El corazón, mucho más que una bomba de sangre

Mucha gente lo ignora pero el corazón, músculo que bombea la sangre para distribuirla por el organismo, tiene además propiedades endocrinas ya que también segrega hormonas que controlan la vasodilatación arterial -y, por tanto, la tensión- que pueden ayudar a regular los riñones y contribuir a solucionar una insuficiencia renal. Aún más, el corazón tiene un “cerebro” propio que le permite actuar de forma autónoma. Estamos pues ante una nueva concepción de la fisiología del corazón que es clave para explicar aspectos sorprendentes de la conducta humana como la acción terapéutica de la música, los cambios conductuales observados en personas a las que les ha implantado el corazón de otra persona y el principio mismo de nuestras emociones e intuiciones.

Desde los fundamentos de la Fisiología moderna hace unos 400 años y, especialmente, desde el primer tratado científico que describía su función bombeadora y el papel clave que tiene en la circulación de la sangre -tal como fue expuesta por William Harvey (1578-1657)- se estableció la creencia de que el corazón no es más que un complejo músculo hueco cuyo único objetivo es impulsar la sangre para que ésta aporte nutrientes y oxígeno a todas las células del organismo a través de la vasta red de vasos sanguíneos. Pero este “sólido” y antiguo principio sería dramáticamente derribado en 1981 cuando el Dr. Adolfo De Bold –investigador argentino que además ejercía entonces como profesor en la Universidad de Ottawa (Canadá)- descubrió que el corazón produce una hormona -la denominada FAN (Factor Atrial Natriurético)– constatando así que no es solo un órgano de bombeo sino también un órgano ¡endocrino! Descubriendo otros investigadores en los años siguientes tres hormonas más producidas por él con funciones similares.

Hablamos de cuatro hormonas denominadas pépticas (o péptido-atriales) de acción diurética; es decir, que estimulan la producción de orina y la excreción de sodio teniendo una de ellas en particular propiedades vasodilatadoras. Ejerciendo la acción combinada de las cuatro un efecto antihipertensivo(tanto la vasodilatación como la diuresis tienen efecto hipotensor), algo que resulta de enorme importancia no sólo para la salud cardiovascular sino como factor de prevención de múltiples enfermedades.Y diremos que un indicio que revela la importancia de estas hormonas es que en los últimos 30 años han sido objeto de ¡más de 10.000 artículos! que han sido publicados en las principales revistas de investigación médica del mundo.

Ahora bien, debemos recordar que la cantidad de agua salada que alberga nuestro organismo –los humanos somos en un 70-75% agua salada- es vital para nuestra supervivencia y salud. Aparte de estar íntimamente asociada con una buena nutrición celular hay una relación directa entre nuestro equilibrio hídrico y la tensión arterial, algo que cualquiera que esté siguiendo un régimen de comidas bajas en sal por tenerla alta conoce muy bien.

En suma, hasta hace unos 30 años se pensaba que el único órgano que controla el volumen de orina y la concentración de sales en ella son los riñones y que ese control se hace mediante una serie de hormonas que conectan los riñones con el resto del organismo; una especie de sistema de vigilancia distribuido por todo el cuerpo que se encarga de mandar información a los riñones sobre cuánta agua debe separar de la sangre, cuánta orina debe fabricar y qué concentración de sales debe tener ésta. Hablamos del Sistema Renina-Angiotensina-Aldosterona (nombres de las hormonas que se encargan de ello). Pero claro, ahora sabemos que también el corazón produce hormonas propias que controlan los mismos parámetros que las renales.Siendo lo más fascinante su capacidad de provocar una respuesta inmediata utilizando cantidades pequeñísimas; de hecho en ensayos clínicos se ha visto que basta inyectar unos milímetros para que en pocos minutos disminuya notablemente el volumen de sangre en circulación reduciendo la tensión arterial y aliviando al corazón de un mayor esfuerzo.

Obviamente esto último llamó la atención de varios laboratorios farmacéuticos que inmediatamente se pusieron a investigar la composición de esas hormonas para diseñar moléculas similares y patentables. Y no es de extrañar tan exagerado interés si se tiene en cuenta que hoy los fármacos para “bajar la tensión” –los antihipertensivos- mueven cerca de 100 millones de euros al día; de hecho sólo en España se consumen cerca de 100.000 dosis diarias. Y es que una de cada cuatro muertes se debe a patologías cardiovasculares donde la hipertensión juega un papel destacado.

