Germán Velásquez: “Los países industrializados han permitido la ‘privatización’ de la organización mundial de la salud”

Germán Velásquez ha estado en la Organización Mundial de la Salud (OMS) más de 20 años -en distintos cargos- y ha sufrido pues no sólo la presión de la gran industria farmacéutica sino la de algunas organizaciones internacionales influidas -cuando no manejadas- por ella. Pues bien, ante la lamentable situación del sector sanitario ha decidido denunciar la actual mercantilización de la salud asegurando que quien hoy controla la OMS y la usa para sus fines son la gran industria farmacéutica y sus financiadores presuntamente altruistas, algo que impide que la salud de las personas prime sobre los intereses comerciales. Siendo eso lo que ahora intenta lograr desde su actual puesto de Asesor Especial en el Centro del Sur, organización con sede en Ginebra constituida por 52 países en vías de desarrollo.

No es habitual que un colombianohaya llegado a estar en la cúpula del departamento más “caliente” de la Organización Mundial de la Salud (OMS),el que decide qué medicamentos son más eficaces y, por tanto, esenciales para los sistemas públicos de salud de todo el mundo; y es que hablamos de apenas entre 350 y 400 fármacos. Sin embargo ésa fue la labor que finalmente le tocó ejercer al filósofo y economista Germán Velásquez quien tras ejecutar diversos trabajos en el ámbito sanitario -como el libro La industria del medicamento y el Tercer Mundo- terminó ingresando en 1989 en la OMS donde años después –en 1998- escribiría un informe titulado Globalización y acceso a medicamentos: impacto del Acuerdo ADPIC de la OMC–  en el que advertía de los problemas que podía ocasionar permitir a las multinacionales conservar la propiedad de sus patentes durante 20 años -y prohibir que se copien- a la vez que recordaba a los gobiernos de los países en vía de desarrollo que el Acuerdo APDIC permitía en circunstancias de especial gravedad -por ejemplo ante una crisis de salud pública- que un país pueda producir el genérico de un medicamento aunque el mismo siga bajo patente o la posibilidad de que un país que no tenga capacidad para fabricar ese genérico pueda importarlo desde otro que sí esté en condiciones de hacerlo. Informe que nada más ser publicado fue duramente criticado por la industria farmacéutica así como por varios gobiernos -entre ellos el estadounidense- aun cuando lo que se decía en él era cierto solicitándose a la OMS su retirada inmediata. Sin embargo el nombramiento de tres expertos independientes para que valoraran su trabajo y el hecho de que no encontraran error alguno en él hizo que en vez de ser despedido Germán Velásquez fuera promovido en 1999 a coordinador del programa de acción de la OMS sobre medicamentos por la nueva Directora General de la organización, Gro Harlem Brundtland, ex-primera ministra de Noruega en tres ocasiones (1981, 1986-1989 y 1990-1996). Posteriormente, en el 2004, el Departamento de Medicamentos Esenciales se reestructuraría dividiéndose en dos departamentos: el de Políticas y Normas Farmacéuticas -para el que se nombró Director al Dr.Hans Hogerzeil– y el de Cooperación Técnica en materia de Medicamentos Esenciales y Medicina Tradicional -para el que se designó como Directora a Malebona Matsoso y como Director Asociado a Germán Velásquez. Tres años después -en el 2007- Velásquez sería nombrado Director del Secretariado de la OMS para la Salud Pública, la Innovación y la Propiedad Intelectual en la oficina del Director General de la OMS, cargo que ocupó hasta su marcha de la organización.

Hablamos pues de un hombre que ha sufrido enormes presiones por parte de multinacionales farmacéuticas, organizaciones internacionales y numerosos gobiernos que conoce a fondo lo que se cuece en la OMS y lo que está sucediendo en estos momentos. Y de todo ello quisimos hablar con él a sabiendas de que se trata de un hombre convencido de la bondad y necesidad de los fármacos que incluso cree en la utilidad de las vacunas, convicción que esta revista no comparte en absoluto.

