El camino del corazón en la evolución de la conciencia

La sociedad actual -materialista, individualista y egoísta- está llevando a decenas de millones de personas a una desazón e insatisfacción interior tan profundas que cada vez es mayor el número de visitas a psicólogos y psiquiatras y el consumo de ansiolíticos y antidepresivos. Problema que quienes investigan en el ámbito de la conciencia intentan asimismo afrontar impartiendo cursos de crecimiento y evolución personal. Pues bien, vamos a dar a conocer uno de los que a nuestro juicio mejores resultados obtiene –El camino del corazón– de la mano de la terapeuta María Pinar Merino quien propone a quienes buscan la paz interior y un mayor grado de conciencia un auténtico viaje iniciático en el que se vivencia semana a semana, de forma alerta y consciente, las virtudes que todos deberíamos potenciar.

Quienes han hecho durante años el Camino del Corazón aseguran que su forma de ser y vivir cambió radicalmente de forma lenta pero firme. Algo que quienes lo enseñan aseguran se debe a la activación de un tipo de «energía» realmente transformadora que procede del plexo del corazón y en la mayoría de los seres humanos está muy poco activa porque los canales energéticos a través de los cuales se expresa se «bloquean» con los miedos. No hablamos pues de una terapia psicológica o un curso de desarrollo personal sino de una propuesta transformadora merced a la cual la persona aprende a «ver» la realidad de forma distinta y se atreve a incursionar en territorios internos desconocidos. Y tampoco hablamos de un camino devocional sino de acción en el que lo que se aprende es a actuar, hablar, pensar y sentir desde el corazón, a identificar los propios miedos, afrontarlos y vencerlos a fin de poder desplegar nuestro auténtico potencial como seres que gozamos de diferentes planos: espiritual, mental, emocional, energético y físico.

Pues bien, de ello hemos querido hablar con una de las personas que inició hace más de dieciocho años este aprendizaje en España con motivo de la reciente publicación de un libro que lleva precisamente ese título: “El camino del corazón. Una experiencia mágica”. Nos referimos a María del Pinar Merino, miembro del equipo de nuestra revista durante los primeros años de andadura editorial que hoy dicta cursos en muy distintos países y es experta en técnicas de comunicación y dinámica grupal. Miembro de la Fundación Valores y partícipe activa en el desarrollo de la Carta de la Tierra es asimismo autora de otros conocidos libros como Las Leyes Universales, En cuerpo y alma hacia la salud integral, Levanta el vuelo, La maleta del sabio y Cuadernos de trabajo de la Ciencia del Yo.

-¿Podrías explicar de forma breve qué es «el camino del corazón»?

-Se trata de una propuesta atrevida que de alguna forma rompe con los métodos tradicionales de la Psicología y las escuelas de crecimiento personal, basados generalmente en el adiestramiento mental tanto a nivel racional como emocional. Nuestra propuesta es activar la “inteligencia del corazón” para lograr un estado de conciencia global capaz de producir cambios profundos en la persona, en su interpretación de la realidad y la vida, por tanto, en su conducta.

-¿Con qué objeto?

-Para ayudar a afrontar la situación de crisis -tanto personal como social- que vivimos. Estamos asistiendo a un salto cuántico de desarrollo planetario que nos fuerza a buscar nuevos paradigmas que permitan responder a los retos a los que nos enfrentamos. Albert Einstein decía que los problemas no pueden resolverse en el mismo nivel en el que se crearon; pues bien, el «camino del corazón» enseña a afrontarlos desde un nivel de conciencia superior y para ello hemos desarrollado toda una metodología que hoy está ampliamente avalada por la experiencia; en la primera etapa con diez años de trabajo discreto efectuado por un grupo cerrado de investigación. Y luego, a partir de ahí, saliendo al exterior para proponer que lo siguieran diferentes colectivos: empresas, educadores, organizaciones no gubernamentales, asociaciones, etc. Otros ocho años más en los que han hecho ya el camino del corazón cerca de un millar de personas de todas las edades y sectores sociales.

-¿Pero cuál es el fin primordial práctico del camino del corazón?

