La hepatitis es una inflamación
del hígado que puede deberse a una infección, a una intoxicación o a un proceso
alérgico si bien las más frecuentes son de origen vírico. Las hepatitis tóxicas
suelen ser de origen alimentario o medicamentoso. Veámoslas más despacio.
- La hepatitis A.
Suele aparecer por brotes o epidemias. Es la forma más común en niños y adolescentes.
Se transmite únicamente por vía fecal-oral, por contacto entre personas o por
contaminación de alimentos o agua con heces infectadas. Es importante señalar
que no existen en este caso portadores crónicos del virus. Cursa con ictericia,
coluria (bilirrubina en orina) y acolia (heces blancas). Otros síntomas son: decaimiento,
debilidad, anorexia, leve dolor abdominal, fiebre, etc. En algunas personas pasa
casi desapercibida, como si se tratase de una gripe fuerte con subictericia. Un
pequeño porcentaje sufre hepatitis fulminante que termina en muerte.
- La hepatitis B.
Se transmite por sangre, mediante las relaciones sexuales sexual
o vía materno-infantil si bien no se conoce la causa de un 5% aunque se piensa
que es enteral. Este tipo aparece en cualquier grupo de edad. Es mas grave que
el tipo A con un índice de mortalidad mas alto y puede dar lugar al desarrollo
de un estado portador o a la progresión hasta una enfermad crónica.
- La hepatitis C.
Es una infección
causada por el virus HCV (Human C Virus), un pequeño virus perteneciente a la
familia Flaviviridae que no está relacionado con los virus que causan la
hepatitis A y B. Se piensa que existe desde hace décadas pero fue descubierto
en fechas muy recientes -exactamente en 1989- por lo que no se sabe mucho sobre
él.
En aproximadamente el 15% de los casos de hepatitis C aguda el
sistema inmune elimina el virus y la infección revierte espontáneamente. Sin embargo,
más del 85% de los infectados desarrollan hepatitis C crónica.
En el cuadro
crónico de hepatitis C las células hepáticas son infectadas y dañadas por
el HCV. Escaras de tejido fibroso se desarrollan reemplazando a las células hepáticas
dañadas por lo cual se pierde progresivamente la función hepática, proceso denominado
fibrosis hepática.
A medida que la fibrosis continúa el hígado se vuelve
cirrótico (este proceso puede llevar varios años y ocurre en el 20% de los pacientes
con hepatitis C crónica, generalmente entre 10 y 20 años después de establecida).
A medida que la función hepática continúa declinando la persona comienza
a sentirse débil y cansada, aparecen náuseas, fiebre baja y pérdida de peso. Existen
también signos físicos como las "arañas" vasculares en la piel, brazos y la parte
alta del tronco, palmas rojas, hepatomegalia, heces pálidas y orina oscura, etc.
La ictericia puede aparecer en estadios posteriores. El incremento de toxinas
en sangre, consecuencia de la mala función hepática, puede provocar trastornos
neurológicos e, incluso, llegar hasta el coma.
También como consecuencia
de un estado crónico de hepatitis C el paciente puede desarrollar un tipo de cáncer
de hígado denominado hepatocarcinoma o carcinoma hepatocelular. Más de un 6.7%
de los pacientes con HCV desarrollan este tipo de cáncer luego de 20 años de infección.
Del 70 al 80% de los casos de hepatitis C aguda no revierte y pasa a un estado
crónico. Inclusive el estadio crónico de la hepatitis C puede ser asintomático.
La fatiga es el síntoma más predominante en personas con esta afección.
La
infección con el virus de la hepatitis C puede afectar otras partes del cuerpo
además del hígado, especialmente a las articulaciones, los músculos y la piel.
Hoy en día se está produciendo mayor incidencia de hepatitis C debido a su particular
virulencia con los pacientes infectados por HIV debido a que éstos presentan un
deterioro en el sistema inmune y facilitan la progresión del virus en el organismo.
Los niveles de HCV en sangre en pacientes coinfectados con HIV son superiores
a pacientes con HCV solamente.
El HCV incrementa la tasa de muerte en pacientes
con HIV debido a que el virus tiene mayor facilidad para provocar una destrucción
hepática -incluyendo fibrosis y cirrosis- o al desarrollo de cáncer de hígado,
en una forma más rápida que pacientes que no son HIV positivos.
- La hepatitis D.
