|
|


| INTOLERANCIAS
Y ALERGIAS ALIMENTARIAS |
El uso y abuso por la industria alimentaria
de pesticidas, conservantes, colorantes, aromatizantes,
espesantes, acidulantes, edulcorantes, potenciadores del
sabor y otros elementos químicos en los alimentos, la manipulación
y manufacturación industrial de estos, la deficiente alimentación
animal, la contaminación del aire, frutos y plantas por
derivados del petróleo, la mala práctica agrícola y los
numerosos elementos sintéticos con los que entramos en contacto
está provocando un notable aumento de los casos de alergias
alimentarias que, con frecuencia, desembocan en las más
variadas dolencias. Un problema considerado "menor" que,
sin embargo, hace ya la vida casi imposible a un número
cada vez mayor de personas.
Poca gente es consciente pero la intolerancia a un alimento
puede ser causa de la hinchazón de abdomen, la retención
de líquidos, la flatulencia, el mal olor corporal, el sobrepeso,
la obesidad, la dificultad para adelgazar, los dolores de
cabeza y estómago, numerosos problemas gastrointestinales,
la diarrea, la sinusitis y otras complicaciones respiratorias,
la artritis, los problemas de la piel, la fatiga crónica
y el cáncer, entre otras dolencias. Y lo malo es que podemos
ser intolerantes sin que lo sepamos ya que en ocasiones
no hay síntomas agudos -sarpullidos, vómitos, diarrea, dolor...-
que nos adviertan de esa posibilidad. De ahí que en mi libro
La Dieta Definitiva aconseje a quienes vayan a seguirla
que se hagan un test de intolerancia antes de empezarla.
DIFERENCIA ENTRE
INTOLERANCIA Y ALERGIA
Hay que aclarar que las reacciones a
los alimentos varían mucho en intensidad y que mientras
en unos casos se limitan a pequeñas molestias en ocasiones
extremas pueden incluso llevar a la muerte; depende del
tipo y severidad de la reacción y de la cantidad de alimento
ingerido. Pues bien, una alergia alimentaria se distingue
de la intolerancia y de otros trastornos en que el organismo
produce anticuerpos y libera histamina y otras sustancias
similares. En cuanto a los síntomas, suelen manifestarse
fundamentalmente en la piel, el estómago y los intestinos,
y comienzan generalmente antes de transcurrir 2 horas desde
la ingesta del alimento.
Una alergia es, pues, una reacción exagerada de respuesta
del sistema inmune ante cualquier sustancia extraña que
considera potencialmente peligrosa para la salud. Cuando
la misma entra en nuestro cuerpo o se pone en contacto con
él se generan rápidamente una serie de mecanismos que tienen
como objetivo defenderlo. Primero se produce una fase de
reconocimiento en la que nuestro sistema inmune trata de
averiguar de qué tipo de partícula se trata; y luego, si
considera que es peligrosa, manda a los leucocitos a acabar
con todo virus, bacteria, polen o cualquier otro elemento
extraño que pueda dañarnos. Algo que hace a través de los
macrófagos (monocitos) y neutrófilos cuya acción es, en
ocasiones, suficiente. Pero no siempre. En tales casos,
como quiera que toda sustancia extraña posee un antígeno
que facilita su reconocimiento, los linfocitos se ocupan
de identificarlos y de producir los anticuerpos necesarios
para combatir a los agentes invasores.
Y si ello no es suficiente aún nuestro cuerpo opta entonces
por fabricar diversas sustancias naturales a fin de combatir
a los invasores, entre las que destaca la histamina. El
problema aparece cuando este sistema se activa de forma
incontrolada y el número de anticuerpos resulta excesivo.
A eso precisamente es a lo que se denomina una "reacción
alérgica".
LA
INCIDENCIA DE LAS ALERGIAS PRIMAVERALES
Poca gente lo sabe pero la intolerancia a los alimentos
aumenta en primavera. ¿Y por qué? Pues porque las alergias
primaverales que convencionalmente se achacan al polen de
las plantas en realidad no se deben tanto a ello como a
la contaminación por hidrocarburos. Es decir, es verdad
que es durante el transporte por el viento de los pólenes
de las plantas -lo que se conoce como "fiebre del heno"-
cuando se producen las molestias en ojos y nariz así como
la aparición de crisis asmáticas en personas sensibles pero
ello se debe, sobre todo, a la contaminación de las plantas
por los hidrocarburos.