-Se persiguen fundamentalmente tres objetivos:

1) Crear nuevas estructuras de pensamiento no basadas en la mente racional o en la memoria sino en facetas internas del “cerebro del corazón”. Se trata de llegar a un estado global de conciencia merced a la inteligencia del corazón.

2) Crear nuevas formas de comunicación. Hay que aprender a actuar, hablar, escuchar y manifestarse teniendo como guía al corazón. Y,

3) Crear nuevas formas de relación. En tres direcciones: con uno mismo, con los demás y con la Naturaleza.

Los términos “inteligencia” y “conciencia” suelen referirse al cerebro o la mente pero tú los vinculas con un “músculo” como es para los fisiólogos el corazón.

-Cierto. Porque durante muchos siglos años hemos creído que el corazón es solo un músculo cuya misión principal es bombear sangre a todos los órganos del cuerpo a fin de que a través de ella nos llegue el oxígeno y las sustancias nutritivas que necesitamos como soporte vital. Sin embargo, las últimas investigaciones en neurocardiología han demostrado que el corazón es algo mucho más importante.

-¿A qué te refieres exactamente?

-En las últimas tres décadas el corazón ha sido objeto de estudio en prestigiosas instituciones. Como la Universidad de Oxford, la canadiense Universidad de Waterloo, el asimismo canadiense Instituto para el Desarrollo de la Persona de Quebec y el Instituto HeartMath de California (EEUU). Y han sido muchos sus sorprendentes descubrimientos. Gracias a ello ahora sabemos que:

1) El corazón tiene «cerebro» propio. Se ha descubierto que posee un sistema nervioso independiente con una extensa red neuronal. Se calcula que puede haber en él unas 40.000 neuronas ya que entre el 60% y el 65% de sus células no son musculares sino neuronales. Y están acompañadas de una amplia red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo.

2) El corazón es inteligente. Tiene desarrollados circuitos que le permiten tomar decisiones, aprender, recordar, percibir, intuir y pasar a la acción de forma independiente del cerebro. Y,

3) El corazón y el cerebro están conectados; a varios niveles:

  1. a) Neurológicamente. Transmitiendo impulsos nerviosos que permiten al corazón inhibir o activar determinadas partes del cerebro según las necesidades. Algo que influye en nuestras reacciones y en nuestra percepción de la realidad.
  2. b) Bioquímicamente. Mediante hormonas y neurotransmisores que aseguran la homeostasis (equilibrio general del cuerpo). Genera por ejemplo la hormona ANF (Atriol Neuratic Factor) que afecta al sistema límbico, al área del hipocampo (memoria y aprendizaje) y al cerebro emocional. Y es capaz de inhibir la producción de cortisol (la hormona del estrés) liberando oxitocina (conocida como la hormona del amor).
  3. c) Biofísicamente. A través de ondas de presión; mediante el ritmo cardiaco y sus variaciones el corazón envía mensajes al cerebro y al resto del cuerpo. Y,
  4. d) Energéticamente. El campo electromagnético del corazón es más potente que el de los demás órganos. De hecho es 5.000 veces más intenso que el del cerebro. Hoy se sabe que su campo magnético se extiende alrededor del cuerpo ¡entre dos y cuatro metros!

-Es cierto. Está constatado que el corazón tiene un sistema nervioso propio que opera de forma independiente comunicándose con todo el cuerpo tanto a través de las fibras nerviosas que conectan con el sistema nervioso central -vía médula espinal- como con el sistema nervioso autónomo -vía nervio vago- así como por medio de hormonas y neurotransmisores. Y que produce 2,5 vatios de energía eléctrica en cada latido generando un campo electromagnético mucho más intenso que el del cerebro; mayor cuanto más estresados, enfadados o frustrados estamos así como cuando sentimos miedo. Parece pues plausible que el corazón pueda recordar, aprender y gestionar sus propias funciones e incluso influir en la conducta de las personas. Luego todo indica que el corazón tiene “cerebro» propio que puede funcionar de forma independiente al de la cabeza.

-Efectivamente. Se ha demostrado que el corazón puede cambiar de ritmo, aumentar o disminuir la presión o generar determinadas hormonas sin entrar en contacto con el cerebro. De hecho los estudios concluyen que el cerebro del corazón envía más información al cerebro de la cabeza que viceversa.