-Díganos, ¿cómo es la Organización Mundial de la Salud (OMS) por dentro? ¿Es un organismo honesto y creíble o está corrompido?

-Cuando yo entré la OMS era un lugar extraordinario para quien quería hacer algo por el bienestar de las personas y pueblos. A mí me dió además la oportunidad de viajar por el mundo y conocer otras culturas y realidades distintas además de tratar de aportar mi granito de arena a la gran tarea de transformar el acceso a la salud en un derecho de todos los ciudadanos del mundo.

En mis primeros años con la OMS siempre me impresionó la autoridad de la agencia, el peso de su marca, que llevaba conmigo cuando visitaba cualquier país de Asia, África, América Latina o Europa. “Germán Velásquez, de la OMS, dice que…” era suficiente referencia para que se aceptara cualquier opinión o recomendación mía. Sin embargo en estos últimos años he visto con tristeza cómo se han ido degradando las cosas, cómo la OMS ha ido perdiendo su independencia –por ejemplo debido a la intervenciòn de determinadas naciones desarrolladas que solo buscaban proteger los intereses de sus industrias farmacéuticas o de alimentación- y su credibilidad –algo que últimamente se ha comentado no sólo en los medios de comunicación sino en numerosas instancias como en el Asamblea del Consejo de Europa y algunos parlamentos, especialmente tras la nefasta gestión de la gripe A.
Y por si fuera poco la OMS ha declarado recientemente sufrir una crisis financiera, algo por cierto en lo que yo creo poco porque lo que más bien existe es falta de visión a largo plazo. Además no se puede culpar de ella sólo al Secretariado de la agencia porque el problema real lo han creado algunos de los países más industrializados que son los que han permitido la “privatización” de la OMS. Porque los ingresos regulares de la OMS según los estatutos deben proceder de los estados miembros cuya contribuciòn depende de parámetros como su número de habitantes y producto Interior bruto (PIB) pero hoy con eso sólo se cubre el 20% del presupuesto de la organización para el periodo 2012–2013. Así que se sostiene con “donaciones”. Y evidentemente quien contribuye con su dinero al mantenimiento de una institución termina teniendo influencia en ella. Es el caso del señor Bill Gates, primer “donante” de una agencia que debería ser multilateral, pública e independiente.

-La OMS habla de 350 o 400 “medicamentos esenciales” lo que sugiere que son los realmente útiles y eficaces pero lo cierto es que se comercializan miles. Acusándose a muchos de ellos de ser no sólo ineficaces sino peligrosos. ¿Por qué se permite tanto fármaco cuya eficacia real está por ver?

-La OMS llama medicamentos esenciales a aquellos que realmente sirven para satisfacer las necesidades de atención de la salud de la mayoría de la población tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados. Y la actual lista que compone el llamado Modelo de medicamentos esenciales de la OMS -que se revisa cada dos años- tiene entre 350 y 400 fármacos cuando, como usted bien plantea, en el mercado de muchos países hay más de 10.000 especialidades farmacéuticas en circulación. Evidentemente la lista modelo de la OMS debe adaptarse a las condiciones de cada país pero ciertamente el contraste entre 400 y 10.000 sigue siendo enorme. Mire, los hospitales de cuarto nivel, los más sofisticados de Europa, Canadá o Australia, manejan hoy listas de no más de 400 medicamentos. Como bien dice Joan-Ramón Laporte, “la selección de medicamentos no es una medida de austeridad sino un ejercicio de inteligencia clínica”. Una investigación reciente de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard revisó los registros médicos de 3.457 adultos y se encontró con que al 17% de los enfermos se les habían recetado fármacos que no necesitaban mientras al 37% no se les había recetado el que sí necesitaban.

-Usted ha repetido en numerosas ocasiones que no se debería negociar con la salud, que se trata de un derecho fundamental que no se puede poner al mismo nivel que los intereses comerciales y éstos deberían además estar supeditados al desarrollo económico y social. ¿En qué aspecto de los sistemas sanitarios nota que los intereses comerciales están anteponiéndose a los de la salud?