Así lo admiten ya muchos expertos, entre ellos Javier
Subiza, coordinador durante mucho tiempo del equipo
encargado de vigilar la concentración de pólenes en el aire
de nuestro país, quien explicó hace ya tiempo en la revista
que ha habido un dramático aumento de las alergias en las
últimas décadas. En 1920, por ejemplo, un estudio hecho
en Suiza demostraba que la polinosis no afectaba más que
al 0.5% de la población pero en 1993 el porcentaje era ya
superior al 11%. Y hablamos de la población en general porque
si nos remitimos sólo a la infantil comprobamos que en ciudades
como Londres los casos llegan hoy al 33%.
¿Cómo explicarlo? Es simple: estudios epidemiológicos recientes
-tanto españoles como extranjeros- han probado que los problemas
de alergia al polen son el doble de frecuentes en el ambiente
urbano que en el campo a pesar de que las concentraciones
de polen en el campo son mucho mayores. Lo que parece indicar
que la causa de las alergias, más que al polen, se debe
a la contaminación ambiental por los derivados del petróleo.
Contaminación, como es obvio, que afecta igualmente a las
frutas y vegetales que ingerimos.
EL
PELIGRO DE LOS PESTICIDAS
También el uso masivo de pesticidas es una de las causas
comprobadas de muchos casos de intolerancia alimentaria,
alergias e, incluso, patologías mucho más graves. Así que
le aconsejamos que lave muy bien las frutas y vegetales
que consuma.
La primera familia de pesticidas utilizados masivamente
en agricultura fueron los organoclorados y la mayoría hubo
que prohibirlos con el tiempo porque se demostró que eran
tóxicos. Los reemplazarían los organofosforados, familia
de la que hay más un centenar de tipos. Y eso a pesar de
que se sabe que muchos son tóxicos -afectan al cerebro y
al sistema nervioso-, mutágenos y hasta cancerígenos. Su
presencia en los alimentos se ha relacionado con asma, eccemas,
migrañas, depresión, disminución de la memoria, agresividad,
Parkinson, colon irritable, rinitis... De hecho, no está
en absoluto descartado que fueran los auténticos responsables
del conocido "síndrome tóxico" que afectó a miles de españoles
hace más de dos décadas -y cuya causa se achacó al aceite
de colza desnaturalizado- así como los culpables reales
del mal de las vacas locas (ver el nº 25 de Discovery
DSALUD).
LA
ALERGIA AL GLUTEN
El gluten -proteína presente en el trigo, la cebada, el
centeno y la avena- provoca también problemas a numerosas
personas a causa de uno de sus componentes: la gliadina.
Parte de ellas lo saben porque llega a destruirles las vellosidades
del intestino y digieren mal los alimentos. Pero a otras
-el grado de intolerancia varía mucho y depende de la cantidad
de alimento que se ingiera- les provoca problemas digestivos
habituales... sin que sospechen la causa.
Según muchos expertos el origen de la enfermedad celiaca
-así se llama a esta intolerancia- es genético pero a veces
no se manifiesta hasta edades muy avanzadas. De hecho, suele
haber un detonante físico para su aparición, desde un elevado
o continuo consumo de gluten a un embarazo o una infección
viral. Y aunque el problema afecta a ambos sexos es dos
veces más frecuente entre las mujeres. Se calcula que en
España es alérgica al gluten una de cada 250 personas.
Los síntomas más comunes son a veces contradictorios ya
que se puede sufrir lo mismo estreñimiento que diarrea crónica
así como vómitos, dolor e hinchazón del abdomen y falta
de apetito y peso. Además, uno se vuelve fácilmente irritable.
El diagnóstico es, por ello, uno de los principales problemas
para saber si se es alérgico. Pero una vez se es consciente
de que se sufre la única forma de evitar los trastornos
es eliminar el gluten para siempre.
Los principales alimentos que lo contienen son el pan, las
harinas de trigo, centeno, avena y cebada, la bollería,
las galletas y productos de repostería, la pasta alimenticia
(fideos, macarrones, tallarines, etc.), los yogures con
trozos de fruta y cereales, las bebidas destiladas o fermentadas
a partir de cereales (whisky, cerveza, agua de cebada y
determinados licores), las bebidas malteadas y todo producto
manufacturado en cuya composición se incluya alguna de las
harinas citadas o bien almidones, féculas, sémolas, etc.