Lo llamativo es que todo esto fue ya conocido de forma intuitiva por las tradiciones ancestrales de los pueblos de todo el planeta que siempre han considerado al corazón como fuente de sabiduría, amor, conocimiento espiritual e intuición además de salud y funcionamiento equilibrado y armónico del ser integral. Filósofos, profetas y sabios de todos los tiempos creían en el papel fundamental del corazón. A lo largo de la historia de la humanidad encontramos testimonios en todas las sociedades antiguas: Mesopotamia, Babilonia, Grecia, China, Egipto, etc.

Conocimiento que incluso se refleja en el lenguaje de todos los pueblos. Basta para comprobarlo recordar expresiones cotidianas como “lo digo de corazón”, “pon tu corazón en ello”, “lo ha hecho de corazón”, “es una persona de buen corazón”, “tiene un corazón de oro”, “es alguien de corazón noble”, “se expresa con el corazón”, etc. Cuando queremos reflejar que algo se hace con la máxima intensidad, sinceridad y autenticidad… mencionamos al corazón; nunca al cerebro.

-¿Y cómo puede el corazón ampliar nuestro estado de conciencia?

-El corazón genera diferentes tipos de ondas en función de su frecuencia cardiaca. Unas son amplias, regulares y armónicas; y se ha observado que se producen cuando la persona se encuentra bajo estados de tranquilidad y/o mantiene emociones y pensamientos positivos y elevados como el amor, la confianza, la serenidad, la comprensión, etc. Otras sin embargo son caóticas, desordenadas e incoherentes. Y se generan cuando la persona está sumida en emociones negativas como la rabia, la frustración, la soberbia, la impaciencia, etc.

Pues bien, cuando la persona mantiene un estado emocional positivo se produce lo que se conoce como coherencia cardiaca -patrones de ondas repetitivos en amplitud, frecuencia y forma- y es entonces cuando el corazón envía una señal que hace que todo el organismo se sincronice, incluyendo a los sistemas nervioso, cardiovascular, endocrino e inmune. Entramos en una coherencia psicofisiológica que produce beneficios en todos los planos: físico, energético, emocional, mental e incluso espiritual.

Está constatado que cuando el corazón y el cerebro están en sintonía se reducen los niveles de estrés, ansiedad y depresión; y podemos mantener mejor la calma en situaciones difíciles, pensar con mayor claridad, controlar pensamientos y emociones, gestionar situaciones… Es más, se previenen disfunciones orgánicas y se logra un mayor rendimiento cognitivo.

Y podríamos seguir enumerando numerosos procesos más que se desencadenan cuando el corazón toma el mando. Cuando hay coherencia cardiaca las señales que el corazón envía al cerebro estimulan hasta las áreas cerebrales involucradas con la creatividad.

-¿Entonces a mayor coherencia menor estrés?

-Exactamente. La coherencia es la base de la salud y del funcionamiento armónico de todos los sistemas y órganos. Los estados emocionales positivos que generan ondas cardiacas coherentes potencian el campo magnético personal y se emite una señal clara y potente que es traducida y ejecutada por el cerebro. Incluso se ha demostrado que existe interacción entre la señal que emite el corazón de una persona y el cerebro de otra cuando están próximas gracias al campo electromagnético que nos conecta con los demás y que, como ya dijimos antes, en el caso del corazón es el más potente que puede generar un ser humano.

Los científicos llaman a la coherencia cardiaca un estado de alta eficiencia psicofisiológica. A mí me gusta poner como ejemplo del estado que nos produce la coherencia cardiaca al surfista, que es capaz de mantener su equilibrio, se autorregula, es capaz de sortear las dificultades que se le presentan y aprovecha la ola (circunstancias) para sacar su mejor habilidad para no caerse y llegar hasta la playa utilizando un funcionamiento sincronizado de todos sus sistemas.

-¿Y todo eso cómo se logra?