-El ámbito más sensible y complicado es el del acceso a los medicamentos; sobre todo para los países en desarrollo ya que tienen que importarlos, bien productos terminados, bien materias primas. El debate internacional que precedió a la conferencia ministerial de la Organización Mundial de Comerio (OMC) celebrada en noviembre de 2001 en Doha (Qatar), los dos años de negociaciones hasta llegar a la de Cancún en el 2003 y luego a la de Hong Kong en el 2005 nos forzaron a un debate sobre qué primaba, la salud o el comercio. Y necesitamos más de cinco años para convencer a los actores económicos de que se trataba de un falso debate. De que la salud no está al mismo nivel que el comercio. Y de que cuando hablamos de acceso a la salud y a medicamentos esenciales estamos hablando, por razones éticas, de derechos humanos.

Mire, desde una perspectiva puramente comercial todo es negociable. Y uno puede negociar bien o mal; pero todo puede ser negociado. En cambio en el ámbito de la salud hay principios y valores que no son negociables, que no se pueden dejar sin más a las leyes de la oferta y la demanda.

Es el caso del acceso a los medicamentos esenciales, a los que pueden llegar a salvar una vida o a prevenir una enfermedad o la muerte. Se trata pues de un derecho humano y eso no es negociable. Desafortunadamente en  octubre pasado Colombia, Panamá y Corea firmaron con Estados Unidos tres acuerdos bilaterales de comercio que estaban pendientes desde hace más de dos años que tienen el problema común de restringir el uso de las flexibilidades del Acuerdo ADPIC. Esperemos que el resultado no sea el cambio de ordenadores, flores o bananas por vidas humanas.

-¿Es a su juicio incompatible el derecho a la salud con la obtención de beneficios económicos?

-No si el derecho a la salud prima. Y si existen mecanismos para que todo el mundo tenga acceso a los medicamentos que necesitan. Lo que no es admisible es que la mayoría de la población de los países en desarrollo no tenga acceso a ellos cuando los beneficios de la industria farmacéutica están muy por encima de los de la industria del armamento o de los de la industria financiera -cuando esta iba bien-. Esta situación demuestra que algo va mal.

-Bueno, es obvio que hoy se investiga más para patentar fármacos que para cubrir necesidades humanas. ¿En qué momento la investigación científica comenzó a realizarse con fines de mercado en vez de satisfacer éstas?

-Hasta mediados de la decada de los 90 llegaban por año unas 60 nuevas moléculas químicas pero la innovación farmacéutica viene decreciendo y hoy no llegan a 30. Y como es una industria fundamentalmente basada en el lucro y no en la salud no les queda más remedio que modificar ligeramente –es decir, “maquillar”- sus viejos medicamentos para patentarlos y venderlos como “nuevos”. Usted lo cuenta en detalle en su libro Traficantes de Salud. Lo trágico del asunto es que la mayorìa de los “nuevos” medicamentos lo son sólo en términos comerciales pero no en términos terapéuticos. Es más, con frecuencia esos “nuevos” medicamentos no son mejores que los que ya existían en el mercado.

-¿Y cómo evitarlo? ¿Logrando quizás que los estados dediquen más medios a la investigación básica?

-Mire, la producción de medicamentos por parte de los conglomerados farmacéuticos forma parte de ese monstruo fabril y comercial sin sentido que hemos construido los humanos para obtener la mayor ganancia en el menor tiempo posible. Y mientras la irracionalidad del “enriquecimiento rápido” siga asumiéndose de forma mayoritaria como algo normal el  problema del acceso a los medicamentos seguirá sin resolverse. Se trata de un sofisma que está conduciendo al suicidio a la especie humana porque con ello estamos envenenando el aire, la tierra, los ríos y los mares.

