Cuando la vida se vuelve borrosa

Algo tan simple como utilizar gafas de sol, disminuir la cantidad de luz con la que trabajamos o acudir al menos una vez al año a la consulta de un oftalmólogo puede ayudarnos a prevenir una enfermedad ocular prácticamente desconocida pero que, en lo que se refiere a la visión y reducción del campo visual, constituye una de las primeras causas de ceguera en hombres y mujeres mayores de 65 años. Personas abocadas a vivir en un mundo nublado, desenfocado, para quienes desaparecen los detalles de los objetos, donde las cosas empiezan a carecer de forma y límites definidos porque no se perciben.

Como a las “enfermedades” hay que bautizarlas, es decir, ponerlas un nombre para etiquetarlas -aunque según la Medicina convencional éstas no existan, sólo los enfermos- al problema de visión borrosa que padecen mayoritariamente los ancianos se le ha dado en llamar Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE). Patología que, según las características que se le atribuyen, implica la degeneración de las células del centro de la retina que es, justamente, la parte del ojo que mejor ve. Esa zona central de la retina recibe el nombre de mácula y es la más pequeña, vital y sensible de nuestros ojos. La mácula o mancha amarilla es, a fin de cuentas, la responsable de la visión discriminativa que percibe el detalle de los objetos. También es donde nuestra visión adquiere perspectiva de espacio.

Hoy se sabe que las células que componen la mácula envejecen con más facilidad que otras células de la retina. Envejecimiento o degeneración de la mácula que causa la pérdida de visión central mientras la visión lateral o periférica del afectado permanece intacta.

Coloquialmente se dice que, en ocasiones, el árbol no nos deja ver el bosque. Bueno, pues un afectado por la Degeneración Macular podría -a causa de esa pérdida de enfoque- ver el bosque pero no el árbol central, el objeto concreto que intenta enfocar.

Los síntomas iniciales de esta patología están asociados a una visión distorsionada y a la inadecuada presencia de líneas curvas en la percepción de las imágenes que el individuo está enfocando. Posteriormente, la dificultad visual va evolucionando hacia una pérdida más o menos evidente de visión central. Entre los posibles signos de alarma se incluyen una visión borrosa, tener dificultades para distinguir los colores, percibir como distorsionadas u onduladas las líneas rectas o sufrir bloqueo de la visión central (percibir espacios negros o vacíos).

Se da la circunstancia de que es muy posible que el paciente no sea consciente de sus dificultades visuales en las primeras fases de su enfermedad ya que ésta normalmente afecta a un solo ojo y la pérdida visual resulta poco evidente. Además, la Degeneración Macular puede confundirse con otras patologías oculares.

Precisamente por esa dificultad para detectar los casos de personas que tienen más predisposición a sufrir esta “enfermedad”, el doctor Alfredo Domínguez –presidente de la Sociedad Española de Oftalmología- recomienda a los grupos de riesgo que se hagan una revisión ocular al menos una vez al año y acudan al especialista si perciben la más mínima pérdida de capacidad visual. Si así se hace -afirma-, el diagnóstico de la Degeneración Maculares casi inmediato.

La detección precoz se convierte así en una cuestión decisiva ya que la visión perdida no se puede recuperar. Por el contrario, este diagnóstico rápido y temprano –sea por una revisión periódica de la visión o a través de sencillas pruebas de autocontrol realizadas por el propio paciente- permite a los especialistas detener la pérdida visual del afectado y, en ese caso, ofrecerle las opciones apropiadas para su tratamiento.

Un recurso para que las personas susceptibles de padecer Degeneración Macular –los mayores de 49 años- autocontrolen su visión es utilizar la técnica oftalmológica conocida como “Rejilla de Amsler”, que está compuesta por un cuadro de líneas verticales y horizontales que sirven de guía para el diagnóstico. Esta cuadrícula permite detectar precozmente las alteraciones en la mácula. Se trata de lo siguiente: si se mira la cuadrícula o rejilla desde una distancia prudencial –una vez con cada ojo- y se observan anomalías o distorsiones en la rectitud de las líneas, o si éstas se ven quebradas o turbias, se ha de acudir al oftalmólogo.

Ahora bien, son dos los tipos de Degeneración Macular Asociada a la Edad. Una es la denominada seca o atrófica – la forma más común-, que de las dos es la que evoluciona de manera más lenta y benigna. Se considera que su causa principal es un envejecimiento y adelgazamiento paulatino de los tejidos que componen la mácula, que se va secando lentamente. Tejidos que van degenerando y forman unos depósitos amarillos conocidos como drusas que acaban atrofiando la mácula. En esta forma de degeneración macular la visión no es dañada de forma drástica sino que la enfermedad progresa lentamente en el ojo afectado. Esta “concesión” de la enfermedad permite al paciente ir familiarizándose con ella, ir asimilando la situación y prepararse para afrontar la vida en un mundo cada vez menos nítido.

El otro tipo -mucho menos frecuente pero más grave y agresivo- es el que se conoce como degeneración macular húmeda o exudativa. El proceso es muy rápido: la formación de vasos sanguíneos anormales en la zona de la mácula puede dañar la visión central del ojo en tan sólo unas pocas semanas. La aparición de estos vasos es el origen de hemorragias que encharcan la retina y de edemas (de ahí la denominación húmeda) produciendo -en ocasiones- una pérdida de visión brusca, inmediata, sin remisión.