Pero sepa que también pueden contenerlo los embutidos, los
quesos (sobre todo los fundidos), los patés, las conservas
de carne o pescado, las salsas (ketchup, de soja, mayonesa,
etc), los caramelos y golosinas, el chocolate, la manteca
vegetal, los postres de leche (natillas, flanes...), el
café soluble y sus sucedáneos, los frutos secos tostados,
los sucedáneos de chocolate, los helados, los productos
que lleven colorantes y espesantes, la pimienta molida,
el curry en polvo y muchos medicamentos.
LA
INTOLERANCIA A LOS LÁCTEOS
Son igualmente muchas las personas que no toleran -o toleran
mal- la leche. En España, unos 4 millones. Una intolerancia
cuyo origen puede ser genético o adquirido. Bueno, en realidad
la intolerancia se debe generalmente al azúcar que contiene
la leche, es decir, a la lactosa (un disacárido compuesto
por galactosa y glucosa). Y la razón es que para poder metabolizarla
el organismo utiliza una enzima denominada lactasa de la
que algunos carecen desde el nacimiento y en otros va disminuyendo
poco a poco con la edad. Depende de la genética. Muchos
pueblos asiáticos, por ejemplo, no la toleran ya que culturalmente
no fueron nunca consumidores de leche y su cuerpo no la
produce. En otros casos, la lactasa desaparece en torno
a los tres años.
¿Y qué pasa cuando no se puede absorber por falta de lactasa?
Pues que la leche ingerida fermenta generando ácido láctico
y metano que provocan -según las personas- dolores, espasmos,
gases, hinchazón abdominal, vómitos y diarreas ácidas seguidas
de estreñimiento. El grado de intolerancia depende sólo
del déficit de lactasa que se tenga. Así, mientras a algunos
la reacción negativa les sobreviene tomando un simple sorbo
de leche a otros sólo les afecta si toman una buena cantidad.
En suma, el número de problemas que puede provocar -o agravar-
el consumo de leche y sus productos derivados es numeroso.
Numerosos médicos recomiendan que se supriman por completo
cuando se padecen las siguientes dolencias: alergias, artritis
(incluyendo la reumatoidea), asma, enfermedades autoinmunes,
bronquitis, colon irritable, diarrea, eccemas, eneuresis
(incontinencia urinaria), flatulencia, inflamación abdominal
e intestinal (colitis ulcerosa, ileítis regional, etc.),
esclerosis múltiple, infecciones de oído (incluida la otitis
recurrente), migrañas y jaquecas, osteoartritis, osteoporosis,
problemas de senos parasanales y úlceras pépticas.
LA
INTOLERANCIA AL PESCADO Y AL MARISCO
El pescado y el marisco son, junto a la lactosa y el gluten,
los nutrientes que mayor número de casos de intolerancia
y alergias provocan. Normalmente se debe a una proteína
natural de alto poder antigénico, la histamina, que se forma
al descomponerse.
También el parásito Anisakis simplex puede causar
reacciones alérgicas. De unos 2 centímetros de largo, sus
larvas viven en el estómago de especies como el atún, el
bacalao, la merluza, algunos cefalópodos -como el calamar,
el pulpo y la sepia- y ciertos crustáceos -es el caso de
los cangrejos y las langostas-. Y puede introducirse en
nosotros al ingerir pescado crudo, ahumado, en escabeche,
en salazón, marinado o poco cocinado. A veces puede ser
grave. No hay peligro de infectarse, en cambio, cuando el
alimento estaba congelado o se ha cocinado con calor ya
que las larvas mueren en ambos casos.
También comerlo contaminado con toxinas, bacterias o virus
es hoy día una posibilidad real por desgracia. El responsable
más común de estas intoxicaciones es una bacteria: el Vibrio
bacterium. Suele introducirse cuando el producto crudo
ha sido indebidamente manipulado y provocar diarrea y dolores
abdominales que duran entre 1 y 7 días aunque en casos aislados
puede ser mortal.
El virus de Norwalk, por su parte, puede causar diarrea
con deshidratación. Se ha asociado sobre todo al consumo
de ostras crudas pero también puede transmitirse a través
del agua y el hielo contaminados, las ensaladas, otros moluscos
e, incluso, por contagio directo entre personas.
También pueden contener residuos químicos tóxicos como el
metilmercurio (MeHg), los bifeniles policlorados (PCB) y
las dioxinas.
