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     REPORTAJES
NÚMERO 49 / ABRIL / 2003
   COENZIMA Q-10: MUCHO MÁS QUE UN ANTIOXIDANTE

 

Hasta hace apenas cincuenta años era una desconocida. Hoy, además de atribuirle propiedades importantes para la prevención y tratamiento de diversas patologías, los expertos afirman que la coenzima Q-10 estimula el sistema inmune, mejora el funcionamiento coronario, aumenta la energía celular y normaliza las constantes sanguíneas, entre otros efectos beneficiosos. Y todo ello sin efectos secundarios notables.

Aunque no es ni vitamina, ni mineral, ni aminoácido se la ha descrito como una sustancia que posee las propiedades de una vitamina e, incluso, algunos expertos en nutrición la denominan “la vitamina 10” ya que se trata de un nutriente que el organismo necesita para alimentar las células y poder operar en un nivel óptimo. Es más, los estudios científicos realizados hasta el momento han demostrado que la Q-10 es una pieza clave del metabolismo celular que ayuda a convertir el alimento en energía además de ser uno de los principales antioxidantes liposolubles y poseer notables propiedades cardioprotectoras y vigorizantes del sistema inmune.

¿QUÉ ES LA COENZIMA Q-10? 

Técnicamente es un potente antioxidante liposoluble conocido también como ubiquinona. Se la llama así porque es ubicua -existe en todos los seres vivos y en todas las células del cuerpo humano- y porque es una quinona, es decir, un miembro de este grupo específico de compuestos orgánicos cíclicos.
Su descubrimiento -en 1957- se debe al doctor Fred Crane de la Universidad de Wisconsin (Estados Unidos) y aunque al principio la consideró poco importante enseguida comprobó que es un nutriente necesario para el funcionamiento de todas y cada una de las células de nuestro cuerpo, que actúa como co-enzima en varios de los procesos enzimáticos clave en la producción de energía dentro de la célula y que, como antioxidante que es, combate los efectos perniciosos de los radicales libres sobre nuestro organismo.
Es tal su importancia que estudios posteriores a los del doctor Crane han demostrado que la vida humana no sería posible sin ella. Así lo certifican los múltiples análisis que se han hecho sobre la bioquímica corporal humana. Gracias a estos trabajos se ha descubierto que cuando los niveles de Q-10 son deficientes en más de un 25% de la cantidad que se considera necesaria empiezan a aparecer trastornos que pueden ir desde la subida de la presión sanguínea a ataques cardiacos, problemas de inmunodeficiencia y cáncer. Si esta deficiencia en los niveles vitales de Q-10 es superior al 75% la vida, sencillamente, no puede continuar.
Aunque lo más preocupante es que los mismos estudios han puesto en evidencia que una gran cantidad de medicamentos de uso frecuente destruyen la coenzima Q-10 presente en nuestras células. Entre ellos, algunos productos para bajar el colesterol como antidiabéticos, antidepresivos, ansiolíticos, antihipertensivos y otros. 

¿CÓMO FUNCIONA?

La Q-10 es un antioxidante único en su género. Y lo es porque consigue penetrar en las diminutas fábricas de energía de las células, llamadas mitocondrias. En ellas se quema el oxígeno y se produce el ATP o adenosina trifosfato, la molécula a la que el eminente cardiólogo mexicano Demetrio Sodi Pallarés llama “la molécula de la vida” y que da a las células el 95% de la energía necesaria para realizar las funciones vitales. Pues bien, para producir energía eficazmente la mitocondria necesita la coenzima Q-10 ya que actúa como “chispa” que inicia y contribuye a hacer funcionar los mecanismos mitocondriales. Y si se rompe la cadena de la energía celular no habrá energía y, como consecuencia, tampoco habrá vida.
Se sabe que sin suficiente Q-10 las células reciben una alimentación energética deficiente lo cual daña la función de los órganos vitales, sobre todo del corazón ya que éste ha de disponer de la mayor cantidad posible de esta coenzima para generar la energía que consume el incesante bombeo de la sangre.

