Lentillas de última generación

Dormir, tomar el sol e incluso practicar deportes de alto riesgo no es ya algo limitado por los problemas de la visión. Las nuevas tecnologías nos permiten el uso de lentes de contacto cada vez más seguras, higiénicas, cómodas, eficaces y adecuadas para cualquier trastorno ocular, incluido el de la vista cansada. Hasta podemos encargar lentillas que nos protejan del sol.

Han pasado ya casi dos siglos desde que el médico inglés Thomas Young inventara las primeras lentes de contacto. Un experimento que le costó caro porque lo que se le ocurrió fue sacar de su microscopio los pequeños lentes que lo formaban, recubrirlos con cera blanda y colocárselos él mismo en los ojos. La miopía que se provocó fue, sin embargo, el origen de la avanzada técnica actual que permite corregir todo tipo de problemas oculares y disfrutar de actividades limitadas -hasta su invención- para quienes llevan gafas.

El desarrollo de nuevos materiales y diseños ha desembocado en una amplia gama de lentes de contacto: las de uso prolongado -que pueden llevarse de forma ininterrumpida hasta 30 días seguidos-, las solares -para realizar todo tipo de actividades al aire libre con total movilidad y protección- y las progresivas, solución ideal para acomodar la vista de quien padece presbicia a cualquier distancia.

¿DORMIR CON LENTES DE CONTACTO?    

Ciertamente. Lo que hasta hace poco parecía una meta inalcanzable hoy es ya una realidad a disposición de quienes quieran colocarse las lentillas y olvidarse de ellas durante todo un mes. Revolución que llega de la mano de un novedoso material -el Lotrafilcon A– que, aplicado a la fabricación de lentes de contacto blandas, permite un uso continuado y seguro. Claro que alcanzar este objetivo ha costado siete años de intensas investigaciones en las que han intervenido más de un centenar de científicos e ingenieros ópticos, todos ellos al servicio de una misma idea: la comodidad del paciente sin riesgos para su visión.

Hasta la fecha las lentes de contacto convencionales contaban con diversas limitaciones que obligaban al usuario a tomar determinadas precauciones; por ejemplo, para evitar la hipoxia corneal (insuficiencia de oxígeno) o la falta de hidratación. El Lotrafilcon A ha puesto punto final a estos problemas. Su eficacia radica en su composición, una mezcla de agua y silicona que permite una transmisión de oxígeno hasta seis veces superior de la que proporcionan las lentes blandas tradicionales. Con ello se minimiza el riesgo de que aparezca alguna complicación derivada de la insuficiente oxigenación de la córnea. Y es que el ojo debe recibir oxígeno constantemente, bien de la propia atmósfera a través de la película lagrimal, bien de los vasos sanguíneos capilares, palpebrales y limbales. Las lentes de contacto conseguían ese efecto durante el día pero no lograban mantenerlo en las horas de sueño lo que obligaba a retirarlas transcurridas 12 horas o, en el caso de las lentes de uso prolongado, seis días, con el riesgo de alguna complicación que podía manifestarse inmediatamente o después de varios meses de utilización. Con este nuevo material, sin embargo, la oxigenación es constante. El efecto se mantiene durante 30 días y 30 noches de forma continua dejando al ojo respirar.

Otras ventajas del Lotrafilcon A son su buena humectabilidad y su alta resistencia a los depósitos, dos propiedades de las que siempre han carecido los materiales derivados de la silicona y de las que esta nueva generación de lentillas puede presumir. Consiguen no sólo una óptima hidratación del ojo sino también un ahorro de coste importante ya que no precisan de líquidos limpiadores para su mantenimiento. Además, al reducirse el grado de manipulación de las lentes disminuye también el riesgo de infecciones asociadas a su uso ya que es más higiénico.

Comodidad y estética se unen así a seguridad y eficacia para hacer frente a todo tipo de trastornos visuales aunque sólo valen en los casos de miopía de hasta seis dioptrías. Además, pueden ser adecuadas para muchos de los pacientes que no toleraban los materiales de las lentillas convencionales.

La Comunidad Europea aprobó la comercialización de este producto tras los excelentes resultados obtenidos en los ensayos clínicos, que han durado tres años y en los que han intervenido más de dos mil personas. En nuestro país también se han desarrollado pruebas de garantía que avalan estas lentes de uso continuo; su facilidad de uso y la ausencia de efectos secundarios han hecho del Lotrafilcon A la gran revolución de los últimos 25 años en el campo de la Contactología.

