clínicos que lo demuestran. Como lo es la ingesta de Viusid (lea el artículo sobre ello publicado en el nº 57 con el título «Un potente antivírico, esperanza para millones de enfermos»). También es útil la limpieza de la sangre con ozono. Y los tratamientos con productos ortomoleculares (vea lo publicado en la sección de «Medicina Ortomolecular» del número 65). Como es útil el tratamiento con Medicina Sistémica (vea el reportaje que sobre ella publicamos en este mismo número). En fin, hay muchos tratamientos de notable eficacia. Aunque, por desgracia, la mayoría de los médicos lo ignoren.


Estimado director: tal como está el mundo -y más concretamente nuestro país- creo que esta cita extraída del libro «El mensaje curativo del alma-La enfermedad como mensaje del alma» de Rüdiger Dahlke (1992) y que seguramente ya conozca resulta muy sugerente: «Éste es el error trascendental que comete el cáncer y nuevamente refleja a la perfección el error trascendental de la humanidad moderna. La célula cancerosa intenta lograr la inmortalidad sin ayuda ajena y a costa del resto del cuerpo sin darse cuenta de que es un camino que debe recorrer necesariamente con el cuerpo. Del mismo modo, la humanidad no se da cuenta de que la carrera egoísta que realiza a costa del mundo únicamente puede terminar en la extinción común. No podemos ser independientes respecto a la gran unidad a la que pertenecemos. Las ambiciones de autorrealización e inmortalidad, por otra parte totalmente justificadas, únicamente pueden culminar en la comprensión a nivel espiritual de que la única meta es el Yo, la unidad con el todo. Dicha unidad no excluye a nadie ni a nada y no puede lograrse sólo para uno mismo de manera egoísta. Se encuentra en el propio punto medio y en el de cada célula y cada persona aunque en realidad unidad sólo hay una. Ya no existe ni mi Yo ni tu Yo sino simplemente el Yo. Tenemos que encontrar en nosotros mismos la unidad, la inmortalidad del alma y reconocer que el Todo ya está en nuestro interior del mismo modo que nosotros estamos en el Todo. Pero ese es el punto final o, mejor dicho, el punto central, al que sólo el amor da acceso. Y esto también está simbolizado en el proceso canceroso. Al igual que el amor el cáncer no conoce fronteras, salva cualquier distancia, rompe todas las barreras, supera cualquier obstáculo, no se detiene ante nada, se expande en todas direcciones, invade todos los ámbitos de la vida, domina toda la existencia. El cáncer aspira a ser inmortal al igual que el amor y ni siquiera se amilana ante la muerte. Por tanto, el cáncer es realmente amor sumido en la sombra.» Un abrazo,

José Francisco Couceiro

Gracias por enviarnos la cita que compartimos plenamente.


Sr. Director: recientemente hemos enviado al Dr. Hamer una carta solidarizándonos con él ante la situación anormal que atraviesa precisamente por la defensa valiente que hace de cómo manejar las técnicas hacia la salud con su Nueva Medicina. He comprobado que en nuestro curso de Naturopatía agrada -y mucho- el enfoque que dan en su revista, ayudando y defendiendo los descubrimientos y puesta en los mercados de todo lo que creen válido para un camino mejor hacia la salud por las vías del menor daño posible y el de atajar las causas reales de la enfermedad. Gracias por facilitarnos esa información y por su valentía y buen enfoque de los que hacen gala. Por cierto, nos gustaría que se hicieran eco de esa carta. Un saludo cordial.

Luis Murilla García
(Madrid)

Le agradecemos sinceramente sus palabras. Obviamente no tenemos inconveniente en dar a conocer la carta. La publicamos pues a continuación:
«Estimado Dr. Hamer: somos un grupo de alumnos de Naturopatía de la ‘Escuela Dharma’ de Madrid que precisamente este año estamos estudiando dentro de la Nueva Medicina sus magníficas leyes sobre el origen y tratamiento de las enfermedades, las cuales nos están dejando un ‘poso’ especial muy positivo en nuestra preparación. Queremos hacerle llegar en estos momentos nuestro calor y nuestra amistad así como nuestro deseo y la convicción de que todo saldrá bien. La ‘verdad’, antes o después, se abre paso y siempre ha sido manejada por minorías que son las que poco a poco van cambiando el mundo. Deseamos que cuente con nuestras programaciones y la fuerza de nuestras intenciones para que se haga justicia y podamos seguir disfrutando de sus descubrimientos a favor de un mayor grado de salud en nuestro tiempo. No dude en comunicarnos si podemos ayudarle de alguna otra manera. Reciba un ‘fortísimo’ abrazo. Gracias por mostrarnos una LUZ en el tortuoso camino de la enfermedad».