La causa un virus defectuoso que no
puede replicarse e infectar a un individuo salvo que éste ya haya sido infectado
con el virus de la hepatitis B. Su forma de trasmitirse es muy similar al de la
hepatitis B: por la sangre y otros líquidos orgánicos. Las personas mas susceptibles
de padecerla son las que con anterioridad han sido infectadas por el virus de
la hepatitis B, los que utilizan drogas por vía intravenosa y los que reciben
transfusiones de sangre contaminada. A pesar que la sintomatología es muy parecida
al de la hepatitis B, la D provoca una clínica mas grave que la anterior. Por
otra parte, al ser una infección concurrente el pronóstico es peor que en los
casos de una sola infección.
-
La hepatitis E.
Su curso y transmisión es igual que
en la hepatitis A, es decir, a partir de agua contaminada o alimentos contaminados
a partir de las heces humanas. Su diagnóstico se lleva a cabo por exclusión de
las demás hepatitis. Igual que con la hepatitis A, nunca será una enfermedad crónica
aunque las tasas de mortalidad son más elevadas en este caso. Una característica
de este virus es su letalidad en las mujeres embarazadas; de hecho, según algunos
estudios entre un 15 y un 25% de las infectadas mueren. Está presente sobre todo
en Asia central, África y México.
POSIBILIDADES
ORTOMOLECULARES
Desde la perspectiva de la Nutrición Ortomolecular
la hepatitis se trata como cualquier otra infección que cursa con inflamación
aunque sin dejar de tener presente su virulencia. Como ya sabemos, no existe factor
más decisivo para prevenir las infecciones que un sistema inmune en buenas condiciones.
Aunque la constitución genética influye en gran medida sobre la inmunidad también
lo hacen los factores externos siendo los principales la dieta y unos buenos hábitos
de vida.
La alimentación influye enormemente sobre la actuación de los glóbulos
blancos que constituyen la primera línea de defensa contra las infecciones como
es el caso de los neutrófilos -encargados de fagocitar bacterias, virus y células
cancerosas- y de los linfocitos -entre los que se encuentran los linfocitos B
y T y las células "natural killer" (asesinas naturales).
Las células B producen
anticuerpos que destruyen bacterias, virus y células tumorales. Las células T
dirigen muchas de las actividades inmunitarias y producen interferón e interleucina,
dos agentes químicos fundamentales para bloquear las infecciones fundamentales
en la hepatitis.
RECOMENDACIONES GENERALES
-Intente reposar y dormir suficientemente y evitar realizar esfuerzos.
-Procure
controlar el estrés, las tensiones nerviosas y emocionales.
-Evite en la medida
de lo posible una dieta compleja y de difícil digestión.
-No consuma grasas
saturadas, azúcares refinados o alimentos fritos ya que generan demasiados residuos
metabólicos.
-Sustituya los hidratos de carbono simples por complejos.
-Consuma abundantes alimentos con marcada actividad depurativa: frutas y vegetales.
-Aumente el consumo de fibra vegetal ya que facilita la eliminación de residuos
tóxicos y medicamentosos.
-Evite todos aquellos alimentos que puedan sobrecargar
la función hepática.
-No tome bebidas alcohólicas ni ingiera aditivos o contaminantes
químicos y, en la medida de lo posible, medicamentos.
-Aumente la ingesta
de alimentos con poder antibiótico -ajo, cebolla, rábanos, puerros, etc.-, de
aquellos que estimulan la actividad del sistema inmune y de los que poseen acción
alcalinizante, como el limón.
ALIMENTOS BENEFICIOSOS:
- Aceites de semillas de primera presión en
frío.
Excelentes para la salud por muchas razones pero no
abuse tampoco de ellos. Lo mejor es consumir diariamente aceite de oliva, rico
en ácido oleico capaz de mantener el equilibrio entre las grasas saturadas e insaturadas.
- Acerola.
Es la fruta
más rica en vitamina C y además contiene flavonoides (hesperidina y rutina) y
ácidos orgánicos. Mejora la función inmunitaria y la producción de interferón,
una proteína antivírica.
- Ajos, puerros
y cebollas.
El ajo es un antibiótico natural merced a su contenido
en aliína, compuesto sulfurado que se transforma en aliicina. Es activo frente
a numerosas bacterias, virus, hongos y parásitos además de ser rico en vitaminas
y sales minerales. El puerro posee también acción antibiótica pero más suave.