VITAL PARA EL CORAZÓN

Este nutriente es pues indispensable para mantener sano el corazón. Son abrumadoras las pruebas que demuestran que la mayoría de los pacientes cardiacos tienen deficiencia de coenzima Q-10 y que su ingesta revitaliza la función cardiaca aliviando notablemente los síntomas de las insuficiencias cardiacas.
Los investigadores explican que cuando las células del corazón no contienen la suficiente coQ-10, la producción de energía baja y se producen disfunciones mitocondriales y cardiacas. En cambio, si a los músculos del corazón se les administra un complemento de Q-10 aumenta significativamente la producción energética en las mitocondrias, se revitalizan las células necesitadas de energía, se fortalece el corazón y disminuye el esfuerzo necesario para hacer circular la sangre. En resumen, la Q-10 mejora la función mecánica del corazón dotando a las células del combustible necesario para funcionar eficazmente. Los estudios han demostrado que también impide que el colesterol malo obstruya las arterias y que da buenos resultados en el tratamiento de otro tipo de problemas cardiovasculares como la presión arterial alta, la arritimia, la angina de pecho y el colapso de la válvula mitral. Además, se ha comprobado que la Q-10 tiene la propiedad de proteger el corazón durante periodos de astenia o privación de oxígeno.
Son tantas las evidencias de este nutriente para el buen funcionamiento del corazón que algunos cardiólogos han afirmado que no es la enfermedad cardiaca lo que causa la deficiencia de Q-10 sino que es la deficiencia de esta coenzima lo que causa el problema cardiaco en cerca del 70% de los casos. Por eso esta coenzima se ha convertido ya en un “medicamento” que se administra de forma rutinaria a los pacientes con insuficiencia cardiaca en hospitales de Israel, Japón, Italia, Estados Unidos y Canadá.

ALIADO DE NUESTRA DEFENSAS

También se sabe que la coenzima Q-10 tiene una importancia fundamental para el correcto funcionamiento de nuestro sistema de defensas. Así, cuando los niveles de esta coenzima están bajos el sistema inmune se debilita. Es decir, que la competitividad del sistema inmune es directamente proporcional a la presencia de Q-10 en nuestro organismo.
Por un lado, como antioxidante que es, la Q-10 protege a las células contra los radicales libres. Por el otro, actúa como un agente inmunoestimulante que activa la función de los macrófagos. Esto quiere decir que la Q-10 estimula la efectividad del sistema inmune pero no porque genere la producción de un mayor número de células sino porque las dota de más energía.

SIN EFECTOS SECUNDARIOS

En cuanto a sus posibles efectos secundarios hay que decir que son poco frecuentes y normalmente se limitan a algunas náuseas pasajeras. No se han constatado efectos tóxicos, incluso a dosis altas, ni en animales ni en personas. Algo que se debe al hecho de que esta coenzima no es una sustancia ajena a la estructura biológica humana por lo que se integra en ella normalmente sin rechazo.
Conviene tener en cuenta, por último, que la Q-10 no es una medicina aunque se utilice como tal. Es decir, no tiene una actividad farmacológica que se manifieste rápidamente por lo que su efecto se nota a largo plazo.

 

L. J.

 


 

Propiedades de la Q-10

Numerosos estudios científicos han demostrado que la coenzima Q-10:

-Estimula el sistema inmune.
-Aumenta la energía y la tolerancia al ejercicio físico.
-Mejora al aprovechamiento del oxígeno.
-Incrementa la fuerza cardiaca.
-Alivia la angina de pecho.
-Protege contra los ataques cardiacos.
-Ayuda a reducir el peso.
-Previene y trata la enfermedad periodontal.
-Baja la presión arterial alta.
-Protege al organismo del envejecimiento prematuro.
-Mantiene en niveles óptimos los niveles de glucosa en sangre.
-Corrige el declive del sistema inmune relacionado con la edad.
-Prolonga la vida: su acción desintoxicante parece ejercer una influencia importante sobre la longevidad.
-Alivia la debilidad y el dolor musculares.

 


 

Indicaciones

En países como Japón o Israel la coenzima Q-10 se está utilizando ya tanto para la prevención como para el tratamiento de trastornos cardiovasculares, insuficiencias cardiacas, anginas de pecho, isquemias, diabetes, enfermedades periodontales (gingivitis, pirrea, etc.), obesidad, exceso de colesterol “malo”, úlceras gástricas, fatiga crónica, distrofia muscular, fibromialgia, Parkinson, esclerosis múltiple, cáncer y sida, entre otras patologías. Además, es muy conocido su uso en la composición de cosméticos y cremas de uso externo.

 


 

Alimentos ricos en Q-10

Entre los alimentos que contienen mayor cantidad de esta coenzima destacan:

-Las vísceras animales, sobre todo, corazón, hígado y riñones.
-Las sardinas.
-La caballa.
-El atún.
-El aceite de soja.
-Las hortalizas de la familia de las coles.
-Los cacahuetes.
-Algunos mariscos.
-Las espinacas.

Además hay que tener en cuenta que, independientemente de la cantidad de Q-10 que ingiramos a través de los alimentos, el cuerpo humano la sintetiza a través de una compleja cadena de reacciones químicas que supone 17 fases distintas y que necesita de la presencia de -al menos- 7 vitaminas (B2, B3, B6, B12, vitamina C y ácido pantoténico) así como de varios oligoelementos.



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