Alumnos de Naturopatía de la Escuela DHARMA
(Madrid)


En primer lugar quisiera agradecer al director el artículo que sobre el doctor Joaquín Amat publicaron en el nº 59 de la revista. Como paciente suya no he podido por menos que admirar la forma objetiva -y, sobre todo, justa- en la que se desenvuelve el texto después de haber visto durante años cómo se le juzga y condena de antemano, cómo le pusieron trabas para desarrollar su trabajo y cómo se ensucia de forma gratuita su nombre sin que hasta el momento ningún medio de comunicación, excluida su revista, se haya parado a estudiar mínimamente su trabajo. Y eso que son muchas las personas que, como yo, han vencido el cáncer gracias a él sin que jamás se nos haya dado la posibilidad de hacer pública nuestra opinión y defenderle. Cuando mi caso -como el de muchos otros- es cuanto menos sorprendente: hace 15 años me detectaron un tumor en el oído interno y después de 4 operaciones, en vista de los resultados, decidí contactar con los mejores especialistas del mundo -incluido el famoso hospital de Houston- los cuales me indicaron, literalmente, que «no había nada que hacer» porque el tumor ya me afectaba casi el hueso del cráneo y no dejaba de reproducirse. No había pues nada que amputar. Sólo esperar a que las células cancerígenas continuaran reproduciéndose hasta acabar con mis 30 años de vida. Bueno, pues cuando ya casi había tirado la toalla y tenía todo preparado para recibir radioterapia -última posibilidad que me ofrecían aún a sabiendas de que me dejaría secuelas tales como ceguera, pérdida del paladar, ataques epilépticos, etc.- me enteré de la existencia del doctor Amat. De eso hace ya años y de mi tumor, según varias revisiones médicas posteriores, no hay ni rastro. Hoy llevo una vida normal, soy una persona completamente sana y feliz, y continúo -y esto nadie va a quitármelo jamás- inyectándome cada semana el Amatrisán. Mi curación, como la de muchas personas a quienes tuve la suerte de conocer durante mi tratamiento, no se ha debido pues precisamente a los métodos convencionales (léase quimioterapia, radioterapia, etc.). Se la debo -mejor dicho, se la debemos- exclusivamente al producto del doctor Amat -el Amatrisán- y no entendemos por tanto la persecución de la que es objeto. Es más, ¿por qué en los juicios que se celebraron contra él no se nos permitió declarar a los pacientes? ¿Por qué los medios de comunicación nos han negado siempre la posibilidad de dar nuestro parecer y hablar ante las cámaras? ¿Por qué se negaron a enfocar a los enfermos que se encadenaron durante el juicio a la puerta de los juzgados para mostrar su apoyo? No, no se ha juzgado sólo a una persona. Se juzgó nuestra posibilidad de seguir con vida, nuestra posibilidad de negarnos en redondo a someternos a terapias tan agresivas y con tantos efectos secundarios como las convencionales. Por todo eso quiero agradecerle nuevamente el artículo de Antonio F. Muro y brindarle al doctor Amat desde su revista el apoyo y el abrazo más sincero tanto mío como de tantos pacientes que, como yo, le debemos la vida. Gracias y hasta pronto, doctor.

Isabel Medina (Huelva)

Tiene usted razón. Al doctor Joaquín Amat se le ha condenado sencillamente porque estorba al sistema. Con argumentos peregrinos impropios de un estado de derecho. Y es intolerable que no se dejara declarar en el juicio no ya a los enfermos -algo vergonzoso- sino ni siquiera a los científicos propuestos por el abogado defensor. ¡A eso se llama Justicia! Todo esto explica por qué tantos pacientes nos piden con insistencia desde hace meses que les dejemos contar sus casos: porque en el juicio no les dejaron hablar. Terminamos por ello la sección de este número con la carta de otro paciente del Dr. Amat.