En cuanto a la composición de la cebolla es similar a la del ajo; además es muy
rica en flavonoides, enzimas, fitosteroles y sales minerales.
-
Alcachofa y cardo.
Su contenido en cinarina y otras sustancias
mejora la función hepática y desintoxica el hígado eliminando las sustancias de
desecho.
- Alfalfa.
Rica
en oligoelementos y minerales que favorecen la síntesis de anticuerpos.
- Arándanos, cerezas, fresas y grosellas.
Contienen
importantes antioxidantes y mejoran la circulación a nivel portal.
-
Berros.
Contienen un glucósido sulfurado y favorecen la recuperación
y el buen funcionamiento hepático.
- Cereales
integrales.
Hidratos de carbono complejos que aportan vitaminas
del grupo B necesarios para el buen funcionamiento hepático.
-
Chucrut.
Favorece el metabolismo hepático.
-Ciruela.
Es muy baja en sodio,
grasas y proteínas por lo que es adecuada en los casos de afecciones hepáticas
ya que facilita su trabajo.
- Cúrcuma.
La curcumina que contiene es un pigmento amarillo con efectos protectores
del hígado similares a la silimarina y la cinarina del cardo mariano y la alcachofa.
- Diente de león.
Al igual
que la alcachofa y el cardo constituye uno de los alimentos imprescindibles en
la alimentación del enfermo hepático. Es un gran desintoxicador y depurativo de
este órgano.
- Frambuesa.
Facilita
la eliminación de las sustancias de desecho que se producen en las infecciones.
Proporcionan además vitaminas especialmente importantes como la C y el ácido fólico
así como hierro, potasio y flavonoides.
-
Jalea real.
Ejerce una acción revitalizante y tonificante de
todas las funciones orgánicas, incluida la inmunitaria.
-
Kiwi.
Inmunoestimulante por su contenido en oligoelementos,
minerales y vitamina C.
- Lecitina.
Contiene colina, un factor vitamínico necesario para el metabolismo hepático.
- Legumbres y verduras foliáceas verdes.
Aportan ácido fólico que ayudan a la recuperación de los hepatocitos.
- Levadura de cerveza.
Fuente
importante de vitaminas del grupo B, selenio, zinc, inositol y colina.
- Limón.
Es un alimento inmunoestimulante
y alcalinizante de gran utilidad en todo tipo de infecciones. Contiene vitamina
C y carotenoides.
- Litchi.
Es muy útil en enfermedades infecciosas por su acción inmunoestimulante.
Los frutos son analgésicos, antipiréticos y antiinflamatorios aunque las hojas
son más efectivas. Contiene gran cantidad de vitamina C y una importante proporción
de todas las demás excepto de la A y de la B12.
-
Manzana.
Descongestivo hepático.
- Melón.
Es hidratante y remineralizante. Favorece la reposición
del agua y de las sales minerales, que se pierden en los casos de enfermedades
infecciosas.
- Miel.
Contiene fructosa que facilita la formación de glucógeno y mejora el funcionamiento
hepático.
- Nísperos.
Descongestionante hepático capaz de mejorar la hepatomegalia. Contiene provitamina
A y minerales.
- Rábano.
Es rico en compuestos sulfurados entre los que destaca la rafanina, de gran poder
antibiótico, antivírivo e inmunoestimulante, sobre todo a nivel hepático.
- Sésamo.
Contiene vitaminas
del grupo B que facilitan el buen funcionamiento y la regeneración de las células
hepáticas.
- Setas chinas: shii-take, mai-take,
etc.
Estimulantes de la producción de interferón endógeno.
- Tapioca.
Es la harina de
un tipo de mandioca que aporta hidratos de carbono (mucílagos) de fácil asimilación
y apenas nada de grasa lo que facilita la función hepática.
- Tomates.
Ricos en carotenoides antioxidantes y en
minerales de acción inmunoestimulante.
-
Uvas.
Aportan azúcares naturales y vitaminas antioxidantes
activando la función desintoxicadora. Estimula también la producción de bilis
lo que descongestiona el hígado y facilita la circulación de sangre por su interior.
Facilita el retorno de la sangre del aparato digestivo al hígado con lo cual disminuye
la hipertensión portal.
ALIMENTOS PERJUDICIALES
- Alimentos fritos.
No son
recomendables por su riqueza en grasas que además se han oxidado.
- Alimentos refinados.
Debilitan las defensas orgánicas
al privarnos de nutrientes importantes.
