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Contienen nutrientes
esenciales para el organismo
ALIMENTOS GERMINADOS: SEMILLAS DE SALUD |
Los germinados son uno de los pocos alimentos
que ingerimos cuando aún están vivos y este simple hecho aumenta
exponencialmente su valor nutricional que se mantiene intacto
hasta el mismo momento en que los comemos. Entonces ayudan a
su propia digestión de modo que permiten que el organismo descanse
y se regenere. Por otro lado, su riqueza en enzimas, clorofila,
aminoácidos, minerales, vitaminas y oligoelementos vivos les
convierte en alimentos completos que pueden contribuir a corregir
las carencias de la alimentación moderna. En fin, unos productos
quizá no muy conocidos que, además, podemos cultivar y conservar
fácilmente en casa.
Redescubiertos
por los consumidores occidentales hace apenas 25 años los germinados
son el alimento "vivo" más antiguo que se conoce. De hecho, las
primeras referencias se remontan a la China de hace seis milenios
donde, además de como alimento, se empleaban a modo de remedio
terapéutico para tratar diversas dolencias. Pero no sería hasta
el siglo XVIII cuando se conocerían en Europa sus poderosos efectos
antiescorbúticos de la mano del legendario Capitán Cook
quien durante más de tres años consiguió que ningún miembro de
su tripulación muriera de escorbuto por falta de vitamina C suministrándoles
a diario un té elaborado con judías germinadas. Posteriormente,
ya en el siglo XX, se ha contrastado que las semillas germinadas
son el remedio más barato y efectivo para combatir esta grave
dolencia. Y no sólo eso porque también se sabe que sus enzimas,
vitaminas, minerales, oligoelementos, aminoácidos y clorofila
les confieren unas interesantes propiedades antioxidantes, desintoxicantes,
inmunoestimuladoras, reconstituyentes, favorecedoras de la regulación
intestinal y tonificantes del sistema nervioso.
En resumen, comer semillas germinadas es comer vida con lo que
ello significa de incorporar vigor y energía a todas las células
del cuerpo.
SANOS Y NUTRITIVOS
Una de las ventajas más significativas de
los germinados es el hecho de que hacen fácilmente digerible aquello
que por sí mismo no lo es. Nos referimos a que muchas semillas
-de cereales o leguminosas, por ejemplo- son alimentos que los
humanos no podemos comer tal cual porque crudas resultan difíciles
de digerir y, sin embargo, al germinar se convierten en un alimento
fácilmente asimilable que libera todos sus nutrientes encapsulados
y aumenta de forma espectacular el valor nutricional de la propia
semilla y hasta de la planta o fruto a la que hubiera dado lugar.
Un simple dato: al germinar las semillas pueden aumentan su peso
un 600% y su volumen un 2.900%. Y lo mismo ocurre con sus aportes
de nutrientes. Por ejemplo, en la soja germinada el contenido
de vitamina A y carotenos se duplica en sólo 2 días, alcanza el
280% a las 54 horas y llega al 370% de su cantidad inicial en
apenas 72. En cuanto a la vitamina C contenida en el trigo aumenta
un 600% en los primeros días de germinación y su vitamina E se
triplica en sólo cuatro días. Por lo que respecta al volumen y
contenido de agua, pasa a ser de entre un 5 y un 10% en la semilla
a ser de en torno a un 70% en el germinado. Estos porcentajes
dicen mucho acerca del potencial nutritivo de estos productos.
Pero, ¿qué se necesita para hacer germinar una semilla? Pues algo
tan sencillo como ponerlas en contacto con agua, calor y oxígeno.
Tal y como cuenta la naturópata y dietista Luisa Martín Rueda
en su libro Más energía y salud con los germinados basta
con estos tres elementos para que sus enzimas -llamadas diastasas-
se activen y den lugar a nuevas metamorfosis. Así, por ejemplo:
Las
sustancias nutritivas contenidas en la semilla -lo que se llama
el "albumen"- son predigeridas por efecto de dichas enzimas.
Las
proteínas complejas se transforman en aminoácidos simples algunos
de los cuales son imprescindibles para el ser humano.