Sin duda un corazón que segregue hormonas hipotensoras parece algo racional y apropiado. Porque, ¿qué hay más lógico que sea el propio corazón -un músculo que jamás descansa y bombea sin parar durante años y años unos 7.500 litros de sangre al día- quien controle el grado de fluidez e hidratación de la sangre que circula por el sistema arterial y venoso? ¿O no parece lógico que sea el propio corazón quien controle la presión que debe tener ese líquido para que sea capaz de circular por los más delgados capilares hasta alcanzar la más lejana célula?

LA IMPORTANCIA DE LAS CARDIOHORMONAS EN LA INSUFICIENCIA CARDIACA 

Bueno, pues las investigaciones han ido más allá. Múltiples experimentos de laboratorio y numerosos ensayos clínicos han comprobado que los efectos de las hormonas cardiacas no se limitan al control de la hipertensión.

Lo primero que se descubrió fue que las cardiohormonas se encuentran en una cantidad más alta de lo normal tanto en la sangre de personas con arritmia –nombre que se da al hecho de que el corazón tenga latidos irregulares y de ritmos variables, generalmente muy rápidos- como en la de quienes sufren de insuficiencia cardiaca.

Luego se sabría que el péptido natriurético tipo B (BNP) tiene como función disminuir el volumen sanguíneo y el esfuerzo cardiaco. Pues bien, se ha encontrado que midiendo la cantidad de BNP en la sangre se puede determinar cuándo un paciente está próximo a una insuficiencia cardíaca ya que el propio órgano aumenta la segregación de su hormona cuando percibe que no puede funcionar adecuadamente. Por eso en la actualidad la medida de BNP en sangre -con la ayuda de otros datos de diagnóstico- sirve para poner en marcha una serie de medidas de prevención temprana antes de que el paciente alcance una insuficiencia cardíaca irreversible que produzca daños al sistema cardiovascular.

Y aclaremos que “insuficiencia cardíaca” es una expresión que engloba a varias patologías que afectan al miocardio y que, en resumen, puede entenderse como una incapacidad del corazón para bombear el volumen de sangre que requiere el organismo para sus funciones vitales. En sus fases más avanzadas se detecta por una extrema fatiga e incapacidad para realizar cualquier esfuerzo físico hasta llegar a impedir la marcha o, simplemente, mantenerse de pie. Afecta al 2% de los adultos y es la principal causa de hospitalización de las personas mayores de 65 años. Agregaremos que evidentemente hay una relación directa entre la hipertensión arterial y el esfuerzo o trabajo del corazón: cuanta más sangre haya en el organismo más intensamente deberá éste bombear y mayor será la presión o tensión.

En suma, los efectos fisiológicos que logran las hormonas cardiacas tienen potenciales aplicaciones terapéuticas. A fin de cuentas el aumento de la excreción de sodio y agua así como la disminución de la tensión arterial son aun hoy consideradas las técnicas básicas para tratar los problemas cardiovasculares. Y como ésos son precisamente los efectos de las cardiohormonasse piensa que un fármaco que potencie esa segregación evitaría el empleo de sustancias diuréticas que actúen sobre el Sistema Renina-Angiotensina-Aldosterona; especialmente en el caso de los pacientes descompensados por efecto de la insuficiencia cardiaca.

LAS CARDIOHORMONAS Y LA INSUFICIENCIA RENAL 

Lo primero que se observó fue que cuando se inyectaban pequeñas cantidades de estas hormonas cardiacas a animales con problemas renales la funcionalidad de sus riñones se recuperaba notablemente. Y es que las hormonas cardiacas regulan a las hormonas renales, aumentan la velocidad de filtración glomerular e incrementan el flujo de sangre a los riñones.

En resumen, los ensayos con animales parecen demostrar que las cardiohormonas son capaces de recuperar la funcionalidad renal; es decir, de solucionar la insuficiencia renal. Y si su efecto sobre los riñones humanos es similar a lo comprobado con animales es posible que su administración controlada permita liberar a los enfermos con insuficiencia renal de las tediosas sesiones de diálisis por medio de la recuperación de la funcionalidad de sus riñones. Y es que no olvidemos que hoy hay millones de personas en el mundo cuyas vidas dependen de una diálisis semanal para poder limpiar su sangre ya que sus riñones no son capaces de realizar su labor principal.

Lo singular es que aún no se conoce cómo funcionan exactamente las cardiohormonas pero sí se sabe que activan receptores localizados en los vasos sanguíneos, los riñones, las glándulas adrenales -situadas justo encima de los riñones- y las neuronas cerebrales que controlan funciones similares. Pensándose que actúan en coordinación con las hormonas del Sistema Renina-Angiotensina-Aldosterona.