A mi juicio la pretensión de “humanizar el comercio injusto” tendrá la misma eficacia que la “humanización de la guerra”: ninguna. Porque la justicia social pasa por encontrar un equilibrio entre los recursos disponibles y lo que fabricamos y realmente necesitamos. Incluido el ámbito sanitario Lo explico en un reciente libro que publiqué con Carlos Correa titulado El acceso a los medicamentos en el contexto de los acuerdos internacionales de comercio y las nuevas reglas de propiedad intelectual.

En suma, creo que ha llegado el momento de legislar. En materia de salud pública no podemos seguir sólo “recomendando”, como hace la OMS. Hay que utilizar la jurisprudencia nacional e internacional como bien postula Xavier Seuba en su última publicación La protección de la salud ante la regulación internacional de los productos farmacéuticos. Y aunque el problema del acceso a los medicamentos es más dramático en los países del Sur la urgencia de legislar, paradójicamente, será más urgente en el Norte donde los sistemas de salud y la Seguridad Social -como sucede en los países de Europa Occidental, por ejemplo- están al borde del colapso. El déficit de la Seguridad Social en Francia por ejemplo es ya de ¡30.000 millones de euros!

¿Y cómo hacerlo? Mire, la comunidad internacional dotó a la Organización Mundial de Comercio (OMC) de mecanismos de carácter obligatorio para fijar las reglas internacionales de comercio. ¿Y el derecho a la salud y a los medicamentos no es una obligación de los estados? ¿No habría que dotar o activar los mecanismos obligatorios de la OMS? Pues entonces esa obligación debería estar protegida y garantizada por leyes. En realidad no estamos hablando de ninguna revolución, se trata sólo de regular una industria como la farmacéutica que está hoy “fuera de la ley” a fin de que pase a estar al servicio de la sociedad y no a servirse de ella como actualmente sucede.

-¿A su juicio se justifican las patentes en el ámbito de la salud?

-Sin ellas el mundo no habría tenido a su disposición el actual arsenal de fármacos existente que nos permite luchar contra los males que afligen a la humanidad. El problema es que muchas personas siguen muriendo porque carecen de ciertos medicamentos o vacunas. No sólo en el caso de las enfermedades emergentes sino también ante la grave amenaza que representa la creciente resistencia a los medicamentos utilizados contra enfermedades mortales comunes como el SIDA, la malaria, la tuberculosis, la meningitis bacteriana o la neumonía.

Así que con el fin de desarrollar nuevos fármacos será necesario encontrar mecanismos innovadores para la I+D de nuevos productos, mecanismos y modelos que al mismo tiempo aseguren que los pacientes tengan un rápido acceso a los frutos de esa investigación. El actual sistema de patentes impuesto por el ADPIC -acuerdo de la OMC sobre los derechos de propiedad intelectual – “secuestra” el medicamento por un periodo mínimo de 20 años -duración del monopolio de comercialización a precios elevados- y en ese periodo son muchos los pacientes que mueren por no poder acceder a ellos o pagarlos.
La creciente preocupación por la forma en que los acuerdos comerciales internacionales -en particular el acuerdo mencionado- puede restringir el acceso a los medicamentos llevó a adoptar la Declaración Ministerial de Doha que marcó un hito importante al afirmar que ese acuerdo debe ser interpretado y aplicado de manera que apoye el derecho de los países a tomar medidas para proteger la salud pública y promover el acceso de sus ciudadanos a los medicamentos. En ese sentido la declaración consagra los principios que organismos como la OMS han defendido y promovido, es decir, la reafirmación del derecho de los miembros de la OMC a hacer pleno uso de las flexibilidades del acuerdo sobre los ADPIC a fin de proteger la salud pública y promover el acceso a los medicamentos.

Un grado importante de flexibilidad a este respecto es el derecho de los miembros de la OMC para definir los criterios de patentabilidad atendiendo a sus prioridades nacionales. Lo que puede ser una herramienta importante para la promoción de los productos farmacéuticos verdaderamente nuevos e inventivos.