-Cuando se sigue el camino del corazón la persona da un salto cuántico en la forma de entender la realidad, la vida, las relaciones… Aflora en ella una nueva concepción del ser humano que le hace menos vulnerable, más auténtico, más libre, más independiente, más responsable y, por tanto, más poderoso. ¿Cómo? Por una razón fundamental: el caminante del corazón se libera de los miedos. Y son éstos los que nos limitan o condicionan en todos los órdenes.

Algo especialmente importante hoy dada la complejidad del momento que estamos viviendo y la constante inoculación de miedos en la sociedad. Miedos que nos llegan a través de los medios de comunicación y se respiran en el ambiente. Miedos que se contagian y alcanzan ya proporciones mundiales.

-¿Con qué objetivo?

-Con el de controlar a la sociedad y lograr que ésta acepte sumisamente cualquier cosa que presuntamente pueda librarles de esos miedos. El miedo y la inseguridad hacen presa fácil en millones de personas que se ven invadidas por cantidades ingentes de información. Información que en lugar de proporcionarles referencias que les permitan “posicionarse” mejor en su vida cotidiana les mantienen perdidos, sumidos en la duda y con una creciente sensación de incertidumbre frente a las teorías contradictorias, las ideas incoherentes o la dificultad para separar lo verdadero de lo falso.

Estamos en una encrucijada en la que para poder avanzar y evolucionar debemos abandonar las viejas estructuras de la mente, los modelos mentales, los esquemas que nos hemos creado a lo largo de nuestra historia personal y dejar que surja algo mucho más vivo, abierto, libre… En definitiva, tenemos que migrar desde modelos mentales hacia modelos “biológicos”. Y, sobre todo, tenemos que independizarnos de las memorias que se activan en nuestros circuitos neurológicos cerebrales y condicionan nuestra manera de interpretar la realidad.

-¿Y cómo lograr que el cerebro del corazón se imponga? Porque nuestra parte “racional” no va a ponerlo fácil…

-Es cierto. Por eso hemos desarrollado una estrategia: tener a la mente racional “distraída” para que no interfiera. Y una buena forma de hacerlo es plantear el proceso como un juego, una experiencia vivencial que se lleva a cabo en grupo cuyo reto principal consiste en utilizar el corazón no sólo como órgano generador de nuestros impulsos sino también como órgano pensante; es decir, bajar la energía que tenemos habitualmente colocada en la mente y posicionarla en el corazón.

-Perdona, pero, ¿eso cómo se hace?

-Planteando el trabajo en un escenario mental que podríamos equiparar a un juego de rol. Hacemos que cada aspirante a caminante del corazón visualice que se interna en un bosque tras atravesar un puente que simbólicamente denominamos “el puente de la Conciencia”, puente que separa el territorio de la mente del territorio del corazón. Algo que implica dejar atrás las formas racionales de pensar para pasar a moverse guiados por el corazón. Así que, simbólicamente, cada aspirante debe elegir una nueva identidad en un escenario imaginario o virtual que se desarrolla en la Edad Media al ser el periodo histórico con el que más nos relacionamos la mayoría de los humanos al pensar en un escenario de aventuras. Pasa a ser pues un caballero o una dama medieval para los que puede elegir nombre, vestimenta, estandarte, escudo… De esa forma quien hará el camino del corazón será él, pero despojado de su personalidad actual. No será el ingeniero, empresario, físico, filósofo o fontanero que hoy conocemos todos al que hacer o decir ciertas cosas a lo largo de ese proceso le resultaría difícil o imposible sino ese “personaje” que ha recreado. Con lo que se libera de mucha presión y le permite ser más libre y auténtico. Y obviamente los personajes que encontrará en su camino no serán su pareja, sus hijos, sus padres, sus familiares, sus amigos, sus jefes, sus compañeros o sus empleados sino personajes que pueden o no simbolizarles en ese mundo fantástico creado para hacer el camino: posaderos, guardianes, venerables ancianos, sabios, alquimistas, magos, elfos, duendes, hadas… En suma, a partir del momento en que cruzan el “puente” se convierten en damas y caballeros medievales que van en busca de un cofre, de un tesoro. Cofre que lo que en realidad contiene es su verdadera esencia, su Ser Interior. Un “reencuentro” que cambiará la vida del que llegue hasta él. Podríamos decir, metafóricamente, que lo sutil, lo inmanente, está dentro de un cofre guardado bajo siete llaves cada de las cuales le permite soltar algunas de las cadenas –miedos- que nos atenazan. Es por tanto una aventura individual, pero en la que todos los que hacen conjuntamente el camino ayudan a los demás a avanzar y abrir su cofre.