Las
sales minerales se multiplican.
Se
sintetizan abundantes vitaminas que, de hecho, aumentan su cantidad
de forma exponencial, tal y como hemos mencionado anteriormente.
Las
grasas se convierten en ácidos grasos.
El
almidón se reduce a maltosa y dextrina, azúcares más simples que
exigen menos esfuerzo al aparato digestivo, liberan energía más
rápido y producen un efecto estimulante.
Se
forma la clorofila, muy similar estructuralmente a la hemoglobina
y que, como ella, lleva oxígeno a las células y es un buen agente
desintoxicante y regenerador del organismo.
Como vemos, parece acertada la descripción de la autora cuando
afirma que las semillas germinadas son "alimentos frescos en
crecimiento que aumentan su valor nutricional hasta el momento
justo en que se comen a diferencia de lo que ocurre con verduras
y hortalizas". Detengámonos, por tanto, en su composición
nutritiva y hablemos de:
Aminoácidos
esenciales. Los germinados,
especialmente los de legumbres, proporcionan al organismo proteínas
completas que se transforman en los ocho aminoácidos esenciales.
Estos compuestos son necesarios para un sinfín de funciones y
sistemas fisiológicos de tal forma que la falta de uno sólo puede
favorecer la aparición de alergias, debilidad, mala digestión,
deficiencias en la inmunidad o envejecimiento prematuro de las
células.
Vitamina
C. Los germinados de trigo, lentejas, soja, garbanzos
y judías son excelentes fuentes de esta vitamina, una de las sustancias
que más aumenta por efecto de la germinación. De hecho, la soja
germinada incrementa su contenido en vitamina C hasta un 100%
y los brotes de trigo lo aumentan en un 600% en sólo 5 días.
Betacarotenos
(pro-vitamina A). El germinado de alfalfa, por
ejemplo, contiene más betacarotenos que verduras como el tomate
o el pimiento verde y muchas frutas. Los germinados de col y de
guisantes también son excelentes fuentes de esta vitamina que
el cuerpo absorbe en forma de betacarotenos y que es esencial
para el crecimiento, el desarrollo, la buena vista y el aparato
reproductor.
Vitamina
B: la tiamina (B1), la riboflavina (B2) y la niacina
(B3) son especialmente abundantes en los germinados de alfalfa,
trigo, girasol, centeno y sésamo. Contribuyen al buen funcionamiento
del sistema nervioso.
Vitamina
E. El trigo germinado llega a incrementar hasta
tres veces su contenido de esta vitamina que actúa como antioxidante
celular y que es un excelente protector del corazón y un buen
tonificante.
Vitamina
K. Se encuentra en abundancia en la alfalfa germinada.
Posee propiedades coagulantes.
Clorofila.
Las semillas germinadas que más clorofila sintetizan son las de
trigo y las de alfalfa. Diversos autores consideran que este colorante
de estructura similar a la hemoglobina humana es absorbido directamente
por la sangre a través del sistema linfático. Una vez en el torrente
sanguíneo activa el metabolismo celular, mejora la defensa, resistencia
y capacidad regeneradora de las células así como su respiración,
potencia los procesos naturales de curación, depura la sangre,
frena las infecciones y equilibra la relación ácido-base en el
organismo, entre otras propiedades.
Calcio.
Los germinados de sésamo proporcionan más calcio que cualquier
otro alimento vegetal. También son excelentes fuentes de este
mineral los brotes de almendra, girasol, alfalfa y garbanzo.
Potasio.
Se encuentra -incluso en cantidades que superan
las de muchas frutas y hortalizas- en los brotes de almendras,
sésamo, girasol, soja y judías.
Hierro.
Alfalfa, fenogreco, lentejas, soja roja y soja verde germinados
lo contienen en cantidades importantes.
Oligoelementos.
En general los germinados contienen oligoelementos como el yodo,
el zinc, el selenio, el silicio, el cromo y el cobalto.
Enzimas.
Cuando se comen crudas las enzimas de las semillas germinadas
-llamadas diastasas- facilitan la digestión de la fibra, las proteínas
y las grasas.