Aunque el exudativo es el tipo más agresivo es el único para el que se ha encontrado tratamiento efectivo, siempre y cuando esa membrana neovascular no empiece a formarse en el centro de la retina. La cuestión es que, en la gran mayoría de los casos, esa membrana amenazadora se establece precisamente en la mácula imposibilitando el tratamiento con un láser mil veces menos potente que el utilizado para tratar otras patologías. Justo antes de someterse a esta operación, al individuo le es inyectada una sustancia colorante que facilita el proceso.
Esta técnica, que sirve únicamente para frenar la Degeneración Macular húmeda, cierra los vasos alterados neoformados y respeta el resto de los vasos sanguíneos de la mácula. La existencia de este tratamiento resulta un gran avance pero es aún insuficiente ya que los vasos operados vuelven a abrirse a los tres meses por lo que es preciso que cada trimestre el afectado se someta a una nueva intervención.

“Aún no hay cura para la Degeneración Macular–reconoce el profesor doctor Domínguez- pero ahora que hay freno para el 60% de los casos de la húmeda hay que tomárselo en serio. Es una esperanza”.

Una vez que ha sido detectada y tratada la Degeneración Macular -en cualquiera de sus tipos-, se ponen en marcha distintas opciones de rehabilitación que pretenden “enseñar a ver” al afectado. El paciente ha de aprender a mirar, pues aunque la Degeneración Macular no es causa de ceguera por sí misma, sí imposibilita o, al menos, dificulta gravemente las capacidades visuales del individuo por ella condenado. Esta incapacidad -la visual- es sin duda una de las más invalidantes pues priva al anciano de una buena parte de su autonomía personal y se convierte en un ser dependiente de otro que le guíe.

En cierto modo, el anciano se autoaisla ya que empieza a adquirir el temor de sufrir accidentes si abandona su casa, lugar que conoce perfectamente y que acaba siendo el único donde se siente seguro. Además, la degeneración macular le impide practicar actividades de ocio como leer, realizar trabajos manuales o ver la televisión. Y es que la pérdida de la capacidad para percibir los detalles convierten estas actividades en una fuente de dificultades más que de diversión. Es más, esa perspectiva de desocupación, de excedente de tiempo libre, de limitaciones impuestas por su condición de deficiente visual lleva a muchas depresiones profundas e, incluso, a las demencias causadas por el cúmulo de situaciones extrañas e inabarcables con las que el anciano se encuentra. No en vano ha de afrontar un mundo nublado, un mundo sin detalles, un mundo compuesto por líneas distorsionadas. Ha de enfrentarse, en definitiva, a una vida desenfocada.

Y no deja de ser curioso ese hecho. Porque quizá la causa de esa patología definida como enfermedad sea que tales personas -precisamente en la edad de la jubilación- dejan de poder enfocar libremente su propia vida, de percibir nítidamente el futuro porque en buena medida ya no depende de ellos. Y esa apreciación mental, psicológica, sea la que se somatice en la visión física.

 L. J.

Recuadro:


¿QUÉ ES LA “DEGENERACIÓN MACULAR ASOCIADA A LA EDAD” O “DMAE”?

Se trata de una dolencia prácticamente desconocida y discapacitante. Supone una alteración de la parte central de la retina -denominada mácula- que ocasiona en el afectado una pérdida de visión central y del detalle de las imágenes aunque respeta la visión central o periférica.

Sus síntomas iniciales están asociados a una visión distorsionada y a la inadecuada presencia de líneas curvas en la percepción de las imágenes que el individuo está enfocando. Entre los signos de alarma se incluyen visión borrosa, dificultad para distinguir colores, distorsión u ondulación de las líneas rectas y bloqueo de la visión central.

Suele afectar a personas mayores de 49 años y -según la ONCE- es una de las primeras causas de ceguera en las personas mayores de 65 años. Aunque no es causa de ceguera por sí sola, sí dificulta gravemente las capacidades visuales del afectado.

El escaso conocimiento sobre lo que provoca la DMAE hace más difícil encontrar un tratamiento que pueda combatirla eficazmente. Actualmente se trabaja sobre distintas terapias con láser en un intento de paralizar su progresión.


LA “DMAE” EN CIFRAS 

  • Actualmente son más de 300.000 los españoles que padecen DMAE. En todo el mundo, más de 30 millones de personas están afectadas por esta grave maculopatía.
  • Según los expertos, estas cifras se triplicarán en los próximos 25 años por el aumento de la esperanza de vida en los países industrializados.
  • Sólo el 2% de los españoles sabe que la DMAE es la causa principal de pérdida visual grave entre los adultos con más de 49 años.
  • Cada año se detectan 500.000 nuevos casos de esta degeneración retiniana en todo el mundo. Ello supone 1.400 nuevos casos diagnosticados al día.

LA ALIANZA INTERNACIONAL DE LA DMAE 

Acaba de constituirse como asociación sin ánimo de lucro y está integrada por 16 instituciones internacionales de diferentes países -entre ellas la ONCE- dedicadas a la atención de personas mayores que presentan esta patología. Su principal misión es luchar contra esta patología, una de las principales causas de ceguera legal, así como ofrecer información, ayuda y esperanza a los afectados y sus familiares.

Con el objetivo de preservar la visión y mejorar la calidad de vida de estas personas, la alianza se ha propuesto, como uno de sus principales objetivos, difundir el conocimiento y comprensión de esta enfermedad y resaltar la importancia de la instrucción, la detección precoz y la información sobre las opciones disponibles de tratamiento, rehabilitación y apoyo a las personas que la padecen.

En España el país miembro de la Alianza es la ONCE, organización que trabaja ya con personas que padecen esta patología ayudándoles mediante programas de rehabilitación, servicios de apoyo y aprendizaje de nuevas formas de realizar las actividades de la vida diaria.

Este reportaje aparece en
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Marzo 2000
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