El chamanismo, practicado
desde la noche más oscura de los tiempos,
no murió con el progreso científico como pudiera
creerse. Antes bien, sigue vigente y se practica
aún en muchos lugares de nuestro planeta.
Y no sólo entre los indígenas de los pueblos
más atrasados. Cada vez hay más médicos y
naturópatas interesados en el trasfondo que
subyace en esa forma holística de curar. Los
brujos y curanderos de las tribus indígenas
primitivas sabían lo que hacían. Aunque mucha
gente hoy piense lo contrario.
El chamanismo es mucho más antiguo que la
palabra escrita. Posiblemente, la primera
medicina que utilizó el ser humano -imitando
a los animales y siguiendo su propio instinto-
fue el uso de las plantas pero cuando empezó
a plantearse la capacidad de abstracción que
ha hecho de nuestra especie lo que es, cuando
empezó a buscar la respuesta a las preguntas
clave ¿qué somos?, ¿de dónde venimos?,
¿a dónde vamos?, se empezaron a asentar
las bases fundamentales de un arte de curar
que no tenía nada que ver con la utilización
elemental de los elementos curativos de la
naturaleza: es, justamente, el animismo o
chamanismo.
El animismo o chamanismo no es propiamente
una religión aunque funciona de acuerdo con
una serie de principios que han sido asumidos
por todas las religiones que ha desarrollado
el ser humano, incluyendo el cristianismo
y sus múltiples facetas.
En primer lugar se plantea la existencia de
un principio -llámesele Dios, Divinidad o
Cosmos- cuya esencia abarca todo lo que existe
y lo amalgama en sí mismo. Comprende energía
y materia como una sola cosa inseparable y,
además, con una planificación que corresponde
a ese Principio.
En segundo lugar, para el chamanismo todo
lo existente está vinculado a todo lo demás.
No es exactamente el concepto de panteísmo
sino algo mucho más simple y más profundo
al mismo tiempo: es como una gran red que
lo une todo y cuyo conocimiento puede poner
al iniciado en contacto con cualquier cosa
creada, tanto a nivel material como energético,
que son la misma cosa.
En tercer lugar, el chamanismo entiende que
todo está vivo. Tanto una piedra como una
estrella, un animal como un árbol poseen una
vibración propia, vital, que comparte con
el resto de lo existente. Y además, todo posee
una consciencia característica que, desde
luego, no tiene que ver con la peculiar del
ser humano aunque éste puede llegar a unirse
a ella y aceptarla (e incluso comprenderla
en determinadas circunstancias con la preparación
adecuada). Es decir, para el chamanismo todo
tiene un alma y ese alma puede ser entendida.
Tal viene a ser, en definitiva, el origen
del chamanismo.
Por último, para el chamanismo hay partes
de la realidad que son internas y que, sin
embargo, afectan y regulan las percepciones
externas pudiendo llegar incluso, con el conocimiento
preciso, a modificar esa realidad externa
y producir cambios en ella. Eso permite al
chamán actuar para armonizar su entorno y,
en el caso concreto de la enfermedad, para
devolver a la persona enferma el equilibrio
con el mundo que le rodea.
LAS TRES ZONAS CÓSMICAS
Y EL PILAR DEL MUNDO
El animismo concibe
todo lo creado como estructurado en tres zonas
-cielo, tierra e infierno-, unidos o atravesados
por un pilar que se ha simbolizado en las
distintas culturas bien por un árbol, bien
por una montaña o una columna. Pero estas
tres zonas no tienen por qué tener una estricta
realidad física: también el propio mundo interior
tiene la misma estructura y en el "Árbol Cósmico
de Yggdrasil" de las antiguas culturas del
Norte de Europa el nivel celestial corresponde
al mundo de lo superior, de lo supraconsciente,
mientras que la tierra, el mundo intermedio,
es la zona de la conciencia del yo y el infierno
pertenece a lo inconsciente o subconsciente.
Lo más curioso es que si este concepto se
traduce a la jerga científica actual resulta
absolutamente moderno y permite explicar gran
parte de la interrelaciones entre lo supra
e infraconsciente que plantea la nueva psiquiatría.