Habrá en suma que trabajar paralelamente en dos sentidos: cómo hacer que el sistema de incentivos para la I+D de la propiedad intelectual y las patentes sea más transparente, eficaz y al servicio de la salud y, por otro lado, buscar métodos alternativos para la I+D que no secuestren el medicamento por un periodo de 20 años.

-¿Y no puede evitarse al menos que las farmacéuticas puedan patentar un fármaco cuyos derechos van a  expirar por otro cuya formulación es en realidad prácticamente la misma?

-Es un problema importante, sí. Están patentando productos antiguos cambiando ligeramente sus composiciones, añadiendo para disimular otros principios activos, cambiando la cantidad y las dosis, usando en ellos distintas sales o polimorfos, alegando nuevas propiedades terapéuticas…

Una investigación reciente efectuada por la Unión Europea sobre los medicamentos comercializados por la industria farmacéutica entre 2000 y 2007 encontró que un solo medicamento puede estar protegido hasta por 1.300 patentes o aplicaciones de patente pendientes. De ahí que el número de litigios se haya multiplicado por cuatro en Europa. Litigios que pueden incluso demorar la entrada de un genérico entre seis meses y seis años.De hecho los europeos se hubieran ahorrado sin el retraso de los genéricos un 20% lo que hubiera significado pagar aproximadamente ¡tres billones de euros! menos.

-En Estados Unidos cuando se descubren fármacos con fondos públicos es habitual ofrecer la comercialización de los mismos a una empresa privada. Con lo que los beneficios de la investigación pública se queda en manos privadas. No parece ni lógico ni ético.

-Y no lo es. Toda innovación cuya investigación haya sido realizada con fondos públicos debería ser automáticamente de dominio público. En la Unión Europea la crisis de financiación de los sistemas de salud de la que hablamos antes va a obligar a los estados a invertir en R&D, fijar la agenda de investigación en función de las necesidades reales de salud y no de los posibles mercados comerciales e intervenir drásticamente en los ensayos clínicos actualmente financiados por la industria con el conflicto de intereses que esto conlleva.

-Usted ha estado muchos años en la OMS así que díganos: ¿cómo se explica que se aprueben fármacos con tantos efectos secundarios? Porque en las últimas décadas estamos asistiendo a un incremento de la iatrogenia, de los daños provocados por los medicamentos, realmente inadmisible. De hecho cada vez se tienen que retirar más del mercado… tras provocar numerosos daños y muertes.

-Cierto. Y se debe a que las autoridades sanitarias de reglamentación y control de medicamentos no están haciendo su trabajo correctamente. El caso reciente del fármaco francés Mediator (benfluorex) ilustra bien el problema. Ese medicamento se concibió inicialmente para tratar la diabetes pero luego se utilizó mucho tiempo para adelgazar y se calcula que al menos provocò la muerte de entre 500 y 2.000 personas. En España –donde se comercializó como Modulator- se retiró en 2003 y en Italia en 2005. En Francia sin embargo continuó comercializándose hasta 2010. ¿Por qué? Simplemente porque el laboratorio familiar Servier consiguió influir sobre las autoridades sanitarias francesas para no que no lo retirasen.

¿Y se trata de un caso aislado? Por supuesto que no. Al Mediator le seguiría la rosiglitazone; y a éste el rimonabant; y a éste al rofecoxib; y a este la cerivastatina, el comocido Vioxx cuyo caso perdió Merck contra Joan Ramon Laporte en los tribunales…

-Por cierto, ¿cómo justifica la industria el alto precio de sus “nuevos” medicamentos?

-En febrero pasado la revista BioSocieties -publicación de la London School of Economics– publicó un artículo explicando que el coste real de la I+D es en realidad una parte de las estimaciones comunmente citadas. Según sus autores –Light y Warburton– el costo medio en I+D para desarrollar un medicamento oscila entre 13 y 204 millones de dólares; depende del tipo de producto. Estimando un costo medio de 43,4 millones de dólares para cada nuevo fármaco. Y sus conclusiones son claras: ‘La cifra está muy lejos de los entre 802 millones de euros y 1,3 billones reclamados por la industria”.

