Alergias de primavera

El número de personas afectadas por las alergias primaverales crece de forma imparable año tras año. Hasta el punto de que los expertos creen que en menos de un lustro más de la mitad de los europeos padecerán trastornos alérgicos en primavera. Claro que también son cada vez más los expertos que entienden que la causa no está tanto en el aumento de las concentraciones de polen sino en el mayor índice de contaminación ambiental, convencidos de que es el petróleo y sus derivados -y no el polen en sí- el origen del problema.

Una alergia es una reacción exagerada de respuesta del sistema inmunológico ante cualquier sustancia extraña que considera potencialmente peligrosa para la salud. Cuando esta sustancia entra en nuestro cuerpo o se pone en contacto con él, se generan rápidamente una serie de respuestas que tienen como objetivo la defensa del organismo. Primero se produce una fase de reconocimiento en la que nuestro sistema inmunológico trata de averiguar de qué tipo de partícula se trata; luego, si considera que es peligrosa, los leucocitos -células de la sangre altamente especializadas- se constituirán en un auténtico ejército para tratar de acabar con aquellos virus, bacterias, pólenes o cualquier otro elemento extraño que pueda dañarnos. Algo que hace a través de los macrófagos (monocitos) y neutrófilos cuya acción es, en ocasiones, suficiente. Pero no siempre. En tales casos, como quiera que toda sustancia extraña posee un antígeno que facilita su reconocimiento, los linfocitos se ocupan de identificarlos y de producir los anticuerpos necesarios para combatir a los agentes invasores.

Si ello no es suficiente aún, nuestro cuerpo opta entonces por fabricar diversas sustancias naturales a fin de combatir a los invasores, entre las que destaca la histamina. El problema aparece cuando este sistema se activa de forma incontrolada y el número de anticuerpos resulta excesivo. A eso precisamente se denomina una «reacción alérgica».

TIPOS DE ALERGIA 

Existen muchos tipos de alergia. De hecho, casi todo el mundo reacciona de forma hipersensible a alguna sustancia concreta. De ahí que las alergias se clasifiquen según su causa y la parte del cuerpo a la que afectan. Obviamente, el mejor modo de combatirlas es evitar la exposición al agente desencadenante pero eso no siempre es posible.

La rinitis alérgica es en esta época la más frecuente y viene provocada por partículas que transporta el aire -por lo general, polen y hierbas- aunque en ocasiones se trata de mohos, polvos o hasta caspa procedente de los animales. Este tipo de alergia puede ser estacional o primaveral. Otros episodios alérgicos tienen, sin embargo, un origen bien distinto: la intolerancia a un alimento o fármaco concreto, las picaduras de insectos, la reacción ante un estímulo físico -la luz solar, el frío o el calor- o el ejercicio excesivo, que frecuentemente provoca ataques de asma.

LA FIEBRE DEL HENO 

Así se conoce también a la alergia al polen, una de las más frecuentes en primavera. Detectada por primera vez hace casi dos siglos, el número de personas que sufren las consecuencias de este tipo de alergia es cada vez mayor, especialmente en los países industrializados. Y mayor también en las ciudades que en el campo. Algo que en principio no parecería tener sentido si el desencadenante del proceso fuera sólo la concentración de polen en la atmósfera ya que ésta es menor en las ciudades. Contradicción que se explica porque, según las últimas investigaciones, la causa del aumento de las alergias primaverales estaría en la mayor contaminación atmosférica a causa del petróleo y sus derivados, cuyo espectacular aumento de consumo en el último medio siglo habría vuelto cada vez más alergénicos a los pólenes y más sensibles a esas sustancias a las personas.

Otros estudios apuntan, además, que en estos casos la respuesta inmunológica es más virulenta que la que se desata en una atmósfera limpia.

CUÁNDO SE PRODUCE 

Un solo grano de polen no es capaz de desatar un episodio alérgico. Para que esto suceda es preciso que la concentración sea -en general- de más de 50 granos por metro cúbico. Es entonces cuando la irritación ocular, el lagrimeo, los picores, los estornudos y hasta las crisis asmáticas pueden hacer su aparición. De hecho, más del 80% de los problemas de asma bronquial están producidos por una alergia y más del 7% de los españoles padecen de asma.

A veces la reacción provoca una irritación de los labios. Esto sucede cuando el contacto con el polen se ha producido a través de una fruta contaminada por esta sustancia, algo frecuente en el caso de los melocotones debido a las vellosidades características de su piel, en las que se alojan los granos de polen.

CONSEJOS PARA ENFRENTARSE AL PROBLEMA 

En determinadas épocas y lugares geográficos es muy difícil aislarse del polen; éste viaja en la atmósfera e, inevitablemente, nos vamos a topar con él. Sin embargo, sí es posible tomar una serie de precauciones que nos permitan minimizar el problema. Especialmente este año, en el que la pertinaz sequía no ha permitido limpiar la atmósfera, la contaminación es mayor y se espera una polinización intensa. Estos son nuestros consejos:

-Evite las salidas al campo en las épocas en que la concentración de polen es más alta.
-No permanezca durante mucho tiempo al aire libre en días soleados y de viento.
-Aléjese de jardines y céspedes cuando se estén podando.
-Si la concentración de polen es alta, conviene mantener las ventanas cerradas, tanto las de casa como las del coche; y, por supuesto, no viaje en moto o bicicleta.
-Haga uso de antihistamínicos o sprays nasales para aliviar los síntomas alérgicos.
-Ante una crisis asmática, los dilatadores bronquiales, los antiinflamatorios y los corticoides inhalados pueden ser de gran utilidad.
-Recurra a los derivados de la cortisona sólo cuando los otros fármacos no resulten efectivos.
-Utilice mascarillas específicas para prevenir el contacto con el polen pero recuerde que no todas son eficaces. Sólo las clasificadas como tales por la normativa europea EN-149 suponen un sistema de prevención que a las personas alérgicas les permitirá respirar con tranquilidad en ambientes contaminados.
-Pulverice con agua la habitación para que los pólenes que puedan estar suspendidos en la atmósfera se depositen en el suelo.

Otra posibilidad es la inyección subcutánea de diversas dosis de pólenes que paulatinamente se van incrementando hasta lograr la tolerancia del paciente. Suelen ser necesarios de cuatro o cinco años para que se dé un alivio significativo de los síntomas, principalmente en aquellos casos en los que se padece de asma como consecuencia de la inhalación del polen. Este tratamiento requiere de pruebas cutáneas en las que se observa la reacción del enfermo a los distintos tipos de polen. A partir de estos tests, el alergólogo será el encargado de prescribir el tratamiento más adecuado para cada paciente.

Finalmente, decirle que la mejor terapia es prevenir. Y que la mejor manera de prevenir es aumentar las defensas de nuestro sistema inmunológico. Nuestro experto le explica cómo hacerlo en la sección de Remedios Naturales.

 Raquel González Arias

Este reportaje aparece en
15
Abril 2000
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