Las reacciones, dependiendo de la causa, pueden ser cutáneas
-urticaria e hinchazón en cara, párpados, labios y pómulos
así como dermatitis atópica-, respiratorias -crisis de asma
o de rinitis-, gastrointestinales -dolor abdominal, náuseas,
vómitos y diarreas-, neurológicas -migraña- y hasta anafilácticas
-graves y de carácter general.
Otros alimentos que provocan con frecuencia intolerancia
o alergias son las nueces, los cacahuetes, los tomates,
los cítricos (tomados en ayunas son la causa de muchos dolores
de cabeza), los melones, las fresas y algunas frutas tropicales
como la piña.
EL
TRATAMIENTO
El tratamiento de las alergias alimentarias consiste en
eliminar de la dieta el alimento responsable una vez identificado.
Así de sencillo. Y de rotundo porque no existen fármacos
preventivos eficaces ni tratamientos desensibilizantes.
En el mejor de los casos, los síntomas pueden tratarse con
antihistamínicos o cremas calmantes para la piel. Las reacciones
severas, empero, requieren tratamiento mediante inyección
de epinefrina (adrenalina).
En suma, lo único que podemos hacer si sufrimos intolerancia
o alergia a algún alimento es eliminarlo de nuestra dieta.
Para lo cual hay que averiguar qué alimento -o alimentos
-nos sientan mal mediante uno de estos procedimientos:
-Eliminando los alimentos sospechosos y comprobando si mejoramos
cuando dejamos de tomarlos.
-Mediante alguna prueba cutánea. La denominada prick-prick
consiste en picar el alimento fresco con una lanceta y a
continuación pinchar la piel del antebrazo del paciente
con ese mismo instrumento y analizar la reacción transcurridos
15 minutos. Si el resultado es positivo se forma una pápula.
-Testando el alimento. Se trata de sostener el alimento
en la mano y constatar si el pulso se altera. Hay aparatos
electrónicos -poco difundidos- que también lo detectan bioenergéticamente.
-Constatando la presencia en la sangre de anticuerpos específicos
al alergeno (prueba de radio-alergo-absorbencia o RAST).
-Mediante un análisis de sangre. Es el método más rápido
y concreto. Lamentablemente, son sólo un centenar los médicos
que hoy día lo encargan. El método consiste en extraer un
poco de sangre, dejarla reposar, centrifugarla, extraer
entonces el suero sanguíneo y medir en laboratorio la cantidad
de inmunogloblinas G presentes que son las que nos indican
el grado de sensibilidad a un alimento (las inmunoglobulinas
E indican las alergias). Sabremos así el grado de intolerancia
a los 100 alimentos más comunes de la alimentación. El test
viene a costarle al paciente entre 215 y 300 euros (depende
del médico al que acuda).
En suma, tanto si quiere evitar los problemas mencionados
al principio de este texto como si pretende adelgazar le
sugerimos que se haga un test para eliminar cuanto antes
de su dieta habitual los alimentos a los que sea intolerante
o alérgico. Su salud mejorará notablemente.
José
Antonio Campoy
Nota: los lectores interesados en hacerse un test
de intolerancia alimentaria pueden llamar al Laboratorio
del Dr. Calderón al 964 22 02 16.
PRINCIPALES
SÍNTOMAS DE LAS INTOLERANCIAS Y ALERGIAS ALIMENTARIAS
Los siguientes son los principales síntomas que puede provocar
la ingesta de un alimento al que se es intolerante o alérgico:
-Alteraciones oculares: lagrimeo, irritación conjuntival,
picor, fotofobia.
-Alteraciones nasales: estornudos, secreción acuosa (rinitis),
obstrucción y picor en el interior de la nariz.
-Dificultad para tragar.
-Irritación de garganta.
-Prurito de la boca, garganta, ojos, piel o cualquier área.
-Dolor abdominal.
-Diarrea.
-Náuseas.
-Vómitos.
-Cólicos estomacales.
-Ronchas (urticaria).
-Angioedema (hinchazón de los párpados, cara, labios y lengua).
-Mareos y desmayos.
-Anafilaxia (que puede producir la muerte).
-Crisis asmáticas que se manifiestan mediante sensación
de falta de aire, ruidos torácicos silbantes, opresión en
el pecho y accesos de tos seca.
|
|
|
|
© 2006 DSALUD.COM Ediciones MK3
S.L. C/ Puerto de los Leones 2, 2ª Planta. Oficina 9, 28220 Majadahonda,
Madrid. TF:91 638 27 28. FAX:91 638 40 43. e-mail: mk3@dsalud.com
|
|
|
|