El mayor problema de los altos precios de los medicamentos es que no hay transparencia sobre sus costes reales cuando el precio depende evidentemente de ello. Si un laboratorio dice que desarrollarlo le costó 1,3 billones de dólares podrá justificar un precio muy superior a si dice que le costó sólo 43,4 millones.

-Usted mismo ha reconocido públicamente que existen países -como Estados Unidos- que cuando se sientan a impulsar tratados comerciales sobre patentes de fármacos quienes hablan lo hacen en realidad en nombre de industria farmacéutica. ¿Ocurrió algo similar con la OMS durante la inexistente pandemia de pripe A? ¿Qué valoración hace usted de su gestión?

-¿La gripe A achacada al H1N1 fue un caso de “salud pública” o un “saludable negocio”? ¿Quién ganó y perdió con ella? Una declaración de pandemia puede prevenir millones de muertes… o crear mercados de millones de dólares. ¿Estuvo la gripe A en esta segunda categoría? La respuesta es que, en gran medida, sí.

Pero hay una integrrogante aún más grave y sin respuesta: cómo ese episodio afectará a la credibilidad de la OMS y de las autoridades sanitarias de los países, si a partir de ahora la gente se preguntará si está haciendo una gestión más comercial que sanitaria. Y, sobre todo, esa clara pérdida de credibilidad, ¿la impedirá afrontar eficazmente un problema real de salud en el futuro?

-¿Hasta qué punto los conflictos de intereses están pervirtiendo a las autoridades sanitarias de todo el mundo, a los sistemas sanitarios y, por ende, a la democracia? ¿Y qué se puede hacer al respecto?

En Francia, a causa del escándalo del Mediator, se hizo una reforma a fondo que se espera garantice a partir de ahora la completa independencia del sistema. Y si eso ha tenido que hacerse en un país que se consideraba con un alto nivel de control, ¿qué puede estar ocurriendo en el resto del mundo? La cuestiòn es preocupante, sí.

-Usted denunciò en su día haber sido amenazado varias veces e, incluso, agredido físicamente por su labor en el seno de la OMS. ¿Podemos saber quiénes fueron y en qué consistieron las amenazas?

-No me gusta hablar de eso. Nunca lo he hecho. Mire, hay un documental que hizo Frederic Castaignede para el canal de televisión franco-alemán ARTE donde se cuenta lo sucedido que fue también presentado con el título El lucro o la vida en el programa La noche temática de RTVE Si quiere citar el resumen del documental es decisión suya. Yo no diré más al respecto.

Como el lector supondrá aceptamos su sugerencia. Transcribimos pues un extracto de lo que se dice en ese documental: “El 26 de mayo de 2001, un mes después de la derrota de los gigantes de la industria farmacéutica en el Sur de África, el Dr. Velázquez estaba en una misión en Brasil, en Río de Janeiro. Caminaba por la avenida Copacabana cuando fue abordado por dos jóvenes que le pidieron la chaqueta, el dinero y le hicieron cortes en un brazo con un cuchillo. Velásquez pensó que se trataba simplemente de un robo pero dos días más tarde se encontraba en Miami y allí fue violentamente atacado por dos hombres armados que le amenazaron de muerte y le lanzaron un mensaje claro: ‘¡Esperamos que hayas aprendido la lección que te dimos en Río: ¡deja de criticar a la industria farmacéutica!”.

-¿Ocurre en el sector sanitario lo mismo que en otros ámbitos? ¿Llega la industria a recurrir a tácticas mafiosas? Mójese y díganos: ¿qué es lo peor que ha visto en los veinte años que ha estado en la OMS?

-Estoy “mojado” desde hace mucho tiempo. He dicho varias veces que la sociedad contemporánea tiene la capacidad tecnológica y financiera de producir medicamentos que podrían salvar millones de vidas y no lo estamos haciendo. Y eso es un crimen que todos, la OMS, los gobiernos, usted y yo mismo, estamos presenciando. Todos somos pues cómplices por no prestar la debida atención al hecho de que millones de personas están por ello en peligro de muerte.