Pero los beneficios de las cardiohormonas no acaban ahí. Y es que las células cardiacas adrenérgicas del corazón además de segregar las hormonas antes citadas segregan también ¡neurotransmisores! Como la noradrenalina, la dopamina y la oxitocina. Jugando esta última –que es clave en el comportamiento sexual y maternal de casi todos los animales, incluidos los humanos- un importante papel en el control de muchos aspectos cognitivos, de conducta social y de empatía.

Fueron de hecho los doctores M. Cantin y J. Genest quienes demostraron -en 1986- que las concentraciones de oxitocina en el corazón son comparables a las del cerebro. Posteriormente ensayos con ratones realizados por el equipo dirigido por los doctores S. M. McCann y J. Gutkowska demostrarían que la oxitocina es fundamental para la cardiomiogénesis; es decir, que las células-madre del corazón no son capaces de transformarse en células musculares cardiacas si no reciben la señal de la hormona oxitocina que se conecta a sus receptores de membrana, un fenómeno que es particularmente vital en el desarrollo embrionario. Curiosamente a lo largo de los ensayos descubrieron también que la oxitocina juega asimismo un papel fundamental en el desarrollo del epitelio coronario, o sea, de las arterias que alimentan de sangre al músculo cardiaco.

En los últimos años se ha visto además que las cardiohormonas -al igual que casi todas las hormonas del organismo- intercambian información entre sí. En especial se ha detectado un diálogo constante entre las hormonas del sistema endocrino, las sexuales y las elaboradas por el tejido adiposo. Siendo al parecer la hormona ANF la encargada de comunicar por vía neuroquímica al corazón con el cerebro asegurando la homeostasis o equilibrio biológico vital además de bloquear al cortisol (la hormona del estrés).

EFICACIA DE LAS HORMONAS CARDIACAS EN CÁNCER 

Debemos añadir que el Dr. David Vesely -del Hospital de Veteranos de Tampa (Florida, EEUU)- se encontraba investigando el posible empleo de las hormonas cardiacas como indicadoras diagnósticas de una potencial insuficiencia cardiaca cuando en el año 2002 su mujer murió de cáncer. Bueno, pues sabedor de que las hormonas influyen en el crecimiento y multiplicación de las células cancerosas decidió colocar distintas concentraciones de cardiohormonas en cultivos de células cancerosas de colon, útero, próstata, pecho y páncreas encontrándose con que eliminaban en 24 horas el 97% de las células cancerosas. Luego probó en ratones con tumores de páncreas y mama obteniendo remisiones del 66% en los de mama y del 80% en los de páncreas; resultando esto último espectacular ya que el cáncer de páncreas tiene muy mala prognosis y es especialmente virulento.

Y ninguno de los ratones murió de cáncer ni sufrió efecto secundario alguno. De hecho cuando éstos finalmente murieron se les practicaron autopsias comprobándose que los tumores no desaparecidos no se habían extendido ni mostraban metástasis.

EN REALIDAD EL CORAZÓN ES UN PEQUEÑO CEREBRO 

Por sorprendente que pueda parecer hoy sabemos que el corazón tiene un sistema nervioso propio y complejo constituido por unas 40.000 neuronas que operan de forma independiente de las neuronas cerebrales y del sistema nervioso central procesando y generando información. Y que el corazón se comunica con el encéfalo a través de las fibras nerviosas que lo unen con la médula espinal.

Los especialistas saben de hecho que en el caso de un trasplante esa conexión nerviosa es imposible de hacer en el tiempo requerido y, sin embargo, el corazón se pone a funcionar rápidamente en cuanto es albergado en la nueva cavidad y se conectan las vías sanguíneas. Lo que es posible gracias al sistema nervioso propio y autónomo del corazón. Una vez terminado el trasplante, al cabo de varias semanas, crecen las nuevas conexiones nerviosas entre el sistema nervioso central y el propio del corazón pero mientras tanto éste trabaja de forma autónoma utilizando su propia inteligencia.

Las investigaciones sobre el sistema nervioso intrínseco del corazón desarrolladas por el equipo del Dr. John A. Armour -del Departamento de Farmacología de la Universidad de Montreal (Canadá)- han permitido revelar asimismo, por un lado, que sus funciones son vitales para una actividad cardiaca normal; y, por otro, que esas neuronas cardiacas son capaces de procesar todo tipo de información procedente del resto del organismo mediante sus receptores sensibles a todos los neuropéptidos y hormonas conocidos hasta hoy.