Bien, pues es precisamente el chamán, con
su preparación, el que puede unir -a través
del pilar que los atraviesa- los distintos
mundos y conseguir así que se armonicen tanto
a nivel físico como -y es lo más importante-
en el mundo interior.
LA MEDICINA CHAMÁNICA
Kenneth Meadows,
en su libro "Iniciación chamánica"
(Ed. Martínez Roca), describe muy bien los
objetivos de este arte de curar en los siguientes
términos: "En las sociedades tribales el
chamán era, además, sanador. Pero se consideraba
que la curación era algo más que devolver
la salud física. Era 'rehacer por entero'".
Así pues, el chamán era ante todo una persona
que "rehacía por entero" o, dicho de
otra forma, "armonizaba" al ser humano.
En las civilizaciones antiguas se veía la
enfermedad como indicación de que algo funcionaba
mal en el alma y que la condición física era
síntoma de discordia y prueba de la desconexión
entre el cuerpo, la mente y el espíritu. La
buena salud se producía cuando el cuerpo visible
y el alma invisible operaban en armonía con
la mente. La curación chamánica, por tanto,
supone reconocer que la causa primordial del
problema podría ser espiritual o mental.
EL CHAMANISMO, HOY
En la sociedad
actual los terapeutas chamánicos no pretenden
en modo alguno pasar por médicos cualificados.
Los chamanes de hoy deben verse sobre todo
como "terapeutas del alma" porque su visión
de los problemas es holística y busca la armonía.
De hecho, he tenido el privilegio de conocer
en Europa médicos muy cualificados cuyo conocimiento
del chamanismo complementa su labor profesional.
En términos generales, el objetivo del terapeuta
chamánico es ayudar al cliente a descubrir
si su mala salud es consecuencia de un determinado
modo de vida. La mejoría en el estado físico
suele suceder a la voluntad de hacer cambios
en el estilo de vida perjudicial. Además,
está reconocido que los problemas de salud
no afectan sölo al cuerpo físico. El chamán
sabe que el ser humano se compone de diversos
"cuerpos" -o vehículos mediante los cuales
actúan las "identidades"- y que cada uno afecta
el cuerpo físico o es afectado por él.
Por eso, desde el punto de vista del chamán
sólo hay dos causas primordiales de cualquier
enfermedad:
1. Algo está dentro de la persona
y no debería estar ahí; energía extraviada
que no le pertenece. A esto se llama intrusión
y se elimina por un procedimiento llamado
extracción. La causa más común de la
intrusión es la vulnerabilidad física provocada
por el miedo, la ansiedad y el estrés. Generalmente
se debe a un estilo de vida que debilita todo
el sistema energético.
2. Algo debería estar dentro pero
no lo está. A esto se le llama abstracción,
y se remedia con un proceso denominado
recuperación. La abstracción es el resultado
del derroche de energía y de una pérdida del
poder vital. Debe recobrarse para que la persona
recupere el equilibrio.
Sin embargo, hay chamanes que creen que el
sentirse apartado, la sensación de sentirse
solo y aislado, también provoca la enfermedad.
En tales casos el chamán procura revivir la
noción de pertenencia a un grupo y la noción
de sentirse querido. En los grupos tribales
el chamán llevaba a cabo la curación de estos
casos con participación activa de la familia,
de los amigos e, incluso, de toda la comunidad.
EL CHAMÁN
En las culturas
primitivas el chamán era un ser especial que
se diferenciaba del resto de la comunidad
por una capacidad muchas veces innata y siempre
desarrollada a través de un duro trabajo:
la de entrar en éxtasis. Lo que hoy se define
-mal- como un histérico.
En realidad, en estado de éxtasis el médico-brujo
es capaz de acceder a estadios superiores
de consciencia (lo que la Psiquiatría actual
denomina estado de supraconciencia) a través
del cual puede contactar con el mundo interior
y acceder a la red de vida que constituye
el universo que le rodea e integrarse en ella.
Capacidad de integración, de éxtasis, que
permite al chamán equilibrar -desde su estado
de supraconciencia- las alteraciones de su
entorno así como percibir desde él el Plan
del Ser Supremo e interpretarlo de acuerdo
con su acervo cultural.