SUS PROPIEDADES TERAPÉUTICAS
Además de por sus inigualables propiedades
nutritivas los germinados son sobradamente conocidos porque ayudan
a prevenir enfermedades o a tratarlas en el caso de que ya se
hayan manifestado. Entre estas capacidades terapéuticas destacan
las siguientes:
favorecen
los procesos de desintoxicación, depuración y eliminación de residuos
almacenados en los tejidos o en la sangre.
fortalecen
el sistema inmune.
combaten
la acción de los radicales libres.
estimulan
las secreciones del páncreas.
facilitan
la digestión al activar los procesos de regeneración y desinflamación
del aparato digestivo lo que a su vez revitaliza los mecanismos
metabólicos internos.
mejoran
el funcionamiento intestinal lo que resulta un alivio para quienes
padecen estreñimiento. Además fortalecen el intestino y la flora
intestinal y contribuyen a eliminar gases y desechos.
rebajan
el índice de colesterol.
tonifican
el sistema nervioso.
ayudan
a mantener la elasticidad de las arterias.
contribuyen
a mantener la vitalidad del sistema glandular.
retrasan
el envejecimiento: sus componentes permiten que las células del
cuerpo se mantengan jóvenes durante más tiempo.
favorecen
en general el metabolismo por su acción reconstituyente.
SÓLO VENTAJAS
Es evidente pues que los germinados son alimentos
muy nutritivos y vitales. Y si además los germinamos en casa (vea
cómo en el recuadro adjunto) serán también muy económicos
ya que para disponer de ellos no tendrá que invertir en maquinaria,
química, transporte, empaquetado, intermediarios, etc. Teniendo
además la seguridad de consumir un producto que no ha sido adulterado
ni rociado con insecticidas o fertilizantes químicos, del que
se puede disponer en cualquier época del año -son una excepcional
alternativa cuando en invierno escasean las verduras y hortalizas
o bien nos llegan cultivadas con exceso de química y en invernaderos-
y con la garantía de que sus nutrientes son de alta calidad biológica
pues de lo contrario la semilla no germinaría. Por otro lado,
aportan la ventaja innegable de que el organismo los digiere y
asimila fácilmente tanto ingeridos crudos tal cual o añadidos
a ensaladas, guarniciones, sopas, purés, salteados, salsas, tortillas,
bocadillos, etc. Incluso se sabe que en su forma germinada las
legumbres no generan los problemas de flatulencia que hacen que
algunas personas no puedan disfrutarlas.
En fin, como vemos se trata de un verdadero regalo de la naturaleza
que podemos cultivar nosotros mismos y llevar a la mesa. No estaría
de más, por tanto, probarlos aunque sólo sea por curiosidad y
comprobar lo que afirman los especialistas en Nutrición: que aportan
excepcionales beneficios nutricionales y terapéuticos y que cuando
los tomamos nos suministran auténtica energía vital concentrada
que alarga y da salud a nuestra vida.
Laura Jimeno
Cómo hacer germinados en casa
Una de las ventajas más importantes de los germinados es que podemos
producirlos y conservarlos en nuestra propia casa de forma tan
sencilla como explicamos a continuación.
Lo
primero que hay que hacer, una vez adquiridas, es poner en remojo
las semillas en un bote de cristal. Eso sí, han de ser semillas
de alta calidad biológica que no hayan sido tostadas o congeladas
y el recipiente será necesariamente de vidrio y de boca ancha
que se cubrirá con una gasa sujeta por una goma elástica. Se puede
utilizar cualquier semilla pero las más apreciadas son las de
soja verde, alfalfa, trigo, cebada, avena, calabaza, girasol,
sésamo, berro y rábano. En cuanto al tiempo de remojo oscilará
entre las 9 a 12 horas de la alfalfa y el fenogreco o las 12 a
15 de las lentejas, garbanzos, soja, etc.
Transcurrido
ese tiempo se quita el agua y se enjuagan las semillas.
Después
se deja el frasco en un lugar cálido y oscuro. Debe procurarse
que esté inclinado para facilitar la salida del exceso de agua.