El año pasado (2010) la Universidad de Oxford realizó un compendio de centenares de estudios médicos sobre Neurocardiología incluyendo no sólo los publicados sino también los que están aún en vías de experimentación. Y del enorme número de datos obtenido se pueden extraer las siguientes conclusiones:

-La enorme mayoría -cerca del 65%- de las células del corazón son células nerviosas iguales a las del cerebro. Y como aquéllas, mantienen contacto directo con todo el cuerpo tanto a través de las fibras nerviosas que conectan con el sistema nervioso central -vía médula espinal- o con el sistema nervioso autónomo -vía nervio vago- así como por medio de sus numerosos receptores a hormonas y neurotransmisores.

-El corazón produce 2,5 vatios de energía eléctrica en cada latido generando un notable campo electromagnético. Al punto de que es ¡5.000 veces más intenso que el del cerebro! (de hecho es el más potente de todos los órganos del cuerpo). Campo electromagnético que cambia en función de nuestras emociones y puede volverse caótico cuando estamos estresados, enfadados o frustrados y cuando sentimos miedo. En cambio se muestra ordenado y coherente cuando experimentamos emociones positivas como la gratitud, el perdón, la compasión o el amor. El campo es de tal intensidad que puede ser detectado mediante sencillos instrumentos de medida hasta una distancia de entre 2 y 4 metros.

-Hay datos suficientes para pensar que el ritmo cardiaco normal favorece las funciones de la corteza cerebral y en particular la claridad mental y la creatividad. Es posible que ese efecto se traduzca en esa sensación de que el origen de nuestras emociones emana más del corazón que del cerebro.

-Parece obvio que con su propia e independiente red neuronal y sus segregaciones y receptores de neuropéptidos el corazón pueda recordar, aprender, percibir y gestionar sus propias funciones y la relación de las mismas con la homeostasis general del organismo. A tal punto que puede ejercer modificaciones en las pautas conductuales de las personas como veremos a continuación.

EL SORPRENDENTE CASO DE LOS TRASPLANTES CARDIACOS 

En 1999 los doctores P. Pearsall, G. E. Schwartz y L. Russek publicaron diez ejemplos de pacientes que sufrieron cambios en su personalidad como resultado de haber recibido un trasplante de corazón. En alguna de las historias que transcribimos -extraídas de su artículo- se constata cómo los cambios sufridos por el portador parecen ser de hecho reflejo de la personalidad del donante:

-Un obrero metalúrgico de bajo nivel cultural y muy conocido por sus prejuicios raciales que nunca había escuchado música clásica recibió el corazón de un joven donante negro que amaba la música y estudiaba violín. Bueno, pues desde entonces se pasaría largas horas escuchando música clásica, se volvería muy sensible e invitaba a comer a su casa a compañeros de trabajo negros.

-Una mujer de 29 años lesbiana, practicante, radical y adicta a la “comida basura” -en especial a las hamburguesas- recibió un corazón de una donante vegetariana de 19 años y al poco tiempo rechazaba la “comida basura”, se deshacía de sus libros de lesbianismo y empezaron a gustarle los hombres.
-Un hombre de 47 años recibió el corazón de una niña anoréxica de 14 que era campeona de gimnasia y a partir de entonces se sentiría “rejuvenecido” empezando a perder peso y sintiendo ganas de vomitar cada vez que comía.

Danny era una chica de 18 años muy inquieta y activa que recibió un corazón donado por Paul, un niño muy dulce que escribía poemas y canciones y que había muerto a su misma edad. A partir de entonces Danny se volvería una chica muy tranquila y amante la música que se puso a estudiar guitarra. Sorprendentemente, al revisar el diario de Paul se encontró una canción de amor titulada Danny que había escrito poco antes de morir.

-Un joven universitario típicamente machista y algo misógino que despreciaba a las mujeres recibió el corazón y un pulmón procedentes de una joven muerta a los 24 años de un accidente de tráfico. La donante tenía cierta tendencia al lesbianismo y era una pintora muy sensual. Bueno, pues desde entonces él adora a las mujeres y le encanta ir de compras o a ver escaparates con ellas. Además se siente muy atraído por la pintura y visita con frecuencia museos de bellas artes y galerías.