Para llegar a desarrollar esa capacidad el
chamán tenía que pasar por una serie de pruebas
y por una dura formación -en parte simbólica
y en parte puramente física- que pasa por
unos estadios que, curiosamente, han sido
comunes a todas las culturas y en todas las
latitudes.
Porque el chamanismo, que al principio se
estudió en las estepas asiáticas (chamán es
una palabra siberiana, tungús, que
viene a querer decir "el que trabaja con
el calor o el fuego") es un fenómeno universal.
El chamán de las estepas utilizaba -y utiliza
aún hoy- las mismas técnicas que los brujos
africanos, los medicine-men de los indios
de Norteamérica o los curanderos andinos.
El vudú africano o caribeño y la macumba brasileña
son también procedimientos animistas que usan
los mismos elementos y buscan el éxtasis de
la misma forma y por los mismos fines.
Por eso el chamán es un ser especial, a medio
camino entre lo humano y la naturaleza, que
maneja conceptos en general bastante abstractos
pero muy reales y se ayuda de una serie de
ritos y herramientas, repetidos a lo largo
del mundo y de la historia que, en definitiva,
funcionan.
LA FORMACIÓN DE
UN CHAMÁN
El aspirante a
chamán busca intensificar sus sentidos -tanto
externos como internos- para llegar a captar
lo que los humanos normales calificamos como
extrasensorial. Para ello se somete a distintas
pruebas, muchas veces ayudado por sustancias
más o menos deshinhibidoras (el tabaco, el
hashish y la ayahuasca han sido manejados
en distintas culturas) y largas sesiones de
introspección para intentar captar la esencia
de las cosas.
El ya citado Kenneth Meadows propone, para
la formación del chamán moderno, una serie
de ejercicios para aprender a dejarse envolver
por el mundo de la naturaleza, primer paso
para integrarse en ella y adquirir el estado
de supraconciencia necesario para el desarrollo
de las facultades que todos llevamos dentro.
Para ello debería lograr varias cosas.
Una, ampliar su visión a través de largos
paseos por el campo deteniéndose a contemplar
hojas, frutos y piedras, y "sentir" el olor,
color y tacto de la tierra, abarcándola con
todos los sentidos. Otra, ver el aura, empezando
por la propia. Puede hacerse para ello un
ejercicio muy sencillo: coloque la mano a
unos 30 centímetros de los ojos y a unos 8-10
de una superficie azul pálida y concentre
la vista sobre ella hasta percibir un "halo"
alrededor. Más adelante puede hacer lo mismo
con una persona sobre el fondo liso de una
pared.
Para notar la energía áurica hay que empezar
por relajarse y cualquier técnica -desde el
yoga a la autorrelajación de Schultz- es adecuada
si se ha practicado con anterioridad. Incluso
el simple "dejarse ir" es más que suficiente.
En esa situación, al enfrentar las propias
manos a un par de centímetros de distancia
puede que note como si hubiera contacto entre
ellas; esa sensación correspondería a la energía
del aura propia.
El "dejarse ir" es, posiblemente, la técnica
fundamental del chamanismo y puede hacerse
en cualquier sitio, simplemente tumbado en
el suelo. Basta cerrar los ojos o taparlos
con un pañuelo y respirar de forma rítmica
y relajada hasta soltar el cuerpo sintiendo
la sensación de bienestar que siempre provoca
la relajación.
LAS HERRAMIENTAS
DEL CHAMÁN
Para su labor
diagnóstica y curativa el chamán, que actúa
fuera del cuerpo físico, necesita una serie
de "herramientas" -por supuesto, simbólicas-
que le facilitan la labor y le permiten una
mejor concentración en su trabajo.
Y llama la atención que estas herramientas
se han repetido -sin apenas variaciones- en
todas la latitudes y en todas las culturas.
Son estas:
-El altar. Suele ser muy sencillo:
un simple paño colocado sobre el suelo o una
pequeña tarima o mesa baja que sirva no sólo
para colocar encima el resto de los utensilios
sino también como área de convergencia entre
el reino de lo visible y lo invisible.