LENTES DESECHABLES DE USO DIARIO, SEMANAL, QUINCENAL O MENSUAL 

No todos los oftalmólogos están convencidos, en cualquier caso, de que lo más conveniente sea llevar lentillas un mes seguido sin descansar por muy porosa que éstas resulten y aunque dejen pasar seis veces más oxígeno que las convencionales. Según su criterio, la lentilla no deja de ser un obstáculo entre el ojo y la atmósfera, un agente externo que se interpone entre ambos. Y por eso aconsejan a sus pacientes el uso de lentes de contacto desechables, cada vez más modernas, sofisticadas y respetuosas con el ojo. Los nuevos diseños, además de evitar la acumulación de depósitos a largo plazo, aseguran una visión clara y nítida sin ser necesarias soluciones ni líquidos de mantenimiento. Además, su espesor es cada vez menor y se adaptan fácilmente al globo ocular. Por otra parte, al alternarse con las gafas se permite el descanso del ojo. En la actualidad hay diferentes posibilidades, desde las lentillas de uso diario que luego se tiran a las que pueden llevarse ininterrumpidamente seis, quince o treinta días.

PROTEGIÉNDONOS DEL SOL 

Otra de las novedades más singulares es la creación de lentillas solares -graduadas o no- para protegerse del sol. Una buena opción cuando el uso de gafas es incómodo o, incluso, peligroso. Por ejemplo, en deportes de alto riesgo o al practicar actividades que requieren mucha movilidad.

Protegerse los ojos del sol constituye hoy una parte importante de la labor de las empresas oftalmológicas y farmacéuticas, sobre todo desde que se tuviera conocimiento de la destrucción de la capa de ozono y supiéramos de la mayor incidencia de la radiación ultravioleta en los seres humanos. Como el lector sabe, los rayos ultravioletas -que pueden ser de tipo A o B- constituyen una parte de la radiación electromagnética del sol imperceptible a simple vista pero de la que, sin embargo, debemos protegernos.

En la naturaleza existen filtros naturales cuyo objetivo es precisamente protegernos de esas radiaciones: la propia atmósfera, la córnea ocular y el cristalino, cada uno de los cuales filtra un determinado tipo de rayos ultravioleta. Sin embargo, cuando la intensidad luminosa es muy acusada conviene recurrir a una protección adicional, especialmente las personas operadas de cataratas, más sensibles a la luz del sol.

Y, por cierto, es un error bastante común creer que una lente oscura protege mejor que una clara. No es así. Es más, un tono oscuro disminuye el umbral luminoso y perjudica la agudeza visual. Lo importante es que el filtro de rayos ultravioleta sea el adecuado y para eso conviene ponerse en manos de expertos antes de decidirnos por un tipo de protección u otra. Tanto si hablamos de gafas como de lentes de contacto.

LENTILLAS… SOLARES 

Bien, pues ya tenemos a nuestra disposición lentillas orgánicas fotocromáticas que cambian de color con la intensidad luminosa y que son capaces de filtrar el 100% de la radiación UVB y el 99% de la radiación UVA.

Lentillas solares de última generación que, además de filtrar eficazmente la intensidad luminosa y la radiación ultravioleta, tienen buena calidad óptica, característica sumamente importante se precise o no de graduación. Es decir, sin ningún tipo de aberración -distorsiones, alteraciones cromáticas, etc.- pues de ser así el ojo podría verse seriamente perjudicado. Un sabio consejo es huir, por tanto, de las gangas de los mercadillos ya que en ocasiones usar ciertas gafas es más peligroso que tomar el sol sin protección.

Existen distintas tonalidades, cada una de ellas adecuada para una situación concreta. Básicamente podemos distinguir entre las de uso urbano -con una absorción solar de entre el 12% y el 50%- y las de uso al aire libre -con un índice del 75%-. Además, el color de cada lentilla puede ser uniforme, degradado o bidegradado con lo que a la protección y graduación se añade una función estética.

También es posible añadir a la lentilla un filtro con tratamiento anti-rayado, anti-reflejante y anti-suciedad, opciones que potencian notablemente su atractivo.

Y, por supuesto, pueden ser graduadas: las lentillas solares pueden corregir cualquier tipo de ametropía -miopía, astigmatismo e hipermetropía- e, incluso, la presbicia o vista cansada.

LENTILLAS PARA LA VISTA CANSADA 

La presbicia -o vista cansada- es un fenómeno fisiológico ligado a la edad cuyo principal síntoma es la pérdida de enfoque visual. De hecho, es un trastorno tan natural y habitual que podría decirse que a partir de los 50 años todos somos -en mayor o menor grado- présbitas.

Ya en 1959 nacía la primera lente progresiva, el principio del fin de ir siempre acompañado de dos pares de gafas: unas para leer y otras para conducir, unas para coser y otras para pasear. Luego, en los noventa, la contactología dio un nuevo paso y presentó las lentillas progresivas, alternativa para quienes precisaban de mayor libertad. El problema es que aún no alcanzan la definición de las gafas. Claro que eso es sólo cuestión de tiempo.

Raquel González Arias

Este reportaje aparece en
15
Abril 2000
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