-Usted trabaja ahora para un organismo conocido como Centro del Sur. ¿Puede decirnos que hace en él?

-Soy Asesor Especial para Salud y Desarrollo. Se trata de una organización intergubernamental constituida por 54 países en desarrollo -entre los que están China, India, Brasil o Sudáfrica- que tiene su sede en Ginebra (Suiza) y se estableció mediante un acuerdo constitutivo que entró en vigor el 31 de julio de 1995. Es un centro que surgió a raíz de la labor y experiencia de la Comisión del Sur, organismo de seguimiento que surgió de la necesidad de fortalecer la cooperación Sur-Sur y no sólo la Norte-Sur. La idea era que los países del Sur estuvieran organizados en el plano mundial para actuar conjuntamente aumentando así su poder de negociación y, paralelamente, poner en común sus conocimientos y experiencia.

El objeto del centro es, en suma, proporcionar a los países en desarrollo miembros apoyo intelectual en materia de políticas para poder emprender acciones individuales y colectivas, particularmente en el ámbito internacional. En el ámbito de la salud concretamente con tres actividades principales: reforzar la capacidad de los negociadores de los paises del Sur ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), proporcionar asistencia técnica a los países en desarrollo en materia de salud pública, particularmente en lo que al acceso a los medicamentos se refiere -una labor muy semejante pues a la que hacía antes en la OMS- y, finalmente, investigar y publicar sobre temas relacionados con la salud y el acceso a los medicamentos.

-Nos gustaría seguir pero entendemos que la entrevista no puede eternizarse. Respóndanos a una última pregunta: ¿lo que está pasando es responsabilidad de la industria farmacéutica o de nuestros representantes políticos que lo permiten?

-Algunos me tildan de ser muy crítico con la industria farmacéutica pero soy mucho mas crítico con los gobiernos. A mi juicio a la industria farmacéutica le debemos muchos de los progresos importantes de la medicina moderna. La gran revolución terapéutica que significó la aparición de las sulfamidas y los antibióticos es incontestable. Y hasta hace unos quince años las cosas funcionaron relativamente bien a pesar de que haber dejado desarrollar una industria ligada a la salud y a la vida como un negocio fue un craso error de partida. Hoy hay sin embargo tres circunstancias  que vienen a complicar mucho las cosas.

En primer lugar, se suponía que las compañías farmacéuticas iban a estar controladas y reguladas por los estados pero han crecido vertiginosamente sobrepasando las fronteras nacionales hasta escapar por completo a sus controles. Actualmente la sede de una multinacional puede estar en Suiza siendo el capital norteamericano y producirse los productos en Singapur. Éste es el primer problema. En segundo lugar, la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995 y, con ella, la generalización del sistema de patentes para productos y procesos farmacéuticos durante 20 años. Y, en tercero, la pandemia del SIDA y, sobre todo, la aparición de los primeros medicamentos contra esa enfermedad para los que se acordó una patente/monopolio/alto costo de 20 años cuando las personas que los necesitaban solo podían esperar cuatro o cinco años en el mejor de los casos.

Terminamos. Es obvio que nuestro interlocutor está persuadido de la eficacia de los fármacos y vacunas considerados esenciales -incluso cree en la existencia del SIDA- y quiere que todo el mundo pueda acceder a ellos siendo eso lo que más le interesa y por lo que ha luchado durante muchos años. Obviamente en Discovery DSALUD no se comparten algunas de sus convicciones -como nuestros lectores habituales bien saben- pero no es menos cierto que se trata de alguien que lucha honestamente por aquello en lo que cree y se ha atrevido a denuciar las irregularidades y sinsentidos de una OMS, una industria farmacéutica y unos gobiernos que no están desde hace tiempo a la altura que exige la urgencia sanitaria que se vive actualmente.

Miguel Jara

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144
Diciembre 2011
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