-
Alimentos tiramino-liberadores.
quesos y carnes fermentados,
fiambres, alimentos ahumados, vino blanco y chocolate.
-
Azúcares.
Todos ellos, en exceso, logran disminuir la respuesta
inmunitaria frente a las infecciones.
-
Bebidas alcohólicas.
Resultan altamente perjudiciales para
el hígado. La abstinencia debe ser total si se persigue una regeneración hepática.
Además agrava la ictericia.
- Café.
Está demostrado que puede reducir la capacidad inmunitaria además
de ser un tóxico para el hígado.
- Carne
y embutidos.
Contienen grasas saturadas, sal y proteínas en
abundancia por lo que deben evitarse.
-
Chocolate.
Contiene azúcares y grasas por lo que está contraindicado
en las infecciones pero además es un alimento nada adecuado para el hígado pues
puede agravar su situación.
- Especias.
Las especias sobrecargan el hígado y empeoran las hepatopatías.
-
Grasa total.
La cantidad de grasa de los enfermos hepáticos
debe estar sumamente controlada y provenir de aceite de oliva y algunos aceites
de semillas prensados en frío y consumidos en crudo.
-
Leche y derivados.
Sobre todo cuando no son desnatados exigen
del hígado un esfuerzo extra que no conviene cuando existen alteraciones hepáticas.
- Mantequilla, hígado de animales y lácteos
grasos.
La vitamina A preformada que contienen estos alimentos
podría acumularse en el caso de padecer alguna hepatopatía y provocar o aumentar
la inflamación del hígado.
- Marisco.
Contiene muchas toxinas y su consumo en una de las principales causas de hepatitis
A.
- Nata.
Contiene una
gran cantidad de grasa láctea por lo que su digestión implica un esfuerzo adicional
para el hígado.
- sal.
Favorece la ascitis por lo que debe limitarse su consumo o evitarse totalmente.
COMPLEMENTACIÓN
-
Complejo B.
Sus vitaminas son indispensables para el mantenimiento
del hígado en buen estado.
- Vitamina B12.
Su deficiencia dificulta la capacidad del sistema inmune,
sin olvidar que también es necesaria para sintetizar distintas enzimas, colina
y material genético.
- Ácido fólico.
Además de favorecer la actividad hepática es indispensable su presencia en el
metabolismo de los ácidos nuclaicos (ADN y ARN).
- Selenio.
Es deficiente cuando existe cualquier alteración
hepática pero además tiene una importante actividad sobre la función inmune ya
que estimula la actividad de los leucocitos.
-
Factores lipotrópicos.
Evitan la infiltración grasa del hígado
y favorecen su función. La metionina es un aminoácido esencial sulfurado que forma
parte del componente lipotrópico más importante de nuestro organismo, la SAM (S-adenosilmetionina).
La metionina es fuente importante de numerosos compuestos azufrados como los aminoácidos
cisteína y taurina. La metionina es convertida en cisteína y ésta en glutation,
péptido de gran importancia en la defensa contra numerosos agentes tóxicos. El
glutation se combina directamente con las sustancias tóxicas, forma compuestos
solubles en agua y se produce más fácilmente su excreción a nivel renal.
- Ácido lipóico.
Es un potente
antioxidante, protege al hígado de los daños causados por la acumulación toxémica
y, a la vez, actúa como potente detoxificador.
- N-Acetil cisterna.
Es un potente protector hepático con
capacidad para neutralizar diferentes compuestos tóxicos.
- Vitamina C.
Tiene un importante papel por su actividad frente
a los contaminantes; además es fundamental su papel en la actividad del sistema
inmunitario. Protege al ácido fólico de la oxidación, en particular, y a otras
sustancias, en general. Tiene una conocida actividad antivírica aumentando la
actividad linfocitaria e incrementando los niveles de interferón natural.
- Alga clorella.
Además
de ser una excelente fuente de nutrientes tiene una importante actividad detoxificadora.
- Betaglucanos.
Fibra soluble
procedente de algunos cereales y hongos. Son conocidos por su importante actividad
inmunoestimulante y antiinfecciosa.
(Recuerde que tanto el tratamiento
a seguir como las dosis a prescribir son trabajo de un especialista de la salud
y en ningún modo este artículo puede ser utilizado como tratamiento específico.
Sólo sirve como elemento orientativo e ilustrativo).
José
Ramón Llorente