Sr. Director: me dirijo a usted para felicitarle por la revista que dirige y muy especialmente por el nº 59 donde considero han realizado un gran trabajo referente al doctor Amat. También quiero agradecerle la posibilidad que tuve de hablar con usted por teléfono. Me parecía mentira hablar con una persona responsable de un medio de comunicación. Además percibí cómo entendía nuestros sentimientos, nuestras preocupaciones. Es más, me atrevería a decir que usted lo estaba sintiendo como si fuera uno de nosotros y eso es de agradecer. He podido comprobar personalmente cómo en algunos medios de comunicación existe «manipulación y censura» aunque nos quieran hacer creer que existe libertad de expresión. Hoy nos bombardean en los medios de comunicación hablando de cáncer, de los supuestos avances y curaciones (que yo no veo) y de la necesidad de seguir los tratamientos hasta el final «sin abandonarlos». Únicamente nos dicen que son tratamientos «muy duros». De la quimioterapia nos hablan de náuseas, vómitos, malestar general y alopecia (caída de cabello)… efectos secundarios que -dicen- «se pasan cuando se deja el tratamiento». Pero en ningún momento les he escuchado decir que también provocan infinidad de problemas en órganos internos que luego no se recuperan, la mayoría vitales para seguir viviendo. También escuchamos hablar de la radiación que desprenden los teléfonos móviles, los ordenadores, el microondas e, incluso, la que desprende el sol por lo que nos advierten del peligro que supone estar expuesto excesivamente a las radiaciones. Eso dicen por un lado pero, sin embargo, por otro vemos cómo recomiendan y administran ciclos de radioterapia a los enfermos de cáncer. ¿Cómo puede ser bueno someterse a altas dosis de radiación? Y que producen infinidad de efectos secundarios graves se puede leer en cualquier enciclopedia de Medicina. Yo tuve la gran suerte de que me desaconsejaran la quimioterapia. Me dijeron: «Es peor el remedio que la enfermedad». Y tenía muy claro que jamás consentiría que me la administraran aunque la curiosidad me empujó a conocer más de ella y me ayudó a entender lo que estaba pasando. Con el diagnóstico que tenía no daban por mí más de seis o siete meses de vida… ¡y de eso hace 17 años! En diferentes ocasiones me han reconocido que con un diagnóstico como el mío no se llega al año por lo que al decirles el tiempo que llevaba con cáncer me dijeron que eso era «imposible». La primera salida es siempre la misma: «Sería un error de diagnóstico». Pero lo duro para quien eso afirma es que conmigo no les vale esa excusa porque tengo el diagnóstico por duplicado y fue realizado en diferentes centros. Y en cuanto a las causas de mi recuperación tampoco porque no me sometí a ninguna operación ni se me administró tratamiento convencional alguno. Personalmente jamás creí que iba a sobrevivir. Conocía la gravedad de mi diagnóstico y me bastaba con conseguir calidad de vida. Según la medicina convencional hace más de 16 años que debería estar muerta y enterrada. Años que he podido vivir de regalo gracias a la profesionalidad, humanidad, dedicación y cariño que me proporcionó el Dr. Amat y que ha hecho posible que yo pudiera vivir todos este tiempo. El Dr. Amat ha dedicado su vida por y para los enfermos de cáncer. Todos, sólo empezar, hemos podido comprobar cómo iba mejorando nuestra calidad de vida. Algunos superamos la enfermedad y otros pudieron vivir más tiempo. No olvidemos que estamos hablando de enfermos terminales y la mayoría sabíamos el tiempo que nos quedaba de vida (algunos llegaron al doctor Amat después de ver que repetidamente les fallaba la medicina convencional y otros cuando ya les dijeron que no podían hacer nada más por ellos). Bueno, pues por salvar vidas, hacer que otros vivan más tiempo y proporcionar calidad de vida administrando un tratamiento inocuo -es decir, sin efectos secundarios- se condenó al Dr. Amat por ¡estafa y delito contra la salud pública! Así que después de saber todo esto, yo me pregunto: ¿qué palabras debería utilizar para calificar a aquellos que venden, colaboran y administran quimioterapia y radioterapia como tratamiento para el cáncer siendo conscientes de su escasa eficacia y de la gravedad de sus efectos secundarios? Quisiera finalizar felicitando públicamente al Dr. Amat por su lucha en favor de los enfermos de cáncer. Sería mucho lo que tendría que decir para agradecérselo pero para resumir sólo diré: «Gracias Dr. Amat por haber hecho posible que siguiera viviendo».

Esperanza Molio Enríquez
(Huelva)


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68
Enero 2005
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