Bastará mantener las semillas húmedas porque mucha agua o poco
aire podrían crear hongos y moho.
Dos
o tres veces al día será necesario enjuagar los granos escurriéndolos
posteriormente y colocando el bote de nuevo boca abajo. Esto deberá
hacerse entre 2 y 5 días, momento en el que empezaremos a ver
los brotes.
Cuando
estos tengan 2 o 3 cms. de largo se expondrán a la luz solar indirecta
durante unas 2 horas para que las hojas se pongan de color verde,
es decir, para que se forme la clorofila con la que se favorece
el aumento de la vitamina C.
Una
vez terminado el proceso de germinación los brotes se pueden guardar
en la nevera donde se conservarán sin problema durante más o menos
una semana.
Indicaciones terapéuticas y nutricionales
Diversos autores han recopilado las indicaciones tanto terapéuticas
como nutricionales de los germinados más consumidos:
Alfalfa:
es uno de los germinados más completos y más consumidos por su
agradable sabor. Contiene vitaminas A, B, C, E y K además de calcio,
magnesio, potasio, hierro, selenio y zinc y los aminoácidos más
importantes. Es remineralizante y combate la fatiga y la debilidad.
Arroz
integral: en su forma germinada es rico en vitamina
B, fósforo, potasio, magnesio, sodio, calcio y silicio. Ayuda
a la adecuada conservación de huesos y dientes.
Avena:
es la semilla germinada más recomendable en caso de trastornos
nerviosos, depresiones y alteraciones del sueño. Contiene un alto
contenido en silicio, necesario para el desarrollo de las estructuras
musculares, cerebrales y nerviosas. También contiene vitaminas
B y E, proteínas, carbohidratos, fibra y minerales.
Berro:
se le considera muy adecuado para combatir los síntomas de la
fatiga primaveral. Además de alcalinizar y depurar la sangre neutraliza
el exceso de toxinas. También regula el metabolismo. Es rico en
hierro, fósforo, manganeso, cobre, zinc, yodo, calcio y vitaminas
A, B2, E y especialmente C.
Fenogreco:
es un limpiador sanguíneo y renal que se recomienda para levantar
el ánimo decaído y para reforzar el organismo. Además estimula
las funciones digestivas y hepáticas y otorga un agradable olor
al sudor de quienes lo consumen. Contiene abundante fósforo y
hierro.
Garbanzos:
germinados no producen gases durante la digestión. Son ricos en
carbohidratos, fibra, calcio, proteínas, magnesio, potasio y vitaminas
A y C.
Guisantes:
proporcionan clorofila, proteínas, carbohidratos, fibra, vitamina
A, hierro, potasio y magnesio.
Lentejas:
en brotes retrasan el envejecimiento y son ricas en proteínas,
vitamina C y hierro.
Maíz:
tiene un alto contenido en magnesio, necesario para conservar
la tensión muscular especialmente en el tracto intestinal.
Mostaza:
es el germinado más picante. Adecuado para tratar trastornos digestivos
como gastritis, enteritis, etc. Es rica en vitamina C, proteínas
y lípidos.
Pipas
de calabaza: contienen proteínas, vitamina E, fósforo,
hierro y zinc.
Pipas
de girasol: ricas en proteínas, grasas insaturadas,
vitaminas B y E, calcio, hierro, fósforo, potasio y magnesio.
Rábano:
útil para combatir digestiones pesadas y para calmar la tos. Contiene
abundante clorofila.
Sésamo:
sus semillas son una buena fuente de fibra, proteínas, vitaminas
B y E, magnesio, potasio, hierro, fósforo y calcio.
Soja
verde: germinada contiene proteínas que dan lugar
al aminoácido metionina, de efecto relajante. También fortalece
el sistema nervioso y contribuye a rebajar el exceso de colesterol.
Sus semillas germinadas son ricas en vitaminas A, C, hierro y
potasio.
Trigo:
germinado tiene sabor dulce por los carbohidratos que contiene.
Además es rico en proteínas, magnesio, fósforo y vitaminas B y
E. Previene infecciones, remineraliza, regenera las células y
sirve para tratar trastornos nerviosos.
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