¿Y qué dice la Medicina oficial ante esto? Pues que tales cambios de personalidad se deben ¡al efecto de los inmunosupresores y al estrés resultante del trauma quirúrgico! Sin comentarios.

En su libro Un corazón cambiado la periodista Claire Sylvia relata su experiencia tras recibir un trasplante de corazón y pulmón. Y según explica en él a partir de ese día empezó a notar cambios en sus hábitos, gustos y actitudes; como que le gustase la “comida basura” que antes despreciaba o cambios notables en su forma de vestir. Pero lo que más le preocupó fue que se transformó en una persona impetuosa y agresiva, todo lo contrario de lo que había sido hasta entonces. Más tarde averiguó que los órganos donados procedían de un joven delincuente que había muerto de forma violenta.

LA MÚSICA Y EL CORAZÓN 

Y hay más. El equipo del doctor Luciano Bernardi -de la Universidad de Pavía (Italia) reunió durante una investigación a 24 voluntarios para que oyesen varios fragmentos de música clásica mientras monitorizaban sus constantes y observaron que con los crescendo aumentaban la tensión arterial y el ritmo cardiaco mientras que con los diminuendo ocurría el efecto contrario. Y después de varias pruebas y análisis llegaron a la conclusión de que escuchando música clásica es posible modular el sistema cardiovascular de manera tal que produce efectos continuos y dinámicos que pueden resultar beneficiosos para los enfermos con problemas cardiacos.

Bueno, pues comentando ese estudio en un programa de la BBC, Diana Greenmann -que coordina un grupo de voluntarios que organiza y ofrece sesiones de música para pacientes internados en hospitales- le diría:”Hemos visto muchas veces a pacientes con parálisis provocadas por un infarto cardiaco que se mueven inconscientemente al ritmo de la música”. Varios enfermos llamarían después de oírla a la BBC tras la emisión del programa relatando varios casos de personas con hemiplejia que no podían hablar pero, sin embargo, podían cantar canciones conocidas cuando las oían por la radio.

Aunque lo más asombroso es un estudio realizado en el 2008 por el equipo del Dr. Teppo Särkämö -de la Universidad de Helsinki (Finlandia)- en el que se reclutó a un grupo de 60 pacientes que habían tenido un infarto cerebral reciente .sufriendo daños neurológicos y cognitivos- a los que se dividió en tres subgrupos a uno de los cuales se le permitió escuchar durante la convalecencia cualquier tipo de música -atendiendo a sus propios gustos- y a otro se le leyeron novelas grabadas mientras al tercero no se le dio a escuchar nada en especial. Hasta que transcurridas unas semanas los participantes se sometieron a varias pruebas cognitivas y memorísticas revelándose que los que habían escuchado música habían mejorado su memoria verbal y su capacidad de atención focalizada en un 60% en tanto que en los otros la mejoría fue de sólo un 20%. Además los que escucharon música se mostraron también menos confusos y menos deprimidos que los otros.

¿DÓNDE RESIDEN LAS EMOCIONES? 

Fue el físico y filósofo francés Blaise Pascal (1623-1662) quien acuñó la frase El corazón tiene razones que la razón no entiende resumiendo la idea de que muchas veces los sentimientos van por un camino distinto al que dicta nuestra mente. Sin embargo hoy día los neurólogos, obsesionados con el cerebro, dan a menudo la impresión de considerar a este órgano como el único y último ejecutor de la conciencia humana. Una convicción que los más recientes descubrimientos científicos está poniendo en entredicho y que renueva las antiguas creencias de que es el corazón y no el cerebro el depositario de nuestra inteligencia emocional. Dando la razón a los chinos que consideran que es el corazón el que alberga el shen, concepto de algún modo equivalente a lo que en Occidente llamamos alma.

En suma, pareciera que en el fondo no estamos hoy sino retomando y adornando con lenguaje científico las primitivas creencias de la medicina hipocrática y de la filosofía griega más tarde incorporadas al cristianismo y definitivamente integradas en la cultura occidental. Desde los “corazones sangrantes” de los poemas de Shakespeare hasta el Sagrado Corazón de Jesús, desde los dramas griegos hasta las letras del tango, todo indica que es en el corazón donde radican nuestras emociones humanas: el dolor y el amor, la alegría y el sufrimiento, la pasión y la paz interior.
Además ya lo dijoen El Principito Antoine de Saint-Exupery: “Lo esencial es invisible a los ojos; sólo se ve bien con el corazón”.

Juan Carlos Mirre

Este reportaje aparece en
144
Diciembre 2011
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