-La máscara. No es imprescindible
pero la mayoría de las culturas la han utilizado
como un medio de expresión de los potenciales
internos, especialmente de cara a la galería.
-El péndulo. Este elemento, en cambio,
sí es imprescindible. Posiblemente sea uno
de los utensilios más antiguos y que está
presente en todas las culturas. Permite poner
en comunicación el consciente con el subconsciente
y, de esa manera, localizar la zona del cuerpo
donde pueda existir el desequilibrio de la
enfermedad.
-Una pluma. Es utilizada por su estructura,
"similar" a la del aura humana, para "peinar"
las fibras áuricas enredadas por los problemas
físicos o espirituales del paciente.
-La sonaja o maraca es también fundamental.
Al agitarla por encima del cuerpo del enfermo,
sus cambios de sonido, apreciados por el chamán
por su entrenamiento, tienen una significación
muy similar a la del péndulo.
-El tambor. Pequeño y redondo, con
muy pocas variaciones a lo largo del tiempo
y de las culturas, es el medio por el que
el chamán se pone en contacto con otros mundos,
con otros planos de realidad, a través de
la creación de un estado mental alterado y
de facilitar el estado de relajación para
entrar en comunión consigo mismo y con su
entorno.
-La vela. Además del significado simbólico
del fuego, facilita también el acceso al estado
de supraconciencia al servir como punto de
focalización para la concentración-relajación
necesaria.
LAS TÉCNICAS
Casi todos los
ritos chamánicos comienzan con una purificación
del oficiante, del paciente y de sus acompañantes.
Puede hacerse a través de una fumigación con
hierbas sagradas, por un baño ritual o por
el antiguo sistema del vapor que ha dado origen
a las saunas finlandesas o a los baños turcos.
También es frecuente un ritual de ofrenda
y propiciación -como en el vudú o la macumba-
a través de movimientos rítmicos de baile
y consumo de sustancias más o menos alucinógenas
como el trabajo de ayahuasca andino o amazónico.
Después el brujo efectúa su diagnóstico -en
estado de relajación- mediante el sonajero
o el péndulo. Con la sonaja, explora el cuerpo
del paciente -que estará acostado- con la
mano izquierda, la palma hacia abajo, de la
cabeza a los pies, mientras agita la maraca
con la derecha por encima de su propia mano.
Entonces, cuando percibe un cambio en el sonido
se esfuerza en ver -a través de su visión
interior- la alteración producida en esa parte
del cuerpo del enfermo.
Con el péndulo, la técnica es bastante parecida
y se usa para confirmar la existencia de áreas
con bloqueo de energía.
Muy frecuentemente el chamán usa el método
de diagnóstico por presión en el brazo, que
tiene muchos puntos en común con la historia
clínica de nuestros médicos convencionales
: el paciente, de pie, extiende el brazo derecho
con la palma hacia abajo. El brujo formula
una pregunta diagnóstica -mentalmente o en
voz alta- y presiona hacia abajo el brazo
extendido. Si la respuesta es negativa el
brazo resistirá a la presión; si es positiva,
bajará con facilidad.
EL TRATAMIENTO
Como todos los
médicos, el chamán cura a base de consejos
de régimen de vida que entienda pueden armonizar
al paciente con el mundo que le rodea. Utiliza
las hierbas, los regímenes de alimentación
y la relajación, la presión o la aplicación
de cristales al modo védico. Pero en muchas
ocasiones puede entrar en un estado alterado
de conciencia para acometer una curación directa
intentando equilibrar "desde dentro" las alteraciones
que advierte en su cliente. Sería interesante
investigar si este mecanismo chamánico pudiera
explicar muchos milagros de santos místicos
en alguna de nuestras religiones más elaboradas.
Desde luego, no va a curar una tuberculosis
o un cáncer (aunque esto último estaría por
ver de acuerdo con las últimas investigaciones
de la ciencia convencional) pero sí puede
resolver muchos trastornos de adaptación al
medio, que viene a ser uno de los problemas
más extendidos de nuestra civilización robótica.
Y, por supuesto, es un abordaje diferente
del arte de curar que merecería la pena estudiar
con más detenimiento y rigor. Ahí queda.
Andrés
Rodríguez Alarcón