-¿Y por qué esa representación?

-Por lo que antes dije y porque en cada ser humano anidan recursos internos que quizás la vida nunca le dio la oportunidad de manifestar. Pues bien, en el camino del corazón se reconocen y activan esos recursos y la persona genera destrezas, habilidades, capacidades nuevas que le permiten responder de una mejor manera a los desafíos que la vida cotidiana le presenta. Nos consta que muchos caminantes se sienten como seres nuevos que acaban de nacer, con todas sus potencialidades intactas, sin haber sufrido daño, sin atisbos de desconfianza por experiencias pasadas. Todo eso queda relegado al territorio de la mente.

La memoria es a veces un lastre terrible. Nos ha servido para sobrevivir, pero a veces se convierte en un corsé que nos impide responder a los desafíos con equipaje tan pesado. Y es que la memoria de vivencias de similar “colorido emocional” nos hace reaccionar en el presente de forma condicionada. Sin embargo, cuando una persona se compromete a dejar que su corazón sea el guía de cuanto hace, dice, piensa y siente éste empieza a generar potentes ondas de coherencia cardiaca que no sólo la benefician física, energética, mental y emocionalmente sino que se transmiten al exterior interactuando con su entorno y transformando su realidad de forma sorprendente. Produciendo cambios no sólo en ella sino en las personas que la rodean así como en el contexto y las circunstancias en las que vive. Se generan cambios significativos sin tener que recurrir a catarsis, a viejos patrones de sufrimiento, al dolor o al esfuerzo. Es una herramienta potente y suave que permite tomar las riendas de nuestra vida desde una octava mayor.

-¿Pero qué encuentran los caminantes en su periplo iniciático?

-Los caminantes se adentran en un bosque imaginario en el que se encentran a numerosos personajes y multitud de rutas alternativas y lugares llegando al final de cada jornada a una posada distinta. Posadas cuyos nombres definen por sí mismas los trabajos que van a tener que desarrollar. Posadas del Perdón, de la Paz Interior, de la Autoestima, de la Gratitud… Y lugares intermedios como el Bosque del Desapego, el Cenagal del Miedo, la Cueva de la Transmutación y otros muchos en los que se plantean igualmente aspectos de la personalidad que es necesario “iluminar”, sacarlos a la luz, reconocerlos con el fin de lograr un mayor autoconocimiento identificando las zonas de sombra que se mantienen ocultas en nosotros para después integrarlas.

En cada uno de esos lugares y posadas los caminantes tienen pues retos que afrontar. Y lo hacen de forma personal, a su ritmo y con el nivel de profundidad que cada uno elige. Sin juicios ni valoraciones de ningún tipo porque eso son cosas de la mente. No hay una forma correcta o incorrecta de resolver la situación ya que la enseñanza es personalizada; el camino lo hace cada persona y no se sigue un guion prefijado. Es decir, cada caminante formula su compromiso o afronta el reto como desea y prosigue su camino. Solo debe ir reflejando su periplo en el cuaderno de bitácora personal.

Obviamente los distintos escenarios propuestos tienen como objetivo que la persona pueda “vivenciar” en ese contexto algo que luego le hará replantearse actitudes, comportamientos, ideas, esquemas, creencias y contradicciones en su vida cotidiana y además identificar recursos internos que no aprovechaba.

Y he de decir que nuestra experiencia tras 18 años es que cuando a una persona le das un tiempo y un espacio adecuados para manifestarse siempre saca lo mejor de sí misma.

-¿Cómo se integra luego lo aprendido en ese “mundo virtual con el real?

-Eso es algo sumamente importante. Cuando se supera una posada o un itinerario -algo que puede durar entre media y una hora en el taller- no acaba ahí el trabajo; en realidad es el comienzo de un proceso muy interesante. Superada una posada -por ejemplo, la de la Paciencia- y habiendo respondido al reto con un compromiso o un propósito formulado individualmente se abre en ese momento en él un área energética que hará que en los siguientes días la vida le proporcione situaciones relacionadas con la paciencia a las que deberá responder desde el mismo estado de conciencia en el que lo hizo cuando estaba “jugando” en el taller del Camino del Corazón.

Y cuando la persona reacciona a esa oportunidad como hizo en el “laboratorio” entra en juego la alquimia y se produce un anclaje entre las dos situaciones vividas, la virtual y la real, de tal manera que se convierte en un aprendizaje significativo. Es decir, la persona integra ese conocimiento no desde la memoria sino desde la experiencia vivencial; de forma que no queda guardado en la consciencia de la mente racional sino en los circuitos superiores de la conciencia que maneja el cerebro del corazón y se conecta con la mente profunda. La consecuencia es una modificación de la conducta, una transformación que lleva a la persona a una conciencia global de comprensión que hace permanentes esos cambios.

Todo lo que vivimos en el camino del corazón como un juego se entrelaza con la vida real, se producen anclajes entre ambos mundos: el del corazón y la magia por un lado y el mundo real por el otro.

Es más, hemos comprobado que produce igualmente efectos en las personas y situaciones del entorno armonizando circunstancias desde un mayor nivel de conciencia, solucionando problemas viejos y enquistados, resolviendo bloqueos sin catarsis o dolor, enfrentamientos, resistencias… Podríamos decir que la comprensión global alcanza a más personas de a quienes hacen el camino.

-Luego no se aprende razonando…

No. La información que se recibe no debe ser razonada en el momento sino dejarla dentro, sin pensar en ella; de ese modo su influjo se asienta en lo profundo al entrar vía subconsciente. Es algo similar a cuando escuchamos música con todo nuestro cuerpo en lugar de escucharla sólo con los oídos: la música entra por cada célula, nos envuelve, llega a nosotros como una ráfaga de viento que sigue su camino después de tocarnos. Cuando escuchamos así la música la mente racional está presente pero sin intervenir y es nuestro subconsciente el que recoge la emoción, la armonía, la melodía, la belleza de cada nota que nos empapa por completo. Bueno, pues ese es el estado a alcanzar para integrar la información del camino del corazón. En ese estado se capta la carga energética que lleva incorporada la información y se produce la ósmosis en las zonas profundas de la mente. Y desde ahí se generan sutiles cambios en la persona que dan como consecuencia la modificación de la conducta o el cambio de esquemas mentales de forma suave, fluida, coherente y, en definitiva, sin miedo.

-Por lo que has explicado infiero que no se trata de un camino corto y que hay que reunirse grupalmente. ¿En algún lugar concreto?

-Los talleres solemos hacerlos los fines de semana en lugares cercanos a las poblaciones en los que hay caminantes o aspirantes. Es más eficaz cuando nos alejamos de nuestras preocupaciones y lugares habituales. Procurando siempre estar en contacto con la naturaleza ya que muchos ejercicios y dinámicas tienen como protagonistas bosques, ríos, montes y lagunas. Los cuatro elementos -tierra, agua, aire y fuego- tienen un papel preponderante a través de sencillos rituales que permiten conectar con la fuerza sanadora y el poder de la naturaleza.

-Una última pregunta: ¿hasta qué punto es de verdad eficaz hacer el camino del corazón?

-Eso depende de cada persona pero te aseguro que se trata de una herramienta terapéutica muy potente. No se trata de talleres técnicos sino de experiencias en los que la persona, a medida que avanza, desarrolla un profundo sentimiento de responsabilidad sobre todo lo que vive. De hecho deja de echar las culpas de lo que le pasa a los demás o a las circunstancias y se afirma como creador de su realidad. Muchos recuperan los valores y la ética. Y entienden por fin que puede aprenderse por comprensión y no por dolor. Encuentran sentido a su vida y a menudo son capaces de encajar sus puzles personales al adquirir una visión global que les lleva a tener una mayor conciencia. Superan el pasado, se responsabilizan del presente y afrontan el futuro sin cargas y con el conocimiento adquirido a través de la experiencia.

José Antonio Campoy

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